MoboReader> Literatura > El rifle

   Clásico 1 No.1

El rifle By Tomás Carrasquilla Palabras: 7826

Updated: 2018-11-14 00:07


La mañana refulge gloriosa y las vitrinas de todos los almacenes están de gala, de alegría y paz en el señor. En esa víspera clásica se exhiben con ingenua elegancia, para tentación de chicuelos y de papás, cuantos juguetes, comestibles y ociosidades han creado las industrias nacionales y extranjeras. Gentes de toda clase y condición atisban aquí, husmean allá, trasiegan por dondequiera, en busca de los regalos que, en aquella noche de venturanzas, ha de traer el Niño Dios a la rapacería de la familia. Demandaderas y sirvientes van y vienen, cargados de cajas y envoltorios; los obsequios se cruzan, los presentes se cambian, mientras la horda mendicante implora e implora en ese momento cristiano en que los corazones se ablandan.

Un caballero, de aire noble y ya maduro, observa desde una esquina del Capitolio aquel agitarse vertiginoso de la colmena. Su aire revela hondos pesares. ¿Cómo no? Es un señor sin hijos, separado de su mujer y forastero en la capital. La soledad y el hielo de su vida le acosan en este día en que se rinde culto a la familia, se prende el lar de los afectos y se piensan en los ausentes y en los muertos queridos.

La felicidad que nota en tanta cara extraña le hace más acerba su desgracia.

- |¿Embolo mesio? -le dice un granujilla hasta de once años, con voz arrulladora de súplica. El hombre hace una señal de asentimiento, pone un pie sobre la caja y el menestralillo empieza.

Está astroso, desharrapado, roto; pero sus manitas y sus pies son escultóricos, sus uñas encañonadas y pulidas. En medio de aquel desaseo se adivina en esas extremidades el proceso de una estirpe aristocrática. En torno del raído casquete se alborotan unos bucles castaños que enmarcan una carita de tono ardiente, con facciones de ángel. Hay en sus movimientos, manipuleo y ademanes, esa gracia indecible de los niños cuando ejecutan con esmero algún trabajo.

El hombre lo estudia.

-¿Cómo te llamas?

-¿Yo, patroncito? Me llamo Tista Arana.

Y muestra unos dientes de rata, y pone en el señor unos ojos rasgados, claros y luminosos como la mañana.

-¿Tienes padres?

-No tengo más que mi madrina. Mi madrecita se murió cuando tenía seis años. ¡Era muy linda! Y mi taita me llevó donde mi madrina. Como vivía en la casa de junto… El taba casao con ella.

-¿Y murió también tu padre?

-Se cayó de un andamio, aquí en el Capitolio, y se le salieron los sesos.

-¿Y tu madrina te quiere mucho?

-Ni sé qué le diga a su mercé.

-¿Te pega?

-Me curte muy duro cuando no le junto hartos pesos y cuando toma chicha, y también cuando se me rasga la ropa. Ayer me jartó a totes. Es muy fregada.

-¿Y cuánto ganas al día?

-¿Yo, patroncito? Pues unas veces apenas pa pagale la comida, que son doce pesos, y otras, cuando más, algunos veinticinco. Los grandes sí consiguen mucho.

Pasa a éstas un fámulo con unos paquetes, y, al caérsele uno, salta al andén un riflecito sumamente cuco.

-¡Cómo gozarán los hijos de los ricos! -exclama Tista medio transportado-. ¡Vea ese rifle patroncito!

-¿Quisieras uno así?

-¿Y qué me gano con querer?

-Pues, ¡quién sabe!

El señor le paga veinte pesos por el lustre y lo lleva a un almacén para que escoja un rifle o lo que quiera.

El rapaz no puede creer aquel sueño, no puede comprender acto tan raro. Pensara que el patroncito se burla, a no ser por la paga tan enorme que ha recibido. Entra tembloroso, la cabeza baja, cambiando de colores. No puede oír, no puede hablar. Pero uno de los dependientes, que sabe su oficio, viene en su ayuda. Que escogiera el chico zoquete lo que a bien tuviese ya que la fortuna le sorprendía. Le alcanza tambores, espadas, cornetas, carros, animales. |Un rifle, articula al cabo el chicuelo. Le sacan varios, y elige uno de salón y aire comprimido. ¡Qué maravilla! La lata parece acero, la caja es un primor y mide casi una vara. "No es tan zoquete", dice una compradora

MoboReader, bring tons of novels with you.
Free toDescargar Manobook

. ¡Qué zoquete es un experto! En su turbación desarticula el arma, y, con sus trémulas manitas, hace jugar el mecanismo. Le dan un dardo amarillo, lo pone con precisión y hace puntería con mucha monada a un elefante. A ser blanco le acertara el Guillermito Tell en la propia trompa. "¡Qué chirriado!", exclaman. Explica, entonces, cómo ha visto el tiro en el salón del Bosque y cómo los niños de un míster le han prestado sus rifles cuando ha ido a Chapinero a lustrarles el calzado.

Una docena de flechas acompaña el rifle. Le envuelven todo aquello y lo recibe en un desvanecimiento de ensueño. Dos granujas del oficio y varios mendiguillos le rodean. ¡Qué envidia la de aquellas criaturas! ¡Qué bocas las que abren! ¡Cómo se les transfigura el colega y cómo miran al caballero extraordinario! El caballero paga y sale apresurado. Ya no tiene cara triste: tres pesos de dicha verdadera, bien pueden aliviar un millón de pesadumbres. Pero va pensando, a la vez, que la vida tiene muchos dolores absurdos.

Tista le alcanza, con los ojos humedecidos.

-¡Dígame su mercé ónde vive p'ir a embolarle de balde todos los días y hacerle los mandaos!

-¡Gracias, Tista Arana! Ya no podrás servirme mucho: pasado mañana me voy.

-¿A dónde, patroncito?

-A Cúcuta, donde estoy a tus órdenes.

-¡A Cúcuta!… (Y una ráfaga negra pasa por aquel cielo).

-¿Y cómo se llama su mercé?

-El señor Equis. Para servirte.

Y el señor Equis se embebe entre la turbamulta de la calle.

Los granujas siguen a Tista, lo cercan, se lo disputan, lo adulan. Aquel rifle caído del cielo le ha conquistado en un instante alta posición y gran renombre. Sino que aquel corazón de niño, que no ha sentido el hálito de otro corazón hidalgo; que al abrirse a la vida del afecto, no ha conocido un sér que le proteja, que por su sér se interese, que le arroje un mendrugo de cariño, siente ahora, con esa intución de la niñez desamparada, haber entrevisto la felicidad para perderla al punto. Esto, que el inocente paria no puede comprender, le amarga la posesión repentina de su tesoro.

-¿Dónde será Cúcuta, ala? -dice al más prócer de sus flamantes tagarotes.

-Eso es muy lejos: ¡por allá en los Llanos!

-¿No es cierto, ala, que el señor Equis no me dio limosna como a un chino sucio, sino que me dio un regalo como a un niñito suyo? Es un señor muy bueno.

-Sí: eso fue un regalo que vale mucha plata. ¿No viste, pues que pagó tres billetes de cien pesos? Vendélo pa que comprés ropa.

-¡No, ala! Yo quiero más mi rifle que muchos fluxes. Yo mantenía mucha gana de rifle y me lo dio él.

Yo consigo esta noche el blanco y mañana me voy a tirar al Chorro de Padilla. Yo compro más flechas cuando se me acaben. Yo se apuntar mucho.

Tiró calle arriba, hacia su casa, no tanto por buscar el almuerzo, cuanto por guardar el regalo y contarle a su madrina la estupenda historia. Vivian por Las Aguas, en esa barriada que se extiende falda arriba, entre eucaliptus y cerezos, como banda dispersa de perdices. José Luis, el geógrafo consejero, le sigue hasta allá, por ver si estrenan el arma envidiada.

La niña Belén, madrina del héroe, está a la puerta, medio tomada por la chicha. Oye el relato, admira el rifle ve cómo se maneja; pero no encuentra el acontecimiento verosímil. Si era hurto de los dos facinerosos, que se confesaran con Cristo. Ni el llanto del uno, ni las protestas del otro, ni la entrega de los dineros ganados, la sacan de su sospecha. Tanto moteja a José Luis de instigador y urdemales que el pobre no tiene más remedio que marcharse a la estampía.

-¡Guardá eso horita mismo! -le vocea al triste moco- suelo-. Y yo averiguaré hoy mismo diónde lo sacastes. ¡Y ya sabés!: si vienen aquí los policías a poner pereque, te doy una muenda que te habés de acordar de yo toda tu puerca vida! Andá a almorzar y salí ligero pal trabajo, que hoy es día bueno y mañana necesito pa las Pascuas.

Free toDescargar Manobook
(← Keyboard shortcut) Previous Contenidos (Keyboard shortcut →)
 Novels To Read Online Free

Escanea el código para descargar la aplicación Manobook.

Back to Top