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   Clásico 2 No.2

Prosas profanas Por Rubén Darío Palabras: 9344

Actualizado: 2018-11-14 00:03


Diosa, su blanca, rosa y rubia hermana.

Pasa en busca de Adonis; sus aromas

Deleitan a las rosas y los nardos;

Síguela una pareja de palomas

Y hay tras ella una fuga de leopardos.

***

¿Los amores exóticos acaso… ?

Como rosa de Oriente me fascinas:

Me deleitan la seda, el oro, el raso.

Gautier adoraba a las princesas chinas.

¿Te gusta amar en griego? Yo las fiestas

Galantes busco, en donde se recuerde,

Al suave son de rítmicas orquestas,

La tierra de la luz y el mirlo verde.

(Los abates refieren aventuras

A las rubias marquesas. Soñolientos

Filósofos defienden las ternuras

Del amor, con sutiles argumentos,

Mientras que surge de la verde grama,

En la mano el acanto de Corinto,

Una ninfa a quien puso un epigrama

Beaumarchais, sobre el mármol de su plinto.

Amo más que la Grecia de los griegos

La Grecia de la Francia, porque en Francia,

Al eco de las Risas y los Juegos,

Su más dulce licor Venus escancia.

Demuestran más encantos y perfidias

Coronadas de Fu y desnudas.

Las diosas de Clodión que las de Fidias;

Unas cantan francés, otras son mudas.

Verlaine es más que Sócrates; y Arsenio

Houssaye supera al viejo Anacreonte.

En París reinan el Amor y el Genio.

Ha perdido su imperio el dios bifronte.

Monsieur Prudhomme y Homais no saben nada.

Hay Chipres, Pafos, Tempes y Amatuntes,

Donde el amor de mi madrina, un hada,

Tus frescos labios a los míos juntes.)

Sones de bandolín. El rojo vino

Conduce un paje rojo. ¿Amas los sones

Del bandolín, y un amor florentino?

Serás la reina en los decamerones.

(Un coro de poetas y pintores

Cuenta historias picantes. Con maligna

Sonrisa alegre aprueban los señores.

Clelia enrojece, una dueña se signa.

¿O un amor alemán?- que no han sentido

Jamás los alemanes-: la celeste

Gretchen; claro de luna; el aria; el nido

Del ruiseñor; y en una roca agreste,

La luz de nieve que del cielo llega

Y baña a una hermosura que suspira

La queja vaga que a la noche entrega

Loreley en la lengua de la lira.

Y sobre el agua azul el caballero

Lohengrín; y su cisne, cual si fuese

Un cincelado témpano viajero,

Con su cuello enarcado en forma de S.

Y del divino Enrique Heine un canto,

A la orilla del Rhin; y del divino

Wolfang la larga cabellera, el manto;

Y de la uva teutona el blanco vino.

O amor lleno de sol, amor de España,

Amor lleno de púrpuras y oros;

Amor que da el clavel, la flor extraña

Regada con la sangrre de los toros;

Flor de gitanas, flor que amor recela

Amor de sangre y luz, pasiones locas;

Flor que trasciende a clavo y a canela,

Roja cual las heridas y las bocas.

***

¿Los amores exóticos acaso… ?

Como rosa de Oriente me fascinas:

Me deleitan la seda, el oro, el raso.

Gautier adoraba a las princesas chinas.

¡Oh, bello amor de mil genuflexiones;

Torres de kaolín, pies imposibles,

Tazas de té, tortugas y dragones,

y verdes arrozales apacibles!

Amame en chino, en el sonoro chino

De Li-Tai-Pe. Yo igualaré a los sabios

Poetas que interpretan el destino;

Madrigalizaré junto a tus labios.

Diré que eres más bella que la luna;

Que el tesoro del cielo es menos rico

Que el tesoro que vela la importuna

Caricia de Marfil de tu abanico.

***

Amame, japonesa, japonesa

Antigua, que no sepa de naciones

Occidentales; tal una princesa

Con las pupilas llenas de visiones,

Que aún ignorase en la sagrada Kioto,

En su labrado camarín de plata,

Ornado al par de crisantemo y loto,

La civilización de Yamagata.

O con amor hindú que alza sus llamas

En la visión suprema de los mitos,

Y hace temblar en misteriosas bramas

La iniciación de los sagrados ritos,

En tanto mueven tigres y panteras

Sus hierros, y en los fuertes elefantes

Sueñan con ideales bayaderas

Los rajahs, constelados de brillantes.

O negra, negra como la que canta

En su Jerusalem el rey hermoso.

Negra que haga brotar bajo su planta

La rosa y la cicuta del reposo…

Amor, en fin, que todo diga y cante,

Amor que encante y deje sorprendida

A la serpiente de ojos de diamante

Que está enroscada al árbol de la vida.

Amame así, fatal cosmopolita,

Universal, inmensa, única, sola

Y todas; misteriosa y erudita:

Amame mar y nube, espuma y ola.

Sé mi reina de Saba, mi tesoro;

Descansa en mis palacios solitarios.

Duerme. Yo encen

deré los incensarios.

Y junto a mi unicornio cuerno de oro,

Tendrán rosas y miel tus dromedarios.

Tigre Hotel, Diciembre 1894.

Sonatina

La princesa está triste… ¿qué tendrá la princesa?

Los suspiros se escapan de su boca de fresa,

Que ha perdido la risa, que ha perdido el color.

La princesa está pálida en su silla de oro,

Está mudo el teclado de su clave sonoro;

Y en un vaso olvidada se desmaya una flor.

El jardín puebla el triunfo de los pavos reales.

Parlanchína, la dueña dice cosas banales,

Y vestido de rojo piruetea el bufón.

La princesa no ríe, la princesa no siente;

La princesa persigue por el cielo de Oriente

La libélula vaga de una vaga ilusión.

¿Piensa acaso en el príncipe de Golconda o de China,

O en el que ha detenido su carroza argentina

Para ver de sus ojos la dulzura de luz,

O en el rey de las Islas de las rosas fragantes,

O en el que es soberano de los claros diamantes,

O en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?

¡Ay! la pobre princesa de la boca de rosa,

Quiere ser golondrina, quiere ser mariposa.

Tener alas ligeras, bajo el cielo volar,

Ir al sol por la escala luminosa de un rayo,

Saludar a los lirios con los versos de Mayo,

O perderse en el viento sobre el trueno del mar.

Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata,

Ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata.

Ni los cisnes unánimes en el lago de azur.

Y están tristes las Fu por la flor de la corte;

Los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte,

De Occidente las dalias y las rosas del Sur.

¡Pobrecita princesa de los ojos azules!

Está presa en sus oros, está presa en sus tules,

En la jaula de mármol del palacio real;

El palacio soberbio que vigilan los guardas,

Que custodian cien negros con sus cien alabardas,

Un lebrel que no duerme y un dragón colosal.

¡Oh, quién fuera hipsipila que dejó la crisálida!

(La princesa está triste. La princesa está pálida)

¡Oh, visión adorada de oro, rosa y marfil!

¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe

(La princesa está pálida. La princesa está triste)

Más brillante que el alba, más hermoso que Abril!

Calla, calla, princesa, -dice el hada madrina-

En caballo con alas, hacia acá se encamina,

En el cinto la espada y en la mano el azor,

El feliz caballero que te adora sin verte,

Y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,

A encenderte los labios con su beso de amor!

Blasón

El olímpico cisne de nieve

Con el ágata rosa del pico

Lustra el ala eucarística y breve

que abre al sol como un casto abanico.

En la forma de un brazo de lira

Y del asa de un ánfora griega

Es su Cándido cuello, que inspira

Como prora ideal que navega.

Es el cisne, de estirpe sagrada,

Cuyo beso, por Zhu de seda,

Ascendió hasta la cima rosada

De las dulces colinas de Leda.

Blanco rey de la fuente Castalia

Su victoria ilumina el Danubio;

Vinci fué su barón en Italia;

Lohengrín es su príncipe rubio.

Su blancura es hermana del lino,

Del botón de los blancos rosales

y del albo toisón diamantino

De los tiernos corderos pascuales.

Rimador de ideal florilegio

Es de armiño su lírico manto,

y es el mágico pájaro regio

Que al morir rima el alma en un canto

El alado aristócrata muestra

Lises albos en campo de azur,

Y ha sentido en sus plumas la diestra

De la amable y gentil Pompadour.

Boga y boga en el lago sonoro

Donde el sueño a los tristes espera,

Donde aguarda una góndola de oro

A la novia de Luis de Baviera.

Dad, Condesa, a los cisnes cariño,

Dioses son de un país halagüeño,

Y hechos son de perfume, de armiño,

De luz alba, de seda y de sueño.

Del campo

¡Pradera, feliz día! Del regio Buenos Aires

Quedaron allá lejos el fuego y el hervor;

Hoy en tu verde triunfo tendrán mis sueños vida,

Respiraré tu aliento, me bañaré en tu sol.

Muy buenos días, huerto. Saludo la frescura

Que brota de las ramas de tu durazno en flor;

Formada de rosales tu calle de Florida

Mira pasar la Gloria, la Banca y el Sport.

Un pájaro poeta, rumia en su buche versos;

Chismoso y petulante, charlando va un gorrión;

Las plantas trepadoras conversan de política;

Las rosas y los lirios, del arte y del amor.

Rigiendo su cuadriga de mágicas libélulas,

De sueños millonarios, pasa el travieso Puck;

Y, espléndida sportwoman, en su celeste carro,

La emperatriz Titania seguida de Oberón.

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