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   Capítulo 142 ¿Estás seguro de que es una mujer desconocida

Enamorada del abogado Por Bai Cha Palabras: 8514

Actualizado: 2019-04-14 00:10


Luna salió temblando de la Mansión. Mientras bajaba los escalones, sus piernas se sentían débiles y frágiles haciendo que se cayera de rodillas.

¡Ay!... Sintió mucho dolor pero Luna prefirió controlar su llanto. Logró ponerse de pie, con la ayuda de sus brazos sobre el suelo.

El amanecer estaba a punto de llegar. Luna se cubrió su cuerpo con el abrigo de Samuel y se dirigió a la puerta.

Después de maldecir a Samuel repetidas veces, Luna recordó que su celular se había quedado en el abrigo.

Sus manos comenzaron a buscar en todo el abrigo, que estaba hecho de materiales costosos, y de repente sintió el celular en el bolsillo derecho del abrigo.

Prendió el celular y llamó a Edén. Sabía su número de memoria.

Eden dormía profundamente y en cuanto escuchó el teléfono sonar, comenzó a maldecirla. Pensó que, quien fuese que lo llamara estaba totalmente loco. "¿Quién habla? ¿quién llama a esta horas de la madrugada?". Gritó Edén a través del teléfono dejando casi sorda a Luna.

"Cálmate, soy yo. Ven a recogerme".

Al escuchar la voz de Luna, Edén se quedó desconcertado por un momento: "¿Luna?". Se quedó mirando al extraño y desconocido número, y se preguntó en qué momento Luna había cambiado su número de teléfono.

"Soy yo, si no llegas en 30 minutos, apareceré en primera plana de todos los periódicos de la ciudad", gritó Luna. Maldito Samuel. Luna decidió tomar venganza y hacerle pagar a Samuel lo que le había hecho sufrir.

Luna sobo su adolorida boca y caminó durante 20 minutos. Necesitaba llegar a casa lo más pronto posible.

Habiendo pasado 30 minutos, Edén llegó a la puerta de la Mansión.

A pesar de que no había nadie en el camino, Luna no quería arriesgarse a ser vista. Así que, se escondió en un arbusto alto.

En cuanto vio a Edén, salió de su escondite rodeada por mucho pasto alto.

El cabello de Luna era un desastre. Se encontraba envuelta en el abrigo de Samuel y su falda estaba algo arrugada. Al verla salir, Edén pensó en lo peor.

"Deja de pensar en tonterías. Llévame a casa ahora". Luna se sintió avergonzada al ver la forma en que la miraba Edén. Se cubrió su cara con el abrigo y caminó hacía el carro.

¡Qué vergüenza!

Luna hizo caso omiso a todas la preguntas que Edén hacía camino a casa. "Pide un permiso por mí para esta mañana. Di que estoy enferma o algo y que no podré ir hoy".

Al llegar a su apartamento, la niñera le abrió la puerta. Se dirigió directamente hacía su cuarto y vio a Irene dormir profundamente en su cama.

Le dio un beso a su hermosa beb

ir pequeñas mentiras sin siquiera pensarlo.

"¿Una mujer desconocida?". Samuel se rió y dijo: "Gerardo, ¿estás seguro que era una mujer desconocida?". Samuel no sabía qué pensar sobre lo que le había dicho Gerardo, él conocía a bien a Luna.

Sabía lo que vio en la foto la última vez, era Luna junto a su hijo Gerardo. 'Llegaré a fondo de todo esto, Luna me conocerá tarde o temprano', Samuel pensó para sí sólo.

Sin embargo, pensó en lo que había sucedido con Luna la noche anterior y estaba muy complacido.

Conocía la naturaleza orgullosa y salvaje de Luna, estaba decidido a enseñarle una lección, por eso la echó esta mañana.

"Samuel, ¿quieres hablar con la bisabuela?". Gerardo era muy inteligente y prefirió no responder a la pregunta de Samuel. Y pensó que sería mejor que un adulto lidiara con la situación.

A Samuel no le importó que su hijo lo llamara por su nombre.

"No, más tarde iré a la casa vieja a recoger mi teléfono". Poco después de haber dicho esto, Samuel se dio cuenta que se estaba olvidando algo en ese momento.

"Adiós, papi Samuel", dijo Gerardo colgando el teléfono rápidamente. Y se giró para ver a Milanda y ella le levantó el dedo pulgar en señal de aprobación por lo que había dicho al teléfono, al mismo tiempo que cubría la boca de Irene.

"¡Bien hecho Gerardo!" Pudo engañar a su papá a pesar de que solo tenía sólo 5 años. Tales dones lo harían el mejor abogado, incluso mejor que a su padre.

Gerardo se sentó en el sillón mientras su corazón latía cada vez más rápido. De hecho, le tenía miedo a su papá. Si Samuel hubiera estado ahí y lo hubiera mirado a los ojos directamente, Gerardo no hubiera atrevido a decir ni una sola palabra.

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