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   Capítulo 8 CAPITULO 7

EXILIADO:La sangre del monarca Por Agustina Almada Palabras: 14491

Actualizado: 2021-02-24 07:59


Deslizó una última vez el peine por su largo cabello, y la dejo suavemente sobre el escritorio de madera. Ye-sol, miró por el rabillo del ojo y vio el resplandor de la hebilla de oro con forma de flor. Evito hacer una mueca cuando la sintió pasar entre sus cabellos– no le había dolido– pero ese sencillo acto significaba un minuto menos para su cita con Bon Hwa.

— Está preciosa señorita. — La halagó Ji-in.

— No lo dudo. Te esmeraste en dejarme perfecta. — Contesto la castaña soltando una ligera sonrisa. Tomó el espejo que Ji-in le había entregado, y se observó.

Se veía perfecta. Mucho más arreglada que cualquier día común, y hasta irreconocible a sus ojos. Llevaba una falda que jamás había usado, un labial rosado recién comprado, y un nuevo peinado.

— El joven Bon Hwa es muy afortunado.

— Aún no estamos casados Ji-in. — Suspiró la castaña, dejando el espejo sobre su regazo. — Solo espero que esto no cause problemas. Aún sigo perteneciendo a la selección, no tengo la cara para caminar en las calles al lado de Bon Hwa sabiendo que estoy comprometida con la reina hasta el día de la elección.

Ji-in no supo que decir.Más aun así la miro con pesar, ella también estaba inquieta con la decisión del señor Kim.Unos toques en su puerta le dieron la señal de que Bon Hwa había llegado, y tras un último suspiro Ye-sol se mentalizo a lo que la esperaba.

Era un soleado sábado por la mañana. MinJoon y Taewon recorrían las calles del mercado del pueblo, en busca de provisiones para el viaje a Hansung. Tras largos días sin descansó para planear la misión –porque no se podría considerar de otra forma– habían decidido que un paseo mañanero por el pueblo no sería mala idea para olvidar, al menos un poco, la creciente ansiedad que iba surgiendo a medida que el día de partida se acercaba.

Era simple.

Taewon iba a ser el rostro visible en el caso, él se haría cargo de investigar la reunión ocurrida en el restaurante. Y MinJoon por otro lado, haría la investigación desde las sombras. Él estaba más interesado en la orden de la serpiente, habían estado años desaparecidos y le llamaba profundamente la atención saber por qué volvían a la luz, justo en el momento dónde su hermano sería proclamado rey.

La última vez que supo de los movimientos de la orden de la serpiente negra, fue tras su desaparición. Y no era para menos, el espía que trabajaba para Kwang era un integrante de la mafia.Lo recordaba.Para ese entonces lo veía como un hombre demasiado alto. Era delgado, de ropas negras que lo camuflaban en la oscuridad, y cabello largo de igual color. Esa noche estaba a las espaldas de Kwang, metros alejado de él. Park Hwan era su nombre, y no era la primera vez que lo veía, lo vio rondar una tarde por su pabellón, con un libro en su mano. Era un regalo de cumpleaños - su último cumpleaños allí-, ese día dijo ser un mensajero de su hermano e iba vestido como un civil normal. Pero MinJoon no olvidaría lo alto que era su cuerpo, y lo intimidante que se sintió cuando sus ojos lo miraron. Fue esa última noche donde noto que tanto Park Hwan como Kwang lo miraban con la misma intención; matarlo.

Tras años de ausencia, MinJoon estaba intrigado por descubrir que nuevo movimiento haría su hermano con la orden de la serpiente, y se sentía más inquieto por el hecho de que en tan solo unos escasos días su hermano sería Rey. Y todos saben lo que eso significa, poder absoluto. Si Kwang tenía un plan y lo ejecutaba, nadie tendría la mano para poder detenerlo ni cuestionarlo.

Por eso viajarían a la tarde del siguiente día. Descansarían de día y viajarían de noche.Unos disturbios al final de la calle, hizo que MinJoon detuviera el paso. Un tumulto de gente rodeaba lo que se oía como una pelea.

—¿Qué será lo que ocurre?— Le pregunto a Taewon disipando el silencio que los había acompañado en casi todo el paseo. Sin embargo, al girar la cabeza se encontró estando solo en medio de la calle. Frunció el ceño, y se giró completamente hacia el lado contrario, alzando el mentón ligeramente para buscarlo entre el gentío.Soltó un bufido a la par que extendía una pequeña sonrisa, cuando lo encontró comprando unas manzanas en una tienda de frutas. Había estado tan absorto en sus pensamientos, que no había notado cuando su amigo se había detenido.

— ¡Suelta al niño!

Escuchó y se giró hacia su centro de atención.

“¿Típica pelea callejera?” Pensó mientras caminaba hacia el lugar. No era de sorprenderse, los adolescentes siempre tenían problemas entre ellos, que más grave o no fuera, terminaban en ronda con puñetazos a diestra y siniestra, causando alboroto.

Pero se vio muy equivocado cuando vio un caballo aproximarse y sobre su lomo, un hombre de elegante Hanbok azul marino. El pelaje brillante del caballo, las vestiduras impecables de tela cara, y la insignia pulida y resplandeciente enganchada al costado de su pecho, le hicieron reconocer a todos quien era, y con apuro se quitaron del camino espavoridos.

Bae Jung. Un hombre cínico con un fanatismo obsesivo por los anillos extravagantes. Encargado de uno de los grupos dirigidos por Eunhwa sal. MinJoon esquivó su dirección y se escabullo en un estrecho callejón. Se metió por ahí, doblando por el angosto pasillo hasta volver a girar y salir por una pequeña salida que daba justo a la ronda de gente. Semiculto bajo la sombra de su kasa –Sombrero-.

— ¿¡Que sucede aquí!?— Bramó con el entrecejo fruncido esperando una respuesta. Uno de sus hombres dio un corto paso hacia delante y respondió.

— Este hombre debe dos meses de impuestos. He venido a reclamarle pero alega que no ha tenido el tiempo suficiente para recaudar el dinero.

Bae Jung movió sus ojos hacia un hombre cincuentón, de rostro arrugado y moreno por la exposición al sol. El señor estiró con desespero la tela de la blusa de un muchachito pelinegro, y envío hacia detrás de su espalda. Una risa corta brotó por los labios de Bae Jung al observar esa acción, le resultaba gracioso y hasta irónico que el hombre pensará que con su cansado y débil cuerpo pudiera proteger a un muchacho mucho más alto que el mismo.

— Un hombre con deudas es un hombre fracasado. — Pronunció. — No podemos dar el brazo a torcer por aquellos fracasados ¿O sí? Hacerlo sería cometer una injusticia contra los que han luchado por una vida digna y pagan todos los impuestos a tiempo.

El señor cayó de rodillas y froto las palmas de sus manos con desesperación y ansiedad.

— ¡Por favor! Conseguiré el dinero solo deme tres semanas más. Se lo suplico, pagaré, pagaré todo pero denme tiempo.

MinJoon sintió pena por el hombre. Estaba desesperado y arrodillado en el más bajo nivel, rogándole a un hombre malicioso que se divertía con el sufrimiento y la humillación que provocaba. MinJoon pensaba fervientemente que ninguna vida –ni hasta la que más miserable pareciera– mientras su corazón sea noble, debía ser humillado con la vergüenza de rogar su propia vida a los vándalos.

— ¡Tú!— Exclamó señalando con su dedo gordo y apretujado por un ancho anillo dorado, a un hombre de barba rizada y negra que junto al encargado habían ido a reclamar el dinero, y formado el disturbio con sus amenazas. El hombre dio un paso al frente con los labios ligeramente abiertos en círculo, y se auto seña

ló. — Si tú, hazte cargo del muchacho. ¡Los demás ya saben que hacer!

— ¡No, suélteme!

— ¡Haré lo que sea, déjelo ir, por favor déjelo ir! — El señor fue apresado por otros dos hombres y arrastrado por la calle de tierra como si fuera una pluma. El muchacho se revolcaba entre los brazos que lo sostenían. Lagrimoso y asustado rogaba por ayuda.

Nadie se animaba a intervenir. Era tan solo otro niño perdido, y como el miedo era tan grande ningún adulto se arriesgaba a peligrar la vida de sus hijos para salvar al niño de otro. Un hombre de larga barba, suspiró cabizbajo, y ensimismado en la pena de no tener la fuerza para ayudarlo, se giró y paso por el costado de MinJoon, golpeando su hombro ligeramente.

— Lo siento. — Lo oyó murmurar el pelinegro. Abandonó su mirada del señor para concentrarse en el muchacho. Parecía una batalla perdida, el niño ya no luchaba, solo lloraba. MinJoon decidió no perder más tiempo, y enfrentar la situación. Al contrario de los presentes allí, el pelinegro no tenía familia que perder. O más bien nada.

Ocultando su rostro bajo su sombrero, se abrió paso entre el gentío. Los ojos curiosos de algunos miraron con incertidumbre al joven vestido de negro, otros con temor y rápidamente se alejaron. Bae Jung se dio cuenta que la atención había disipado de él. Pronto se levantó una ola de murmullos y frunció el entrecejo.Cuando el joven de vestiduras negras como el ala de un cuervo, y sombrero brillante obscuro, se posicionó delante del caballo, haciéndole frente, Bae Jung aplastó sus dientes. ¿Quién osaba tapar su camino? ¿Quién era tan estúpido como para desafiarlo?

— ¿Y tú qué? — Escupió grosero.

MinJoon elevó ligeramente su mentón. Bae Jung inclinó la cabeza tratando de ver su rostro, pero solo vio un destello y regreso a su postura recta, algo confundido.

— ¡Oye tú! Déjate de bromas idiota y sal de mi camino. — Estaba perdiendo la paciencia.

El sonido agudo de la hoja filosa contra la vaina, alertó a Bae Jung. Los dos hombres que habían venido con él, soltaron al viejo dejándolo caer de espalda al suelo, y corrieron a su llamado. MinJoon alzó la cabeza finalmente, dejando ver la mitad de la cara cubierta por una máscara pulida y brillante de plata. A uno de ellos le recorrió un escalofrío, pero al otro no le transmitió ni una gota de temor, y fue el primero en atacar.Alzó la espada, y el pelinegro se protegió cubriéndose con la espada. El choque de espadas dio por comienzo una pelea de la que nadie quería ser parte, y la ronda se disolvió. Todos los pueblerinos se escabulleron corriendo a trompicones de allí.

MinJoon enredó la espada de su contrincante con la suya, y desestabilizando al hombre, le dio un empujón con el cuerpo, quien se tambaleó hacia atrás soltando la espada.El otro hombre que había permanecido en trance, atacó con fiereza. MinJoon se defendió y contraatacó con rapidez, pero el hombre detuvo su espada, y lo empujó con el arma. Era un hombre grande, que lo dejaba al pelinegro como una ramita débil. Pero se repuso y volvió a atacar, está vez, alzó un poco más la espada en dirección a su cuello. El hombre lo esquivó agachándose y atacó en dirección a su pierna, MinJoon se giró al lado contrario del ataque y lo tomo por detrás.

El filo de su espada rozo la piel de su cuello, y el hombre se quedó congelado en el lugar. Pero fue demasiado pronto para bajar la guardia, pues el otro hombre se había agachado a tomar su espada, y atentaba contra MinJoon. De reojo el pelinegro vio la sombra del hombre saltar contra él, y con velocidad inclinó su cuerpo hacia abajo, y se corrió al lado, está vez dejando vacío el espacio entre ambos hombres, y permitiendo que ante la rápida reacción, el otro no tuviera opción de detenerse. La espada cayó sobre el cuello de su compañero, dejando brotar un chorro de sangre que mancho su arma.El hombre jadeó, y asustado vio el cuerpo de su aliado caer al suelo sin vida, manchando de rojo la tierra.MinJoon tomo ventaja del estado de shock en el que se encontraba, y levantó la espada contra su cuello, reposando la hoja sobre su hombro, y el filo contra su piel.

Bae Jung, apretó los dientes con furia, y miró a los dos hombres que sostenían al muchacho. Los señaló y con una amenazante mirada les ordenó atacar. Los dos titubearon, eran solo bárbaros que se dedicaban a asustar a los indefensos, pero en ese instante se veían a sí mismos como gallinas asustadizas, con miedo a ser solo cabezas cortadas. El muchacho se removió huyendo de sus agarres, y corrió a su padre.MinJoon alejo la espada del cuello del hombre, y le dio la oportunidad de defenderse. Sin embargo el hombre estaba consumido en su asombró, aun viendo –sin creerlo– a su amigo muerto.

Los dos hombres a un grito de guerra atacaron al joven por la espalda. Se giró, y esquivó para atacarlos. Entre dos lanzaban golpes a diestra y a siniestra, pronto iban a cansarse, y MinJoon aprovecho eso a su favor, y no gasto energía en atacar solo en protegerse. Cuando vio a uno jadear y atacar con menos fuerza, fue la señal para comenzar.

Detuvo el ataque de las dos espadas contra su cabeza, y se impulsó con la fuerza de sus pies hacia delante para empujarlos hacia atrás. El cansancio los hizo bajar los brazos, y el atacó dejándolos a ellos solo con la posibilidad de proteger sus cuerpos.

Uno de ellos jadeo de dolor al sentir la espada cortar su pierna y el dolor lo hizo venerable. MinJoon le propino una patada en el pecho y cayó a la tierra. Al otro, lo hirió en un giro el brazo con el que atacaba. El hombre proliferó entre dientes y se lanzó contra el joven.

Las espadas chocaban entre sí. Uno agotado dando todo lo que podía, y MinJoon tan fresco como si recién hubiera empezado. El hombre pateó su tobillo y lo despistó. Con eso a su favor, enredo su espada y la lanzó por los aires a su costado, dejando a MinJoon desprotegido.

— Oh vaya. — Musitó el pelinegro. Su cabello se pegaba a su frente sudada, y limpio el sudor con la tela que rodeaba su antebrazo. El hombre frunció el ceño molesto con su deliberada acción, que parecía burlarse de él. Con un grito se abalanzó, MinJoon lo esquivó cambiando de dirección, y puso su pie para hacer que el hombre cayera de bruces al piso.

— ¡Idiota!— Gritó el hombre enfurecido, escupiendo la tierra que se le había metido a la boca. Intento levantarse, pero el joven lo empujó otra vez con el pie en su espalda, apretó ahí, dejándolo inmóvil.El hombre que había quedado minutos atrás colapsado por haber degollado a su compañero, recobro la conciencia y dispuesto a vengarse se acercó lentamente por detrás del pelinegro. Elevó su espada y la dejo caer con fuerza a la cabeza del joven, pero su espada choco con otra, haciendo sonar un fuerte y agudo estruendo que hizo a al pelinegro girarse.

— ¿Q-qué?— Tartamudeó el hombre, alzando sus ojos para ver a un muchacho alto de cabello negro recogido a la mitad, quien había parado su ataque.

Taewon alejo su espada y con rapidez se giró, regresando hacia el hombre para clavar la punta de la espada en el costado de su abdomen. Él hombre cayó hacia atrás con una mano en su herida, y Taewon se volteó para encontrarse con su amigo.

— Tienes suerte que haya aparecido. — Le sonrió.

— Ojalá no hubieras tardado tanto.

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