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   Capítulo 5 No seremos íntimos amigos

Conquistando el mundo Por Mia Alcaraz Palabras: 5332

Actualizado: 2021-02-12 02:50


Oliver

El sonido de una guitarra eléctrica me despierta, me estiro y compruebo que estoy vestido. La ruidosa música proviene de la habitación colindante, imagino que será la nueva ocupante. Miro el reloj de la mesilla, solo son las siete de la mañana, mal empezamos si me va a despertar todos los días con esa atrocidad de música. «Por Dios, ¿a esta mujer nadie le ha enseñado buen gusto musical?», pienso mientras golpeo la pared con todas mis fuerzas para que baje el volumen. La chica capta el mensaje porque no tarda ni un minuto en quitarla y farfullar un lo siento.Escucho los murmullos de ambos y una fuerte risa de mujer, debo reconocer que su cristalina risa no es desagradable para los oídos, pero no puedo evitar que me caiga mal. No hay cosa que más odie que me despierten temprano si no tengo que madrugar, que es el caso. Avisé a Hugo para que la pusiera al día de mis rituales matutinos, pues no ha hecho ni caso la chica. Vaticino que no seremos íntimos a este ritmo.Me desvisto y regreso a la cama, hasta las doce no tengo que estar en el estudio fotográfico, es tontería estar despierto tan pronto, no me interesa llegar con ojeras. Si la sesión finaliza pronto, descansaré un poco en casa de Abel antes de la reunión semanal en LaGhata, el bar de Alejandra.Soy el último en aparecer por el establecimiento, mis hermanos ya están alrededor de la mesa con los folletos esparcidos sobre la madera. Me hago con un café antes de sentarme junto a ellos. Un folleto verde capta mi atención, es de un ecoparque orientado en exclusiva para el disfrute de los niños. Tiene desde atracciones, hasta aprendizaje y es ideal para todas las edades. Está distribuido por áreas, hay desde una zona con chorros de agua que bailan al ritmo de la música, zona de sogas sobre su estructura para trepar, otra con trampolines gigantes, sitios donde aprender a trabajar con el barro, laberintos de árboles, manualidades con materiales reciclados y una zona exclusiva para los más pequeños. —¿Qué os parece? —les pregunto a mis hermanos—. En un mismo sitio pueden disfrutar desde los más pequeños hasta los grandes.Ambos observan el papel que mantengo en alto. Diego me lo arrebata de las manos.—No es mala idea —afirma—. Alejandra y Aitana pueden ocuparse de los pequeños y nosotros tres nos repartimos al resto por edades. Y a la hora de comer, podemos hacerlo todos juntos.Abel deja de lado el resto de lugares que analizaba.—Me parece perfecto. Dime el teléfono que me encargo de hacer las gestiones —solicita a Mateo. Mientras nuestro hermano habla con el parque, Diego y yo nos ocupamos de organizar los grupos por edades. Una hora después tenemos organ

izada la siguiente salida con los niños del orfanato. Seguro que disfrutarán mucho de la experiencia. —Todo listo. He hablado con el centro y la reserva en el parque está cerrada. El autobús es el de siempre. El sábado a las diez recogemos a los niños y de ahí a pasar el día con ellos —informa Abel sentándose de nuevo.Pronto caigo en la cuenta de que tengo otro compromiso.—El sábado es la comida con los amigos de Hugo, solo voy uno al mes. Además, tengo un examen el martes y me queda un poco para prepararlo. ¿No podemos dejar la excursión para el siguiente? —imploro mirándolos. —No te preocupes —dice Abel—. Nosotros nos encargamos de esta escapada. Tú ve a la comida y diviértete. —Prefiero pasar el día con los niños y con vosotros —aseguro con sinceridad. Diego fija la mirada en mí.—¿No va la chica nueva? —pregunta de forma casual. Saben de ella porque la nombré en el viaje. —Supongo —respondo mientras que encojo los hombros.Durante unos minutos vemos la forma de poder cambiar las fechas. Las noticias que nos da Abel no son alentadoras, el orfanato es el último fin de semana que nos deja recoger a los niños hasta después de los exámenes finales. Lo que deseemos hacer con ellos tendrá que ser dentro del recinto. El parque nos comunica que para el siguiente fin de semana lo tienen todo completo, que es imposible hacernos un hueco.—No se hable más, nosotros nos encargamos —comenta Abel—. Te quedas a estudiar toda la mañana y a la hora de comer, te acercas a La Latina. Ya de paso conoces a la santanderina, ¿quién sabe?, lo mismo es la chica indicada. —Finaliza y se ríe de su propio comentario sin dejar de mirarme. —Vete al cuerno —replico—. ¿Queréis dejar de ser un par de casamenteras de una vez? —Advierto antes de marcharme a la barra a por algo de beber. —Encima que lo hacemos por tu bien —se queja Diego al colocarse a mi lado—. ¿No crees que ya llegó la hora de qué seas feliz?No lo miro cuando le respondo.—Soy feliz. Os tengo a vosotros y a los niños, no necesito nada más. —Necesitas una mujer a tu lado. —Quien responde es Abel que se sitúa junto a nosotros. —¿Para que me abandone también? Paso. —Oli…No dejo que sigan con la conversación, estoy harto de que sea así cada vez que nos juntamos. Los dejo solos y salgo del local. Acepto que se preocupen por mí, pero lo que menos necesito es enamorarme de alguien que al final me abandone. No quiero pasar otra vez por eso, ya lo viví hace muchos años y sé el dolor que se siente. Antes de llegar a casa recibo un mensaje de Silvia, acepto tomar una copa con ella, llevamos tiempo sin vernos y no nos queda mucho juntos antes de que se marche.

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