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   Capítulo 16 CAPITULO 15

EXILIADO:La sangre del monarca Por Agustina Almada Palabras: 12052

Actualizado: 2021-03-24 05:42


Lo venía siguiendo desde hace unas cuadras atrás, sigiloso entre los callejones con la identidad oculta. El viejo Shin cojeaba avanzando calle abajo, para llegar a su casa. Deseaba sentarse y beber una caliente taza de té y quizás, leer algún libro. Estaba muy grande para las viejas hazañas, esas que tanto reconocimiento le habían dado en el pasado. Así que ni se inmuto cuando se percató de que lo seguían. Fuera quien fuera, ¿Qué podría hacer un hombre cansado e inválido como él?

— ¿Qué es lo que busca? —Detuvo su caminar y dobló el cuello a sus espaldas, clavando la vista en la pared de madera húmeda que formaba un escondite.

En una brisa de viento, Taewon se le apareció. Shin abrió los ojos asombrado, sabía que era alguien que no lo mataría –sino hubiera perecido muchas calles atrás-, pero encontrarse con Taewon luego de tantos años le hizo estremecer.

—Señor Shin. —El joven hizo una reverencia.

— ¿Qué haces aquí Taewon?

—Interrogué al encargado del restaurante Jangmyeon. Sé que usted tiene más información, lo ha interrogado.

— Ven, ocúltate y sígueme.

El viejo Shin no esperaba que se movieran a la capital tan pronto, porque claro, si Taewon estaba aquí, el príncipe Min también. La situación en la oscuridad de Hansung era difícil de ignorar para los interesados en los pasos dos de las organizaciones más poderosas del reino, y el señor Shin sabía que el príncipe Min andaba tras sus movimientos. Así que al fin al cabo, debía resignarse a la sorpresa y aceptar que más temprano que tarde, el muchacho saldría de las sombras.

Taewon se adentró a la húmeda casa del hombre, agachando un poco la cabeza al atravesar el umbral de la entrada.

— ¿Ha estado aquí todo este tiempo? —Le preguntó el joven, inspeccionando el pobre y polvoriento lugar. —Recuerdo que vivías en una hermosa residencia cerca del palacio.

—Me declare en banca rota y vine a los suburbios, no soporte tantos lujos tras lo sucedido con el príncipe Min.

—Sabe que no fue su culpa…—Le dijo Taewon, tomando asiento. Miró al señor Shin con pena. Los días de gloria del hombre habían acabado estrepitosamente y ahora se veía como un olvidado anciano, viviendo con una carga que no le pertenecía pero que sintió tan personal que no pudo superarla.

—El príncipe Min está marcado. —Los ojos tristes del hombre, le revolvieron el estómago al joven. —Me despiertan sus gritos, debí haber hecho más.

—Lo salvo. Aseguro un destino distinto para Joseon y para su vida.

—Esos viejos cascarrabias con sus leyes son los que me torturan, no permitirán un rey con una marca en la piel.

—Su Alteza es ambicioso, no lo detendrá la palabra de los ministros. El príncipe no le teme a nada con tal de conseguir el trono.

El señor Shin asintió con pesar. —Eso es lo que me inquieta. Tiene la ferocidad de un tigre, no se doblegara ante nadie.

Taewon concordó en silencio con el hombre y junto sus manos sobre su regazo para hablarle del asunto por el que se reunían.

— ¿Qué conexión tiene Eunhwa sal con la orden de la serpiente?

El viejo Shin tomo asiento frente a él y dejo su bastón apoyado en la mesa.

—Han estado reuniéndose mucho antes de que vinieras. Esta es la tercera vez que lo hacen, son los mismos cuatro y en sitios particulares. —Shin sacó una hoja arrugada de su bolsillo y la extendió sobre la mesa. Taewon se reclinó y vio el mapa de la capital. Tres círculos de tinta rodeaban tres restaurantes en específico.

—El dueño es el mismo. —Dijo Taewon. —Le pertenece a Park Jiho.

—El hermano del primer ministro, con quien tiene una buena relación.

Taewon llevó sus dedos al mentón.

— ¿Cree que lo sepa?

—Park Jiho es un charlatán con dinero, el verdadero cerebro esta detrás, el primer ministro es un hombre astuto, pero lo que planee con esa unión es un peligro enorme.

— ¿Esta seguro que el primer ministro está metido?

—Lo he estado siguiendo. Aspira a que su hija se case con el rey, y lo lograra porque la señorita Park es una mujer tan ambiciosa como él. —Taewon asintió, estaba al tanto de la selección y quien era la más probable a ser la reina. —Pero con la conexión con el rey tiene más poder del que pudiera pedir, ¿Qué haría un ministro con la alianza de dos poderosas organizaciones?

—Es más poder del que puede controlar.

—Pero el rey puede hacerlo. Así que pensé, ¿Qué tal si el señor Park es solo una pieza manejada con por su majestad para conseguir el poder absoluto?

—Eso tendría más sentido. Su majestad es un hombre deseoso de obtenerlo todo, nunca acepto que Eunhwa sal y la orden de la serpiente ejercieran presión sobre el trono. Querrá derribarlos a todos para ser el único capaz de controlar el reino. —Lo que falta es saber que exactamente quiere lograr con esta alianza. Así que ese es tu trabajo muchacho.

Lo había imaginado, más nunca lo había sentido en carne propia. A la joven le dolía mas la conciencia de saber que algunos padecían duros castigos de azotes, antes que la herida en su espalda. No se sintió merecedora de emitir algún sonido de queja, así que presiono sus labios en una delgada línea y estrujó la tela de su falda.

—He visto niños ser golpeados y hombres y mujeres mayores… Me siento mal quejándome solo por una, que debe ser un rasguño a comparación de los suyos. —Expresó la joven en un hilo de voz, mientras sentía el frio paño húmedo limpiar la herida.

—Tiene un corazón enorme señorita, pero no puede arriesgarse así. Gente como yo somos peones, insignificantes y portadores de servicios a la gente poderosa. Usted no debió haberse rebajado, su clase le perderá el respeto y le traerá problemas a su padre.

—Podre con las consecuencias, me hubiera dolido mas no haber hecho nada. No soy esa clase de mujer Ji-in y no poder abandonar esas cualidades aunque me apedreé media cuidad.

Ji-in se rio y aflojo su actitud. —No sea exagerada, nadie podría herir a propósito a alguien como usted. —Dejo el paño en el recipiente de agua tibia y tomó del ungüento que le había prestado el joven para aplicarla en la herida. —E

se joven… ¿Lo has visto bien?

Ye-sol apuntó la vista en la puerta de la pequeña dormitorio. ¿Si lo había visto bien? ¿A qué se refería?

— ¿Qué tratas de decir?

—Conozco a la gente de mi clase, y al joven se lo ve muy cuidado, su piel se ve suave y tersa. Ye-sol recordó el aroma dulce que desprendía el joven cuando se acercó a ella. Era maquillaje, sin lugar a dudas, lo reconocía porque lo usaba y su fragancia era difícil de ocultar.

—Quizás solo cuida su piel. —Acotó.

—Un hombre pobre no tiene su piel como prioridad. —Se rio suavemente. — No me haga caso señorita, no es importante teniendo en cuenta que ahora debemos cubrirla de sus padres.

“Oh mis padres” Pensó la chica, estrujando sus dedos en la falda de su regazo. ¿Qué haría con ellos? Las noticias vuelan rápido, si se enteraran…

Sintió el ajuste de la venda cuando se levantó. Ji-In comenzó a guardar todo en una pequeña caja que le pertenecía al joven, y que les había prestado. Ye-Sol suspiró arreglando un mechón rebelde de su cabello, ni los productos más fijadores ni el mejor peine lograban mantener un peinado decente. Cualquier mujer que conociera salía de su hogar en punta en blanco y volvían igual, ella se despeinaba a mitad del camino, volvía herida y traía consigo un manojo de nervios comiéndole los pies.

—Déjame que lo se lo llevo. —Le dijo Ye-Sol tomando de las manos de Ji-in la caja de primeros auxilios.

— ¿Esta segura?

Asintió. Le preocupaba el cómo estaría curando sus propias heridas, sin medicina y sin nadie que lo ayudara. Ye-Sol salió de la habitación y miró a su izquierda, donde el joven les había dicho que estaría. Tocó la puerta un par de veces, recibiendo un entrecortado y agitado “¿Quién es?” —Soy Kim Ye-Sol, vengo a dejarte tus medicinas.

MinJoon respiró hondo antes de levantarse del banquito de madera y caminó a la puerta para abrir solo el espacio para sacar la mano.

—Gracias. —Le dijo ella, mordiendo sus labios al ver su mano ensangrentada. “¿Tan fuerte lo ha golpeado?”

—Gracias a usted. Ese hombre se hubiera desquitado duramente conmigo si no hubiera intervenido. — ¿Podrá curarse las heridas usted solo?

MinJoon no pudo retener su lengua. — ¿Por qué me trata como si fuera igual a mí? —Porque lo es, es igual a mí.

MinJoon sonrió de forma tenue, al otro lado de la puerta. Su utopía permanecía en el cuerpo de una joven noble, y eso le hacia admirarla. Ella era lo que MinJoon soñaba para su reino, el ejemplo que deseaba demostrar y ejercer en su mandato.

— ¿Me diría… me podría decir su nombre? —Volvió a hablar Ye-Sol. Ella se había presentado, pero desconocía aun el nombre del joven.

—Soy Min…

— ¡Señorita! Debemos irnos pronto. —Ji-In se llevó a la fuerza a la joven, al darse cuenta del horario. —Espe…—Fue muy tarde. Ye-sol era arrastrada por una jovencita eufórica, mientras en su mente solo divagaba el nombre de “Min”.

MinJoon cerró la puerta y volvió a pasos lentos a su banquito para curar las heridas de sus brazos. —Kim Ye-Sol. —Pronunció al vacío, luego de largos minutos de reflexión.

El rey jugueteaba con la pluma, mientras veía a Park Hwan erguir su cuerpo de una reverencia.

— ¿Y bien?

—Ha defendido a un joven campesino del azote del funcionario Lee Siu, fue maltratada por él y su dama de compañía la defendió.

El rey alzó sus ojos, sintiendo un sabor amargo como la hierba nacer en su lengua.

— ¿La maltrato?

—Lee Siu iba a azotar a la mujer, pero la señorita Kim intervino y fue golpeada en su lugar. Su dama de compañía y el joven la llevaron a una posada. Ella salió hace media hora del establecimiento hacia su hogar. Kwang apretó tan fuerte la pluma que la rompió en dos.

— ¿Por qué se mete en problemas ajenos?—Musitó con rabia. Su entrecejo fruncido y sus ojos oscuros flameantes del enojo penetraban la madera de su escritorio. “Quizás el golpe le deje una marca, ninguna reina debe tener marcas en su piel” —Ese infeliz no supo mantenerse al margen y actuó como un idiota. —Golpeó la mesa. —Se lamentara haberse dejado llevar por el impulso.

— ¿Desea que haga algo contra el señor? —Le preguntó Park Hwan sin mirarlo.

—No, me encargare yo de él. Puedes retirarte.

“Esto afectara a la familia Kim” Pensó el rey.

—Sí señor.

—Esa mujer me es totalmente impredecible, será difícil de manejar, pero su fortaleza me ayudara si está a mi lado. —Dijo el rey una vez su espía abandono su oficina. Sacó una pluma del cajón y una hoja, trazó en una fina caligrafía su próximo paso en el tablón del juego.

—Entonces Park Jiho y el primer ministro están relacionados, y por una fuerte sospecha del señor Shin, mi hermano es la cabeza de todo. —Concluyó MinJoon, mientras sentía las heridas de su espalda escocer ante el líquido desinfectante que Taewon le aplicaba.

—Sí, habrá que investigarlos de cerca. Si el rey quiere tomar todo el poder, nadie podrá hacerle frente. MinJoon afiló su mirada a la ventana. —No creo que los jefes lo sepan. Ellos han renegado estar bajo el poder de la realeza por años, así que no es tan fácil convencerlos.

— ¿Crees que son traidores?

—Tenemos que tener vigilado el palacio por dentro, hay que averiguar que trama el primer ministro y mi hermano ahí adentro.

Taewon comenzó a vendar la espalda del joven. —Sera difícil entrar, tenemos que tener un aliado ahí adentro mientras investigamos a Eunhwa sal y la orden de la serpiente.

MinJoon descubrió el collar que se enredaba a su muñeca. Giró el dije del lobo y la pequeña piedra negra incrustada se iluminó de color rojo al toque de la luz de la luna.

—Lee Dong ju. ¿Dónde está ahora? —Le preguntó MinJoon con una idea en su mente.

Taewon despegó sus manos del cuerpo del príncipe y MinJoon se reincorporó para tomar su camisa y ponérsela.

—Fue el guardia real de su majestad el rey Junji, ahora habrá sido ascendido.

—Entonces es el guardia de mi hermano. —Murmuró. —Lo investigare por mí mismo, quizás pueda servirnos. —Dijo en voz alta.

“Puede que este sea el momento que me has dicho Lee Ki Young”

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