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   Capítulo 13 ¡Déjate de tonterías!

Al Faro del Amor Por Luciana Palabras: 8213

Actualizado: 2019-05-25 00:20


Hiram salió primero de la habitación. Le siguió la mujer de vestido blanco y sandalias negras de tacón alto que caminaban sumisamente a su lado.

Rachel se sintió mareada e incómoda. Estaba apoyada contra la puerta del atrio del restaurante. De repente, vio a su 'marido' caminando lentamente y con otra mujer asida de su brazo.

Ambos venían hacia ella, pues estaba de pie junto a la única salida del restaurante.

Rachel no pudo evitar pensar si lo que estaba sucediendo sería más dramático que lo que se veía en una serie de televisión.

Tiró su bolsa detrás de ella, estiró una de sus piernas para bloquearles el paso y dijo abruptamente, "¡Espera!".

Lo único que había sentido era injusticia. Si Hiram y ella vivían en el mismo lugar, ¿por qué tenía que tomar un taxi para regresar a casa mientras él llevaba a la otra mujer?

Peor aún, tendría que esperarlo en la puerta hasta que regresara porque no tenía el código de acceso de la puerta. Todo ello impedía a Rachel tratarlo con gentileza esta vez.

Hiram miró a Rachel, que apenas se sostenía en pie. La detuvo y le dijo: "Estás ebria. Baja la pierna".

La mujer que estaba al lado de Hiram se sintió un poco confundida por la situación. Miró a Hiram y Rachel, tratando de adivinar qué relación existía entre ellos.

"Tienes razón. ¡Estoy ebria!". Rachel asintió con una sonrisa en el rostro y dijo: "Entonces, no puedes dejarme ir sola a casa, ¿verdad? ¿Me llevarás contigo? Prometo... prometo no interrumpirlos. Me comportaré bien".

Ella sabía que tenía que prometerlo. Hiram la dejaría irse sola sin el menor temor.

Mientras decía esas palabras, Rachel levantó una de sus manos y comenzó a jurar.

Hiram frunció sus cejas perfectamente formadas, sacó el teléfono del bolsillo y llamó a su chófer. Le dijo: "Joel, necesito que vengas y lleves a alguien a casa".

"No quiero ir a casa. Llévame contigo a donde vayas", murmuró Rachel. Rachel frunció el ceño y se molestó aún más con él después de oírle llamar al chófer para enviarla a casa. Retiró la pierna cansada que les impedía el paso y puso con la otra.

Ella no permitiría que Hiram se fuera.

No quería volver a casa y soportar el frío hasta que Hiram regresara.

"Tonterías", dijo Hiram enojado. Después de escuchar la conversación, la mujer soltó discretamente el brazo de Hiram y dio un paso atrás en silencio.

Hiram se adelantó, tomó a Rachel por la muñeca, la llevó a la habitación en la que había estado y tiró la puerta.

La empujó con fuerza contra la pared y dijo: "¿No es suficiente con esto todavía? ¿Quién te crees que eres para meterte conmigo?" La cara severa, pero atractiva de Hiram parecía que iba a comérsela viva.

Rachel tosió después de que Hiram la lanzara contra la pared. Sintió un poco de dolor en la espalda y comenzó a sentirse terriblemente mareada. Entonces le preguntó: "¿Es por ella que no estás dispuesto a casarte conmigo?"

Él no se sentiría disgustado por casarse con ella, pues su belleza era natural, y tenía una buena personalidad y provenía de una familia normal. No sería difícil casarse con ella incluso sin la promesa de los cien años.

Sin embargo, Hiram actuaba como si ya no la soportara más.

¿Por qué?

"Ocúpate de tus propios asuntos", dijo Hiram. La soltó, se arregló el cuello y añadió: "No lo olvides. En el contrato dejamos claramente establecido que ninguna de las partes interferiría en los asuntos personales de la otra. Si continúas con estas tonterías, tengo todo el derecho de echarte de mi villa".

Entonces, Hiram salió de la habitación sin mirar atrás.

Antes de que Rachel entendiera lo que había ocurrido y saliera de la habitación bamboléandose, Hiram ya se había marchado.

"Vete al diablo, Hiram. ¡Bastardo! Si no fuera porque no quiero esperarte afuera, ni siquiera querría ir a casa contigo", gritó Rachel al Maybach que corría de prisa por la carretera.

¿Había amenazado Hiram a Rachel?

La amenaza era lo que menos temía.

Incluso antes que el conductor llegara, tomó un taxi y se fue a casa.

Al llegar a la puerta de la villa, Rachel se encontró en me

dio del frío. Estaba temblando. Se frotó los brazos y buscó un lugar menos ventoso para descansar.

Luego, sacó la bebida caliente que había comprado a la entrada y la sostuvo con las manos.

'Fannie, lo único que siempre has querido es que tu hija se case con alguien. Pero mira qué vida tan miserable vivo ahora, solo a causa de tu estúpida idea. Tu yerno ni siquiera me ha dado una llave de la puerta de su villa. Como si fuera a robar algo'.

Mientras esperaba que pasara el tiempo, la bebida caliente se enfrió pues el viento frío era muy intenso. Rachel se quedó dormida con la cabeza apoyada contra la pared.

Nadie sabía con exactitud cuánto tiempo había transcurrido antes de que Hiram por fin regresara a casa en su auto. Desde lejos, divisó una figura agachada por la puerta.

Bajó la ventana del auto, miró a la mujer que dormía junto a la puerta y tocó la bocina antes de dirigirse al garaje.

Después de asearse, notó que Rachel no había entrado aún a la villa.

"Las mujeres son un problema", gruñó Hiram. Se puso un abrigo y salió a la puerta. Encontró que Rachel todavía dormía en la esquina.

"¡Despierta!", exclamó y le pateó los pies con brusquedad.

"¿Vas a dormir el resto de la noche aquí? ¡No esperes que te compadezca!", dijo Hiram fríamente.

Rachel no contestó. Hiram se agachó y trató de tocar su cara. Al hacerlo, sintió que ella ardía.

'¿Tiene fiebre?', se preguntó.

Hiram frunció el ceño. La rodeó con los brazos y la levantó.

Al hacerlo, descubrió que ella era más ligera de lo que pensaba. Entró en la villa con ella en sus brazos.

La puso en la cama. Hiram notó sus labios rosados y su rostro pálido a causa de la fiebre. Quería llamar a su doncella para que la cuidara, pero no era una hora apropiada para hacerlo.

Él era el único que estaba en la villa en ese momento.

Hiram trajo agua, empapó una toalla y se la puso en la frente. También le puso el termómetro bajo la axila.

Hiram detestaba vivir con otras personas en la misma casa. Ni siquiera tenía criadas que vivieran ahí.

No sabía cómo cuidar a otras personas. Algunas veces era un poco torpe; incluso había dejado algunas marcas rojas en la muñeca de Rachel cuando trataba de levantarla.

Sacó el termómetro de la axila de Rachel y vio que tenía 40 grados centígrados de temperatura. De inmediato, llamó a su médico personal, quien llegó y le recetó algunos medicamentos. El médico le indicó a Hiram que se los diera. Rachel mejoraría después de varios días de descanso.

"Tos, tos ..." Rachel tosió con incomodidad.

Las medicinas podrían ahogarla si las tomaba estando inconsciente.

Hiram le abrió la boca y la sostuvo por la fuerza. Vertió todos los medicamentos en su boca y gritó: "Tómalos. ¿Me escuchas? No te atrevas a escupir esas medicinas o si no..."

De repente se detuvo y comenzó a sacudir la cabeza. Sentía que era como tratar con un muerto.

Pero Rachel no decepcionó a Hiram esta vez. Aunque sentía que las medicinas la ahogaban otra vez, finalmente las tragó. Hiram no la torturaría más.

Él dejó escapar un suspiro de alivio cuando la vio tragar esas medicinas. La arropó con el edredón con aire indiferente y salió a zancadas de la habitación.

Cerca de media hora después, la puerta de la habitación de Rachel se abrió de nuevo.

Hiram suspiró. Se dirigió al otro lado de la cama, levantó el edredón y se acostó.

Esa noche, la fiebre le subió dos veces. Cada vez que la temperatura subía, sentía que se desmoronaba. Hiram la obligó a tomar los medicamentos. También le secó el sudor con toda su fuerza como si quisiera limpiarle la piel.

Rachel durmió larga y profundamente esa noche. Al despertar, descubrió que el sol había salido hacía mucho tiempo.

"Sh-sh-sh ...", gimió Rachel.

Sentía que le dolía cada centímetro de su piel como si alguien la hubiera golpeado.

Cuando levantó los brazos, tropezó con algo accidentalmente. Se dio la vuelta y encontró a un hombre durmiendo a su lado. Estaba muy sorprendida y se incorporó de inmediato.

Luego, para su sorpresa, vio que Hiram era quien dormía a su lado.

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