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   Capítulo 15 CAPITULO 14

EXILIADO:La sangre del monarca Por Agustina Almada Palabras: 15336

Actualizado: 2021-03-23 07:13


La mesa estaba en completo silencio.

El señor Kim se tomaba su tiempo antes de hablar. Masticaba tan lento que Ye-Sol moría más rápido de los nervios, su mente iba creando distintas posibles noticias, mientras que revolvía el arroz con impaciencia.

—Bueno, ya que estamos los tres aquí. Quiero informar una importante noticia. —El señor Kim dejo sus palillos y miró a su hija. Ye-Sol tragó saliva y apretó su mano debajo de la mesa. —Ye-Sol, tenemos la fecha tu casamiento con Bon Hwa. —El corazón de la muchacha dio un vuelco. —Me reuní con el primer ministro para acodarla hoy en la tarde. Ya que las clases de selección han finalizado, el señor Park se mostró ansioso por dictar la fecha.

Ye-Sol extendió una enorme sonrisa. Una felicidad chispeante la abrumo al compás que sus padres la miraban atónitos. La misma jovencita rebelde que se negaba a ofrecer su mano semanas atrás, ahora parecía que rebozaba de la alegría.

— ¿Y cuándo será padre? —Se apuró a decir.

El señor Kim sonrió y tomó la mano de su esposa sobre la mesa. Le dio una ligera caricia, compartiendo en ese acto sus sentimientos a su mujer. La señora Park contempló a su esposo con dulzura y le dio un suave apretón. Ambos estaban felices de ver a su hija –finalmente- salir de las alas de su hogar para formar su propia familia.

—La segunda semana de invierno, luego del casamiento del rey.

“Solo faltan tres semanas” Pensó la muchacha.

— ¿Puedo hacerme cargo de los preparativos? —Preguntó Ye-Sol. —Si voy a casarme quiero que sea bajo mi toque especial.

Los señores Kim se miraron con sonrisas en sus rostros y asintieron al mismo tiempo.

Edificio Gangnyeongjeon. Residencia del rey.

La reina corría por los pasillos de la residencia del rey, dejando atrás la compañía de sus damas. Sus pisadas resonaban en el vacío lugar, apenas habitado por un hombre a merced de la muerte. Entró a sus aposentos empujando la puerta con fuerza. Sus ojos buscaron desesperadamente al rey y corrió a él cuando lo vio postrado en su cama.

— ¡Junji!

El rey abrió pesadamente sus ojos y vio frente a él, a la mujer más hermosa que existía en la faz de la tierra. Sonrió con debilidad y alzó su mano para que ella lo sujetara. La reina sorbió su nariz y entrelazo sus dedos a los de su esposo, para llevarlo a sus labios y besarlos.

—No llores mi reina… He estado preparándote para este momento desde hace demasiado tiempo, mi muerte no será inesperada. —Le dijo el Rey, admirándola con tristeza.

—Tu partida me dolerá como si me hubieran arrebatado cruelmente de tu lado. —Unas cuantas lágrimas se desprendieron de sus ojos negros. —No cesara…

El rey respiró hondo y tosió al final. Una toz horrible y sangrienta que mancho sus labios de rojo. La reina se apresuró a tomar el paño húmedo al costado de su cama y limpio con suavidad la sangre.

—Si hay algo… si hay algo que me duele abandonar es a ti. Mi hijo mayor me ve como un viejo invalido y no ha venido a visitarme, y mi pequeño príncipe…—Una lagrima rodó por su sien y la reina sollozó. —Al menos poder reunirme con él. —Estaré sola, no sabré que hacer. Tú has sido mi confort en esta dolorosa vida como reina, ¿Qué hare ahora que mi hijo me da la espalda y tú no estás?

—Lo harás bien cariño. Eres la mujer más fuerte que he conocido. —Se rio dificultosamente y miró a la reina con amor, su otra mano acarició su mejilla y suspiró. —Se feliz en la vida que te espera, se feliz… La mujer apoyó su frente a la de su esposo y dejo caer sus lágrimas. Mordía sus labios para no desesperarse y se aferraba con fuerza a la mano del hombre.

—Mi hijo, mi Joon Gi. Estará tan contento de verme, puedo ver sus ojitos felinos mirarme con esa pureza tan resplandeciente que brotaba de ellos, quiero… quiero verlo. L-lo extraño tanto. —El rey comenzó a llorar, se estremecía bajo su esposa y ella finalmente dejo libre su llanto para acompañarlo.

El príncipe que recordaban, el hijo que anhelaban, seguía viviendo a fuego en sus corazones. Lo recordaban cada día y cada noche, dolidos por la espera de volver a verlo y sufriendo por el arrebato de una muerte tan trágica y prematura. La reina sentía su corazón despedazarse, primero se iba su pequeño Joon Gi y ahora su amado esposo. En cambio el rey tenía la fe y la alegría de reencontrarse con él y abrazarlo tan fuerte que nunca se marcharía de sus brazos.

—Dígale que lo amo, dígale que lo amo con toda mi alma. —Susurró la reina cuando ambos lograron silenciar sus llantos y apaciguar su dolor. —Y… te amo. Te amo Junji.

Pero no recibió respuestas. La reina se separó de su esposo, con el corazón en la boca. El rey estaba con los ojos cerrados y una débil sonrisa en la comisura de su boca. La reina palpó su pecho para sentir sus latidos, pero no hayo ni siquiera el subir y bajar de su lenta respiración.

Un alarido brotó de sus labios y llenó la residencia de una oscura agonía.

— ¡Mi rey!

Pero el hombre dormía pacíficamente, sin ningún rastro de dolor y feliz al reencuentro de su pequeño príncipe.

La oscuridad finalmente había posado sobre Joseon.

MinJoon descansaba en el techo de una posada, sus ojos contemplaban con deseo el palacio que se alzaba en el norte, mientras que sus dedos sostenían la manta que le cubría del frio de la madrugada.

—Estoy tan lejos y tan cerca… —Murmuró el joven, sintiéndose afligido por la triste noche que descasaba sobre el reino.

Se preguntaba cuando iba a ser el día que volvería a su hogar junto con sus padres y una Joseon libre de los poderosos malvados que la sometían. Se preguntaba si lo lograría y que haría cuando enfrente a su hermano mayor.

¿Le mataría? ¿Le perdonaría?

— ¿Tengo la fuerza de arrebatarte la vida como tu quisiste hacerlo con la mía? —Volvió a susurrar. Vio, en medio de las penumbras, a un eunuco sobre el tejado del edificio donde su padre descansaba. Su corazón dio un fuerte latido y su garganta se cerró. Se paró y vio como el eunuco flameaba la vestidura del rey.

Sus ojos se llenaron de lágrimas, su mano se aferró a su pecho con fuerza y deseo que no lo dijera, anhelo con todo su existir que el eunuco real no pronunciara…

— ¡Por favor regrese a nosotros rey!

MinJoon sintió sus piernas flaquear y se tambaleó hasta caer sentado.

— ¡Por favor regrese a nosotros rey! —El eunuco dejo ir el *gwanbok* volar al aire al unísono de un último lamento.

MinJoon agachó su cabeza y un entrecortado llanto broto de sus delgados labios. Las lágrimas se escurrieron como agua en sus mejillas y su corazón se estrujo tanto que sintió como se explotaba en su interior.

—P-papá… Te has ido pensando que estoy muerto… ¡Te has ido feliz de volver a verme en el mas allá! —Miró el cielo con dolor, mientras su saliva se juntaba en su garganta. — ¡Pero no estoy ahí, sigo vivo!

Un alarido desgarró sus cuerdas vocales, invocando una nueva herida a su quebrantada alma. La muerte de su padre. Taewon observó al príncipe con pena, froto sus parpados con los dedos para escurrir las lágrimas. Estando sobre un tejado lejano, en un sitio oscuro donde el príncipe no podía verlo, lloro en silencio por la tristeza que sentía hacia la familia real. MinJoon no le diría cara a cara que estaba vivo, se había ido del mundo demasiado pronto y Taewon sentía su dolor como propio, escarbándole el corazón sin piedad.

—Sigo vivo… sigo vivo…—Decía MinJoon entre susurros, abrazando su propio cuerpo como un niño. — ¿Te sentirás decepcionado si no me ves en el cielo?

La mañana siguiente el pueblo despertó de luto, la perdida circulaba entre los habitantes como un eco doloroso. El palacio se vistió de blanco, mientras que los que vivían al otro lado

de sus puertas habían detenido sus trabajos y rutinas para venerar la muerte del rey Junji.

— ¿El rey Junji falleció? —Los ojos de Ye-Sol se abrieron del asombro, al enterarse a primera hora de la mañana sobre su muerte.

Su padre asintió cabizbajo, había estado muchos años ofreciéndole sus servicios y la noticia le había caído tan pesada que no pudo evitar soltar algunas lágrimas. La señora Park abrazó a su esposo y Ye-Sol se llevó una mano a la boca, profundamente sentida por aquellos que hoy lloraban su partida.

La joven les dio privacidad a sus padres yéndose al patio y se sentó en el banco a pensar. El rey Junji había sido un rey débil en cuanto a su salud, y aunque todos sabían que no viviría más de cincuenta años, su muerte caía como un suceso repentino.

— ¿Se va señorita? —Le preguntó Ji-in al ver a la joven cerca de las puertas principales.

—Sí, iré a dar un paseo. ¿Vienes conmigo?

Su dama de compañía asintió con firmeza y se apresuró a llegar a su lado. Las dos mujeres salieron de la casa Kim a pasos suaves. Ye-Sol rechazó el palanquín diciendo querer observar con plena libertad al pueblo. Caminaron en silencio hasta llegar al mercado, estaba todo cerrado pero aun iba y venía gente.

—No sé si son mis ojos, pero todos se ven bajo un aura gris. —Dijo la joven.

Ji-in asintió con un suspiro lastimero. —Me imagino como estará su familia. Han de estar destrozados. —Seguro que sí.

— ¿Qué pasara con el casamiento del Rey Kwang? ¿Se alargaran los días para su realización? Ye-Sol no supo que contestar, no por no saber, sino por distraerse con una silueta familiar. A unos pasos lejos de ella, estaba el joven de las manzanas. Estaba cabizbajo y se tambaleaba como si no tuviera la fuerza de caminar correctamente.

MinJoon tenía las mejillas pegajosas y la mirada perdida en el suelo. Había decidido ir solo a la posada, ordenándole a Taewon que no lo siguiera ni en las sombras y se vaya directo a cumplir lo que debía hacer. No estaba consciente de lo que hacía ni para donde iba, solo vagaba como un fantasma perdido. Esa fue la causa por la que choco duramente contra alguien, apenas pudo alzar la mirada, porque ya tenía encima un funcionario furioso.

— ¡Pídeme disculpas! —Bramó.

Pero MinJoon no reaccionaba.

El funcionario, irritado y ofendido por su falta de respeto, tomó el látigo que tenía su sirviente para guiar el caballo, y lo alzó contra él. MinJoon oyó el quiebre del viento y cuando elevó la cabeza vio lo que sucedía. Se cubrió con los brazos y gimió de dolor cuando la soga flexible hirió su piel, quemándole por el fuerte azote. Sus rodillas cayeron al suelo por lo débil que estaba, y vio como la tela de sus delgadas mangas se manchaba de sangre. El olor le impregno la nariz y mordió su labio inferior.

— ¡Levántate campesino! —Le gritó el funcionario.

La gente hizo oídos sordos a la situación y siguió de largo como acostumbraban a hacer en esas situaciones. No era apropiado meterse en esa clase de asuntos, nadie quería entrometerse y salir perjudicado. MinJoon trató de levantarse, ignorando el dolor de sus heridas, pero fue azotado por segunda vez. Su espalda ardió y jadeó.

— ¡Oiga déjelo! —Ordenó la joven Kim, tomándole del brazo al funcionario. El hombre enfrento cara a cara a la muchacha y ella apretó sus dientes con furia. —Si vuelve a azotarlo, le arrebatare el látigo y lo castigare el doble. —Lo amenazó, clavando sus uñas en la piel del funcionario. — ¡Tu niña insolente! —El hombre la zamarreó y Ye-Sol pisó su pie para librarse de sus violentas sacudidas.

— ¡Es a ti quien deben castigarte! ¡Eres una vergüenza para tu familia!

MinJoon veía todo desde abajo, reconociendo a esa jovencita con la que se había cruzado ya dos veces. Estiró su brazo para tomar la pierna del hombre y evadir su atención de la muchacha, pero sus dedos apenas rozaron la tela.

Ye-Sol no hizo ningún sonido cuando fue tomada por los brazos, pero Ji-in pegó el grito al cielo y golpeó al funcionario con una caja de madera que había encontrado a las afueras de un pequeño mercado de verduras.

— ¡Ji-in! —Exclamó la castaña. Su dama de compañía la corrió hacia detrás de su espalda y alzó la caja en alto para defenderla.

— ¡Usted abusador! ¿¡Cómo se atreve a tocar a una mujer?!

El funcionario entre gruñidos se cubría la herida de la parte trasera de su cabeza. Sus dedos se afirmaron al látigo y Ji-in vio como el arma se dirigía a ella, cerró los ojos más que dispuesta a recibir el golpe pero un ahogado sonido de dolor broto de los labios de otra persona.

MinJoon abrió los ojos, con la mano estirada hacia el funcionario, a quien había intentado detener. Su poca estabilidad por los golpes y lo bajo que tenía el alma para arrastrar su propio cuerpo, no llegó a tiempo para prevenir el azote.

Ye-Sol soltó un par de lágrimas y la gente alrededor finalmente hizo caso al escándalo.

—Se puso a ella misma para proteger a su dama de compañía.

— ¿De verdad se rebajó a defender a esa mujer pobre?

—Es la hija de la familia Kim, un bicho raro.

—Dios mío, esa mujer está loca.

Los cotilleos eran claros, pero nada le afectaba más a la joven que ver como un abusador golpeaba a los más indefensos solo por su clase social. Así que las heridas en su espalda no dolían tanto, porque por primera vez pudo sentir –al menos una parte muy pequeña- el sufrimiento que padecían los humildes del reino por causa de personas como ese cruel funcionario.

—S-señorita. —Balbuceó Ji-in tomando a la mujer en sus brazos. — ¿Por qué hizo eso? Yo no soy nadie pero usted… por dios.

MinJoon pudo recuperar algo de fuerza, y volteó al funcionario para arrebatarle el látigo de las manos y lanzarlo lejos.

—Y-yo no quería. —El hombre comenzó a temblar. —E-ella se interpuso, no iba a golpearla. Yo no…Como una cucaracha se metió entre el gentío y huyo del lugar. MinJoon tuvo que reprimir el deseo de detenerlo, y posar sus ojos en la joven la cual parecía coincidir con él en más de una ocasión.

—Estoy bien, no duele tanto. —Ye-Sol no permitió usar de bastón a quien consideraba su amiga, y se puso recta ella sola.

—No, mire está herida. Por dios, ¿Por qué hizo eso? ¿No es consciente de que familia proviene? —Se lamentaba Ji-in mirándole la espalda, notando como la sangre manchaba ligeramente su ropa.

— ¿Dónde estaría mi honor si no hubiera hecho nada?

—Señorita. —MinJoon se metió en la charla, y la miró con inquietud. —Déjeme ayudarle, la llevare a su casa. “Es lo menos que puedo hacer” Pensó el pelinegro.

—No hace falta, yo…

—Si por favor, ella no cederá. —Intervino Ji-in. —Pero no podemos llevarla a la casa, no pueden verla así. MinJoon sujeto el brazo de la mujer y Ji-in del otro. Ye-sol sintió ante la cercanía del muchacho, el tenue aroma a mibun y fijo sus ojos en su rostro con sutileza. Ella era más baja que el por unos centímetros y tuvo que alzar el cuello para mirarlo, pero choco con los ojos negros de MinJoon y desvió la mirada con vergüenza.

—Le pagare una posada para que pueda limpiar sus heridas. —Dijo MinJoon tan firme que aunque Ye-Sol quiso negarse, el volvió a decir. —No lo rechace, déjeme ayudarla.

Caminaron aguantándose el dolor. MinJoon alzó la cabeza en un momento, para ver el cartel de la pobre posada donde él y Taewon descansaban por esos días. Sus ojos chocaron con la figura de una mujer de mayor vestida formalmente, pero con una capa blanca sobre ella, parada frente a la entrada. MinJoon frunció el ceño. ¿Qué haría una mujer sola en un lugar como este?

— ¿Señora? ¿Necesita algo?

*Tipo de gwanbok hecho para los reyes, de tela roja con bordados de hilo de oro en representación a los dragones*

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