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   Capítulo 24 Recuperar el amor de mi marido

Conquistando el mundo Por Mia Alcaraz Palabras: 11002

Actualizado: 2021-03-06 17:39


Sofía

No he vuelto a trabajar desde que regresamos de Las Vegas, Hugo cree que no es buena imagen que atienda a los clientes sin parar de llorar en todo el día, no puedo quitarle la razón. Mis días transcurren lentos. Las mañanas las dedico a relamerme las heridas en la cama, al acercarse la hora de la comida la desolación puede conmigo, ya que recuerdo las últimas comidas compartidas. Las tardes no difieren mucho de las mañanas, la diferencia es que paseo por la urbanización y evito que mis amigos vean el estado real en el que me hallo. Más de un día, sin que nadie se entere, me escabullo de la cárcel que oprime mis sentimientos y rezo por encontrarme con Oliver en nuestra casa, mi angustia crece al comprobar que se halla cerrada y sin signos de vida. Uno de los vecinos me informa de que solo aparece de vez en cuando por la vivienda acompañado de un chico moreno y que, tras unas horas, ambos se marchan.Desde la noche en la que Dalibor conquistó uno de mis pueblos, tampoco he accedido al juego, sigo tan enfadada con él como con Oliver. Es como si se hubiesen puesto de acuerdo para traicionarme a la vez.Hugo cada día está más atento a cómo me encuentro, aunque hay momentos en los que creo sentir que más que consolarme, intenta seducirme. Creo haberle dejado claro que estoy enamorada de Oliver, aunque según él solo he sido el trofeo de una noche. El sábado por la tarde aprovecho la soledad que me ofrecen mis compañeros de casa y decido pasear para olvidar las penas, también tengo la intención de verlo. Según el vecino, esta es la hora que suele visitar la casa. A paso lento recorro las calles que me separan de él con un único pensamiento en mente: recuperar al amor de mi vida. Frente al portón una pareja se hacen arrumacos, siento envidia al ver el amor que se procesan. Mis pensamientos imaginan que somos Oliver y yo los que estamos fundidos en un abrazo. Observo cómo el chico, con delicadeza, coge la cara de su amada entre sus manos para besarla con lentitud. Mil mariposas revolotean por mi estómago al recordar la misma situación con mi amado. Sin querer, las lágrimas acuden solas.Unos ojos negros como la noche clavan su mirada en mi presencia. Una mezcla de sentimientos se apodera de mí al cerciorarme de quién se trata. No sé si saltar de alegría o liarme a mamporros con él. Delante de mí se halla Dalibor, Diego, en la vida real, el miserable gusano que el sábado me conquistó uno de mis pueblos aunque sabía que estaba de vacaciones.Lo miro sin moverme del sitio, si en la foto que me envió era guapo, en persona lo es mucho más. Su cabello castaño y los ojos color café, junto a las facciones cinceladas le dan un aspecto de chico malo. Me fijo en sus carnosos labios y escultural cuerpo, un conjunto que hace comprensible el hecho de que la rubia que lo acompaña babee cada vez que lo mira. —¿Dalibor? —Llamo casi sin voz, es tal desconcierto que siento que me quedo afónica.Sus ojos negros vuelven a mirarme, durante un instante procesa quién soy, al corroborarlo, me sonríe con simpatía. —¿Eres Sigrún, digo, Sofía, verdad?Avanza hacia a mí con la intención de darme un abrazo. Mi primer instinto es estampar mi mano contra su cara. —¿Se puede saber a qué viene eso? —pregunta estupefacto.—Por conquistarme un pueblo —replico, abrazándolo.La chica que lo acompaña, en vez de molestarse, comienza a reír, cosa que no comprendo. Diego sigue conmocionado por mi acto, nos mira a ambas sin saber bien qué decir. Al final, decide regañar a su compañera.—Alejandra, ¿puedes dejar de reírte?La chica intenta recomponerse, se acerca a nosotros y extiende una mano ofreciéndomela. La acepto con gusto. —Un placer conocerte, Sofía. —Examina la roja mejilla de Diego—. Cariño, he ganado la apuesta. Me debes una cena.Los observo sin entender. Diego se frota la dolorida zona sin dejar de mirarme. Decido romper el extraño momento. —Al final has conseguido enamorarla. Me alegro mucho por ti. Aunque sigo sin perdonarte lo que hiciste el sábado.Alejandra lo golpea con fuerza en el hombro. —¿Cómo que al final has conseguido enamorarme? Si me enamoré de ti con dieciséis años.Palpo la ropa y espero encontrarla mojada, la sensación de que alguien me ha echado un chorro de agua fría ha sido tan real que me sorprende encontrarla seca. Decepcionada con los hombres y la vida en general, lo encaro antes de largarme del lugar. —¿Me has mentido todos estos meses? —cuestiono incrédula—. ¿Te has dignado a decirme una verdad? Confié en ti, ¿sabes?Comienzo a caminar con rumbo a lo desconocido, creía que sobrellevar la mentira de Oliver era lo máximo que tendría que soportar; pero comprobar que el que ha sido mi amigo durante casi un año es más falso que él, puede por completo con mi autoestima. Está visto que una chica sin hogar no tiene derecho a ser feliz.La mano de Diego intenta frenar mi andadura. —Sofía, puedes escucharme, por favor. —Tiro con fuerza para soltarme de su agarre, no quiero escuchar más sus engaños—. Es imposible que te haya mentido, ya que es la primera vez que hablo contigo.Sus palabras son las que logran que me gire. —Y estos doce meses, ¿con quién has hablado en Slava? Vete al cuerno, Dalibor.Me sujeta por la muñeca y ejerce la fuerza necesaria, sin llegar a dañarme, para evitar que eche a correr. —No has hablado conmigo. No soy Dalibor.—Entonces, ¿cómo sabes mi nombre? Nos guía a Alejandra y a mí hasta la plaza que hay frente a la vivienda, me dejo caer en el banco de madera derrotada. Ambos

miran en silencio mis primeras lágrimas. La sensación de vacío se acrecienta por momentos, veintiséis años después vuelvo a encontrarme sola en la vida, he sido incapaz de encontrar el verdadero amor que quiera permanecer a mi lado, ese acompañante que borre los duros años vividos.Carraspea para que le preste atención. —Juego a Slava; pero ni has hablado conmigo, ni soy Dalibor. Sin embargo, que no sea él, no significa que el auténtico Dalibor no exista. —Sigo con la mirada baja, en momentos así, no me gusta que nadie vea mi debilidad—. Aunque para que entiendas sus motivos, necesitas saber toda la historia.—¿De qué hablas? Se sienta a mi lado y sin dejar de mirarme, me revela una historia que me deja sin palabras. —A la corta edad de seis años me quedé huérfano y el Estado me envió a un orfanato. Allí me críe juntos a los que hoy considero mis hermanos, aunque no corra la misma sangre por nuestras venas. Cuando me acomodaron en mi nueva habitación, advertí que sobre una de las camas había un niño sin parar de llorar. Los primeros días no se dignó a mirarme y mucho menos a hablarme. A las semanas, apareció en nuestras vidas Abel. El director nos advirtió a Abel y a mí que el estado de ánimo de Oliver era alicaído, llevaba un año en el centro y aún no se había relacionado con nadie. Con cinco años, Oli perdió al único familiar que le quedaba con vida; su abuela. Y hasta nuestra aparición, no había conseguido superarlo. Alzo los ojos al escuchar su nombre, al ver que tiene toda mi atención, prosigue. —Abel y yo, con paciencia, conseguimos sacarlo de su encierro voluntario. En menos de un año éramos inseparables. En bachiller, antes de independizarnos, optamos por cambiarnos los apellidos, queríamos tener el mismo, de ahí que seamos los hermanos Suárez. Hasta hace poco más de cinco años aún vivíamos juntos, pero Abel y yo al final decidimos que era el momento de hacer nuestras vidas con nuestras parejas. Aunque no opuso resistencia, sabíamos que era un duro golpe para él. Era el único de los hermanos que no tenía con quién compartir su vida hasta que te conoció a ti. Me sorprende saber que ha sufrido la misma suerte que yo; criarse sin su familia. Pero en su caso, él consiguió el amor de dos hermanos, yo ni eso. —Claro, por eso le dijo a Hugo que había sido un pasatiempo. No defiendas lo indefendible, tu hermano es un mujeriego.—No creas todo lo que te dicen —advierte de forma suave, al igual que ya lo hizo su hermano—. Oli solo ha estado con dos chicas. Una es Silvia, su amiga de la infancia, y la otra es su mujer; tú. Aunque para protegerse, hizo creer a todo el mundo que cada día estaba con una mujer diferente. Pensaba que de esa forma nunca se enamoraría, pero se ha equivocado. Al ver que me quedo callada y no respondo porque intento asimilar todo lo que acabo de escuchar, ambos se incorporan. Antes de marcharse, Diego me entrega un papel, en él hay una dirección escrita. —Abel se encargará de que vaya al local, si de verdad quieres a mi hermano, te aseguro que te recibirá con los brazos abiertos. Sigue enamorado de ti y no se ha alejado por voluntad propia.No me despido cuando los veo irse, antes de cerrar las puertas del auto, Diego grita: —¡Por cierto, Sofía. Dalibor, en la vida real, es Oliver. Nunca te ha mentido, solo intentaba conquistarte!Me incorporo de golpe para frenarlo, pero antes de que alcance el coche ya está en marcha. Lloro y sonrío al mismo tiempo, miro la dirección que porto en mis manos. «¡Dalibor es Oliver!», grito en mi interior. Comienzo a comprender nuestras últimas conversaciones, la de veces que me ha dicho que confiara en mi compañero, que no le cerrara la puerta porque lo mismo era mi media naranja, la noche del sábado al ver el mensaje de Arthur donde me decía lo que pasaba en el juego, la conquista de Dalibor y su mensaje: «De algún modo tendré que conquistarte».Con energías renovadas comienzo a caminar y busco desesperada un taxi que me lleve hasta él. Camino casi dando saltos de alegría, es tal la felicidad que siento, que las negras nubes que se ciernen sobre mi cabeza no empañan mi felicidad. Al final de la calle me tropiezo contra una persona, al ver que se trata de Hugo lo abrazo con efusividad y reparto besos por su mejilla.—Me alegra verte tan feliz —comenta mientras me aprieta contra él.Me separo y noto la presencia de José, aunque no entiendo la vergüenza en su mirada. Decido no entrar en detalles, no tengo tiempo que perder. —Hola, José. —Saludo y le doy dos besos.—Íbamos a tomar un café, ¿te vienes? —quiere saber mi amigo de la infancia.Niego con la cabeza al compás que respondo: —No. Tengo algo urgente que hacer.—¿De qué se trata? —demanda de forma cautelosa Hugo.Mientras comienzo a caminar, anuncio: —Recuperar el amor de mi marido.Escucho los improperios que salen de la boca de mi amigo, lo ignoro por completo y prosigo mi camino. Nada ni nadie van a conseguir separarme de Oliver, si es verdad lo que me ha dicho su hermano, esta noche pienso disfrutar de la compañía de mi marido.Diez minutos después consigo por fin un taxi que me lleve directa a sus brazos. Le pido al taxista que estacione el vehículo antes de llegar al bar, en la puerta está la persona con la que he soñado toda esta semana acompañado de Diego. Al ver que me acerco a ellos, me sonríe. Se despide de su hermano antes de adentrarse en el local. Espero a estar solos para hablar.—¿Cuándo averiguaste que era yo? —pregunto ansiosa por estar entre sus brazos.

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