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   Capítulo 11 CAPITULO 10

EXILIADO:La sangre del monarca Por Agustina Almada Palabras: 12795

Actualizado: 2021-03-01 10:06


Iban en camino.

Cabalgando despacio sobre dos caballos de pelaje negro en medio de la noche. La luna brillaba en todo su esplendor guiando el camino a Hansung. Hacía frío, el invierno se acercaba poco a poco, y sobre la espalda de MinJoon caía una manta gruesa que resguardaba su calor.

Llevaban un día y medio completo de viaje, no habían descansado el primer tramo ya que no habían tantos viajeros por ese sendero, sin embargo, al subir el sol debían descansar, por sueño y para no llamar la atención de los guardias que rondaban por la zona cubriendo la entrada a la capital.

En la mañana de ese mismo día sería la coronación de su hermano, y MinJoon deseaba –al menos– ver la ceremonia de lejos. Todo el pueblo estaría allí, grandes funcionarios y las familias más poderosas, además de la gente humilde de la cuidad y provenientes de otras provincias. No sabía cómo pero deseaba ver a su padre y a su madre. Habían ocurrido cuatro años, y él ya tenía dieciocho años. Aún no podía creer lo rápido que había pasado el tiempo.

Estaba regresando, y aunque no era esa la forma en la que soñaba volver, era un paso.

— Estará todo bien. — Le dijo Taewon repentinamente.

El alzó una ceja.

— ¿Me ves preocupado Taewon?

— No finja conmigo su Alteza, sé que regresar no es fácil para usted. — Contestó y MinJoon giró la mirada para verlo.

— Tienes razón, no es fácil. Pero no hay tiempo para detenerse en cómo me siento, hay que adelantar la marcha si queremos llegar a tiempo. — Le dijo comenzando a cabalgar con rapidez, dejando atrás a Taewon, quien exhaló con resignación.

MinJoon nunca aceptaría que a veces los sentimientos eran prioridad también. Así había vivido a lo largo de toda su vida, caminando sin detenerse. Taewon nunca lo había visto desanimado, pese a que le hayan quitado todo, nunca se había quedado con eso. Era un muchacho fuerte, capaz de seguir adelante pese a todo.

Por eso Taewon lo admiraba. No sé iría jamás de su lado y aunque el plan fuera demasiado grande para ellos, confiaba en el príncipe plenamente, y el tiempo que le llevase cumplir con su objetivo, nunca sería un impedimento.

Pasar por las puertas de la entrada de la cuidad había sido fácil, no hubieron tantos controles ni muchos soldados, la gran mayoría estaban en el palacio donde se llevaría a cabo la gran coronación del príncipe Kwang.

Taewon y MinJoon cabalgaban a paso suave por las calles desiertas de la cuidad. Al pelinegro le recorrió un aire de nostalgia al estar de vuelta en casa. Casi no recordaba nada de la cuidad, había crecido dentro de un palacio, por lo tanto no había visto mucho del pueblo ni creado momentos inolvidables de sus lugares más preciosos y populares.

Aun así, sintió cada paso que daba como una apuñalada de melancolía que le atravesaba el corazón. Mantuvo su rostro firme y serio bajo la sombra de su sombrero, tragando todo bajó la superficie de su piel, dónde nadie lo vería.

— Estamos aquí. — Suspiró Taewon tratando de no perder la cordura que le provocaba estar allí con el joven. Había estado varias veces en la ciudad pero siempre solitario. Y ahora se enfrentaba a un mundo donde MinJoon podría ser fácilmente reconocido, y eso lo helaba de pies a cabeza.

— Dejemos los cabellos en los establos, y vayamos caminando a la coronación, debemos ser lo más cautelosos posibles. —Dijo MinJoon adelantando el pasó, se notaba apresurado por llegar, así que Taewon no rechisto y lo siguió.

— Aquí tiene — le dijo Taewon al hombre regordete que lo había atendido. Le entrego las monedas que correspondían al pago total de una semana, y el hombre asintió complacido. — Volveremos en unos días a recogerlos.

Taewon salió de los establos, y se encontró con el príncipe parado al costado de la vereda, completamente distinto a como había llegado. Se había desprendido de sus prendas negras, y el sombrero que tanto lo caracterizaba. Para pasar más desapercibido, vistió una camisa de tela beige manga larga, con el borde del cuello mal recortado, y unos pantalones marrones junto con unas botas negras de puntas gastadas por el tiempo, y para terminar, una cinta negra alrededor de su frente, dejando su cabello negro desarreglado a los lados. Era un atuendo de campesino pobre, nada mal a los ojos de Taewon, aunque había un pequeño detalle.

— Con que esto te referías con disfraz. — Comentó llamando la atención del pelinegro que se giró a mirarlo, dejando a Taewon con las palabras en la boca. — ¿Qué?

— ¿Qué? — Repitió el príncipe al ver los ojos de su amigo saltando del asombro. Taewon fijo sus ojos en donde estaría su cicatriz e hizo sonido con la boca. MinJoon entendió con ese gesto que era lo que le había sorprendido. — El maquillaje es un gran aliado para cubrir imperfecciones.

El joven había tapado su cicatriz con un polvo llamado mibun, que las mujeres usaban para lucir una piel tersa libre de cualquier imperfección que dañará –incluso mínimamente– su rostro. MinJoon desprendía un aroma dulce muy peculiar gracias a eso. Además se había manchado el rostro y cuello con tierra, para no levantar sospechas.

— Te ves bien. — Lo halago Taewon y MinJoon sonrió de lado.

— Siempre. — Respondió, dándose vuelta para empezar a caminar. Tenía la costumbre de cortar las charlas dejando al otro con la palabra en la boca. — ¿Vienes?— Le preguntó alzando un poco la voz al ver que su amigo no le seguía.

— Si Su...— Se calló y corrigió. — MinJoon.

Saboreó su nombre, era extraño llamarlo así cuando se había acostumbrado a tratarlo formalmente. El menor soltó una pequeña risa al notar la duda con la que había pronunciado su nombre. Y su risa fue escuchada por una figura oculta, con unos curiosos ojos castaños, que no habían abandonado al príncipe Min desde su ingreso a la capital.

Esa mañana se había despertado más temprano de lo usual. Estaba ansiosa, tanto que no había pegado el ojo en toda la noche. Tras meses de espera, finalmente había llegado el libro más añorado por Ye-Sol; bajo los ojos de la luna. Una historia trágica y apasionada que contenía sus gustos más preferidos: acción, misterio y drama. Narrando desde los ojos de un humilde campesino que vio ser asesinado a su padre, solo por negarle un trozo de pan al primer ministro que estaba hambriento y perdido. Así fue como el campesino arma un plan de quince años, en los cuales batalla para lograr derrocar su puesto, y vengar la muerte de su padre.

A Ye-sol le pareció fascinante como a pesar de provenir de un hogar pobre, el campesino tuviera la ambición de convertirse en alguien de tal grande rango, luchando por ser escuchado y darle dignidad a su difunto padre. La castaña deseaba saber si al final había logrado llegar a su objetivo.

Por eso a primera hora de la mañana se encaminó a la librería del señor Seok, y dejando una nota sobre su cama, se escabullo de su casa a pesar de que su padre le había pedido poner prioridad en la ceremonia de la coronación del Rey, la que debía asistir sí o sí. No estaría mucho tiempo en la librería y podría darse un tiempo para leer en algún banco del estanque de la plaza, así que llegaría a tiempo.

— ¡Buenos días señor Seok!— Saludó apenas entró. El señor saco su cabeza de entre los pasillos de estantes y le sonrió.

— ¡Oh Ye-sol! No esperaba verte tan temprano.

— Que poco me conoce. — Negó con la cabeza e hizo una reverencia. — Vine para ver si mi pedido ha llegado.

El señor Seok se aproximó al escritorio donde atendía con una pila de libros nuevos. Ye-sol no pudo evitar dar un salto de felicidad al leer el título de uno de ellos.

— Han llegado ayer por la noche, estaba ordenándolos pero vi que me han sobrado así que debo guardar estos en el depósito. — Le comentó el hombre dejando los libros sobre el escritorio para luego soltar un suspiro de cansancio. Había trabajado toda la madrugada para tener todo listo. — Creí que estarías en la ceremonia, hoy es un día importante, ninguna tienda abrió aún.

Ye-sol no le dio mucha importancia. No era una persona muy tradicional, por lo que no le daba mucho interés al evento.

— Iré más tarde. — le dijo.

— Bueno, ya has pagado con antelación así que aquí tienes — Le entrego el libro, y ella sintió sus manos temblar de emoción— Espero que lo disfrutes.

— ¡Claro que sí señor Seok! — Exclamó. El hombre soltó una leve risa, admiraba ver el brillo infantil en los ojos de la muchacha que salían con cada libro nuevo que veía. — Me encantaría quedarme más tiempo, pero no tengo mucho tiempo.

— Ve tranquila niña, nos vemos en la ceremonia de coronación. — La despidió el hombre con una gran sonrisa.

— ¡Nos vemos!

La Gran puerta –Gwanghwamun – del recinto estaba abierta de par en par. Poco a poco gente de todo el reino iba ingresando a la gran conmemoración. Los de clase alta lucían refinadas y elegantes prendas que se notaban con tan solo darles una ojeada cuál era su costó, por otro lado, los pueblerinos de la clase media y baja, no portaban costosos Hanbok pero no perdían la delicadeza de vestirse con lo mejor que tenían para la ocasión.

— ¿Exageré con la tierra? — Murmuró MinJoon dándole una mirada a su amigo. Taewon rio por lo bajo divertido dándole con solo ese gesto la respuesta.

— Tranquilo, nadie le dirá nada. — Lo tranquilizó el mayor dándole un apretón de ánimo en el hombro.MinJoon no se sintió más tranquilo, en ese momento se sintió ridículo, no supo de dónde surgió la idea que ir sucio facilitaría las cosas, cuando al verse entre toda esa gente, se sentía un desubicado observado por todos.

— Maldición. — Masculló apartando la mirada de un grupo de jovencitas que pasaban por su lado y lo miraban con despreció y asco. Con la manga de su camisa, intento limpiar su mejilla no maquillada para quitar al menos el exceso.

Una vez ingresaron al palacio, se colocaron en su zona correspondiente, dónde la gente de su clase social pertenecía, ya que no podían cruzar más allá y mezclarse con los de alta sociedad. Allí perdido entre la multitud que poco a poco crecía, MinJoon se dio el lujo de contemplar el frente; dónde metros más adelante se llevaría a cabo la proclamación del nuevo rey.

El patio principal del palacio era amplio, con piso de piedra. Uno de los lugares más reconocidos de todo el palacio, y dónde estaba ubicado el salón Geunjeongjeon.

Geunjeongjeon era un edificio de dos plantas que conformaba la sala principal del palacio primordial, donde se realizaban las ceremonias oficiales, los asuntos de estado y se coronaba a los reyes. Se encontraba sobre una doble plataforma escalonada de piedra, de donde salían tres caminos de granito trazados. El del medio, levemente más elevado, era por donde caminaba el monarca y los de los lados eran para su Corte.

Desde la entrada hasta los escalones de piedra corrían dos hileras que simulaban ser un sendero de pequeñas columnas de piedra, en el cual no se tenía permitido estar. Los ministros, funcionarios y gobernadores estaban en primera fila alrededor de la plataforma, siendo los primeros en estar bajo las órdenes del próximo rey.

El tambor dio inicio a la conmemoración, y todos repentinamente se quedaron en silencio. MinJoon sintió que las manos le temblaban, y bajo la mirada al suelo cuando percibió como el estómago se le revolvía por forzar demasiado la vista.

Un dolor se extendió por su hombro cuando sintió algo impactar contra el y corrió la cabeza para ver qué había causado el golpe. Sus ojos chocaron con la figura de una mujer arrodillada tomando un libro del suelo. Ella se levantó rápidamente, con las mejillas rojas de la vergüenza.

Ella alzó la mirada para mirarlo y MinJoon al inspeccionarla en esos escasos segundos se dio cuenta que era una mujer de clase alta. Aún con lo agitada que respiraba, y el aspecto algo desbaratado que llevaba, los colores llamativos; lila y amarillo, que tenía su falda y su blusa no pasaron desapercibidos.

— Lo siento — Se disculpó ella haciendo una reverencia como disculpa. MinJoon la miró desconcertado. Una mujer de su estatus jamás se inclinaría ante un hombre como él, considerando el papel de pobre campesino sucio que empleaba, le llamo la atención la humildad que había tenido al pedirle perdón.

— No se preocupe. — Le contesto al final y ella sin si quiera mirarlo se marchó de allí pasando entre el gentío con prisa.

La vio desaparecer justo al momento que el tambor fue tocado por segunda vez y se oía la voz de un hombre gritar.

— ¡He aquí el príncipe Kwang!

Su hermano apareció vestido con un Myeonbok, que era el nombre de la ropa que los reyes usaban para los eventos importantes tales como ese día. Pero cuando se proclamó el nombre de su padre, fue allí cuando sintió desfallecer.

Se recompuso cuando volvió a sentirlo, ese estremecimiento de ser observado, pero cuando se giró y sus ojos buscaron entre la multitud, no vio a nadie.

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