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   Capítulo 9 CAPITULO 8

EXILIADO:La sangre del monarca Por Agustina Almada Palabras: 10101

Actualizado: 2021-02-24 22:01


Bae Jung gruñó entre dientes. Saltó del caballo, sus botas chocaron la polvorienta tierra y alargó su mano al costado de su cadera, dónde colgaba su espada envainada.

MinJoon y Taewon se pusieron en posición, viendo cómo el hombre balbuceando a pisotones se aproximaba a ellos. Alzó la espada y la dejo caer con furia contra Taewon quien había dado un paso hacia delante para defender a su amigo. El choque de espadas retumbó en los oídos de los tres, y Taewon empujó al hombre con la espada para atacar al lado izquierdo, justo en sus costillas. Bae Jung atajó su espada cubriendo el ataque, y alejándola de sí con un golpe, se apresuró a atacar el otro lado del abdomen de Taewon.MinJoon dio unos pasos en reversa, viendo innecesaria su participación en la pelea. Su amigó era un maestro en el arte de la espada, vería ofensivo su acto –aunque fuera para ayudarle a acabar más rápido con su oponente– si se entrometía. Atisbó al señor y a su hijo, que aún permanecían aferrados en un abrazo que no parecía tener fin.

Lentamente caminó hacia ellos, con la espada baja, y los hombros ya más relajados.— Oh hijo mío, hijo mío— Sollozaba el hombre apretando las mejillas de su hijo. MinJoon sintió un apretón en el pecho, y se detuvo frente a ellos. El hombre alzó la mirada, encontrándose con él.

El señor no podía ver su rostro claramente, pero si distinguió que algo cubría la mitad de su cara. Extendió una sonrisa, y se reincorporo del suelo, aún polvoriento y adolorido por los fuertes tirones que había sufrido, lo tomo en un corto y fuerte abrazo. MinJoon se quedó estupefacto, sus músculos se tensaron, y el hombre lo sintió.

— Lamentó si lo incomode. No tengo palabras para agradecerle. — Le dijo dejándolo libre. MinJoon formó una mueca, similar a una leve sonrisa, y asintió suavemente.

— No hace falta que me agrade...— Se calló. Atisbó moviéndose con sigilo un hombre de vestiduras azules, con un cuchillo en la mano. Los ojos de MinJoon se abrieron de golpe y rodeó el cuerpo del señor para dar dos zancadas hacia el muchacho, y tomar su brazo para correrlo del camino. Todo fue muy rápido, el hombre no le atino, y solo clavo el arma al aire. El muchacho –quien había caído al suelo por la fuerza omitida por MinJoon– vio al hombre de azul con los ojos abiertos y asustados.

— N-no puede ser. — Murmuró el señor incrédulo a lo que veía.

MinJoon iba a atacar, pero el hombre tiró el cuchillo y se arrodilló. El pelinegro no supo cómo reaccionar, sin embargo cuando vio los hombros temblando del hombre y luego su rostro alzándose hacia el lleno de lágrimas, lo entendió.

— ¡Lo siento! ¡Mi familia necesita el dinero, por favor lo siento!

— ¿Qué dices?— Salto el señor molestó, levantando a su hijo del suelo.

— E-ellos te pagan. Si haces su trabajo sucio te dan dinero. — Tartamudeó y sorbió la nariz— Estoy desesperado... Mi familia...

MinJoon suspiró y aflojó el agarre de su espada. Desvió sus ojos hacia el suelo, pensando hasta qué punto había llegado la corrupción en el reino. Quienes habían sido otorgados con el poder de proteger se habían convertidos en maleantes ambiciosos, dispuestos a pisar cualquier cabeza por tener más y más. De pronto un brillo en el polvo llamo su atención, se agachó y con los dedos descubrió una insignia muy familiar. Lo tomó y la miró bien en la palma de su mano. Era similar a la forma de una moneda aunque con el gravado de una serpiente con grandes colmillos. La orden de la serpiente.

“A alguien de estos les pertenece...” Pensó y busco entre los cuerpos adoloridos de los hombres de Bae Jung ¿Qué hacia un integrante de la orden de la serpiente metido entre Eunhwa sal?Se giró lento hacia el encuentro que Taewon y Bae Jung tenían, no dio muchos pasos, estaba cerca. Una vez llegó, su amigó ya tenía sometido por detrás al hombre con la hoja del arma en su cuello, dejándolo vulnerable e inmóvil. El rostro de Taewon no expresaba ni un aire de emoción o sentimiento, el solo defendía lo que era correcto, yendo más allá de si la injusticia fuera personal o no. Atisbo el rostro contraído de MinJoon, que al contrario de él, esperaba enfurecido.

— Eres una maldita escoria Bae Jung. Sometes a estas personas con el miedo, abusando de lo poco que tienen para ahogarlos en la desesperación. — Habló MinJoon. El hombre trato de mirarlo de reojo, más no pudo, solo veía una borrosa silueta negra.

Se revolvió entre los brazos de Taewon. MinJoon le asintió a su amigo para que lo suelte.

— ¿Y tú quién crees que eres?

— Alguien que no te tiene miedo Bae Jung— Contestó en alto, mientras el hombre extendía una sonrisa y se acercaba a él. — Eres una cucaracha al lado de los que de verdad tienen poder.

Su sonrisa se borró.

— ¿De verdad lo crees? Cucaracha o no, tengo más poder que tú, y si quiero, puedo matarte aquí mismo. — Lo señaló con su dedo lleno de anillos. — Está gente me pertenece, YO soy el que manda aquí. Nadie ni tú me quitará eso.

MinJoon alzó la cabeza y sonrió. Claro que había algo que hacía atemorizar a cualquier hombre. Dejando ver su rostro cubierto c

on la máscara, Bae Jung retrocedió de la sorpresa. Una sonrisa se asomó por el lado descubierto del joven, el hombre se estremeció y su semblante decayó.

— ¿Nadie?— Preguntó con picardía. Bae Jung flaqueó ante su pregunta. — No sabes quién soy. — Dejo de sonreír y le mostró la insignia. Bae Jung tragó saliva, sus ojos se desviaron del joven y movió los labios con nervios.

—¿Q-q-qué?— Balbuceó.

MinJoon escondió la insignia bajo su manga, y bajo la cabeza. Una pequeña mentira no le afectaría con tan solo bajar el ego de Bae Jung, que se creía muy poderoso al lado de los campesinos. Era un hombre miserable, desesperado por borrar de dónde provenía y ser alguien grande. La realidad es que escorias como el, se escondían y huían de la gente realmente poderosa. En este caso; la orden de la serpiente negra no era ningún juego, y ser integrante de está era un privilegio y otorgaba un gran estatus y respeto. Eran temidos por los desastres que causaban y lo inhumanos que eran.

Bae Jung no era tan tonto como para no saber cuál es su lugar, por eso simplemente en un arrebato corrió hacia su caballo, se subió y huyó despavorido.Ni MinJoon ni Taewon movieron un dedo para detenerlo. Su trabajo ya estaba hecho, habían librado de sus manos al señor y a su hijo. Habían hecho lo que nadie se atrevía a hacer, pero no sabían qué precio debían pagar más tarde.La insignia estaba allí.Eunhwa sal parecía ser cada vez más corrupto, y la orden de la serpiente estaba metida en el medio.

Miró sus dedos otra vez.

— Entonces... — Alargó la S. — ¿Cuál es su pasatiempo señorita Kim?Lo miró tímidamente, y dejó salir una breve risa. La situación en si le daba inmensas ganas de echarse a reír. Eran tantos los nervios que revolvían en su estómago, que parecía que solo una gran carcajada podría aliviarlo.

— Me gusta leer.

Bon Hwa sonrió ampliamente, dejando ver una hilera de perlas brillantes y perfectas. Ye-Sol se sintió avergonzada, y desvió la mirada hacia el frente. Bon Hwa era un hombre apuesto, no era extravagante, podía darse cuenta de ello en la forma en la que vestía esa noche. Un Hanbok de seda gris de elegantes mangas blancas, y botas negros bien lustradas. Había salido con hombres antes, y ninguno había sido tan recatado y distinguido como el hijo del primer ministro. Sus pasados pretendientes, eran habladores, engreídos, superficiales, y más de una vez se habían burlado de ella. ¿Pero qué culpa tenía la muchacha si solo había respondido que prefería viajar antes que tener hijos? La habían ofendido, más de una vez.

— ¿Tienes alguno preferido? — Preguntó el hombre de cabello castaño.

— Historia y misterio. No soy amante del romanticismo, sin embargo he de admitir que una que otra ha llamado mi atención lo suficiente como para leerlas.

Él sonrió.

— Yo soy un fiel amante del romance. — Comentó atrayendo la mirada de la muchacha nuevamente hacia él. — Mi padre lo detesta, pero eso no me detuvo a seguir leyéndolas.

Ye-sol sonrió. Por primera vez se sentía comprendida.

— Mi padre es igual, él se esfuerza en que lea libros para señoritas. Estoy en contra del dicho de que los libros se categorizan de acuerdo a si eres hombre o mujer, ¿Por qué si eres hombre debes leer libros de historia o política? ¿Por qué si eres mujer debes ser partidaria del romance y la poesía?

— Bueno señorita Kim. La sociedad ha vivido mucho tiempo bajo un estricto régimen, y aunque no puedo decir lo que es correcto o no, creo que hacer lo que a uno le gusta sobrepasa el límite del bien y el mal.— ¿Incluso si tú pasatiempo favorito es robarle dulces al señor Lee?— Bromeé. Bon Hwa abrió los labios consternado y un segundo después soltó una carcajada.

— Bueno, me retractó. — Rio. — Si un psicópata me escuchará tomaría mis palabras a su favor.Ye-sol lo acompaño en la risa.

— Si, tienes razón. Pero aun así, cosas tan absurdas como ponerle género a los libros no deberían existir.

— Concuerdo con usted señorita.

Ambos se detuvieron en un bello puente de madera roja, que cruzaba un arroyo de aguas limpias y cristalinas. Ye-sol posó sus manos sobre el barandal, y admiró el surco de las aguas que se movían como una serpiente por la ciudad, con grandes y frondosos árboles de cerezo acompañando sus costados, dejando caer sus hojas rosas al arroyo.

— Este lugar es mágico... — Dijo Ye-sol ensimismada en la belleza y la paz que le transmitía el paisaje. Bon Hwa observó su perfil detenidamente, y ensanchó una triste sonrisa. Ella sintió sus ojos sobre su nuca, y se giró para mirarlo. — ¿Sucede algo?

— Este puente me trae recuerdos. — Contestó con sinceridad acariciando la madera roja, admirándola con los ojos y los dedos, como si tocarla lo llevará devuelta al momento dónde su nostalgia lo llamaba.Ye-sol le prestó más atención. Sus ojos castaños no pudieron evitar indagar en los rincones del rostro del hombre, intrigada y sorpresivamente preocupada por su repentino cambio de humor.

— ¿Buenos?

Bon Hwa conectó su mirada con la suya, y alejo su mano suavemente.

— Tan buenos que ahora duelen.

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