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   Capítulo 18 Pasado

La venganza es dulce como Breanna Por Rocio_CE Palabras: 11342

Actualizado: 2021-03-05 19:44


Dominick Vlad es esa clase de hombre que alborota hormonas al tú pasar cerca de él, es imposible de ignorar cuando posee un físico muy bien tratado y que al parecer los genes de este tipo gritan: mírenme. Piensas que es un hombre inalcanzable, tal vez un tipo que no es de este mundo.Cuando lo conocí solo di por hecho que era un maldito arrogante con un genio de los mil demonios, lo cual no es del todo una mentira, pero también me mostró una actitud rara que no pensé que fuese de él. Siempre parece lejano, que cuando está cerca consume todo a su paso y no si eso es bueno o muy malo para mí.Justo ahora él se encuentra sentado en mi sofá, el saco no lo lleva puesto por lo que la camisa que se aprieta a ese delicioso cuerpo está en mi campo de visión. Él pasa las manos por su pelo y suspira con fuerza, yo en cambio estoy tranquila en el otro extremo del sofá esperando que hable, o dándole el tiempo a que él mismo reúna el valor de contarme lo que vino decir. No me gusta que me presionen cuando quiero hablar, así que hago lo que yo quisiera que hagan conmigo; esperar que él mismo hable.Los bonitos ojos de Dominick caen en mi persona y me dedica una pequeña sonrisa que me hace lamer mis labios y sonreírle un poco. Es imposible no hacerlo cuando me mira de una manera tan dulce, pero también me doy cuenta de que hay dolor contenido en su mirada.—Te pido una disculpa por todo lo que mi abuela dijo de ti, sé que ella es… complicada—dice despacio, como si buscara las palabras correctas para definir a ese mal espíritu que es su abuela. Su abuela en realidad es un completa perra, pero no pienso decirlo en voz alta, así que me contengo—pero me sentí bien al verte defenderte, siempre es algo que no puedo evitar admirar, ver como no dejas que nadie te pisotee, tú brillas tanto—susurra tan bajo que creo que lo imaginé.—No tienes que disculparte Dominick, sé que es ella, la del problema es tu abuela. No fuiste tú quien me insultó, fue ella, así que no tienes por qué disculparte. En todo caso la que debería disculparse es ella conmigo y yo con ella, ambos nos insultamos—me encojo de hombros respetándole importancia, él vuelve y pasa las manos por su pelo.—Quiero que entiendas que yo no te veo de la manera en la que ella planteó, jamás te he visto de esa manera—le regalo una lenta sonrisa y asiento.—Eso lo sé, jamás lo harías—juego con mis dedos con la mano sobre mi regazo—Dominick, si no te sientes capaz de decirme qué te atormenta no lo hagas, yo sabré esperar, pero si tengo algunas cosas que preguntarte, también debería enojarme de algunas acciones de tu parte.>> Patricia me cae como una piedra enorme en el estómago, aunque nos ves a ambas actuar cerca, en realidad solo somos idiotas y tenemos el lema de: Si no puedes con el enemigo únete a él. Nos conocemos desde hace tiempo y nos llevamos muy mal, nuestras opiniones y formas de ser chocaron tantos hasta un punto que una de las dos cruzó una línea buscando hacerle mucho daño a la otra.>> Créeme cuando te digo que no la soporto. La única razón por la cual acepté formar parte de sus damas de honor fue joderle la boda por algo que me hizo. Sabía que ella buscaba hacer algo por todo lo alto y yo quería que saliera mal, es por eso que sigo en ese circo.>> Aunque me encantó que me besaras—digo mirándolo—no puedo evitar sentir esta pequeña molestia porque fui yo que quedé como la trepadora, Patricia frente a todos es tu prometida y de pronto me besas, me besaste por unos absurdos celos—digo rodando los ojos.—No fueron absurdos—me responde interrumpiéndome.—¿Seguro?—él aprieta sus labios formando una fina línea con los labios.—No, porque Jhon se estaba pasando de mano larga contigo—exhala despacio recorriéndome con los ojos—¿no te has visto? Eres hermosa, pero justo hoy pareces alguna Diosa que se compadeció de los mortales dándole un momento de felicidad visitándolos. Cuando te vi sabía que hasta hoy había durado todo este papel de mantenerte alejada. Eres demasiado hermosa para mi propio bien—sonrío tímida sintiendo mis mejillas calentarse.—Son absurdos porque Jhon y yo no somos nada. Además de que no tienes ningún derecho sobre mí, tampoco tú y yo somos algo—él asiente.—Eso es cierto, me jode, pero tienes razón. Disculpa—acaricio mi cuello y cruzo mis piernas para ponerme cómoda. Sus ojos caen en la manera en que mi vestido sube un poco. Enarco una ceja mirándolo y él sonríe como si lo he pillado en algo malo. —Besas bien—menciono de la nada, una sonrisa juguetona aparece en sus labios, mis ojos siguen el movimiento de su lengua cuando él lame sus labios. Escucho su risa y no me importa parecer una descarada justo ahora.—Gracias—murmura guiñándome un ojo—tú sabes muy bien lo que haces—me doy cuenta de que estoy haciendo que se desvíe del tema inicial, pero me doy cuenta de que poco a poco va bajando la guardia. Lo veo acomodarse mejor en el sofá dándome toda su atención.—No me has visto en todo—las palabras quedan sueltas en el aire y sonrío sin ser tímida, la timidez no es uno de los rasgos por los cuales se me conozca. Él lo sabe, sabe que mis palabras van más allá de hablar sobre besar porque se ríe abiertamente y sus ojos se ven pequeños mientras se ríe. Es tan hermoso que me encuentro complacida en escuchar el sonido de su risa y la forma de su rostro justo ahora. Es un hermoso espectáculo que me brinda.—Breanna, no me distraigas más—dice y parpadeo—porque si continuas así nunca podré decirte lo que tengo en mente y solo podría saltar sobre ti como algún maniático y besarte—un suave suspiro se escapa de mis labios—eres una gran distracción para mí, eso puede ser peligroso—lamo mis labios.—Entonces mi persona re

presenta un peligro para ti—él asiente.—Un verdadero peligro, espero y asumas la culpa—enarco una ceja que hace que la sonrisa que tenga incremente—otra vez me distraes, tú me distraes con tanta facilidad que creo que debería ser imposible, ¿Cómo lo haces?—su pregunta me hace encogerme de hombros.—¿Siendo encantadora?—tiento al preguntar. Él ríe y pone las manos detrás de su cabeza. Muerdo mi labio viendo como su camisa abraza su cuerpo.—Siendo descarada—me dice y parpadeo asombrada de sus palabras y vuelvo a mirar su rostro.—Solo miré sin un punto fijo—miento de manera descarada y él niega sin perder la sonrisa.—Debes dejar de distraerme—suspiro y asiento, cuando veo como poco a poco su mirada va bajando de intensidad hasta volverse triste me siento con ganas de abrazarlo.—Cuando pequeño tenía dos amigos, eran las personas que más quería apartando mi familia. Jhon, quien era mi mejor amigo. Sus padres y los míos eran muy cercanos y eso nos hizo conocernos prácticamente desde que nacimos, con el tiempo nos volvimos inseparables, cuando estaba cerca ya sabían que Jhon lo estaba. O viceversa.>> Nosotros dos y mi mejor amiga de la infancia, Nataly. Una hermosa niña a la que un día sin quererlo le jugamos una broma, ella se enfadó bastante que al final como niños que somos, terminamos riendo y con el tiempo se integró a nuestro círculo de amigos.>> Nataly era una niña de sonrisa fácil que parecía alegrar a los demás con su sola presencia, aunque no era la más extrovertida, sabia desenvolverse con fluidez cuando lo necesitaba. Era excelente en la escuela por lo que Jhon y yo consultábamos todo con ella—él ríe mientras recuerda—Jhon la molestaba mucho porque era una pelirroja con muchas pecas, ella odiaba que le dijeran adorable. >> Con el tiempo Nataly fue dejando a la pequeña niña de moños aniñados para irse convirtiendo en una adolecente que llamaba la atención de quien pasara cerca de ella. Cuando pequeña era linda, pero conforme pasó el tiempo acaparó las miradas de todos. Ocultó lo que ella creyó que la hacía ver aniñada, sus pecas, pero nunca se ocultó de nosotros.>> Siempre fue apegada a mi porque Jhon la molestaba con frecuencia y eso la enloquecía, sin darnos cuenta entre nosotros fue floreciendo sentimientos de amor. A los dieciséis se convirtió en mi novia—lo veo apretar las manos en puños—Jhon fue feliz por nosotros y tratamos de que él jamás se sintiera excluido por nosotros. Sabíamos ser novios, pero éramos amigos también.>> A los diecinueve años le propuse matrimonio y ella aceptó. Nuestros padres enloquecieron, decían que éramos muy jóvenes, pero nosotros nos sentíamos realmente felices. Yo estudiaba y era aprendiz en la empresa de papá, también hacia trabajos pequeños porque algunos semestres de la universidad eran una completa pesadilla y no podía trabajar tiempo completo.Lo veo hacer una pausa y sentarse quedando de perfil a mí, su mirada no tiene un punto específico, simplemente parece perdida y yo solo me mantengo en silencio dejándolo hablar, pero me he dado cuenta que al principio su voz sonaba como un bello recuerdo, conformé cuenta se ha ido enronqueciendo.>> Mis padres eran grandiosos, siempre nos inculcaron buenos valore a Amanda y a mí. Ambos nacimos en Alemania, pero Amanda pasó gran parte de su vida aquí por motivos de trabajo. Papá, mamá y ella se quedaron aquí mientras yo seguía con mis estudios en Alemania y me quedaba con la abuela. Antes era una mujer estricta, pero tenía una debilidad por mí, le gustaba ver a Nataly cerca, porque ella iluminaba mi mundo—él ríe negando.>> Tenía 22 años cuando Nataly quedó embarazada, ella apenas tenía 20 años. Fue aterrador para ambos, pero luego nos sentimos felices. Yo conseguí un trabajo y renté un apartamento para vivir los dos, pero a los cinco meses Nataly me había enloquecido. Sus hormonas la tenían brusca, tosca y me odiaba sin razón. Yo la comprendía y aunque quería saber el sexo del bebé, ella no, por lo cual la dejé con la decisión. Acordamos que cuando el bebé cumpliera el año nosotros nos casaríamos.>> Días después de aquella promesa recibí una noticia que me impactó mucho. Mis padres habían muerto y mi hermana estaba en estado de gravedad. Volé de regreso y todo se fue derrumbando—hace una pausa y veo la primera lágrima asomarse por sus ojos. Siendo un nudo en la garganta mientras él aprieta tanto sus nudillos que eran blancos. Me acerco abrazándolo, pero él sigue igual.>> Amanda fue mi pequeña desde que nació, siempre que tenía oportunidad volaba para verla y me la traía a Alemania en sus vacaciones, siempre fuimos muy unidos. Esa niña siempre fue mi pequeña. Cursó algunos años aquí porque quería tenerla cerca, aunque a mis padres casi les da algo cuando le propusimos eso. Me hacía cargo de ella, nunca me pesaba y Nataly la adoraba. Es imposible no hacerlo con esa pequeña rubia.>> Para ella fue muy fuerte la muerte de nuestros padres y se encerró en una burbuja donde no dejaba a nadie entrar—él llora y aprieto mis manos a su alrededor—mi abuela peleó por la custodia porque ella no me sentía capaz de hacerme cargo de Amanda, la dejé porque yo apenas sabia como lidiar con mi dolor.>> Me dolió dejarla, pero eso no fue lo peor—él comienza a llorar como un niño pequeño y antes de que pueda analizarlo, se gira y me aprieta contra su cuerpo. Sus lágrimas mojan mis hombros desnudos.—¿Qué es lo peor?—pregunto temiendo la respuesta.—Tres meses después de que mis padres murieran, Nataly y mi bebé también lo hicieron—me tenso mientras escucho sus sollozos—los dos murieron y me dejaron—abro mis ojos y siento las lágrimas deslizarse fuera de mis ojos.Yo también estoy llorando.

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