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   Capítulo 30 Era una maldita pesadilla

Enamorada del abogado Por Bai Cha Palabras: 7547

Actualizado: 2019-03-14 00:21


Jesica miró a su hija irritada y se rió con satisfacción: "Oh, mi querida hija, eres muy bonita y eso lo puedes aprovechar." Samuel tenía mucho dinero. Sería estúpido que Emma lo dejara ir.

Ahora estaba más enardecida. Por supuesto que ella trataba de seducirlo, pero Samuel siempre la rechazaba con frialdad.

"No digas más. Deberías irte ahora". Jesica tenía muchas deudas y mucha gente la perseguía por dinero. Emma odiaba ver a esos cobradores de deudas rudos y brutos.

Jesica se recostó cómodamente en el sofá y se comportó como una niña sin razonar: "No tengo adónde ir." Ella siguió a Emma a América y luego, de América hasta aquí. Iría a dónde Emma fuera. Su hija era su fuente de ingresos. ¿Cómo podría vivir sin ella?

Emma se levantó y sacó un grueso paquete de dinero de su bolso. Arrojó el dinero sobre la mesa y le gritó a su madre: "Estos son todos mis ahorros. ¡Me estás volviendo loca! ¡Tus exigencias irracionales me están matando!"

Jesica se emocionó cuando vio el dinero. Se levantó y comenzó a contar el dinero.

Miró la cara irritada de su hija y dijo con desinterés: "¿Qué te preocupa? ¿No recibiste mucho dinero del jefe de tu empresa, el señor Fei?" se burló Jesica.

¿Cómo se atrevía a decir esto? Emma se tocó la frente con ansiedad. Se levantó del sofá y la empujó hacia la puerta con toda su fuerza. Le gritó: "¡Vete ahora mismo de aquí!" ¿Era realmente su madre? ¿Cómo pudo hacerle esto? ¡Era una maldita pesadilla! Si no fuera por las deudas de su madre, no habría vendido su cuerpo al viejo Señor Félix Fei.

Jesica no la dejaría sola. La miró y dijo: "Soy tu madre. ¿Cómo te atreves a responderme así?". "¡Una hija tan inútil! ¡Ni siquiera puedes casarte con un hombre rico!".

Sin embargo, todo lo que consiguió fue un portazo. La puerta se cerró de un golpe.

Cuando Jesica se fue, la habitación finalmente se quedó en silencio.

Emma se sentó en el suelo con los brazos alrededor de las piernas. Estaba muy angustiada.

Pensaba que Samuel era el indicado. Un hombre en el que podría confiar por el resto de su vida. ¡Pero de alguna manera, su relación se interrumpió por culpa de Milanda, esa bruja!

Cuando ella estaba con Samuel, él pagaba todos sus gastos.

Él se fue y las pesadas deudas de su madre cayeron sobre sus hombros. Ahora necesitaba dinero.

Félix, de algún modo, se enteró de su situación y la sedujo con millones de dinero.

Finalmente, se rindió ante la tentación de su dinero y entró en la mansión de Félix.

Cada vez que pensaba en Samuel, el odio hacia Luna crecía más y más en ella. Emma estaba decidida a destruir a Luna.

Primero, tenía que descubrir cómo se quedó embarazada.

Bufete de abogados de Samuel

Luna se despertó cuando sonó un teléfono. Abrió los ojos y se dio cuenta de que era bastante tarde. La sala estaba oscuro y afuera estaba completamente de noche.

Samuel no estaba. Cuando Luna pensó en lo que había sucedido esa tarde, su cara se enrojeció. Estaba bastante callada. Se suponía que era un masaje en los hombros. ¿Cómo era que se convirtió en...?

Su teléfono volvió a sonar y la hizo volver a la realidad.

Tomó su teléfono y comprobó el número de la persona que llamaba. Era un número desconocido.

Se aclaró la garganta y respondió: "Hola".

Luego, escuchó la voz de un hombre: "Luna, soy yo". No tenía idea de quién podría ser y estaba confundida.

"¿Quién es?". Era un número totalmente desconocido.

Adrián sacudió la cabeza y respondió: "Soy yo, Adrián." La había estado llamando varias veces desde la noche anterior. Finalmente, llegó a la conclusión de que Samuel quizá lo había bloqueado.

Por eso, compró un nuevo chip para su teléfono y trató de ponerse en contacto con Luna. ¡Funcionó!

"¡Sí!". "Hola Adrián, ¿Cómo est

ás? ¿Qué estás haciendo?" Se recostó en la cama mientras hablaba.

Recordó, no muy preciso, que una vez le mencionó que habría una reunión de la universidad. Pero luego, nunca más volvió a escuchar sobre eso.

"Estaba ocupado, trabajando. Lamento lo de la reunión. Traté de contactarte pero no consiguió hacerlo." Él la llamó para hablar sobre la reunión. Pero Samuel interceptó la llamada.

Luna hizo una pausa y luego dijo: "Nunca cambié mi número. ¿Cambiaste el tuyo? ¿Es por eso que no me contactaste?" Esta era la única explicación que se le había ocurrido.

Adrián dudó por un momento y luego, decidió contarle la verdad: "Te llamé antes. Pero Samuel fue quién contestó el teléfono. Le dije que te dejaba un mensaje para que me devolvieras la llamada." "Samuel es tan posesivo. Era solo una llamada", pensó Luna.

Pero, ¿cuándo respondió Samuel su teléfono? ¿Cómo era que no tenía ni idea de eso? "Claro, está bien, seguro estaba ocupado y se olvidó de decirmelo." Luna recordó que Samuel una vez le advirtió que se mantuviera alejada de Adrián.

Adrián podía distinguir que por su tono de voz estaba defendiendo a Samuel. Él esbozó una sonrisa y dijo: "Entonces, ¿estás libre esta noche?" No esperaba que dijera que sí.

Pero cuando realmente rechazó la propuesta, se sintió herido.

"Lo siento, Adriñan. Mi hermano regresó y esta noche debo reunirme con mi familia en casa." No estaba mintiendo. Sus padres habían llamado antes y la invitaron con Samuel para una reunión familiar.

Adrián le creyó, pero insistió: "¿Qué tal otro día? Algunos de los viejos amigos de la universidad realmente tienen ganas de verte".

El tono en el que hablaba, hizo que a Luna le resultara difícil rechazar la invitación. Cedió y estuvo de acuerdo: "Claro que sí".

Terminó la llamada y se sentó en la cama por un rato. Luego, se levantó y comenzó a vestirse.

Entró en el baño y se arregló. Luego, abrió la puerta de la sala.

Estaba bastante oscuro afuera. Solo una lámpara de oficina en un rincón estaba encendida. ¿A dónde se fue Samuel? Miró a su alrededor y vio que la oficina estaba vacía. Esto la hizo sentir incómoda al instante.

Tomó rápidamente su teléfono y marcó el número de Samuel: "Samuel..." Dijo su nombre tan pronto como se conectó la llamada.

"Soy yo, Luna. El señor Shao está en una reunión urgente, en este momento." Luna escuchó la voz clara de Anna.

Se sintió bastante aliviada al saber que Samuel estaba en una reunión. Eso explicaba por qué no estaba aquí. "Bien. Entonces, lo esperaré".

Colgó el teléfono y volvió a la sala de estar para hacer la cama.

Se quedó en la oficina un poco más y, finalmente, se aburrió. Decidió salir a caminar. Se aferró a su abrigo. Hacía frío con la brisa del atardecer.

Cuando llegó al frente del bufete, escuchó una voz: "Señora Bo". Luna se dio vuelta y vio a un hombre.

Todos en el bufete sabían que era la esposa del Señor Shao. Rara vez se referían a ella, con su apellido de soltera.

Estaba confundida. Miró al hombre y se dio cuenta de que lo conocía. Pero, simplemente no podía recordar dónde lo había visto antes.

Eric Shao se divirtió al ver su expresión. Se acercó a ella y sonrió con entusiasmo: "Señora Bo, nos conocimos antes, en la biblioteca".

¡Sí! ¡Ahora lo recordaba! Era el hombre que estaba sentado frente a ella, en la biblioteca.

"¡Hola!". Ella le devolvió la sonrisa y los dos salieron del edificio.

"¿Vas camino a casa?". Eric la siguió mientras caminaban hacia la plaza del bufete de abogados.

Luna sacudió la cabeza y respondió: "Estoy esperando a mi marido". Mencionó la palabra "marido" a propósito.

Eric se rió y luego, miró su rostro con una sonrisa: "Señora Bo, eres tan joven y hermosa. Es una pena que ya estés casada".

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