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   Capítulo 5 Primer Paso. Contrato Encadenado

Juego de Reyes Por Jorge Pardo Palabras: 9693

Actualizado: 2021-02-21 02:38


—¡En que mierda estabas pensando imbécil!Sylvanas gritó con furia, clavando su mirada en los ojos de Rubik, por culpa de este ahora tendría que lidiar con problemas mayores a la trata de personas. Aquello no hizo más que divertir al archimago quien reía carcajadas, disfrutando los argumentos de Sylvanas lo más que podía.—Venga ya mujer aceptaron los términos, solo pidieron que una vez decidieran el que, la ciudad se lo entregara; no será ningún cargo o monedas de oro, por si eso te preocupa. —¡¿Por qué crees que me preocupo?, pueden pedir cualquier cosa!—En fin, ya está hecho; ¿Qué partes del contrato aceptaron Rubik? —interrumpió Kaldar.—Bastante, tenemos libre acceso diplomático a sus tierras, un acuerdo comercial con Valdrama, un acuerdo de investigación con Argos y un pacto de no agresión de diez años con ambas naciones.—¿Rubik no habrás?—Lo hice, y dejémoslo ahí.—Esto se nos va a ir de las manos… ¿Kaldar preparaste al primer grupo para su envió? —pregunto Sylvanas, sentándose en el trono de Sylva.—Si, ya están listos.—¿Cuánto tardaran en llegar?—Mientras Rubik no provoque más tormentas de Arena, en algunas horas, un día como mucho. —Entonces lárgate.Kaldar solo hizo una referencia antes de marcharse, aunque Sylvanas ni siquiera la notó, estaba ida en sus pensamientos, ya tenía lo que quería, aunque pequeño, su reino estaba comenzando a prosperar, pensó al ver a Kaldar partir con la caravana. Entonces ¿Por qué ese vacío? ¿Por qué esa sensación de insatisfacción? Miro a Rubik escribiendo unos documentos —¿mis deudas? —comento con desgana.—No, de hecho, son los planes que tengo para más adelante.Se quedo sola. Las horas pasaron y nadie paso por aquel salón de nuevo, ningún súbdito, ningún erudito o plebeyo, ya ni siquiera tenía a su propio familiar para hacerle compañía. Entonces también se fue. Ni siquiera Rubik se percató de esto. Ella corrió, adentrándose en el desierto profundo sin pensar en nada.La tierra tembló suavemente, las arenas se removieron cual oleaje, mientras pequeños ojos ámbar asechaban bajo las dunas a la confundida arquera. No tardó mucho en notar el cambio, aun así, continuo su camino como si nada acercándose cada vez más a un pequeño templo en ruinas. Los vientos soplaron arrastrando consigo un mensaje: —Aún no es tu hora elfa. Sylvanas lo escuchó y tomo su arco.—Entonces dime por qué estoy vacía.No vaciló. Su navaja corto la cabeza de la serpiente que caía a su espalda, solo para terminar apuntando una de sus flechas a la cadena de cuchillas de aquel hombre. Lo recordó claramente, él le dio batalla a Kaldar y repelió sus armas, si lo mataba entonces no todo habría sido suerte.El guerrero no se inmuto, de hecho, lo esperaba. La cadena se recogió hasta su puño izquierdo quedando anclada al brazo de su dueño a través de las cuchillas. Sylvanas mantuvo su arco en alto, tesando con fuerza aquella extraña flecha, mirando sin inmutarse a los ojos de aquél piel gris.—Esta vez acabaras muerta Sylvanas—anunció aquel ente, con gruesa e imponente, pero a la vez astral voz.—A no se me mata fácilmente fantasma.No hubo más palabra. Fuertes explosiones precedieron a los golpes, las flechas repelían las cuchillas mientras estas intentaban llegar a Sylvanas, aun así los filos eran demasiado rápidos forzando a Sylvanas a disparar hasta tres flechas para repeler un solo embate de la cadena aun con esas realmente solo había parado tres asaltos, los escombros y pilares que se mantenían en pie hacían de escudos mientras la ágil elfa serpenteaba como un vendaval por las ruinas, esta vez no perdería, el campo abierto era su terreno y haciendo gala de esto, hostigo en una incesante lluvia de flechas al espectro, quien retrocedía y evadía la mortal lluvia en un frenético baile entre las ruinas. Aun así, el conflicto pareció estancarse. Las pocas flechas que llegaban al guerrero eran poco más que astillas y sus cuchillas apenas alcanzaban recorrer la mitad del camino entre ambos. —¿Qué es lo que buscas? —preguntó el guerrero.—¿Por qué debería decírtelo fantasma? —respondió lanzando certero disparo clavando las cadenas al suelo.—Entonces es poder…La explosión fue atroz, fragmentos de acero y cuero fundido salieron volando por los aires y tras estos, Sylvanas golpeándose violentamente con uno de los pilares del templo destrozando su coraza y haciendo caer el pilar. Al otro lado del humo, se hallaba quien ella creía seria su verdugo, pensó en levantarse, pero al ver las cadenas se dejó caer al suelo. Nada, ni siquiera un rasguño, aquel acero de cuchillas ni siquiera se había mellado. Lo vio acercarse despacio, escucho el acero retorcerse en el brazo de aquel ser, crujía con fuerza, como si los mismos músculos y huesos fueran cortados, aun así, el hedor de la sangre poco a poco desaparecía, fundiéndose con el aroma de la arena. Lo vio s

obre ella, en pie; de entre las cadenas un extraño fluido dorado cayo en el rostro de la arquera.—¿Entonces es poder lo que buscas, elfa?, es una lástima que vayas a morir tan pronto.—¡Cállate hijo de puta!Impacto directo. La explosión lanzo por los aires gran parte de la estructura, terminando de derrumbar lo poco que quedaba de aquel recinto. Para Sylvanas los daños fueron permanentes: la explosión le desintegro la piel, la carne y nervios, ni siquiera pudo sentir dolor apenas quedando fragmentos de hueso ensangrentado donde antes estaba su brazo derecho. Sin embargo, no había sido suficiente, sus costillas fueron aplastadas de un momento a otro, su carne estaba siendo rajada y acuchillada con tosquedad al mismo tiempo que algo rasgaba en su interior. De su boca brotó sangre y bilis, mientras cuatro cadenas de cuchillas emergían en una vorágine espiral desde su pecho uniéndolo al brazo intacto de su atacante, quien sonreía sádicamente mientras forzaba entrar sus aceros más profundos en la carne de la elfa. No hubo nadie en los alrededores que no escucharan aquellos alaridos, gritos de dolor, rabia y tristeza deformados en un llanto profano que hasta los mismos comerciantes de Silva temieron permanecer fuera de sus casas. Lentamente se fue apagando, no por falta de fuerzas, aquel hombre había llenado su garganta con sus filos, apenas dejándole espacio para hablar mientras la veía ahogarse en su sangre. Con sus últimas fuerzas tomo los brazos de su asesino en un último y desesperado esfuerzo por soltarse, sin éxito. Entonces despertó, en medio de aquella ruina, su coraza estaba intacta y su cuerpo completamente sano, el dolor de las cadenas era solo un lejano recuerdo. Sin más se levantó, confundida, sus flechas no habían dejado el carcaj y la estructura estaba todo menos dañada. Con ágiles pasos recorriendo el recinto apuntando a cada esquina de las ruinas —Mira que te encanta meterte líos, lady Sylvanas.—¿Por qué coño me has seguido?—Este es mi patio de juegos chica, bueno más bien lo que queda de él.Rubik camino hasta el salón de las ruinas, se arrodilló y recogió un poco de arena.—Hay que ver, los cabrones de Marduk me la jugaron bien jugada —comento mientras polvoreaba el aire, aun de espaldas a Sylvanas.—¿De qué estás hablando? —Ten cuidado con las cadenas que te atan mi lady.—¡Espera qué sabes tú de…!—Tenemos que irnos, parece que a nuestras amigas no les gustó mucho la ofrenda.—Y yo esperando que se tragaran el farol, vámonos.—No va ser necesario —comentó desinteresado, mientras volteaba a la entrada.—Lo sé, pero no quería terminar de derrumbar tu patio de juegos.—Haz lo que quieras, igual no queda nada ¿Qué crees tú, Mirina?Sylvanas se volteó, mirando con detenimiento las masas encadenadas de la amazona mientras preparaba una flecha en su arco.—No mires tanto a mis pequeños, por ahora no te aplastaré la cabeza con ellos.—Muy bien y entonces que estas…Un violento golpe de aire sorprendió a Sylvanas y provocó el asombro momentáneo de Rubik. Mirina apretó los dientes y detuvo el zarpazo a pocos milímetros del rostro de la elfa. —Escúchame bien puta de mierda, dale gracias a tu maguito y a que no tengo tiempo que gastar contigo; pero me la vuelves a jugar así y ten por seguro que te rajo la cara. Mirina rugió cual pantera, terminando sus amenazas; a lo que Rubik respondió haciendo desaparecer las runas del suelo y cadenas creadas alrededor de la amazona.—¿Ahora como quedamos elfa?, de lo que mandaste solo cuatro imbéciles y ese fantasma servirán para preñar a mis hembras, aunque no me sorprende, tu pueblucho es solo un nido de ladrones y borrachos.—¿Viniste a algo más? —pregunto molesta Sylvanas, bajando el arco aún tensado.—La verdad es que no, pero ya que estamos te propongo un trato; perdonare tu ofensa si te unes a mi guerra contra Ulster.—¿Y si acaso me reusara?Mirina gruño con fuerza, mientras preparaba su derecha a modo de garra antes de responder: —Temo que debo, insistir.—¿Como esperas que te ayude?, tú misma dijiste que mi pueblo es un nido de ratas.—Incluso las ratas son útiles en la guerra. Pero no pienso apresurarte, tómate el tiempo que necesites, mientras tanto Kaldar seguirá con lo que los inútiles de tu pueblucho son incapaces de hacer y solo por si te interesa, mis pequeñas están encantadas con él, creo que yo misma tendré algunos encuentros con él, necesito algunos herederos fuertes.—Y después la puta soy yo…Sin más, Mirina tomo sus masas y dejo las ruinas, momento que Rubik decidió hablar.—Te la ha jugado Sylvanas, ¿Qué piensas hacer?—Por ahora sigámosle el juego, necesitamos logros militares además de económicos.—No lo digo por eso, ¿le dejaras tanto poder?—Ese poder es mío Rubik, y ellas también serán mías.—Eso espero, por tu bien.—Ya deja de ser pesimista y abre ese portal.—Como desees.

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