MoboReader> Literatura > El diario de un loco

   Clásico 2 No.2

El diario de un loco By Xun Lu Palabras: 7899

Updated: 2018-11-14 00:09


Dije: -Viejo Quinto, dile a mi hermano que aquí me ahogo, que quiero salir al jardín a dar un paseo. El no me contestó, pero al poco volvió y abrió la puerta.

No me moví. Me dispuse a observar las medidas que iban a adoptar conmigo. Sabía que de ningún modo me soltarían. ¡Efectivamente! Mi hermano traía a un anciano. Se me acercó lentamente, con un siniestro fulgor en su mirada. Temiendo que yo le viera, inclinaba su cabeza hacia el suelo, mientras me miraba a hurtadillas por encima de sus anteojos. Mi hermano me dijo: «Hoy pareces encontrarte muy bien». Le respondí: «Sí». «He pedido al doctor Je que viniera hoy a hacerte un reconocimiento», dijo mi hermano. «De acuerdo», le contesté. En realidad, ¡cómo no iba yo a saber que aquel anciano no era otra cosa que un verdugo disfrazado! Sin duda el tomarme el pulso sólo era un pretexto para averiguar si estaba bien cebado; por este trabajo se llevaría una buena tajada de mi carne. Pero yo no tengo miedo; aunque no he comido carne humana soy más valiente que ellos. Así que le tendí mis dos puños, a ver que hacía. El anciano se sentó, cerró los ojos y me tomó el pulso durante un buen rato. Permaneció un momento silencioso y luego, abriendo sus diabólicos ojos, dijo: «No hay que dar rienda suelta a la fantasía. Unos días de reposo y tranquilidad y se pondrá bien».

No hay que dar rienda suelta a la fantasía, reposo y tranquilidad. Con el reposo engordaré y ellos, naturalmente, podrán comer más. Y yo, ¿qué consigo? ¿Cómo me voy a «poner bien»? A esa horda humana le gusta comer hombre, pero lo hace a escondidas, se las ingenia para ocultarlo, no se atreve a actuar directamente. Es para morirse de risa. No me pude contener y solté una gran carcajada, enormemente regocijado. Sabía que mi risa encerraba justicia y rectitud. El anciano y mi hermano perdieron el color, paralizados por esta manifestación mía de valentía y rectitud.

Sin embargo, esta valentía mía les hará apetecer aún más mi carne, para apropiarse de ella cuando me coman. Cuando el anciano salía, no lejos de la puerta, le dijo a mi hermano en voz queda: «Es urgente que coma». Mi hermano asintió con la cabeza. Así que, ¡tú también! Este importante descubrimiento, aunque inesperado, no me coge en el fondo por sorpresa: ¡mi hermano forma parte de los que se han puesto de acuerdo para comerme!

¡Mi hermano come hombre!

¡Soy hermano de un hombre que come hombre!

¡Aunque yo mismo sea comido por otros, sigo siendo hermano de un hombre que come hombre!

V

Estos últimos días he dado marcha atrás en mis reflexiones. Supongamos que el anciano no es un verdugo disfrazado, que es un verdadero médico, sin embargo ello no impide que siga siendo un hombre que come hombre. En el «No sé cuantos de las plan-tas medicinales» 1, escrito por su gran maestro Li Shi-chen, se dice bien claro que la carne humana se puede comer frita; ¿cómo va entonces a negar que él come hombre?

En cuanto a mi hermano, mi acusación está bien fundamentada. Cuando me daba clases, oí un día de sus propios labios que se podía «intercambiar a los propios hijos para comérselos» 2; y otra vez en que casualmente disertábamos acerca de un hombre malo, dijo que no sólo merecía la muerte, sino incluso que «su carne debía ser comida y su piel servir de alfombra» 3. Yo entonces era pequeño, y el susto que me dio me duró mucho tiempo. Cuando anteayer el arrendatario de Los lobos vino a contarle a mi hermano que en la aldea se habían comido el corazón y el hígado de una persona, mi hermano no se extrañó lo más mínimo y aprobó con la cabeza. Evidentemente sus sentimientos siguen siendo tan inhumanos como antes. Supuesto que se puede «intercambiar a los propios hijos para comérselos», cualquiera entonces puede ser intercambiado, cualquier hombre puede ser comido. Antes me limitaba a escuchar sus razonamientos, sin que mis ideas se aclararan; hoy sé que cuando mi hermano exponía sus razones no sólo sus l

MoboReader, bring tons of novels with you.
Free toDescargar Manobook

abios rebosaban grasa humana, sino que además su mente estaba dominada por la idea de comer hombre.

VI

Me encuentro en la más completa oscuridad; no sé si es de día o de noche. El perro de los Chao ha vuelto a ladrar.

Son crueles como el león, medrosos como la liebre, astutos como la zorra…

VII

Conozco sus métodos. No matan de forma directa; no se atreven por miedo a las consecuencias. Por eso todos ellos se han puesto de acuerdo, han tendido una gran red a mí alrededor para forzarme al suicidio. Basta con ver las caras de aquellos hombres y mujeres en la calle hace unos días, y la conducta de mi hermano últimamente, para darse cuenta de cómo son las cosas con casi toda seguridad. Lo mejor seria desabrocharse el cinturón, colgarlo de una viga y ahorcarme de una vez. Así, ellos, sin poder ser acusados de asesinato, verían realizados sus deseos: sin duda todos reirían quedamente en el colmo de la alegría. O si no, el miedo y la tristeza acabarán conmigo y, aunque algo flaco, tampoco dejarán de mostrar su aprobación.

¡Ellos sólo comen carne muerta! Recuerdo que en cierto libro se habla de un ser llamado «hiena», cuya mirada y aspecto son muy desagradables; normalmente come carne muerta, y llega a triturar los huesos con los dientes para tragárselos; cuando uno se pone a pensarlo da verdadero miedo. La «hiena» está emparentada con el lobo, y el lobo es de la misma familia del perro. Anteayer el perro de los Chao me lanzó varias miradas, evidentemente también e toma parte en el complot desde hace tiempo. Y por supuesto no me voy a dejar engañar porque el anciano dirigiera su mirada hacia el suelo.

Lo que más pena me da es mi hermano. El también es un ser humano. ¿Por qué no tiene miedo alguno? Y además se confabula con otros para comerme. ¿Será que no lo considera algo malo por haberse acostumbrado con el tiempo? ¿O tal vez que se ha vuelto un hombre sin conciencia y puede cometer un crimen a sabiendas de lo que hace?

Maldigo a los hombres que comen hombre, empezando por él, y también por él tendré que empezar si quiero convencerles para que dejen de comer hombre.

VIII

Realmente, hoy en día ellos deberían haber comprendido desde hace tiempo estas razones…

Un joven llegó de repente; no pasaría de los veinte años, sus rasgos no se distinguían con claridad, aunque sí la sonrisa que llenaba su rostro. Me saludó con la cabeza; su sonrisa no parecía una verdadera sonrisa. Yo le pregunté: « ¿Está bien comer hombre? » «Este año ha habido cosecha, no es un año de hambre, ¿cómo se va a comer hombre?», dijo él sin dejar de sonreír. Inmediatamente me di cuenta de que él también era del grupo, que también a él le gustaba comer hombre. Redoblé entonces de valor e insistí en mi pregunta:

-¿Está bien, o no está bien?

-¿Qué sentido tiene preguntar eso? Es usted verdaderamente… chistoso. Hoy hace un tiempo espléndido.

-Un tiempo espléndido, y también una luna brillante. Pero yo te quiero preguntar: « ¿está bien?»

No lo aprobó. Respondió con voz confusa:

«No… »

-¿No está bien? Entonces, ¿por qué ellos lo comen?

-Esas cosas no pasan…

-¿Que esas cosas no pasan? En Los lobos, además en los libros está escrito con toda claridad.

Cambió entonces de color, el rostro lívido como el acero, y dijo con ojos muy abiertos:

-Es posible que se den algunos casos; siempre ha sido así…

-Siempre ha sido así; ¿entonces está bien?

-No quiero hablar con usted de estas cosas; en último término no debe usted hablar de ello; si lo hace comete una equivocación.

Di un brinco, los ojos bien abiertos, pero el joven ya había desaparecido. Tenía el cuerpo inundado de sudor. Este hombre era mucho más joven que mi hermano y, sin embargo, también era del grupo; sin duda sus padres se lo habían enseñado. Y mucho me temía que él, a su vez, ya se lo hubiera enseñado a sus hijos; por eso hasta los niños me miran de esa feroz manera.

Free toDescargar Manobook
(← Keyboard shortcut) Previous Contenidos (Keyboard shortcut →)
 Novels To Read Online Free

Escanea el código para descargar la aplicación Manobook.

Back to Top