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   Capítulo 17 CAPITULO 16

EXILIADO:La sangre del monarca Por Agustina Almada Palabras: 9994

Actualizado: 2021-03-28 07:45


La dama superior de la reina entro con la cabeza gacha y semi encorvada a los aposentos de la reina. La mujer de largos cabellos negros, poso sus felinos ojos en la mujer y se levantó de su lugar de descanso. — ¿Y? —inquirió la mujer, arrastrando su vestido de seda de dormir hacia la dama superior. —Se parece al del dibujo, sin duda, he visto sus ojos… son iguales a los de usted su majestad. La reina se descompenso por un efímero momento, y entrelazo sus manos en un agarre fuerte. — ¿Estas segura? —Vino para la coronación del rey, lo he estado siguiendo desde ese día. El y otro hombre están en una vieja posada en la zona baja. Es astuto, supo que alguien lo observaba. —Y eso que eres la mejor para infiltrarte. —Dijo la reina dándose la vuelta, para volver a su cama. —Si es el príncipe Min, y está aquí por Kwang, tendrá algo en mente. No imagine que tardaría tanto, pero si sabía que volvería para la coronación de su hermano. — ¿Cree que venga para quitarle el trono?—Sí, pero no hoy. Le dejara disfrutar su sueño un poco más y le arrebatara la corona con la ferocidad de un tigre. Cuando de peligro se trata, mi hijo Joon Gi es a quien hay que temer. —Clavó sus ojos en la dama superior. —Contáctalo. La dama superior hizo una reverencia. A las afueras del aposento de la reina, una sombra se movió con agilidad, en rumbo a la residencia del rey.

A primera hora de la mañana el señor Kim recibió una carta del mensajero real. Con un profundo asombro y ansias de descubrir su interior, se dispuso a leerla sentado en el porche de la casa. Lo abrió con cuidado y leyó. “Lo invito cordialmente a beber una taza de té con el rey, a las ocho.” Y abajo, el sello real. No le era extraño que recibiera una carta, ni que fuera llamado por el rey. Era el consejero, así que las charlas privadas sobre los asuntos del estado eran comunes. Así que sin más se levantó del porche, justo cuando una apresurada Ye-Sol se ponía los zapatos en el primer escalón. —Buenos días padre. —Le dijo y bajo los escalones. — ¡Nos vemos en el almuerzo! —Gritó antes de abrir las puertas y desaparecer a toda velocidad. —Esta niña. —Negó entre un murmullo.

—Ya era hora de que llegara señorita Kim. —Le dijo la dama superior a la castaña una vez que atravesó la entrada al salón donde habían pasado tantas clases. —Tome asiento. —Si señora. —Dijo haciendo una reverencia, y fue a tomar su lugar, junto a dos muchachas con las que nunca había intercambiado palabras. La reina y la reina madre atravesaron el umbral en toda su majestuosidad. La reina, una mujer de aspecto aun joven y cuidado, con sedoso cabello color cuervo y los ojos afilados y oscuros como un abismal vacío, se posaron en cada señorita, reparando por un segundo, en la joven Kim. Todas estaban con las cabezas gachas, rindiéndoles respeto. Detrás de la reina estaba la abuela del rey Kwang, ya con años encima, pero portando una belleza muy propia de la familia. Su cabello era marrón oscuro y sus ojos cristalizaban un dulce tono miel. Al contrario de la reina, quien poseía una hermosura desafiante, la reina madre trasmitía calidez y flexibilidad. —Pueden levantar sus cabezas señoritas. —Ordenó la reina con el mentón en alto, tomando asiento frente a ellas. Al mismo tiempo, acataron la orden, pero ninguna de ellas las miró a los ojos. Solo una curiosa Ye-Sol, quien moría de ganas por confirmar los rumores del palacio. ¿Era cierto que la belleza de la reina era sin igual? ¿Qué sus ojos te veían en alma en un solo toque? La castaña atisbo el rostro de la reina en una milésima de segundo, corroborando muy apenas si esos dichos eran ciertos. —Como sabrán. La elección de la futura reina de Joseon ya está decidida. —La reina observó a la mujer. — La señorita Park Haneul fue seleccionada como la esposa del rey. Una diminuta sonrisa se formó en los labios de la nombrada. —Agradezco a todas las candidatas por su tiempo y esfuerzo, sé que para algunas, más que otras. —Sutilmente la reina miró a la joven Kim. —Ha sido difícil este camino. “Y aun así, el rey prefiere a la joven menos apta” Pensó la mujer. ¿Qué tenía aquella muchacha que había atrapado a su frio hijo de tal forma? Quería descubrirlo.

Ye-Sol salió algo aturdida al patio principal. Se llevó las manos a sus mejillas y exhaló profundo, había sido muy cargado el ambiente ahí adentro y aun temblaba por lo tensa que estuvo. La reina se dirigía al pabellón continuo y la vio. — ¿Por qué Kwang apela por esa mujer? —Dijo en voz baja. Ye-Sol se estiró y elevó sus ojos a la muralla del pabellón. “Que sueño tengo” Pensó mientras relajaba sus hombros. Pero entonces, vio un destello sobre la muralla del frente principal, junto a la torre de vigilancia. Sus ojos se abrieron como platos cuando distinguió la punta de una flecha. Pero no la apuntaba a ella, sino… — ¡Cuidado! —Gritó y corrió hacia la reina con todo lo que sus piernas le permitieron. Se abalanzó a la reina, y el tomo de los brazos para correrla del camino

. Sintió el viento quebrarse junto a su oído y su trenza desprenderse. Fijó sus ojos en la dirección donde la flecha provenía y exclamó. — ¡La reina está en peligro! La reina estaba perpleja, siendo sostenida por las manos de esa joven temeraria que se había lanzado a salvarla. Vio la flecha clavada en el suelo, con el rastro del cabello castaño de la muchacha. — ¿Esta bien su majestad? —Ye-Sol se reprimió a quedarse prendida de las misteriosas –y finalmente rebeladas- facciones de la reina. La mano de la mujer se aferraba a ella con fuerza y temor, Ye-sol entendió el miedo que nacía de sus ojos azabaches, así que le sonrió. —No le harán daño. Sus damas la separaron de la joven y la arrastraron cuando ella había dado el grito, y los guardias salieron de sus puestos para protegerla, dejando a la señorita Kim lejos de su campo visual. Ye-Sol sintió el recuperar el aire cuando vio a la reina fuera de peligro y afilo sus ojos en la flecha que había caído, se aproximó y se agachó a tomarla. — ¿Quién querría matar a la reina? —Murmuró. La reina fue encerrada en sus aposentos y se abrazó a si misma con miedo. Quisieron matarla. De no ser por esa muchacha… estaría muerta. Recordó la agilidad y rapidez de la mujer para quitarla del camino, así como la dulzura que había tenido para intentar calmarla. Su primogénito habrá visto lo mismo que ella había notado, una mujer fuerte. Los ojos eran la ventana al alma, y la reina pudo ver en los ojos de esa joven, la fortaleza que resguardaba. —Kim Ye-Sol… —Se llevó las manos a su pecho. —Quiero que busques a mi hijo. Hay espías en el palacio, lo de hoy no fue para matarme, fue para advertirme. Ve en busca de Joon Gi. —Le ordenó a su dama de compañía.

Dong ju fue movilizado a la residencia de la reina cuando dieron la orden de protegerla. Apenas puso un pie, vio a una joven noble siendo encasillada por dos guardias, según entendía, ella había visto la flecha y salvado a la reina. — ¿Desconfían de mí solo por ser una mujer? ¿Quién piensa que soy? ¿Una ignorante y ciega? —Una mujer como usted, ¿Tan astuta como para ver al atacante antes que nuestros guardias? Eso la pone en una difícil situación. —A mí no, a ustedes mismos. Acepten su incompetencia, en vez de descalificarme y acusarme como una criminal. Dong Ju se puso al lado de sus compañeros y la mujer lo enfrento duramente. El joven vio su disposición a atacarlo si el abría la boca a favor de los guardias. No dijo nada y miró el lugar donde había venido la flecha, luego la observó a ella. Era absurdo pensar que sería la culpable de algo si salvo a la reina. — ¿La flecha donde esta? —Preguntó Dong Ju. La inspeccionó cuando se la dieron, y vio las plumas del arma. Su color y textura se les hacía vagamente familiar, reconoció recordarlo de algún lado, ¿Pero de dónde? Detectó un movimiento rápido que le hizo alzar la cabeza. Vio a la dama superior escabullirse de la residencia y moverse con apuro a la salida. Esa acción le dejo una mala vibra y le dio la flecha a su compañero de la izquierda. —Gracias por la información señorita, puede volver a su hogar. —Le dijo. Ye-Sol asintió sin más, y lanzándoles unas furtivas miradas a ambos guardias que habían dudado de ella, se volteó en dirección a la entrada principal del patio. Dong Ju se alejó de sus compañeros y con suma cautela se fue por la dirección donde la dama superior y la muchacha se habían ido.

—La señorita Kim se interpuso. —No importa, solo quería asustar a mi madre. Creerán que fue un don nadie atacar a plena luz del día, no es una acción sensata. Y con esto hecho, echare a todos los guardias de la reina, su incompetencia será motivo suficiente para reemplazarlos. — ¿Y Lee Dong Ju, su majestad? He visto que ha seguido a la señorita Kim. Creo que sospecha de ella. —Ese idiota solo estorba, si la culpa y la difama solo le traerá problemas. ¿Sabes si sigue con su investigación? —Parece que se ha dado por vencido, no vi ningún movimiento sospechoso hace días. El rey asintió y bebió un poco de su taza de té. —Bien, veamos cómo se desarrollan las cosas ahora. Puedes retirarte. Su madre era una mujer silenciosa, Kwang sabía que incluso eso, era peligroso en ella. No era una mujer sumisa, su carácter le recordaba a la de la joven Kim, esa fortaleza y astucia guardada en unos ojos dulces. No le sorprendía los planes de su madre, pues ella, más que nadie, sabía lo que había pasado esa noche. Él no lo supo por mucho tiempo, hasta que se enteró que la que le había descubierto fue la reina y no su hermano en primera instancia. Pero por algún motivo ella había guardado ese secreto para sí, buscando al príncipe y negándose a creer su prematura muerte. ¿Por qué? ¿Por qué no delataba la verdad? El rey dejo la taza y abrió el cajón de su escritorio. Sacó de un compartimiento oculto, una insignia, similar a una moneda, pero con más tamaño. La inspeccionó y la apretó en la palma de su mano. —Solo tu muerte me librara de este pesar. —Dijo en voz baja.

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