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   Capítulo 20 CAPITULO 19

EXILIADO:La sangre del monarca Por Agustina Almada Palabras: 3324

Actualizado: 2021-04-17 23:18


Se dejó caer contra el umbral de la entrada, y como si su vida hubiera sido extraída, se sintió débil y enfermo. Tocio repetidas veces, y se frustro por percibir el cuello de su vestimenta, demasiado pegado al cuello. Su esposa, quien venia del patio de atrás con una regadera en la mano, se asustó al verlo así, y tirando precipitadamente el objeto, subió su falda y corrió hasta él. —Estoy bien. Estoy bien. La mujer le hizo señas, y puso su mano en la frente para revisarlo. El señor Kim se dejó cuidar, pues realmente, era como si la muerte hubiera tocado la puerta. Luego de la reunión con el rey, volvió casi arrastrándose. Nunca creyó que su majestad estuviera interesado en su hija, ¡Pero le pidió su mano sin descaro!, el señor Kim no supo dónde meterse, su pequeña estaba comprometida, pero decírselo era firmar una condena. ¿Ahora qué harían? El rey los había puesto en un problema del cual solo podían salir vivos o muertos. — ¿Papá? —Kim Ye-Sol corrió a su padre para tomar su brazo. Lo vio pálido, titiritando y con un claro signo de fiebre. — ¿Qué paso mamá? La mujer solo hizo un sinfín de muecas y señas que por suerte, la joven entendió. —Solo necesito descansar. —Murmuró el hombre mayor, en un hilo de voz. La castaña asintió, y dejando que su cuerpo cayera sobre ella, comenzó a guiarlo a la casa. —Tranquilo papá, solo ten cuidado al subir. —Sí, sí. —Murmuró. Ye-Sol soltó a su padre cuando su madre abrió la puerta, y se adentró con él al dormitorio. Antes de que la cerrara por completó el hombre se volteó a ver a su hija por un breve momento. Temía, estaba aterrado por ella, por lo que pudieran hacerle, por ese despiadado rey…

—No te preocupes por mí. —Le dijo por ultimo. Ye-Sol esperó al otro lado con impaciencia, le nacía un feroz miedo que le carcomía por dentro. La noche le atemorizo cuando la luna despertó, y sentía que además, hacia más frio. No supo por cuanto tiempo, pero alguien toco la puerta, y al no haber nadie cerca, fue a abrir. — ¿Si? ¿Qué desea? —Le preguntó la mujer al hombre. Estaba de espaldas, era alto y con hombros anchos, hasta un cierto punto, llegó a intimidarla. El hombre se giró, y la miró con un resplandor no disimulado. Ye-Sol encontró en las facciones del extraño, un parecido familiar a otra persona, que en el momento, no se le vino a la mente. Era atractivo, de rasgos varoniles y delicados, sin embargo, con una energía peligrosa que la puso incomoda. Con la escasa luz de la noche, ella no podía reconocerlo totalmente, pero el rey había ido solamente para verla, y aunque sorprendido de que no lo recordara, se sintió más relajado. —Buenas noches. Lamento importunarla, pero quiero llegar al centro y me perdí. La noche está muy oscura hoy. Ye-Sol avanzó con más confianza. —No se preocupe. ¿Es nuevo en la capital? —Relativamente. —Contestó. —Es mi ciudad natal, pero han pasado tantos años que he olvidado ciertas ubicaciones. —Oh, bueno. Entonces, si sigue por este camino derecho, llegara a la esquina de una tienda de telas, debe doblar ahí hasta la primera cuadra, y girar a la izquierda, hace dos cuadras más y a su derecha comienza el centro. —Le indico. —Es usted muy amable. —El hombre miró el camino y ella dio un respingo hacia atrás, cuando la luz tenue del foco le iluminó parte del rostro. — ¿S-su majestad? —Vaciló.

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