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   Clásico 5 No.5

Prosas profanas Por Rubén Darío Palabras: 9710

Actualizado: 2018-11-14 00:03


Y entre sus duros pechos, lirios del Aqueronte,

Hay un olor que llena la barca de Caronte.

ODITES

Como una miel celeste hay en su lengua fina;

Su piel de flor aun húmeda está de agua marina.

Yo he visto de Hipodamia la faz encantadora,

La cabellera espesa, la pierna vencedora.

Ella de la hembra humana fuera ejemplar augusto;

Ante su rostro olímpico no habría rostro adusto;

Las Gracias junto a ella quedarían confusas,

Y las ligeras Horas y las sublimes Musas

Por ella detuvieron sus giros y su canto.

HIPEA

Ella la causa fuera de inenarrable espanto:

Por ella el ixionida dobló su cuello fuerte.

La hembra humana es hermana del Dolor y la Muerte.

QUIRÓN

Por suma ley un día llegará el himeneo

Que el soñador aguarda: Cinis será Ceneo;

Claro será el origen del femenino arcano:

La Esfinge tal secreto dirá a su soberano.

CLITO

Naturaleza tiende sus brazos y sus pechos

A los humanos seres; la clave de los hechos

Conócela el vidente; Homero con su báculo,

En su gruta Deifobe, la lengua del Oráculo.

CAUMANTES

El monstruo expresa un ansia del corazón del Orbe,

en el Centauro el bruto la vida humana absorbe,

El sátiro es la selva sagrada y la lujuria,

Une sexuales ímpetus a la harmoniosa furia.

Pan junta la soberbia de la montaña agreste

Al ritmo de la inmensa mecánica celeste;

La boca melodiosa que atrae en Sirenusa

Es de la fiera alada y es de la suave musa;

Con la bicorne bestia Pasifae se ayunta,

Naturaleza sabia formas diversas junta,

Y cuando tiende al hombre la gran Naturaleza,

El monstruo, siendo el símbolo, se viste de belleza.

GRINEO

Yo amo lo inanimado que amó el divino Hesiodo.

QUIRÓN

Grineo, sobre el mundo tiene un ánima todo.

GRINEO

He visto, entonces, raros ojos fijos en mí:

Los vivos ojos rojos del alma del rubí;

Los ojos luminosos del alma del topacio

Y los de la esmeralda que del azul espacio

La maravilla imitan; los ojos de las gemas

De brillos peregrinos y mágicos emblemas.

Amo el granito duro que el arquitecto labra

Y el mármol en que duermen la línea y la palabra…

QUIRÓN

A Deucalión y a Pirra, varones y mujeres

Las piedras aun intactas dijeron: «¿Qué nos quieres?»

LICIDAS

Yo he visto los lemures flotar, en los nocturnos.

Instantes, cuando escuchan los bosques taciturnos

El loco grito de Atis que su dolor revela

O la maravillosa canción de Filomela.

El galope apresuro, si en el boscaje miro

Manes que pasan, y oigo su fúnebre suspiro.

Pues de la Muerte el hondo, desconocido Imperio,

Guarda el pavor sagrado de su fatal misterio.

ARNEO

La Muerte es de la Vida la inseparable hermana.

QUIRÓN

La Muerte es la victoria de la progenie humana.

MEDÓN

¡La Muerte! Yo la he visto. No es demacrada y mustia

Ni ase corva guadaña, ni tiene faz de angustia.

Es semejante a Diana, casta y virgen como ella;

En su rostro hay la gracia de la núbil doncella

Y lleva una guirnalda de rosas siderales.

En su siniestra tiene verdes palmas triunfales,

Y en su diestra una copa con agua del olvido.

A sus pies, como un perro, yace un amor dormido.

AMICO

Los mismos dioses buscan la dulce paz que vierte.

QUIRÓN

La pena de los dioses es no alcanzar la Muerte.

EURETO

Si el hombre- Prometeo- pudo robar la vida,

La clave de la muerte serále concedida.

QUIRÓN

La virgen de las vírgenes es inviolable y pura.

Nadie su casto cuerpo tendrá en la alcoba obscura,

Ni beberá en sus labios el grito de victoria,

Ni arrancará a su frente las rosas de su gloria.

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Mas he aquí que Apolo se acerca al meridiano.

Sus truenos prolongados repite el Océano.

Bajo el dorado carro del reluciente Apolo

Vuelve a inflar sus carrillos y sus odres Eolo.

A lo lejos, un templo de mármol se divisa

Entre laureles-rosa que hace cantar la brisa.

Con sus vibrantes notas de Céfiro desgarra

La veste transparente la helénica cigarra,

Y por el llano extenso van en tropel sonoro

Los Centauros, y al paso, tiembla la Isla de Oro.

Varia

El poeta pregunta por Stella

LIRIO divino, lirio de las Anunciaciones;

Lirio, florido príncipe,

Hermano perfumado de las estrellas castas,

Joya de los abriles.

A ti las blancas dianas de los parques ducales;

Los cuellos de los cisnes,

Las misticas estrofas de cánticos celestes

Y en el sagrado empíreo la mano de las vírgenes.

Lirio, boca de nieve donde sus dulces labios

La primavera imprime,

En tus venas no cor

re, la sangre de las rosas pecadoras.

Sino el ícor excelso de las Fu insignes.

Lirio real y lírico

Que naces con la albura de las hostias sublimes

De las cándidas perlas

Y del lino sin mácula de las sobrepellices,

¿Has visto acaso el vuelo del alma de mi Stella,

La hermana de Ligeia, por quien mi canto a veces es tan triste?

Pórtico

LIBRE la frente que el casco rehusa,

Casi desnuda en la gloria del día,

Alza su tirso de rosas la musa

Bajo el gran sol de la eterna Harmonía.

Es Floreal, eres tú, Primavera,

Quien la sandalia calzó a su pie breve;

Ella, de tristes nostalgias muriera

En el país de los cisnes de nieve.

Griega es su sangre, su abuelo era ciego;

Sobre la cumbre del Pindo sonoro

El sagitario del carro de fuego

Puso en su lira las cuerdas de oro.

Y bajo el pórtico blanco de Paros,

Y en los boscajes de frescos laureles,

Píndaro dióle sus ritmos preclaros,

Dióle Anacreonte sus vinos y mieles.

Toda desnuda, en los claros diamantes

Que en la Castalia recaman las linfas,

Viéronla tropas de faunos saltantes,

Cual la más fresca y gentil de las ninfas.

Y en la fragante, harmoniosa floresta,

Puesto a los ecos su oído de musa,

Pan sorprendióla escuchando la orquesta

Que él daba al viento con su cornamusa.

Elia resurge después en el Lacio,

Siendo del tedio su lengua exterminio;

Lleva a sus labios la copa de Horacio,

Bebe falerno en su ebúrneo triclinio.

Pájaro errante, ideal golondrina,

Vuela de Arabia a un confín solitario,

Y ve pasar en su torre argentina

A un rey de Oriente sobre un dromedario;

Rey misterioso, magnífico y mago.

Dueño opulento de cien Estambules,

Y a quien un genio brindara en un lago

Góndolas de oro en las aguas azules.

Ese es el rey más hermoso que el día,

Que abre a la musa las puertas de Oriente;

Ese es el rey del país Fantasía,

Que lleva un claro lucero en la frente.

Es en Oriente donde ella se inspira

En las moriscas exóticas zambras;

Donde primero contempla y admira

Las cinceladas divinas alhambras;

Las muelles danzas en las alcatifas

Donde la mora sus velos desata,

Los pensativos y viejos kalifas

De ojos obscuros y barbas de plata.

Es una bella y alegre mañana

Cuando su vuelo la musa confía

A una errabunda y fugaz caravana

Que hace del viento su brújula y guía.

Era la errante familia bohemia,

Sabía en extraños conjuros y estigmas,

Que une en su boca plegaria y blasfemia,

Nombres sonoros y raros enigmas;

Que ama los largos y negros cabellos,

Danzas lascivas y finos puñales,

Ojos llameantes de vivos destellos,

Flores sangrientas de labios carnales.

Y con la gente morena y huraña

Que a los caprichos del aire se entrega,

Hace su entrada triunfal en España

Fresca y riente la rítmica griega.

Mira las cumbres de Sierra Nevada,

Las bocas rojas de Málaga, lindas,

Y en un pandero su mano rosada

Fresas recoge, claveles y guindas.

Canta y resuena su verso de oro,

Ve de Sevilla las hembras de llama,

Sueña y habita en la Alhambra del moro;

Y en sus cabellos perfumes derrama.

Busca del pueblo las penas, la flores,

Mantos bordados de alhajas de seda,

Y la guitarra que sabe de amores,

Cálida y triste querida de Rueda;

(Urna amorosa de voz femenina,

Caja de música de duelo y placer:

Tiene el acento de un alma divina,

Talle y caderas como una mujer.)

Va del tablado flamenco a la orilla

Y ase en sus palmas los crótalos negros,

Mientras derrocha la audaz seguidilla

Bruscos acordes y raudos alegros.

Ritma los pasos, modula los sones,

Ebria risueña de un vino de luz,

Hace que brillen los ojos gachones,

Negros diamantes del patio andaluz.

Campo y pleno aire refrescan sus alas;

Ama los nidos, las cumbres, las cimas;

Vuelve del campo vestida de galas,

Cuelga a su cuello collares de rimas.

En su tesoro de reina de Saba,

Guarda en secreto celestes emblemas;

Flechas de fuego en su mágica aljaba.

Perlas, rubíes, zafiros y gemas.

Tiene una corte pomposa de majas.

Suya es la chula de rostro risueño,

Suyas las juergas, las curvas navajas

Ebrias de sangre y licor malagueño.

Tiene por templo un alcázar marmóreo,

Guárdalo esfinge de rostro egipciaco,

Y cual labrada en un bloque hiperbóreo,

Venus enfrente de un triunfo de Baco.

Dentro presenta sus formas de nieve,

Brinda su amable sonrisa de piedra,

Mientras se enlaza en un bajo-relieve

A una driada ceñida de hiedra.

Un joven fauno robusto y violento,

Dulce terror de las ninfas incautas,

Al son triunfante que lanzan al viento

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