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   Capítulo 3 Abraham Durán

Hermanos Durán Por Mari Palabras: 5720

Actualizado: 2021-02-10 02:48


—Que bueno que ya llegaron, los estábamos esperando para cenar, si hubieran tardado un poco más, Abraham ya se habría comido todos los aperitivos que están en la cocina—. Dijo Marilyn.

—¿Qué yo qué?—. Preguntó Abraham mientras mordía una galleta.

De los cuatro hermanos, Abraham fue el último en nacer, era el más bromista de los cuatro, andaba de buen humor la mayor parte del tiempo y le encantaba comer.

Sus hermanos decían que siempre andaba con hambre, que su estómago en vez de estar formado por intestino, tenía un hoyo negro que succionaba todo lo que comía, ya que por más que comía y comía, siempre se mantenía en forma.

También era el que tenía más mujeres, siempre andaba saliendo con chicas nuevas todo el tiempo, una de las preocupaciones de su padre hacia Abraham, no era el hecho de que no fuera a conocer a una buena mujer, sino el hecho de que si la conocía, lo iba a echar todo a perder.

El hombre manejaba un auto de carrera y se encargaba de las reparaciones de los autos de la compañía DU, sin embargo; a veces estaba tan inmerso en los entrenamientos que no le daba mucho tiempo de ir a la empresa, por lo que su primo, el hijo del hermano de su padre, asistía la mayor demanda del trabajo de reparaciones.

A Abraham siempre le encantaron los autos de carrera y la adrenalina que sentía al momento de manejar uno de ellos, por lo que decidió que se dedicaría a eso, su padre nunca estuvo en desacuerdo con las carreras que escogieran sus hijos, siempre y cuando les gustara y les sirviera para progresar en la vida.

Pero curiosamente y debido al ambiente en el que se criaron, los 4 hermanos estudiaron carreras afines al ámbito automotriz.

Alexis era ingeniero automotriz, Adrián se había graduado de diseñador, Aitana era ingeniera mecánica y Abraham se enfocó en la mecánica automotriz.

El haber estudiado eso, le dio a Abraham la facilidad de poder manipular su auto, nadie más aparte de Abraham le podía meter mano a su motor, todos aquellos que lo conocían sabían que él a lo único que celaba como un loco, era a su auto.

Su padre había creado un autódromo especialmente para él y así también podrían usarlo para probar los modelos nuevos de autos de carrera que creaba la compañía.

Abraham no solo estaba feliz porque hacía lo que le gustaba, sino porque le abría las puertas con innumerables mujeres, a lo largo de su vida, había viajado por muchas partes del mundo y había conocido a miles de mujeres, rubias, morenas, trigueñas, pelirroja, altas, bajas y muchas más.

Aparte de que el hecho de tener dinero y ser físicamente atractivo también le era de mucha ayuda, su estatura era de 1.82, cabello negro liso, piel clara, nariz perfiladas y ojos café, lo más atractivo de todo era que al reír, sus mejillas se adornaban de unos hermoso hoyuelos, de los cuatro hermanos, a él era el único que se le hacían dichas mar

cas al reír.

— Estábamos hablando que si tus hermanos no llegan a tiempo, nos vas a dejar sin cena—. Dijo Marilyn, mientras le sonreía a sus hijos.

Alfonso bajó y vio a su esposa hablando y riendo con sus tres hijos, en el fondo de su corazón quiso parar el tiempo, para poder guardar esa imagen para siempre en su recuerdo.

Al llegar a la sala, Alfonso solo dijo —Cenemos—.

Como una orden, todos se fueron hacía el comedor, para poder disfrutar de una deliciosa cena, esa noche, Alfonso pensaba tantear el terreno para ver como iba la vida amorosa de sus hijos.

—¿Abraham cómo va el trabajo?—. Preguntó Alfonso tranquilamente para poder iniciar una conversación.

—Bien papá, dentro de 6 meses comenzaremos las eliminatorias para ir a la carrera de la fórmula E, hemos ganado varias competiciones así que pronto me verás conduciendo en los mejores autódromos del mundo—. Dijo Abraham emocionado.

— Eso es bueno ¿y llevarás a alguna chica contigo?—. Tanteo Alfonso.

— Bueno esa decisión creo que si va a ser difícil, porque no sabe si llevar a Rosa o a Carolina—. Dijo Alexis con sarcasmo.

— Aunque son amigas ¿no?, supongo que no les será difícil compartir—. Interrumpió Adrián.

— ¿Estás saliendo con dos amigas?—. Preguntó Marilyn incrédula.

— No Mamá ¿como crees?—. Dijo Abraham incómodo, por más mujeriego que fuera, nunca le gustaba hablar de esas cosas con su madre y más sabiendo que su padre se había dedicado toda su vida a su matrimonio, su madre nunca había vivido la decepción de un engaño por parte de su padre.

— Él dice la verdad mamá, no está saliendo con dos amigas, está saliendo con tres, porque donde vas a dejar a Zafiro—. Resonó la voz de una mujer proveniente de la puerta.

—¿Y tú qué haces aquí?, ¿no estabas en una cena en nombre de la compañía con el hijo del juez?—. Preguntó Abraham.

— Sí, yo fui y tuve toda la buena intención de mostrar la mejor versión de mí, pero cuando llegué, no pasaron ni cinco minutos y ya se había desmayado de la borrachera, ¡que horror!, para nada me corté el cabello, si hubiera sabido, no habría sido necesario—. Se quejó la chica.

—¡Ja, Ja, Ja! te lo dije, ahora paguen, paguen—. Gritó Abraham emocionado.

Cuando los tres hermanos se enteraron de que su padre había usado la estrategia de enviar a su hija a nombre de la compañía, para ver si por lo menos así se podría quedar en toda la cena, los hermanos apostaron.

Alexis y Adrián, que trabajaban de lleno en la compañía, dijeron que sí se quedaría, para no hacer quedar mal a la empresa, sin embargo; Abraham apostó que la chica iba a buscar una forma de escapar del compromiso y efectivamente, aún no habían pasado dos horas y ya Aitana estaba de vuelta.

Alexis y Adrián sacaron sus billeteras y le pasaron el dinero a Abraham, cuando Aitana se sentó en la mesa, miró a los dos perdedores y les dijo —Que poca fe me tienen—.

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