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   Capítulo 12 CAPITULO 11

EXILIADO:La sangre del monarca Por Agustina Almada Palabras: 10633

Actualizado: 2021-03-05 06:00


Sentada bajo el árbol de cerezo, Ye-sol se encontraba perdida entre las palabras de su libró. La puerta se abrió dejando ver al señor Kim, quien tras dar un paso dirigió su mirada a su hija y ensanchó una sonrisa.

— Ye-Sol...

La castaña alzó la mirada de forma inmediata, y sonrió de lado. El no parecía estar molesto, pero aun así por precaución escondió entre sus brazos el título del libro.

— Padre. No sabía que vendrías temprano.

El señor Kim miró el cielo. Era medio día, había llegado justo a tiempo como los demás días.

— Estas tan consumida en ese libro que no te has percatado que ya es hora del almuerzo. — Le dijo con una sonrisa. Ye-sol abrió los ojos sorprendida.

La mañana había pasado rápidamente, cosa que no le sorprendía, más que molestarse levemente por la imprudencia de haber estado leyendo aquel libro como si su padre no le reprochará por sus gustos "poco femeninos". En cambio la sonrisa que llevaba su padre si le sorprendía.

— ¿Tuviste un buen día? — Le preguntó.

El señor Kim asintió y se sentó a su lado, en el banco de madera.

— Hablé con la dama Superior, te ha felicitado por tu gran avance en las clases. — Eso si era más extraño. ¿La dama Superior felicitándola? ¿A ella?, Ye-sol no podía creerlo. — Estoy orgulloso de ti hija.

— ¿O-orgulloso?— Tartamudeó ella con un repentino cosquilleo de emoción en el pecho. Su padre nunca le había dicho que estaba orgulloso de ella.

— Nunca dude de tus capacidades... ¿Ahora me preguntó por qué ese terco afán de fingir que no los tienes?— Sus palabras dejaron sin habla a la muchacha. — Eres como el fuego Ye-Sol, arrasador, poderoso y determinante. Tienes un espíritu indomable y eso es una gran virtud, pero si no sabes manejarlo... Te quemaras. — El hizo una pausa y contempló al cerezo desde abajo. — Tengo miedo que te quemes, o peor incluso, que ellos intenten apagarte.

— ¿Está todo bien?

El señor Kim negó y soltó un suspiro. Con suavidad tomo las manos de su hija, y la miró a los ojos. Ye-sol se sintió pérdida al verlos, había algo distinto en ellos, algo que jamás había visto. Inclinó la cabeza ligeramente y lo miró de la misma forma que él lo hacía; con transparencia. Desvelando su sinceridad a través de sus ojos y permitiéndole –al menos una vez– dejar que la mirará de verdad. El señor Kim se sintió reconfortado al sentir la calidez que le transmitía, y le dio un apretón suave como respuesta, dándole a entender que ambos, no solo ella, se entendían.

— ¿Sabes que representa este árbol para la familia Ye-sol? — Empezó a decir. — Renacer. Han ocurrido crudos inviernos en los que peligró entre la vida y la muerte, pero a pesar de todo, sus raíces eran fuertes y dentro de él crecía una vitalidad inquebrantable que ni el frío más helado podía penetrar. Así eres tú, un árbol hermoso y majestuoso, que pese a su frágil belleza, es más fuerte de lo que piensan.

No supo cuándo, pero tras el silencio que los rodeo a los dos, Ye-sol sintió un cosquilleo húmedo en su mejilla y un picor en los ojos. Ella sonrió y bajo la mirada, no entendió si fue por vergüenza o por asombró al darse cuenta que estaba llorando frente a su padre. Pero la cálida caricia que significaban las palabras de él, la abrazaba con suavidad, y le llenaba el corazón de felicidad.

—Se un árbol de cerezo Ye-sol, siempre se fiel a tus principios, y renacerás en primavera con esplendor.

Esa tarde Ye-sol y Bon Hwa se encontrarían en el puente, para su segunda cita. La primera había sido en sencillas palabras; cómoda, para la muchacha, que tras tantos intentos había conocido un hombre que no la juzgaba y pensaba igual que ella.

Cuando llegó al puente, él ya estaba esperándola. Prolijo y elegante con un Hanbok azul marino que hacía destacar su cabello negro azabache. Sonrió y se apresuró a encontrarse con él.

— Buenas tardes Bon Hwa. — lo llamo por su nombre, porqué por decisión de ambos, dejarían la cordialidad. El hombre se giró y alargó una sonrisa.

— Oh, Ye-sol. ¿Cómo estás? — Ella soltó una pequeña risa y puso sus manos sobre el barandal rojo.

— ¿Te hice esperar mucho?

— Oh no, has llegado a tiempo. Vine media hora antes para pensar y disfrutar de la soledad en este día. El invierno llega, y pronto los días cálidos se irán.

— Esta bella vista será postergada unos meses. — Suspiró ella y desvió sus ojos al arroyo. — Es el arte de extrañar, cuando lo vuelves a ver después de tanto tiempo, parece verse más hermoso.

— Me gusta en los días cálidos y en los días helados. No hay forma que este lugar deje de maravillarme. — Comento él. Ella lo miró y al igual que la otra vez, Ye-sol noto esa melancolía en sus ojos. Se preguntaba por qué, ¿Qué tenía ese lugar?, ¿Era el puente o eran los recuerdos que había formado con otra persona?

— ¿Con quién solías venir antes? — Le preguntó con delicadeza, tratando de no ser demasiado directa como para asustarlo. El hombre se volteó a verla confundido y se alejó del barandal.

— ¿Qué?

— ¿Quién era?—Insistió.

Si iban a hacer marido y mujer, Ye-Sol quería saber si había alguien más en la mente del hombre, alguien que pudiera comprometer los sentimientos de Bon Hwa hacia ella.

El dejo escapar el aire y negó con la cabeza con una pequeña mueca en los labios.

— Nadie. No era nadie.

Ye-sol hizo una mueca. No le creía una sola palabra, pero no sé l

o haría saber, al menos ahora. Así que soltó un alto suspiró y golpeó con sus manos el barandal.

— ¿Quieres comer algo?— Le preguntó, aceptando la decisión del hombre.

Las calles estaban abarrotadas de gente. Ye-Sol admiraba las luces amarillas que iluminaban la noche y las risas lejanas de los hombres y mujeres. Una niña de cabello largo y suelto pasó por su lado corriendo entre carcajadas y la muchacha sonrió al verla desaparecer entre los mayores.

Bon Hwa la observó con sutileza y extendió una dulce y pequeña sonrisa. La muchacha era encantadora, desprendía un aura jovial y alegre como un jardín de coloridas flores. Se veía alguien muy joven para un hombre como el, pero su mente era atrapante para Bon Hwa, en poco tiempo había aprendido a conocerla y le agradaba que ambos sean tan compatibles. Sus padres decían que la compañía de una mujer en las decisiones del hogar era fundamental en un matrimonio. Y Bon Hwa quería pensar que no importaba si su corazón latía o no por Ye-Sol, solo importaba el trabajo en equipo que harían los dos.

La joven era ajena a los pensamientos del hombre, solo disfrutaba de una bella vista nocturna. — ¡Lárgate esclavo! —Escuchó el grito gruñón de un hombre. Ye-Sol fijo sus ojos castaños en el mercader furioso a dos tiendas más adelantes y vio como empujaba a un hombre joven de aspecto descuidado y humilde. Ye-Sol se llevó la mano al pecho, viendo como el joven retrocedía y sacaba de su bolsillo una manzana, y se agachaba frente a un niño escuálido de mirada triste. Ye-Sol avanzó más rápido, observando como el joven acariciaba la cabeza azabache del pequeño y le entregaba la manzana. La mujer se detuvo frente a la tienda de frutas y saco de su bolsillo unas monedas.

— ¿Me da seis de esas manzanas? —Le señaló las más rojas y jugosas.

—Lo mejor para la señorita. —Le sonrió el hombre gordinflón con una coqueta sonrisa.

Bon Hwa se puso al lado de la joven y ojeó las frutas.

— ¿Querías manzanas? —Le preguntó.

Ye-Sol vio que el niño y el joven estaban por marcharse y le extendió el dinero rápidamente para tomar la bolsa. —Gracias señor.

Bon Hwa se quedó perplejo unos segundos, viendo como la mujer se escabullía de su lado para perseguir a alguien o algo.

— ¡Oiga espere! —Exclamó Ye-Sol, estirando el brazo para poder rozar el hombro del joven. —Espe… —La castaña perdió el habla de la sorpresa cuando el joven se volteó. Sonrió al reconocerlo, ya lo conocía. Era el chico con el que había chocado en la coronación.

MinJoon la miró sin expresión alguna, comiendo la sorpresa por dentro. Era la misma mujer de la mañana.

— ¿Si señorita?— Pronuncio.

Ye-Sol extendió la bolsa y bajo su transparente mirada al pequeño por un breve tiempo. MinJoon atrapo esa expresión en su rostro y la examinó con curiosidad.

“¿Quién es esta inusual mujer?” Pensó.

Su semblante dulce y sus ojos humildes volvieron a él con una sonrisa, y sintió como sus dedos se enredaban en su muñeca para atraer su mano hacia ella. MinJoon expreso vivamente el asombro, notando como un desconocido calor se aferraba al lugar donde la mujer lo sujetaba con tanto atrevimiento.

—No lo vea como lastima, sino como agradecimiento por ayudar al niño. —Le dijo Ye Sol, mirando los ojos felinos del joven.

MinJoon vio el revuelto a las espaldas de la chica y como un caballo avanzaba asustado y descarrillado entre el gentío. El pelinegro tomó del hombro a la joven y la giró hacia donde él estaba posicionado. Un jadeo de sorpresa broto de los labios de Ye-Sol cuando sintió el movimiento y vio como el caballo se alzaba en toda su impotencia a las espaldas del joven.

La muchacha contempló su rostro pálido y sereno, trazado de finos rasgos que lo hicieron ver –por un momento- majestuoso. El caballo pisó el suelo con fuerza, levantando una humareda de polvo y MinJoon levantó su mano hacia el animal para calmarlo. El caballo relincho pero se dejó hacer cuando el joven siseó con suavidad.

Muy pronto los hombres a cargo del animal llegaron con sogas, y se llevaron al caballo.

—Gracias muchacho. —Le habían dicho repetidas veces.

— ¡Ye-Sol! —El llamado de Bon Hwa hizo a la joven abandonar su mirada del joven desconocido y reparar en su acompañante. — ¿Estas bien? —Le preguntó tomándola de los brazos, mientras la examinaba con ojos preocupados.

—Sí, el joven me saco del camino a tiempo. —Le dijo ella mirando con profundo agradecimiento al joven. Bon Hwa miró a MinJoon con alivio y le agradeció.

—Gracias.

El pelinegro asintió sin más, ya preparado para irse y ocultarse en algún callejón. Se había expuesto demasiado al atravesar la avenida del mercado principal y ahora tenía muchas miradas encima.

—Espere. —Lo detuvo Ye-Sol cuando vio que tenía la intención de marcharse. —Esto le pertenece. La joven le entregó la bolsa y MinJoon clavó sus ojos en ella, era un acto descarado mirar a una mujer de clase alta siendo del bajo pozo, pero quería recordar su rostro para tenerla presente y recordarla como el primer rayo de esperanza que había conocido. El mundo era oscuro y caótico, conocer a alguien de su posición siendo como el había soñado que todos actuaran en su utopía anhelada, era algo muy digno para ser olvidado.

—Gracias. —Le dijo.

Y por primera vez y con absoluta honestidad, MinJoon se inclinó ante alguien.

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