ManoBook > Romances > Conquistando el mundo

   Capítulo 21 Soy todo lo que tú quieras, princesa

Conquistando el mundo Por Mia Alcaraz Palabras: 12993

Actualizado: 2021-03-05 17:00


Oliver

Al ser el primero en hacer el registro, llevo como media hora de pie en mitad de la habitación a la espera de que haga acto de presencia. Desconozco los motivos que la han impulsado esta semana a dejar de venir a comer a casa, pero lo peor ha sido sufrir su indiferencia. Cuando parecía que empezábamos a acercarnos de nuevo, otra vez hay un muro entre nosotros y creo que estos días en Las Vegas pueden despejarme la incógnita de su frío comportamiento.Giro el cuerpo para quedar frente a la puerta al escuchar el ruido de la cerradura. Su sonrisa se desvanece al encontrarme en el interior de la que piensa es su estancia.—¿Estás de coña? —grita, fusilándome con la mirada.Evito sonreír, no deseo cabrearla más de lo que ya está. —Sabías que tenías que compartir cuarto. —Le recuerdo con despreocupación mientras comienzo a sacar las prendas de la maleta.—Pero no contigo. Y para postre, ¿cama de matrimonio? Esto es cosa tuya. —Su voz cada vez suena más enfurecida. A este ritmo me va a ser imposible contener la carcajada.Me encojo de hombros sin mirarla, centrado en exclusiva en el equipaje.—Si tienes alguna queja, ve y habla con recepción, estarán encantados de atenderte.Su contestación es un portazo, sale hecha una furia del cuarto. Al asegurarme de que no me escucha, comienzo a reír al imaginar la cara que pondrá cuando la chica le diga que es imposible cambiarla. Y ante su queja sobre la cama, se excusará de que no quedan individuales disponibles. Lo que no sabe, es que solo cumple las exigencias que yo mismo he ordenado.Diez minutos después la fiera regresa a la habitación sin dejar de maldecir en voz baja, coloca la maleta sobre la cama para deshacerla. Me siento sobre la silla y observo sus enfadados movimientos. En un momento dado, no puedo evitar sonreír, lo peor es que me pilla.—No veo la gracia por ningún lado —escupe mientras mete a empujones la ropa en el armario. Intento serenarme sin éxito, está preciosa enfadada. —No pienso dormir contigo —replica.Miro la amplia cama y nos imagino desnudos abrazados. Regreso la mirada a su rostro. —El suelo parece cómodo, aunque no tengo intención de probarlo —indico.Se adentra en el baño mientras refunfuña por lo bajo que soy tonto y mil cosas más que no alcanzo a entender. Con la paciencia que me caracteriza, espero en la puerta su salida. Al ver que tarda demasiado, opto por incomodarla un poco más. Golpeo la madera con urgencia. —Te recuerdo que el baño no es de uso exclusivo para ti, yo también tengo que usarlo.La puerta se abre con fuerza, su mirada asesina me enloquece, es tal el deseo de hacerla mía que no se si conseguiré mantener las manos alejadas de su cuerpo. Me aparto para dejarla pasar y poder contener mis impulsos.—Gilipollas —masculla de espaldas a mí.En una zancada me sitúo tras ella.—Soy lo que tú quieras, princesa —susurro y dejo que note mi aliento junto a su oreja. Antes de que se gire, me encierro en el baño.Nos reunimos con el resto de compañeros en el hall, aunque debemos esperar unos minutos para que se digne a honrarnos con su presencia. Cada vez que la miro, sus ojos almendrados me fulminan y me enloquece en cada ocasión. El día lo dedicamos a visitar lo preestablecido en el itinerario, la ignoro y veo cómo su enojo crece por momentos. Sin ella saberlo, está ofreciéndome el mejor viaje de mi vida. Durante la cena me alejo todo lo que puedo, que no es mucho. La escucho mascullar algo y no puedo evitar sonreír. La visita guiada a la ciudad sucede de igual forma, cada uno en un extremo. Al llegar a la discoteca, agarro a mi compañera de estudios y paso la noche sin dejar de bailar con ella. Cada cierto tiempo miro en dirección a nuestro reservado, no se ha movido de su asiento en ningún momento. Aunque piensa que no la veo, sé que no me quita la mirada de encima. Son pasadas las cinco de la mañana cuando regresamos al hotel. Sin que se percate, me preocupo al verla acomodada en el filo de la cama, un movimiento en falso y caerá al suelo. Los siguientes días me ofrece la misma indiferencia que los demás, evita estar a mi lado y yo al suyo. Nos miramos cuando creemos que estamos desprevenidos, es ya noche cerrada cuando nuestras miradas se cruzan en más de una ocasión. Estoy acostado boca arriba, resisto la tentación de comerla a besos y hacerle el amor tal y como solo ella se merece, cuando al fin decide hablarme.—Te esperé y no viniste —lo dice tan bajito que casi me cuesta entender sus palabras.La miro, aunque está de espaldas a mí. —No te entiendo.Sin cambiar de postura, responde: —El sábado esperaba que fueses a La Latina. Imagina mi decepción al saber que te importaba más estar por ahí de fiesta que conmigo.Me llevo las manos a la cara, sabía que esperaba mi presencia, aunque no imaginé decepcionarla de ese modo. —Sofía, cariño —la llamo con suavidad, pero sigue sin mirarme—. Solo quería ofrecerte espacio. Me dijiste que no había significado nada para ti.—Te mentí —replica, devolviéndome la mirada, aunque carente de sentimientos. Intento acariciarle la mejilla, me lo impide. —Ya es tarde, Oliver.La misma frustración me desespera, me incorporo de la cama. Ante su atenta mirada abandono la estancia. Dirijo mis pasos al final del pasillo, si no puedo conquistarla de una manera, lo haré de otra. Golpeo la puerta del cuarto de Alex, su adormilada cara se sorprende al verme. —Necesito usar tu ordenador, es urgente —informo mientras entro sin ser invitado.Intenta despejar la mente un poco antes de contestarme. —Oliver, estamos cansados —ignoro sus llantos, esto es de suma importancia. Enciendo el ordenador de mi compañero de clase y accedo a Slava. —¡No me jodas, Oli! ¿Esa es la urgencia?Lo dejo hablar solo y me concentro en el juego. Tras seleccionar mi objetivo a través del mapa, envío el ataque con los nobles a su pueblo más cercano, el que sé que no está blindado. Antes de desconectar, blindo mi pueblo porque sé que intentará conquistarlo, placer que no pienso concederle.Mi compañero decide ignorarme y regresa a la cama, no tarda en caer en un profundo sueño. Media hora después abro el informe con una sonrisa de victoria que cubre mi rosto, «LaFortalezaDeAquiles—Dalibor conquista ConquistandoElMundo—Sigrún». Estoy a punto de desconcertarme cuando estalla la bomba de relojería.Sigrún: ¿En serio? ¿Me has conquistado un pueblo cuando sabes que estoy de vacaciones? Esto no lo esperaba de ti.Dalibor: De algún modo tendré que conquistarte.Sigrún: ¿A qué te re

fieres?No contesto a su última pregunta, si no capta la indirecta con esto no sé que más hacer. Estoy a punto de abandonar la habitación de Alex, pero algo me dice que no es buena idea regresar al mío, así que decido comprobar la comodidad del suelo. Abro los ojos antes de que mis improvisados compañeros de cuarto se despierten. Con el cuerpo condolido regreso a mi habitación, necesito una ducha. Al acceder, la encuentro enrollada dormida sobre mi lado de cama. Me introduzco en el baño sin hacer ruido, no deseo despertarla. Sé que habrá estado toda la noche queriendo reconquistar el pueblo sin éxito, mi imprudencia nos pone en pie de guerra en la vida real y en el juego, pero estoy cansado de no poder hacer nada más para llamar su atención. Me escabullo antes de que se despierte.La mañana del sábado la pasa absorta con el móvil. Imagino que quiere arrebatarme algún pueblo. Antes de desconectar del juego les pedí a la tribu que blindaran todos mis pueblos, sabía que la venganza de Sofía estaba por llegar. Al finalizar la comida, me excuso con el resto de compañeros y objeto que no me encuentro bien y que dormiré el resto del día. La realidad es que no soporto más la distancia entre nuestros cuerpos, y antes de cometer otro error que me aleje más de ella, prefiero retirarme. Me quedo dormido con el aroma que desprende su almohada. Un estruendo me despierta, confuso abro los ojos.Entra de forma precaria, intuyo que está algo bebida. Al ver que tropieza me incorporo rápido, la pillo al vuelo antes de que caiga. Se aleja y hace aspavientos con los brazos para evitar el contacto. Se deja caer en la cama y su largo pelo rizado queda expandido sobre la almohada. Sin dejar de emitir quejidos se da la vuelta con cierta torpeza y se tumba de espaldas. Observo cada uno de sus movimientos. Coloca bien su pelo y apoya los codos en el colchón para visualizarme mejor. —¿Sabes, modelo? Aunque los hombres se empeñan en decepcionarme y tú el primero —me acusa con el dedo—, no consigo olvidarte, y te odio por hacer que me enamore de ti para nada.Un regocijo recorre cada nervio de mi cuerpo, es la primera vez que dice sus sentimientos y deduzco que parte de la culpa la tiene el alcohol.Sin dejar de mirarme, prosigue. —Tienes un cuerpo del que disfrutaría el resto de mis días sin pensarlo.No debería hacer lo que estoy a punto de hacer, pero no creo que cuando esté sobria sea capaz de reconocer lo que siente por mí.Me arrastro hasta su cuerpo y sin dejar caer todo el peso, acerco mi cara a la suya. —Tiene fácil solución, cariño —susurro junto a sus labios rozándolos con los míos—. Cásate conmigo y podrás disfrutar de él, dónde y cuándo quieras.Se humedece los labios incitándome a besarlos, antes de que yo dé el paso lo hace ella. Introduce su dulce lengua que choca contra la mía, me sabe a poco cuando decide finalizarlo. —Sí.Arqueo las cejas. —Sí, ¿qué?, cariño.Echa para atrás un poco la cabeza y deja al descubierto el cuello, sin pedir permiso reparto besos en su piel. —Sí, quiero casarme contigo. —Sonrío como un tonto contra su cuello—. Hagámoslo ahora.Me incorporo de la cama y la arrastro conmigo. —Tampoco tenía intención de esperar —afirmo, sonriéndole. Me sitúo tras ella y la abrazo para guiarla fuera del cuarto. El recorrido hasta el ascensor lo hacemos de igual modo, intercalo besos en su cabeza, cuello y hombros mientras ella ríe ante mis actos de amor. No sé cómo, pero me he enamorado de ella como un niño. Dentro del ascensor dejo que se gire para que me regale esos besos que tanto he añorado.—Voy a ser la señora… —Se separa un poco y siento el vacío que provoca su lejanía, guiña un ojo sin dejar de mirarme con una sonrisa—. No sé tu apellido.Vuelvo a besarla antes de responderle. —Señora Suárez. Dentro de unas horas, serás la señora de Oliver Suárez. Un enorme orgullo recorre cada parte de mi cuerpo, después de tantos años de soledad, por fin, tengo a alguien a mi lado a quién amar y quien me ame.—Señora Suárez —repite en un susurro—. Me gusta.«Más me gusta a mí», pienso. Con rapidez la guío por el casino hasta la salida. Recorremos agarrados de la mano las dos calles que nos separan del Clark County Marriage Bureau donde obtendremos nuestra licencia de matrimonio para que sea legal. Antes de acceder recuerdo que no tenemos alianzas, visualizo el exterior y hallo una pequeña joyería abierta, estoy seguro de que estarán acostumbrados a estas locuras; parejas que vienen de viaje y terminan casándose. Elige unas alianzas de plata sencillas. Cuando nos entregan nuestra licencia, retomo el viaje de regreso al hotel, al ver que en el lugar también hay capillas, la guio al interior de la primera. Dos horas después de haber elegido un paquete básico y esperar nuestro turno, estamos casados a la espera de que el juez certifique el matrimonio para que sea válido.Con espléndidas sonrisas regresamos a la habitación, tengo intención de ofrecerle a mi señora una noche de bodas cargada de pasión. Sin dejar de besarla, la poso en la cama desnuda. Observo embobado su cuerpo, ese cuerpo que tanto placer me provoca. Comienzo a repartir besos por su piel desnuda y le arrebato durante el proceso algún que otro gemido. Con cierta urgencia me desnuda. La recuesto en la cama y acaricio su sexo y noto cómo crece su humedad. Me cuelo entre sus piernas, ansioso por saborear cada rincón de mi amada. Saco la lengua y la paso con lentitud sobre su clítoris. Me agarra de la cabeza para atraerme a su boca. Devora mis labios como nunca antes ninguna otra mujer lo ha hecho.—Te necesito ya —súplica mirándome.Vuelvo a besarla, esta vez con suavidad. —Cariño, tenemos toda la noche por delante. Déjame darte placer.Hace un gracioso mohín con los labios. —Te necesito ya —repite de nuevo. Entiendo su urgencia, es la misma que la mía. De forma lenta me hundo en ella y siento de nuevo su calor. —Te quiero —susurro contra sus labios mientras comienzo a moverme sobre ella.Con cada penetración aumenta nuestro placer. Nuestros cuerpos bañados en sudor se abrazan tras un intenso orgasmo. Me ladeo arrastrándola conmigo, ya que no deseo aplastarla. De forma sensual se coloca encima y reparte miles de besos sobre mi rostro y labios. Sus caricias consiguen que mi miembro se endurezca solo para ella. Sonríe al sentirlo entre sus piernas, se alza un poco para colmarse de mí y yo de ella. Me incorporo y abrazados hacemos el amor una vez más antes de caer rendidos en un profundo sueño sin separarnos.

(← Acceso rápido del teclado) Anterior Contenidos (Acceso rápido del teclado →)
 Novels To Read Online Free

Escanea el código para descargar la aplicación Manobook.

Subir

Compartir