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   Capítulo 8 Una bendición encubierta

Al Faro del Amor Por Luciana Palabras: 10929

Actualizado: 2019-05-22 00:20


Rachel estaría muy feliz si lo que había sucedido fuera solo parte de un espectáculo.

Lo que los hombres estaban haciendo le parecía ser una manera creativa de vengarse. Cuando arrojaban las piedras, los guardias no podían detenerlas usando solo sus manos.

Rachel estaba detrás de Hiram. Eso significaba que ella podría haber sido fácilmente pegada por alguna de las piedras.

Como les había sucedido a los dos guardias que estaban parados frente a Hiram. Parecían estar muy lastimados. El hombre siguió arrojando piedras a Hiram. Aparentemente tenía muchas guardadas en su bolsillo.

Rachel aún permanecía escondida detrás de Hiram. Ni siquiera se atrevía a mirar y corroborar lo que estaba pasando.

Hiram levantó la mano logrando frenar las piedras. Aunque algunas piedras volaban directamente hacia Rachel, no la alcanzaron ya que los hombros de él hacían de escudo. Al mismo tiempo que él hacía esto, llamó a alguien y le pidió que le enviara a algunos guardias que lo pudieran ayudar.

Su asistente que estaba parado a su lado, llamó de inmediato a la policía.

En ese momento no estaban en la compañía por lo que solo dos guardias estaban allí para protegerlos. No había otra persona disponible para ayudarlos ya que los otros empleados vendrían a trabajar pero media hora después.

Rachel pensó que sería todavía más peligroso si se alejaba de Hiram. Entonces, continuó escondida detrás de él.

"¡Neil! ¡Dame las piedras!" Gritó abruptamente el desagradable y agresivo hombre.

Gruñía furioso al ver que Hiram no era alcanzado por las piedras que le arrojaban. Finalmente, otros guardias que estaban cerca vinieron a ayudarlos.

Luego de decir aquellas palabras, el hombre tomó del bolsillo de su aliado una piedra de tamaño de un puño. Con todas sus fuerzas, se la arrojó a Hiram.

Rachel sentía curiosidad entonces intentó ver qué sucedía. Sin embargo, se asustó por lo que vio y retrocedió apresuradamente.

Miró a su alrededor intentando encontrar un lugar seguro donde esconderse.

Pero antes de encontrar un lugar, perdió el equilibrio sin querer y se escabulló.

"¡Ay... Ay!"

Se asustó. De repente, pisó las piedras esparcidas por todo el suelo quedando desestabilizada.

Una piedra lanzada raudamente golpeó su frente. Rachel comenzó a sentirse mareada a medida que la sangre le goteaba. Se sintió tan débil que empezó a desfallecer.

Pero justo antes de que se cayera, Hiram agarró su cuerpo y lo sostuvo en sus brazos. Rachel percibió una respiración conocida y se sintió rara.

Y aquello fue lo último que pensó antes de desmayarse.

Le dolía el brazo porque fue arrastrada con fuerza. Además, cuando ella cayó en los brazos de Hiram, la camisa de este le raspó accidentalmente la herida. Eso le había causado más dolor.

Sin embargo, ella se sentía bien en sus brazos.

Rachel perdió la conciencia. La gente que estaba alrededor estaba conmocionada.

"¡Qué horror! ¡Una señora se desmayó!", gritó alguien.

Los dos hombres que tiraban las piedras estaban muy asustados. Se quedaron quietos y no pudieron escapar. Luego los guardias se apresuraron, los arrestaron y los enviaron a la estación de policía.

Rachel se despertó y se encontró en el hospital.

Se sintió incómoda al sentir el olor característico de líquido desinfectante y el dolor en su frente. Frunció el ceño sin poder evitarlo. Entonces gimió en voz baja, "¡Ay! Esto es tan doloroso".

"No tendrías que haber fingido que eras valiente. Deberías haberte escondido detrás de mí. ¿Por qué te escapaste?" Rachel escuchó que alguien le hablaba en voz baja.

Lentamente giró la cabeza y vio a Hiram parado a su lado.

Ella había visto que la piedra los iba a golpear y pensó que Hiram la esquivaría. Cuando eso sucediera, seguramente la piedra le daría a ella.

Entonces ella tenía que encontrar rápidamente un lugar donde esconderse.

Pero sucedió algo inesperado.

¡Ay! ¡Le dolía la cabeza!

"¿O simplemente estabas muy ansiosa por protegerme y así yo me quedaría con una buena impresión tuya y tal vez cambiara de opinión por eso?" Hiram la miró con suspicacia.

"No te muevas. Tienes seis puntos en la frente. Se puede abrir la herida accidentalmente y va a quedar una cicatriz". Le recordaba Hiram a Rachel mientras la veía tocarse su cabeza.

"¿Qué? ¿Tengo puntos en la frente?", preguntó Rachel de repente.

Hiram se quedó en silencio. 'No hay necesidad de repetir lo que acabo de decir', pensó.

"¡Ay no! Me resultaría aún más difícil encontrar un hombre con quien casarme. Nunca antes tuve una relación, ni siquiera como resultado de mis citas a ciegas. Si mi cara luce así, nadie querrá casarse conmigo". Rachel se sintió débil y deprimida. Ella creía que el mundo se le había venido abajo.

Hiram simplemente ignoró a Rachel en el momento en que esta extendió su mano para agarrar un espejo. Él frunció el ceño y dijo con agresividad, "¡Respóndeme! ¿Por qué corriste?"

Rachel vio un teléfono en la mesa y lo agarró sin preguntar de quién era. Prendió la cámara del teléfono y comprobó la herida. "¿Crees que lo hice intencionalmente? Por accidente pisé las piedras. Y estas me hicieron perder el equilibrio".

Rachel no pudo ver su herida porque esta estaba cubierta. Sin embargo, notó que su frente se había hinchado un poco.

Hiram se rió. Al principio pensó que Rachel había corrido a su encuentro debido a los deseos que ella tenía de casarse con él. Pero estaba equivocado.

Inmedi

atamente le sacó a Rachel el teléfono de la mano. Luego mirando hacia la puerta dijo, "Pasa".

"Hiram, ¿Rachel está bien?" Joanna había entrado a la habitación. En su rostro afable y amable, se podía advertir que sentía preocupación. Cuando vio que Rachel estaba despierta, fue hacia ella y le preguntó, "Rachel, ¿cómo te sientes? ¿Todavía te duele la herida?"

Rachel no esperaba que Joanna fuera la primera en visitarla.

"Estoy bien, tía Joanna. ¿Por qué viniste hasta aquí?"

"Tú eres mi futura nuera. Por supuesto que debo venir a verte. También le conté a tu madre. Ella estará aquí esta tarde", dijo Joanna afectuosamente mientras tomaba la mano de Rachel.

Rachel miró algo incómoda a Hiram quien estaba cerca suyo. Quería sacar su mano, pero Joanna se la apretó con fuerza.

"Hiram, eres tan descuidado. ¿Por qué no protegiste a Rachel? Lo que más importante para una mujer es la apariencia. ¿Y si le queda una cicatriz en la frente?"

Joanna culpaba a Hiram mientras lo miraba.

Hiram miró hacia abajo en silencio. Parecía aceptar lo que decía Joanna.

Luego, ella palmeó la mano de Rachel y dijo, "Pero no te preocupes. Hiram no te abandonará".

Rachel se sintió aún más avergonzada después de escuchar las palabras de Joanna.

"Madre, tengo algo urgente que resolver. Necesito irme ahora", dijo con sutileza Hiram mientras miraba a Joanna con calma.

Rachel sabía que Hiram le tenía realmente un gran respeto a su madre. Para ser justos, Joanna también era una buena madre que merecía el amor y el respeto de su hijo.

"Espera un minuto. Tengo algo más que decirte". Joanna siguió acariciando la mano de Rachel y agregó, "Tu madre y yo hemos fijado la fecha de tu boda. Pero estás herida ahora. Y creo que te llevará al menos un mes recuperarte. Cuando tu madre llegue aquí esta tarde, podemos hablar sobre ello y elegir otra fecha para tu boda. Tal vez primero puedas solicitar el certificado de matrimonio".

Después de decir esas palabras, Joanna miró de reojo a Hiram y a Rachel. Hizo una pausa por un rato y continuó, "Dudé cuando tu madre sugirió eso. Pensé que no hace falta apresurarnos. Ahora Hiram, Rachel estaba dispuesta a protegerte en aquella situación peligrosa. Es una chica muy agradable. Realmente deberías casarte con ella y hacerla parte de nuestra familia".

Rachel no pudo evitar toser mientras escuchaba esas palabras.

Se sentía culpable de que Joanna la elogiara después de arriesgar su vida para proteger a Hiram.

Él parecía disgustado y frunció el ceño. Sin decir nada, miró cruelmente a Rachel quien todavía estaba acostada en la cama.

"¡Ay! Me duele mucho la cabeza..."

Al ver que Hiram la miraba con enojo, Rachel se tocó la cabeza y fingió sentir dolor. "Tía Joanna, estoy herida de gravedad ahora. No puedo ir a la Oficina de Asuntos Civiles para el registro del matrimonio. Deberíamos esperar unos días más hasta que me recupere".

"¡Tienes razón! Cómo no pensé en eso... Pero no te preocupes por eso. Tengo una idea. Cuando tu madre venga, podemos hablar sobre esto. Si finalmente logramos un acuerdo, todo estará bien", dijo Joanna después de reflexionar durante unos segundos. Ella no se dio cuenta en absoluto de la extraña expresión que tenían Rachel y Hiram.

Finalmente Joanna se fue del hospital. Hiram ya había respondido algunas llamadas. Estaba a punto de partir hacia su compañía donde tendría una reunión. No esperaba que sucediera aquello. Se había demorado ya bastante tiempo.

Antes de partir, miró a Rachel con preocupación.

Rachel encendió el televisor y suspiró. Ella aún no lograba descansar, incluso estando herida.

Y creía que Hiram no le haría nada malo después de lo que había sucedido.

Fannie llegó al hospital y con furia regañó a Rachel.

"Te quedaste simplemente callada cuando hablamos de tu matrimonio. Ahora, ¿cómo pudiste ser tan valiente en protegerlo de aquellas piedras? ¿Crees que tu cabeza está hecha de acero? ¿No tuviste miedo?"

Fannie comenzó a llorar después de ver a su hija vendada. Rachel era su única hija. Ella se pondría muy triste si algo malo le sucediera a Rachel.

Rachel bajó la cabeza y dejó que su madre le recrimine. "Madre, estoy bien. Solo tengo una leve lesión. El médico dijo que si la herida tiene un buen tratamiento, no quedarán cicatrices cuando se curen".

Fannie se secó las lágrimas, respiró hondo y dijo, "Pero fue una bendición encubierta. Cuando al comienzo hablé con Joanna sobre el registro de tu matrimonio, ella dudaba. Pero ahora, ella me invita a conversar. Ella quiere que mañana obtengas tu certificado de matrimonio".

"¡Madre!"

"No digas nada. Debo hacer algo más. Me tranquiliza saber que Hiram te cuidará. Deberías llevarte bien con Hiram e intentar establecer una buena relación con él".

Fannie no había escuchado la explicación de su hija. Como todo había ya pasado, sería mejor si la gente pensara que era Rachel quien había salvado a Hiram.

Le dejó a Rachel su comida favorita y salió de la habitación.

Rachel giró suavemente la cabeza para no sentir dolor y cerró los ojos.

No sabía si tener a Fannie como madre era una bendición o una maldición.

La mañana siguiente ya había llegado.

Rachel miraba un programa de comedia. Trató de no reír, pero fue imposible, estalló a carcajadas. Sostenía la cabeza con sus manos. Tenía miedo de que reír tanto le provocara mucho más dolor.

Entonces de repente, alguien abrió la puerta de la habitación.

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