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   Clásico 4 No.4

Prosas profanas Por Rubén Darío Palabras: 9578

Actualizado: 2018-11-14 00:03


en el país del sol!

Vuelve, pues, a tu barca, que tienes lista la vela-(resuena, lira, Céfiro, vuela)-y parte, harmoniosa hermana, a donde un príncipe bello, a la orilla del mar, pide liras, y versos y rosas, y acaricia sus rizos de oro bajo un regio azul parasol,

en el país del sol.

Nueva York, 1893.

Margarita

RECUERDAS que querías ser una Margarita

Gautier? Fijo en mi mente tu extraño rostro está,

Cuando cenamos juntos, en la primera cita,

En una noche alegre que nunca volverá.

Tus labios escarlatas de púrpura maldita

Sorbían el champaña del fino baccarat;

Tus dedos deshojaban la blanca margarita

«¡Sí… no… sí… no… » y sabías que te adoraba ya!

Después, ¡oh flor de Histeria! llorabas y reías;

Tus besos y tus lágrimas tuve en mi boca yo;

Tus risas, tus fragancias, tus quejas, eran mías.

Y en una tarde triste de los más dulces días,

La Muerte, la celosa, por ver si me querías,

¡Como a una margarita de amor, te deshojó!

Mía

Mía: así te llamas.

¿Qué más harmonía?

Mía: luz del día,

Mía: rosas, llamas.

¡Qué aroma derramas

En el alma mía

Si sé que me amas,

¡Oh Mía! ¡oh Mía!

Tu sexo fundiste

Con mi sexo fuerte,

Fundiendo dos bronces.

Yo triste, tu triste…

¿No has de ser entonces

Mía hasta la muerte?

Dice Mía

Mi pobre alma pálida

Era un crisálida.

Luego mariposa

De color de rosa.

Un céfiro inquieto

Dijo mi secreto…

- ¿Has sabido tu secreto un día?

¡Oh Mía!

Tu secreto es una

Melodía en un rayo de luna…

- ¿Una melodía?

Heraldos

HELENA!

La anuncia el blancor de un cisne.

¡Makheda!

La anuncia un pavo real.

¡Ifigenia, Eiectra, Catalina!

Anúncialas un caballero con un hacha.

¡Ruth, Lía, Enone!

Anúncialas un paje con un lirio.

¡Yolanda!

Anuncíala una paloma.

¡Clorinda, Carolina!

Anuncíalas un paje con un ramo de viña.

¡Sylvia!

Anúnciala una corza blanca.

¡Aurora, Isabel!

Anúncialas de pronto

Un resplandor que ciega mis ojos.

¿Ella?

(No la anuncian. No llega aún

Ite, missa est

Yo adoro a una sonámbula con alma de Eloisa

Virgen como la nieve y honda como la mar;

Su espíritu es la hostia de mi amorosa misa

y alzo al són de una dulce lira crepuscular.

Ojos de evocadora, gesto de profetisa,

En ella hay la sagrada frecuencia del altar;

Su risa es la sonrisa suave de Monna Lisa.

Sus labios son los únicos labios para besar.

Y he de besarla un día con rojo beso ardiente;

Apoyada en mi brazo como convaleciente

Me mirará asombrada con íntimo pavor;

La enamorada esfinge quedará estupefacta,

Apagaré la llama de la vestal intacta

¡Y la faunesa antigua me rugirá de amor!

Coloquio de los centauros

EN la isla en que detiene su esquife el argonauta

Del inmortal Ensueño, donde la eterna pauta

De las eternas liras se escucha-: Isla de oro

En que el tritón elige su caracol sonoro

Y la sirena blanca va a ver el sol- un día

Se oye un tropel vibrante de fuerza y de armonía.

Son los Centauros. Cubren la llanura. Les siente

La montaña. De lejos, forman són de torrente

Que cae; su galope al aire que reposa

Despierta, y estremece la hoja del laurel-rosa.

Son los Centauros. Unos enormes, rudos; otros

Alegres y saltantes como jóvenes potros;

Unos con largas barbas como los padres-ríos.

Otros imberbes, ágiles y de piafantes bríos,

Y de robustos músculos, brazos y lomos aptos

Para portar las ninfas rosadas en los raptos.

Van en galope rítmico. Junto a un fresco boscaje,

Frente al gran Océano, se paran. El paisaje

Recibe de la urnal matinal luz sagrada

Que el vasto azul suaviza con límpida mirada,

Y oyen seres terrestres y habitantes marinos

La voz de los criados cuadrúpedos divinos.

QUIRÓN

Calladas las bocinas a los tritones gratas,

Calladas las sirenas de labios escarlatas.

Los carrillos de Eolo desinflados, digamos

Junto al laurel ilustre de florecidos ramos

La gloria inmarcesible de las Musas hermosas

Y el triunfo del terrible misterio de las cosas.

He aquí que renacen los lauros milenarios;

Vuelven a dar su lumbre los viejos lampadarios;

Y anímase en mi cuerpo de Centauro inmortal

La sangre del celeste caballo paternal.

RETO

Arquero luminoso, desde el zodiaco llegas;

Aun presas en las crines tiene avejas griegas;

Aun del dardo herakleo muestras la roja herida

Por do salir no pudo la esencia de tu vida.

¡Padre y Maestro excelso! Eres la fuente sana

De la verdad que busca la triste raza humana:

Aun Esculapio sigue la vena de tu ciencia;

Siempre el veloz Aquiles sustenta su existencia

Con el manjar salvaje que le ofreciste un día,

Y Herakles, descuidando su mesa, en la harmonía

De los astros, se eleva bajo el cielo nocturno…

QUIRÓN

La ciencia es flor del tiempo: mi padre fué Saturno

ABANTES

Himnos a la sagrada Naturaleza; al vientre

De la tierra y al germen que entre en las rocas y entre

Las carnes de los árboles, y dentro humana forma

Es un mismo secreto y es una misma norma,

Potente y sutilísimo, universal resumen

De la suprema fuerza, de la virtud del Numen.

QUIRÓN

¡Himnos! Las cosas tienen un ser vital: las cosas

Tienen raros aspectos, miradas misteriosas;

Toda forma es un gesto, una cifra, un enigma;

En cada átomo existe un incógnito estigma;

Cada hoja de cada árbol canta un propio cantar

Y hay un alma en cada una de las gotas dal mar;

El vate, el sacerdote, suele oír el acento

Desconocido; a veces enuncia el vago viento

Un misterio; y revela una inicial la espuma

O la flor; y se escuchan palabras de la bruma.

Y el hombre favorito del numen, en la linfa

O la ráfaga encuentra mentor-; demonio o ninfa.

POLO

El biforme ixionida comprende de la altura,

Por la materna gracia, la lumbre que fulgura,

La nube que se anima de luz y que decora

El pavimento en donde rige su carro Aurora,

Y la banda de Iris que tiene siete rayos

Cual la lira en sus brazos siete cuerdas; los mayos

En la fragante tierra llenos de Luo bellos,

Y el Polo coronado de cándidos cabellos.

El ixionida pasa veloz por la montaña

Rompiendo con el pecho de la maleza huraña

Los erizados brazos, las cárceles hostiles;

Escuchan sus orejas los ecos más sutiles:

Sus ojos atraviesan las intrincadas hojas

Mientras sus manos toman para sus bocas rojas

Las frescas bayas altas que el sátiro codicia;

Junto a la oculta fuente su mirada acaricia

Las curvas de las ninfas del séquito de Diana;

Pues en su cuerpo corre también la esencia humana

Unida a la corriente de la savia divina

Y a la salvaje sangre que hay en la bestia equina.

Tal el hijo robusto de Ixión y de la Nube.

QUIRÓN

Sus cuatro patas, bajan; su testa erguida, sube

ORNEO

Yo comprendo el secreto de la bestia. Malignos

Seres hay y benignos. Entre ellos se hacen signos

De bien y mal, de odio o de amor, o de pena

O gozo: el cuervo es malo y la torcaz es buena.

QUIRÓN

Ni es la torcaz benigna, ni es el cuervo protervo:

Son formas del Enigma la paloma y el cuervo.

ASTILO

El Enigma es el soplo que hace cantar la lira.

NESO

¡El Enigma es ei rostro fatal de Deyanira!

Mi espalda aun guarda el dulce perfume de la bella;

Aun mis pupilas llama su claridad de estrella.

¡Oh, aroma de su sexo! ¡oh, rosas y alabastros!

¡Oh, envidia de las Fu y celos de los astros!

QUIRÓN

Cuando del sacro abuelo la sangre luminosa

Con la marina espuma formara nieve y rosa,

Hecha de rosa y nieve nació la Anadiomena.

Al ciclo alzó los brazos la lírica sirena,

Los curvos hipocampos sobre las verdes ondas

Levaron los hocicos; y caderas redondas,

Tritónicas melenas y dorsos de delfines

Junto a la Reina nueva se vieron. Los confines

Del mar llenó el grandioso clamor; el universo

Sintió que un hombre harmónico sonoro como un verso

Llenaba el hondo hueco de la altura; ese hombre

Hizo gemir la tierra de amor: fué para el hombre

Más alto que el de Jove: y los númenes mismos

Lo oyeron asombrados; los lóbregos abismos

Tuvieron una gracia de luz ¡Venus impera!

Ella es entre las reinas celestes la primera,

Pues es quien tiene el fuerte poder de la Hermosura.

¡Vaso de miel y mirra brotó de la amargura!

Ella es la más gallarda de las emperatrices;

Princesa de los gérmenes, reina de las matrices,

Señora de las savias y de las atracciones,

Señora de los besos y de los corazones.

EUIRITO

¡No olvidaré los ojos radiantes de Hipodamia!

HIPEA

Yo sé de la hembra humana la original infamia.

Venus anima artera sus máquinas fatales,

Tras los radiantes ojos ríen traidores males,

De su floral perfume se exhala sutil daño;

Su cráneo obscuro alberga bestialidad y engaño.

Tiene las formas puras del ánfora, y la risa

Del agua que la brisa riza y el sol irisa;

Mas la ponzoña ingénita su máscara pregona:

Mejores son el águila, la yegua y la leona.

De su húmeda impureza brota el calor que enerva

Los mismos sacros dones de la imperial Minerva;

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