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   Capítulo 2 C1 Funeral

Entre ella y yo. Por Coral Pacheco Palabras: 3501

Actualizado: 2021-02-22 06:01


Estaba tomando desayuno desanimadamente junto a Vanessa, ambos estábamos en pijamas, con caras tristes.

Este día no iba a ser feliz ni mucho menos animado. Estamos de luto, se nos fue nuestra luz.

—Marco, ya no quiero más—dijo Vanessa, mire su plato y vi que estaban los panes franceses en perfecto estado.

—Vanessa, no es comido nada desde ayer. Al menos trata, aunque no tengas ganas ni hambre—dije en un con un tono de voz apagado.

Vanessa apoyo sus brazos en la mesa y asi apoyar su cara en sus pequeños y flacuchos brazos, cubriendo toda su cara con estos.

Di un suspiro lleno de cansancio haciendo lo mismo que mi mejor amiga, cierro mis ojos que empiezan a picar y aguarse, con la advertencia de que podría llorar en cualquier momento.

Me levanté de golpe y me fui rápidamente a mi habitación, cerrando la puerta de un portazo. Odio esto, lo odio tanto. ¿Por qué ella? ¿Por qué?

Me lanzo a la cama cubriendo mi rostro con la almohada, suelto un gruñido en este antes de comenzar a llorar.

(...)

Estábamos ya en el funeral de mami Sofí, todos estaban de trajes o ropa negra, mientras que yo y Vanessa llevábamos puesto ropa completamente blanca, incluido el calzado.

Nos pusimos ropa blanca porque no se fue de nuestras vidas un difunto cualquiera, se fue un ángel que irradiaba luz. Se fue, pero al menos tengo de consuelo que ella nos cuidará desde el cielo, de eso estoy total y completamente seguro.

Ella era una persona de bien por completo, le encantaba ayudar aun asi tuviera que estar conectada a máquinas y casi sin poder pararse por la edad, que el dolor que ella sentía, no lo demostraba, pero que ahí estaba. Lo sentía. Nunca lo dijo, pero sabíamos que lo sentía, ese dolor y sufrimiento que nadie puede ver ni sentir, q

ue nadie puede ayudar porque los medios a veces no podían, o simplemente, no eran suficientes para curar su sufrimiento.

Las pastillas duran un tiempo, pero luego el dolor vuelve. Las drogas; las borracheras; eso no sirve de nada, solo alivia el dolor y nos hace olvidar por momentos, es momentáneo, al igual que todo en esta vida. Todo es por momentos, nada dura para siempre.

¿Alguna vez han amado o les ha importado tanto una persona, pero no pueden hacer nada por ella, para ayudarle o siquiera tratar?

Un codazo proveniente de mi mejor amiga me saca de mis pensamientos, la miro sin entender el porque del cual hizo eso, pero lo único que recibo de su parte es que mire a la dirección donde sus ojos me indican.

Mi mirada logra captar como cierran por completo el ataúd. Eso solo significa una cosa, una cosa que no quiero que pase, pero que no puedo retener; el entierro.

Veo atentamente hacia todas partes evitando que de mi vista, ya nublada, salgan lagrimas. No quiero que eso suceda. No frente toda la familia.

Limpio las lágrimas rebeldes que resbalan de mis ojos con rapidez y algo de brutalidad.

(...)

Unos trabajadores del cementerio cargan el ataúd y lo dejan en su respectivo lugar, al ya ellos alejarse del ataúd, tomó una pala junto con mi padre y empezamos a llenar de tierra aquel hueco donde está el cuerpo de ella; la mujer de mi vida, la que estuvo siempre conmigo desde que nací.

Las lágrimas nuevamente amenazaban con salir, pero logró retenerlas. Al terminar de llenar el hoyo con tierra, no aguanto mas y dejo la pala caer, para rápidamente salir corriendo por las solitarias calles de Boston.

Corro, corro y corro hasta más no poder. No se a donde voy y tampoco me interesa, solo me dejo guiar por mi corazón.

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