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   Capítulo 18 CAPITULO 17

EXILIADO:La sangre del monarca Por Agustina Almada Palabras: 6468

Actualizado: 2021-03-31 00:35


Iba vestida de campesina. Kim Ye-Sol no sabía porque, pero la había visto entrar y salir de una tienda de telas, oculta en una cuadra vacía cerca del mercado. Su curiosidad la llevó a desviarse del camino a casa y seguirla con precaución. La dama superior caminaba rápido como si temiera no poder llegar a su destino y Ye-Sol vio la urgencia con la que se manejaba, se asustó. ¿Tendrá que ver con la reina y el ataque? La muchacha sabía que no le incumbía, pero aun así doblo por el callejón y adelanto el paso con apuro. Un guardia real que las había seguido, se detuvo tras una pared húmeda de madera y observó la espalda de la joven. Antes no hubiera sospechado, pero ahora la duda le tocaba la puerta y no podía evitar cuestionar la honestidad de la mujer. Ye-sol oyó un crujido a sus espaldas y su corazón dio un vuelco. El pánico de ser perseguida le susurró al oído y sus latidos enloquecieron. Ella había salvado a la reina ¿Y si la buscaban y mataban por interferir? Ye-sol llevó las manos a su boca cuando sintió los pasos. Los ojos se le llenaron de lágrimas y se vio imposibilitada para mover siquiera un dedo.

MinJoon mantuvo la mirada alzada a la vacía calle, percibiendo a lo lejos el repiqueo de unos apresurados pasos contra la tierra. Una mujer con el rostro cubierto y las vestiduras de una campesina corría como si su vida dependiera de ello para llegar hasta él. MinJoon no supo cómo reaccionar al momento que sus ojos afilados se conectaron con los de la mujer, ella lo miraba fijamente con una gran preocupación. MinJoon entreabrió los labios y justo ahí, cuando ella iba a detenerse, una flecha se clavó en el pecho de la mujer. La vio desplomarse sin vida, sus ojos abiertos de la inesperada sorpresa de la muerte y la sangre cubriendo poco a poco todo su torso. MinJoon vio a los lados de la calle con el miedo carcomiéndole los pies, su agitada respiración se oía como el único ruido en esa silenciosa calle y sin pensarlo más, corrió hacia la mujer. La tomo entre sus brazos, le descubrió el rostro y quedo helado. Los rasgos ya avejentados de la mujer le hicieron reconocerla. Su semblante había envejecido bastante pese a haber pasado cuatro años, pero seguía siendo reconocible a sus oscuros ojos. Era la dama superior de su madre. Lo había encontrado. —S-su alteza… —Ella apenas murmuro. Sus ojos se llenaron de lágrimas al ver de nuevo al príncipe. Ahí, tan parecido a su madre pero con el rostro de un fuerte guerrero. No había muerto y quería decirle que su madre, la reina, pensaba igual. Quería decirle que tuviera cuidado y que con urgencia debía comunicarse con la orden del Lobo Blanco. Quería confesarle el último deseo de su padre y verlo gobernar como el rey que siempre supo que seria. Quería tantas cosas, pero quiso tanto que solo pudo llorar en silencio los últimos segundos de su vida. Y MinJoon sabía que había palabras atascadas que jamás saldrían y lloró por ella, lloró por todo eso que no pudo decir. Sus manos la agarraron desesperados por traerla devuelta, quiso con anhelo que abriera los ojos, apretó la herida para detener el rio de sangre y vio la flecha…La flecha. Esa flecha que representaba quien tenía el poder en Joseon, esa que no temía ni de él ni de ning

ún otro. Había tenido la desfachatez de aparecerse y asesinar a quien había sido su cuidadora, sin titubear y burlándose del príncipe. Porque MinJoon sabía que ahora no podría hacer nada y ellos también lo sabían. Entonces solo quedaba un enredo de sentimientos sin salida y lágrimas rebosantes en un rostro pálido. ¿Qué debía hacer ahora? Kim Ye-Sol fue arrastrada por Dong Ju hacia la calle. La mujer presa del terror reciente y el enojo aún más nuevo. Se sacudió de su agarre para liberarse. El hombre la había asustado e interrogado y ante sus negaciones, no hizo más que sujetarla y privarle de su libertad hasta marchar con el Jefe de guarida real para demostrar verídicamente su inocencia. — ¿Qué?... —Musito Ye-Sol cuando vio al pelinegro y a un bulto entre sus piernas. La mancha sangrienta bajo sus cuerpos desconcertaron a ambos pero ye-Sol aprovecho eso para librarse y correr hacia el joven. A medida que iba, comenzaba a reconocer las vestiduras del cuerpo herido, a sentir el aroma metálico y a oír los sollozos. Abruptamente se detuvo a un paso de distancia, sus ojos castaños contemplaban estupefactos el cuerpo de la dama superior. — ¡Oigan! —El gritó de Dong Ju hizo despertar al príncipe de su agonía y levanto sus ojos hacia el guarida que corría hacia él. Sus dedos se deslizaron a la espada al costado de su cadera y lo espero. — ¿Q-que ha…? —La entrecortada voz de la mujer atrajo la mirada de MinJoon. No pudo más que sorprenderse y observar sus ojos claros cristalizase. Ella cayó de rodillas y extendió sus blancas y cuidadas manos a la Dama superior. —Esos idiotas… ellos lo hicieron. MinJoon la vio con real interés. — ¿Quiénes? —Inquirió con un tono crudo y ronco.Ye-Sol conecto su mirada al de él y MinJoon vio la duda reflejarse en ellos. Ella perdió el aire al ver su sorprendente similitud de la reina. Dong Ju se puso de cuclillas y atrevidamente giró el rostro frio de la mujer para verla. MinJoon miró al hombre con sospecha y contuvo las ganas de apartarlo. Dong Ju al reconocer la identidad de ella, se desequilibró y se dejó caer. — ¿Qué ha sucedido? —Dong Ju levanto la cabeza con enojo y MinJoon lo examino fijamente. El joven repasaba en las facciones del guardia un aire conocido. Mientras que Dong Ju se sorprendía al ver a la reina en la filosa mirada del muchacho. MinJoon se sintió atrapado por el reflejo del brillo en su cuello y bajo la vista para buscarlo. Entre las telas de su camisa y atuendo, sobresalía una pequeña figura de plata. Un símbolo que MinJoon conocía bien y que años atrás, había sido encargado de devolver. La insignia del lobo blanco. El collar de Lee Ki Young. «—Quédatela y entrégasela a mi hijo cuando esté listo.— ¿Cómo voy a saberlo?Los ojos de Lee se achicaron en una línea al compás de una sonrisa. Una última sonrisa.—Hágalo... Su majestad.»Sintió el peso del collar real en su muñeca. Lee Ki Young tenia razón, el sabría cuando debía hacerlo. Con suavidad dejo el cuerpo de la dama superior. —Esa flecha. —Señaló Ye-Sol. —Es la misma con la que atacaron a la reina. Dong Ju vio la flecha y MinJoon miró a la castaña. —Tiene razón… —Acertó Dong Ju. MinJoon entendió finalmente que era lo que sucedía. Su madre sabía que estaba vivo…

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