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   Capítulo 22 No sé qué quiero

Conquistando el mundo Por Mia Alcaraz Palabras: 5100

Actualizado: 2021-03-05 17:08


Sofía

Una profunda jaqueca hace que abra los ojos perezosa. No muevo un músculo al comprobar en la postura que me hallo. Estoy desnuda y abrazada al cuerpo sin ropa de Oliver. De forma suave y lenta me escabullo de la cama en dirección al baño. —Mierda. ¿Qué locura has hecho? —mascullo, llevándome la mano a la frente. Tardo poco en notar el frío metal contra mi piel caliente. Observo el fino anillo que adorna mi dedo anular derecho. De manera vaga intento recordar lo sucedido. Mi mente adormilada por culpa del alcohol ingerido me niega la posibilidad de reconstruir la noche. Lo último que evoco es la sensación de celos que me dominó cuando Oliver se despidió tras la comida. La noche anterior no había regresado al cuarto y estuve esperándolo desesperada. Mi subconsciente lo imaginaba en brazos de otra, cosa que me enloqueció. Sin hacer ruido me acerco a él y compruebo que su dedo acoge un anillo idéntico al mío. Como si de un tromba de agua se tratase, las imágenes se agolpan frente a mis ojos. Pasar la tarde sin parar con Fran, tener que rechazarlo de nuevo cuando intentó besarme. Irme del local sin despedirme de nadie. El alivio que invadió mi cuerpo al descubrir que dormía solo en nuestro cuarto. La boda y la noche de bodas. Como una energúmena lo despierto a gritos. —¿Nos hemos casado? —Su sonriente rostro me mira repleto de felicidad, la cual, deseo borrarle de un manotazo—. Deja de mirarme con cara de tonto y responde a mi pregunta.Se incorpora sentándose en el filo de la cama y alarga la mano para atraparme. Me deshago de inmediato. —Buenos días, cariño.Lo fulmino con la mirada. —¡Ni cariño, ni gaitas! —Paseo sin descanso de un lado a otro del dormitorio—. ¿Cómo has permitido que haga tal locura? Estábamos borrachos.En dos zancadas su rostro está frente al mío. —Yo no estaba borracho, estaba en plenas facultades.—Pero yo no —me quejo al borde del llanto. Es verdad que siento algo bastante fuerte por él; pero también ha sido una decepción con otra, al final, es verdad que es un mujeriego. Al comentarle a Hugo a qué se debía mi estado alicaído, me confesó que el sábado lo vieron acompañado por dos bellezas rubias. —Quiero el di…No me deja terminar, me agarra la cara para contradecirme. —Que te quede claro una cosa, eres mi mujer y no pienso concederte el divorcio.—En España no es legal.—Ya me encargaré yo de que sí lo sea —se acerca a mí—. ¿Aún no has entendido que estoy enamorado de ti? —Quiere besarme, pero lo rechazo.Consigo marcar una distancia entre nosotros, la furia me tiene

cegada cuando agarro la lámpara y la estrello en la pared junto a su cabeza. —Sí, claro, por eso el sábado pasado estabas con dos tías y la pasada anoche a saber con quién dormiste.No comprendo su gesto incrédulo, si piensa que va a engañarme, no sabe con quién se la juega. —Para tú información, esas tías como tú las llamas, son mis cuñadas. Y anteanoche probé la comodidad del suelo del cuarto de Alex. —Se frota la cara varias veces y con ello, oculta sus ojos. Al volver a mirarme, su mirada me desarma, aunque sigo en mis trece. —Por cierto, no lo pruebes, es incómodo —dice sin emoción alguna en la voz antes de meterse al baño.El portazo que da al entrar me frustra más. Agarro una de las almohadas y grito con todas mis fuerzas. Ni yo misma sé qué quiero en estos momentos. Por un lado, me agrada saber que Hugo está equivocado, esas mujeres son sus cuñadas, no sus conquistas y la otra anoche tampoco estuvo con nadie. Por otro lado, tengo miedo a que me haga daño.Aseado y vestido sale del baño sin dedicarme una mirada. En silencio recoge sus cosas y las introduce en la maleta. Antes de abandonar el cuarto y, sin mirarme, me advierte: —En una hora partimos al aeropuerto, intenta no retrasarte.Lloro desconsolada sobre la cama, al sentir unos brazos abrazarme el corazón salta de felicidad al pensar que ha regresado junto a mí. Al alzar la cabeza, lloro más fuerte al comprobar que es Hugo y no Oliver. Mientras mi amigo intenta calmarme, Carla prepara mi maleta. Al subir al autobús que nos trasladará al aeropuerto, lo busco entre los presentes. Mi desolación se hace más palpable al notar su ausencia. Es Alex quien me informa de que ha optado por viajar en taxi. En el aeropuerto tampoco lo hallo por ningún lado. En el interior del avión es Hugo quien me dice que ha cambiado el vuelo.Al llegar a Tenerife, Hugo me comenta los nuevos planes, no tiene intención de dejarme a solas en casa. A la fuerza me instala en el hogar de Carla. Mientras ella vigila mi estado de ansiedad, él se dirige a casa a recoger parte de mis pertenencias. Al regresar y ver el estado de su rostro, grito de impotencia. Al intentar hablar con Oliver y hacerle entender que estaba arrepentida de mi enojo, me duele escuchar de los labios de mi amigo cómo ha tenido que golpearse con él al enterarse de que se ha reído de mí.Los siguientes días los dedico a pasearme por los amplios jardines de la urbanización, pienso lo tonta que he sido al volver a confiar en otro hombre. Desconsolada y rota por dentro, supero como puedo cada día.

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