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   Clásico 3 No.3

El Abencerraje By Antonio de Villegas Palabras: 17869

Updated: 2018-11-14 00:03


El Rey de Granada, por mejorar en cargo al alcayde de Cartama, embiole a mandar, que luego dexasse aquella fuerça, y se fuese a Coyn (que es aquel lugar frontero del vuestro) y que me dexasse a mi en Cartama en poder del alcayde que a ella viniesse. Sabida esta desastrada nueva por mi señora y por mi, juzgad vos (si algun tiempo fuystes enamorado) lo que podriamos sentir. Juntamonos en un lugar secreto a llorar nuestro apartamiento. Yo la llamava, señora mia, alma mia, solo bien mio (y otros dulces nombres que el amor me enseñava.) Apartandose vuestra hermosura d'mi, terneys alguna vez memoria deste vuestro captivo? Aqui las lagrymas y sospiros atajavan las palabras. Yo esforçandome para dezir mas, malparia algunas razones turbadas de que no me acuerdo: porque mi señora llevo mi memoria consigo. Pues quien os contasse las lastimas que ella hazia (aunque a mi siempre me parescian pocas.) Deziame mil dulces palabras, que hasta aora me suenan en las orejas: y al fin porque no nos sintiessen, despedimonos con muchas lagrymas y solloços, dexando cada uno al otro por prenda un abraçado, con un sospiro arrancado de las entrañas. Y porque ella me vio en tanta necessidad y con señales d'muerto[4] me dixo. Abindarraez a mi se me sale el alma en apartarme de ti: y porque siento de ti lo mismo, yo quiero ser tuya hasta la muerte, tuyo es mi coraçon, tuya es mi vida, mi honra, y mi hazienda: y en testimonio desto llegada a Coyn, donde aora voy con mi padre, en teniendo lugar de hablarte, o por ausencia o indisposicion suya (que ya desseo) yo te avisare. Yras donde yo estuviere, y alli yo te dare lo que solamente llevo conmigo, debajo de[l] nombre de esposo, que de otra suerte ni tu lealtad, ni mi ser lo consentirian, que todo lo demas muchos dias ha que es tuyo. Con esta promessa mi coraçon se sossego algo y besela las manos por la merced que me prometia. Ellos se partieron otro dia, yo quede como quien caminando por unas fragosas y asperas montañas, se le eclypsa el sol. Comence a sentir su ausencia asperamente buscando falsos remedios contra ella. Mirava las ventanas do se solia poner, las aguas do se vañava, la camara en que dormia, el jardin do reposava la siesta. Andava todas sus estaciones y en todas ellas hallava representacion de mi fatiga. Verdad es, que la esperança que me dio de llamarme, me sostenía: y con ella engañava parte de mis trabajos, aunque algunas vezes de verla alargar tanto me causava mayor pena, y holgara que me dexara del todo desesperado: porque la desesperacion fatiga hasta que se tiene por cierta, y la esperança hasta que se cumple el desseo. Quiso mi ventura, que esta mañana mi señora me cumplió su palabra, embiandome a llamar con una criada suya, de quien se fiava: porque su padre era partido para Granada, llamado del rey para bolver luego. Yo resuscitado con esta buena nueva apercebime: y dexando venir la noche por salir mas secreto, puseme en el habito que me encontrastes, por mostrar a mi señora el alegria de mi coraçon: y por cierto no creyera yo que bastaran cient cavalleros juntos a tenerme campo, porque traya mi señora comigo, y si tu me venciste, no fue por esfuerço (que no es possible) sino porque mi corta suerte, o la determinación del cielo, quisieron atajarme tanto bien. Assi, que, considera tu aora, en el fin de mis palabras, el bien que perdi, y el mal que tengo. Yo yva de Cartama a Coyn breve jornada (aunque el desseo la alargava mucho) el mas hufano Abencerraje que nunca se vio, yva a llamado de mi señora, a ver a mi señora, a gozar de mi señora, y a casarme con mi señora. Veome aora herido, captivo, y vencido: y lo que mas siento que el termino y coyuntura de mi bien se acaba esta noche. Dexame pues Christiano consolar entre mis sospiros, y no los juzgues a flaqueza: pues lo fuera muy mayor tener animo para sufrir tan riguroso trance.

Rodrigo de Narvaez quedo espantado y apiadado del estraño acontescimiento del moro: y paresciendole que para su negocio, ninguna cosa le podria dañar mas que la dilacion, le dixo. Abindarraez, quiero que veas que puede mas mi virtud, que tu ruyn fortuna. Si tu me prometes como cavallero de bolver a mi prision dentro de tercero dia, yo te dare libertad para que sigas tu camino: porque me pesaria de atajarte tan buena empresa. El moro quando lo oyo, se quiso de contento echar a sus pies, y le dixo. Rodrigo de Narvaez, si vos esso hazeys, avreys hecho la mayor gentileza de coraçon, que nunca hombre hizo, y a mi me dareys la vida. Y para lo que pedis, tomad de mi la seguridad que quisieredes, que yo lo cumplire. El Alcayde llamo a sus escuderos, y les dixo. Señores fiad de mi este prisionero, que yo salgo fiador de su rescate. Ellos dixeron que ordenasse a su voluntad. Y tomando la mano derecha entre las dos suyas al moro, le dixo. Vos prometeysme como Cavallero de bolver a mi castillo de Alora a ser mi prisionero dentro de tercero día? El le dixo. Si prometo. Pues yd con la buena ventura, y si para vuestro negocio teneys necessidad de mi persona, o de otra cosa alguna, tambien se hara. Y diziendo que se lo agradescia, se fue camino de Coyn a mucha priessa. Rodrigo de Narvaez y sus escuderos se bolvieron a Alora, hablando en la valentia y buena manera de el Moro. Y con la priessa que el Abencerraje llevava, no tardo mucho en llegar a Coyn, yendose derecho a la fortaleza, como le era mandado, no paro hasta que hallo una puerta que en ella avia: y deteniendose alli, començo a reconoscer el campo, por ver si avia algo de que guardarse, y viendo que estava todo seguro, toco en ella con el cuento de la lança, que esta era la señal que le avia dado la dueña. Luego ella misma le abrio, y le dixo. En que os aveis detenido señor mio? que vuestra tardança nos ha puesto en gran confusion. Mi señora ha rato que os espera: apeaos y subireys donde esta. El se apeo, y puso su cavallo en un lugar secreto, que alli hallo. Y dexa[n]do lança con su darga y cimitarra, llevandole la dueña por la mano, lo mas passo que pudo, por no ser sentido de la gente del castillo, subio por una escalera, hasta llegar al aposento d'la hermosa Xarifa (que assi se llamava la dama.) Ella que ya avia sentido su venida, con los braços abiertos le salio a rescebir. Ambos se abraçaron, sin hablarse palabra, del sobrado contentamiento. Y la dama le dixo. En que os aveys detenido, señor mio? que vuestra tardança me ha puesto en gran congoxa y sobresalto. Mi señora, dixo el, vos sabeys bien que por mi negligencia no avra sido: mas no siempre succeden las cosas como los hombres dessean. Ella le tomo por la mano, y le metio en una camara secreta. Y sentandose sobre una cama que en ella avia, le dixo. He querido Abindarraez, que veays en que manera cumplen las captivas de amor sus palabras porque desde el dia que os la di por prenda de mi coraçon, he buscado aparejos para quitarosla. Yo os mande venir a este mi castillo a ser mi prisionero, como yo lo soy vuestra, y hazeros señor de mi persona, y de la hazienda de mi padre, debaxo de nombre de esposo, aunque esto, segun entiendo, sera muy contra su voluntad, que como no tiene tanto conoscimiento de vuestro valor y experiencia d'vuestra virtud como yo quisiera darme marido mas rico: mas yo, vuestra persona y mi contentamiento tengo por la mayor riqueza del mundo. Y diziendo esto baxo la cabeça, mostrando un cierto empacho d'averse descubierto tanto. El moro la tomo entre sus braços, y besandola muchas vezes las manos por la merced que le hazia, la dixo. Señora mia, en pago d'tanto bien como me aveys ofrescido, no tengo que daros que no sea vuestro, sino sola esta prenda, en señal que os rescibo por mi señora y esposa. Y llamando a la dueña se desposaron. Y siendo desposados se acostaron en su cama, donde con la nueva experiencia encendieron mas el fuego de sus coraçones. En esta conquista passaron muy amorosas obras y palabras, que son mas para contemplacion, que para escriptura. Tras esto al moro vino un profundo pensamiento, y dexando llevarse del dio un gran sospiro. La dama no pudiendo sufrir tan grande ofensa d'su hermosura y voluntad con gran fuerça de amor le bolvio a si, y le dixo. Ques esto Abindarraez? paresce que te has entristecido con mi alegria: yo te oyo sospirar rebolviendo el cuerpo a todas partes: pues si yo soy todo tu bien y contentamiento, como me dezias por quien sospiras? y si no lo soy, porque me engañaste? si has allado alguna falta en mi persona, pon los ojos en mi voluntad, que basta para encubrir muchas: y si sirves otra dama dime quien es para que la sirva yo: y si tienes otro dolor secreto de que yo no soy ofendida, dimelo, que o yo morire, o te librare del. El Abencerraje corrido de lo que avia hecho, y paresciendole que no declararse, era ocasion d'gran sospecha, con un apassionado sospiro la dixo. Señora mia si yo no os quisiera mas que a mi, no huviera hecho este sentimiento: porque el pesar que comigo traya, sufriale con buen animo, quando yva por mi solo: mas aor

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a que me obliga a apartarme d'vos no tengo fuerças para sufrirle, y assi entendereys que mis sospiros se causan mas de sobra de lealtad que de falta della. Y porque no esteys mas suspensa sin saber de que, quiero deziros lo que passa. Luego le conto todo lo que avia succedido: y al cabo la dixo. De suerte señora que vuestro captivo lo es tambien del alcayde de Alora, yo no siento la pena de la prision, que vos enseñastes mi coraçon a sufrir: mas vivir sin vos, tendria por la misma muerte. La dama con buen semblante, le dixo. No te congoxes Abindarraez, que yo tomo el remedio de tu rescate a mi cargo: porque a mi me cumple mas. Yo digo assi, que qualquier cavallero que diere la palabra de bolver a la prision, cumplira con embiar el rescate que se le puede pedir: y para esto ponedle vos mismo el nombre que quisierdes, que yo tengo las llaves de las riquezas de mi padre, yo os las porne en vuestro poder, embiad de todo ello lo que os paresciere. Rodrigo d'naruaez es buen cavallero, y os dio una vez libertad, y le fiastes este negocio, que le obliga aora a usar de mayor virtud: yo creo que se contentara con esto, pues teniendoos en su poder ha de hazer lo mismo. El Abencerraje la respondio: bien parece señora mia que lo mucho que me quereys nos[5] dexa que me aconsejeys bien por cierto no cayre yo en tan gran yerro porque si quando venia a verme con vos que yva por mi solo estava obligado a cumplir mi palabra, aora que soy vuestro se me a doblado la obligacion. Yo bolvere a Alora y me porne en las manos del Alcayde della y tras hazer yo lo que devo, haga el lo que quisiere, Pues nunca Dios quiera dixo Xarifa, que yendo vos a ser preso quede yo libre, pues no lo soy, yo quiero acompañaros en esta jornada que ni el amor que os tengo, ni el miedo que he cobrado a mi padre de averle offendido me consentiran hazer otra cosa. El moro llorando de contentamiento la abraço y le dixo siempre vays señora mia acrescentandome las mercedes hagase lo que vos quisierdes que assi lo quiero yo y con este acuerdo aparejando lo necessario. Otro dia de mañana se partieron llevando la Dama el rostro cubierto por no ser conoscida. Pues yendo por su camino adelante hablando en diversas cosas, toparon un hombre viejo la dama le pregunto donde yva. El la dixo. Voy a Alora a negocios que tengo con el alcayde della, que es el mas honrado y virtuoso cavallero que yo jamas vi. Xarifa se holgo mucho de oyr esto, paresciendole que pues todos hallavan tanta virtud en este cavallero, que tambien la hallarian ellos que tan necessitados estavan della. Y bolviendo al caminante, le dixo. Dezid hermano, sabeys vos d'esse cavallero alguna cosa que aya hecho notable? Muchas se, dixo el, mas contaros he una por donde entendereys todas las demas. Este cavallero fue primero alcayde de Antequera, y alli anduvo mucho tiempo enamorado de una dama muy hermosa, en cuyo servicio hizo mil gentilezas que son largas de contar: y aunque ella conoscia el valor deste cavallero amava a su marido tanto, que hazia poco caso del. Acontescio assi, que un dia de verano acabando de cenar, ella y su marido se baxaron a una huerta que tenia dentro de casa: y el llevava un gavilan en la mano, y lançandole a unos paxaros, ellos huyeron, y fueronse a socorrer a una çarça, y el gavilan, como astuto, tirando el cuerpo afuera, metio la mano, y saco y mato muchos dellos. El cavallero le cebo, y bolvio a la dama, y la dixo, Que os paresce señora del astucia con que el gavilan encerro los paxaros, y los mato? pues hagoos saber, que cuando el alcayde de Alora escaramuça con los moros, assi los sigue, y assi los mata. Ella fingiendo no le conoscer, le pregunto quien era. Es el mas valiente y virtuoso cavallero, que yo hasta oy vi. Y començo a hablar del muy altamente, tanto que a la dama le vino un cierto arrepentimiento, y dixo. Pues como! los hombres estan enamorados deste Cavallero, y que no lo este yo de el, estandolo el de mi! Por cierto yo estare bien disculpada de lo que por el hiziere pues mi marido me ha informado de su derecho, otro dia adelante se ofrescio que el marido fue fuera de la ciudad y no pudiendo la dama sufrirse en si embiole llamar con una criada suya. Rodrigo de Narvaez estuvo en poco de tornarse loco de plazer aunque no dio credito a ello acordandosele de la aspereza que siempre le avia mostrado. Mas con todo esso a la hora concertada muy a recado fue a ver la Dama que le estava esperando en un lugar secreto y alli ella echo de ver el yerro que avia hecho y la vergüença que passava en requerir aquel de quien tanto tiempo avia sido requerida pensava tambien en la fama que descubre todas las cosas temia la inconstancia de los hombres y la offensa del marido y todos estos inconvenientes (como suelen) aprovecharon de vencerla mas, y passando por todos ellos le rescibio dulcemente y le metio en su camara donde passaron muy dulzes palabras, y en fin dellas le dixo. Señor Rodrigo de Narvaez, yo soy vuestra de aqui adelante sin que en mi poder quede cosa que no lo sea, y esto no lo agradezcays a mi que todas vuestras passiones y diligencias falsas, o verdaderas, os aprovecharan poco comigo, mas agradesceldo a mi marido que tales cosas me dixo d'vos que me han puesto en el estado en que aora estoy. Tras esto le conto quanto con su marido avia passado y al cabo le dixo y cierto señor vos deveys a mi marido mas que el a vos: Pudieron tanto estas palabras con Rodrigo de Narvaez que le causaron confusion y arrepentimiento del mal que hazia a quien del dezia tantos bienes y apartandose afuera, dixo. Por cierto señora yo os quiero mucho y os querre de aqui adelante mas nunca Dios quiera que a hombre que tan afficionadamente ha hablado en mi haga yo tan cruel daño. Antes de oy mas he de procurar la honra de vuestro marido como la mia propria pues en ninguna cosa le puedo pagar mejor el bien que de mi dixo. Y sin aguardar mas, se bolvio por donde avia venido. La dama devio de quedar burlada: y cierto (señores) el cavallero, a mi parescer uso de gran virtud y valentia, pues vencio su misma voluntad. El Abencerraje y su dama quedaron admirados del cuento: y alabandole mucho, el dixo, que nunca mayor virtud avia visto d'hombre. Ella respondio, Por dios señor yo no quisiera servidor tan virtuoso: mas el devia estar poco enamorado, pues tan presto se salio afuera: y pudo mas con el la honra del marido que la hermosura de la muger. Y sobre esto dixo otras muy graciosas palabras. Luego llegaron a la fortaleza: y llamando a la puerta, fue abierta por las guardas, que ya tenian noticia de lo passado. Y yendo un hombre corriendo a llamar al alcayde le dixo. Señor en el castillo esta el moro que venciste, y trae consigo una gentil dama. Al alcayde le dio el coraçon lo que podia ser: y baxo abaxo. El Abencerraje tomando su esposa de la mano, se fue a el, y le dixo. Rodrigo de Narvaez, mira si te cumplo bien mi palabra, pues te prometi de traer un preso, y te trayo dos, que el uno basta para vencer otros muchos. Ves aqui mi señora, juzga si he padescido con justa causa. Rescibenos por tuyos, que yo fio mi señora y mi honra de ti. Rodrigo de Narvaez holgo mucho de verlos, y dixo a la dama. Yo no se qual de vosotros deve mas al otro: mas yo devo mucho a los dos. Entrad y reposareys en esta vuestra casa: y tenelda de aqui adelante por tal, pues lo es su dueño. Y con esto se fueron a un aposento que les estava aparejado y de ay a poco comieron: porque venian cansados del camino. Y el alcayde pregunto al Abencerraje. Señor que tal venis de las heridas? Paresceme señor que con el camino las trayo enconadas, y con algun dolor. La hermosa Xarifa muy alterada, dixo. Que es esto señor, heridas teneys vos de que yo no sepa? Señora, quien escapo de las vuestras, en poco terna otras: verdad es que de la escaramuça de la otra noche saque dos pequeñas heridas, y el camino y no averme curado me avran hecho algun daño, Bien sera dixo el Alcayde, que os acosteys y verna un çurujano que ay en el castillo, Luego la hermosa Xarifa le començo a desnudar con grande alteracion y viniendo el maestro y viendole, dixo que no hera nada, y con un ungüento que le puso le quito el dolor y de ay a tres dias estuvo sano. Un dia acaescio que acabando de comer el Avencerraje dixo estas palabras. Rodrigo de Narvaez segun eres discreto en la manera de nuestra venida entenderas lo demas, yo tengo esperança que este negocio que esta tan dañado se ha de remediar por tus manos: esta dueña es la hermosa Xarifa de quien te huve dicho es mi señora y mi esposa no quiso quedar en coyn, de miedo d'aver offendido a su padre todavia se teme deste caso, bien se que por tu virtud te ama el Rey, aunque eres Christiano, suplicote alcances del que nos perdone su padre, por aver hecho esto sin que el lo supiesse, pues la fortuna lo traxo por este camino. El Alcayde les dixo, Consolaos, que yo os prometo de hazer en ello quanto pudiere. Y tomando tinta y papel, escrivio una carta al Rey, que dezia assi.

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