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   Capítulo 10 Bailes peligrosos

Conquistando el mundo Por Mia Alcaraz Palabras: 7274

Actualizado: 2021-02-27 17:46


Sofía

Aún me tiemblan las piernas al acceder al baño tras el encuentro con el modelo. Apoyo el cuerpo contra la puerta, no creo que sea capaz de dar dos pasos más sin caerme. La gelatina es sólida en comparación con el estado de mis piernas. No sé cómo he sido capaz de encontrar las fuerzas para sacar mi genio, ha sido toparme contra ese abdomen y mis hormonas se han revolucionado sin permiso, sin dejar de imaginar qué sentiré al ser tomada por ese cuerpo.La excitación se apodera de mi cuerpo al imaginar cómo sus brazos me sujetan al hacerme suya e incluso soy capaz de saborear cada rincón de su boca mientras nuestras lenguas se entrelazan. Mi cuerpo excitado, ante tal fantasía, no advierte la madera y me golpeo en ella. Con el golpe salgo de mi absurdo letargo y controlo mis calientes pensamientos mientras dejo que el agua helada temple mi cuerpo. —¡Dios, está como un tren! —mascullo enfadada por dejarme cautivar por ese cuerpo, esos ojos y esa sonrisa que están creados para pecar—. No, no puedes cautivarte de un hombre así. Error, Sofía. Grave error si lo haces. —Intento convencerme de que es la mejor opción, pero mi cuerpo va a lo suyo, sabe que disfrutará mucho con él.La ducha consigue evaporar parte de mis pensamientos, aunque no todos. Miro el reloj de la mesilla y compruebo que me quedan unos minutos antes de irme a trabajar, me pongo frente al ordenador, un segundo después estoy conectada a Slava, ya echaba de menos mis horas en el juego y los compañeros de tribu, pero sobre todo a mi amigo.Al levantarme, antes de tropezar con el modelo, he enviado un ataque. Un chat en la parte derecha me avisa de que tengo un nuevo mensaje sin leer. Deduzco de quién se trata, pero hasta que no llegue a la oficina no puedo hablar con él, los golpes en la puerta me avisan de que Hugo ya me espera para marcharnos.La mañana transcurre sin mayor emoción. Durante las cinco horas solo llama un cliente con problemas de aguas y una visita. Hugo aprovecha la baja actividad y se dedica hacer algunos recados pendientes. Regresa a la oficina a la hora de cerrar. Antes de llegar al restaurante se desvía para recoger a Carla. Muerta de hambre, me avisan de que debemos esperar a que llegue el modelo, cabreada por tener que volver a verlo se me escapa sin querer.—Tiene un trasero de infarto, pero creído como él solo. —Las risas de los presentes me hacen ver que lo he dicho en voz alta.Es Amanda quien pregunta entre risas:—¿Se puede saber cuándo le has visto el culo?Les relato el incidente de anoche y aumentan las risas entre ellos. De golpe todos se callan, al girar la cabeza entiendo el motivo, el modelo llega acompañado. Hugo hace las presentaciones, intenta hacerse el gracioso al hablarme.—Tuve el desagradable placer de conocerla anoche y topármela esta mañana. Al ver la mueca de asco que hace al mirarme, respondo con altanería.—No pienses que para mí ha sido agradable conocerte. —Su mirada desata un revoloteo de mariposas. Despejo la mente de lo que haría con él y prosigo con desprecio—. ¿Podemos comer ya? El modelo se ha dignado hacer acto de presencia, aunque sea media hora tarde.Junto a su acompañante, se instalan al final de la mesa. Él al lado de Fran. Comienzo a ignorar los comentarios de Alondra y Amanda. Mi concentración está puesta en exclusiva en el moreno que, de vez en cuando, me mira de reojo. En ciertas ocasiones, debo ignorar los fallidos intentos de Fran para ligar conmigo. Si el pobre supiese que el único que me interesa está sentado a su lado, dejaría de atosigarme.A mitad de comida, Oliver le ofrece la mano a Silvia invitándola a bailar. Me siento celosa

al no ser la elegida. Sus andares me confirman que sabe mover la cadera. Tardo poco en comprobarlo, en una de las ocasiones desvío la mirada a la pista y veo cómo tiene sujeta por la cintura a su compañera de baile pegándola más a su cuerpo. Obligo a mi trasero a mantenerse pegado a la silla al ver la mano de Fran frente a mí. Es la oportunidad de enseñarle al modelo cómo se han de mover las caderas. Su compañera de baile no es que las tenga demasiado sueltas. Me hago la remolona y logro la insistencia de mi amigo, de esta forma no se notará mi ansiedad por llegar a la pista.—Fran, con estos tacones dudo que pueda bailar. «Mentirosa, no es la primera vez que bailas toda la noche con ellos», pienso sin sonreír para no delatarme.Despistada guio a Fran hasta situarnos frente al odioso del modelo. No se entera de nuestra presencia, su atención está puesta en su compañera hasta que el DJ opta por cambiar de canción. Al comprobar de reojo que tengo toda su atención, comienzo a menear las caderas mientras centro mi atención en Fran, aunque interiormente sé que es mentira. Lo único que deseo es llamar su interés y hacerlo venir hasta a mí.La chica al ver cómo queda hechizado por mi presencia, se interpone entre nosotros. Decepcionada al ver que mi estrategia no funciona, le doy la espalda y me centro en disfrutar del baile, aunque Fran no sepa cómo hacerlo. Desmoralizada por no conseguir mi objetivo, me separo de mi compañero para hacerle entender mis ganas de regresar a la mesa. El baile ya no tiene aliciente si no tengo la atención de Oliver. Unos finos dedos rozan mi cintura y provocan de nuevo el revoloteo en mi interior. Me dejo arrastrar por la calidez que desprende su cuerpo. No pasa ni un minuto cuando nuestros cuerpos encajan a la perfección y bailan al unísono, cosa que me sorprende, es la primera vez que me sucede.La música que suena por los altavoces está creada para mostrar sensualidad. Con la cadera marco el ritmo del baile, él me sigue a la perfección. Un par de veces lo dejo guiarnos para averiguar si es tan buen bailarín como parece, no me decepciona. Con cada canción mi cuerpo se excita al sentir el suyo tan pegado. Llegado un momento, pierdo el control de mis emociones mostrándole el cuello, el cual, no tarda en acariciar. La intensa sensación que invade mi mente me paraliza de miedo. En la vida había deseado tanto a una persona como deseo a Oliver. Recuerdo la traición de mi anterior pareja y sin pensarlo me giro para encararlo.—Vuelve arrimarte a mí y te quedas sin pelotas. No proceso las palabras que le dedico, lo único que deseo es alejarme de él antes de que me dañe, como estoy segura de que hará. Soy consciente de cómo late cada parte de mi cuerpo que ha sido tocada por sus sedosos dedos, excitada regreso a la mesa con el resto. Me relajo al comprobar que él se marcha del local sin despedirse. A mitad de tarde optamos por ir a casa de Carla a cenar. Entre risas y alcohol se nos hace de madrugada, ante la irresponsabilidad de conducir en nuestras condiciones, optamos por pasar la noche aquí. Instalada en el cuarto de invitados, rememoro cada instante vivido en la pista. El domingo me desespero cuando me anuncian los planes, tienen intención de pasar la mañana en la playa y picar algo antes de marcharnos a descansar a casa. Nadie se digna a preguntarme qué deseo hacer, mi intención es comprobar si Oliver está en casa y pasar la tarde inmersa en el juego y encerrada en mi cuarto. Es más de media tarde cuando por fin llegamos a casa. Oliver sale disparado de su cuarto para recibirnos, me escabullo al mío para que no note mi alegría al verlo.

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