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   Capítulo 227 ¿Acaso te importó lo que sentí

Enamorada del abogado Por Bai Cha Palabras: 5995

Actualizado: 2019-04-30 00:59


"No seas tonta. Hablaremos de eso más tarde en casa, pero ahora nos tenemos que hacer cargo de esto". Dejó sus pensamientos en claro y de manera directa, sin quedarse con nada, y esperaba que ella hiciera lo mismo.

Aunque siendo franco, pensar en la niña lo hacía sentirse triste.

Luna detectó un ligero matiz de angustia en sus ojos, pero no estaba segura de si lo que había visto era acertado. Se frotó los ojos para confirmarlo, mientras el semblante de Samuel volvía a su estado habitual.

Quizá estaba imaginando tonterías.

"¿Qué estás pensando?" Preguntó Luna, con una mirada severa y seria.

"Nada. Hablaremos de eso más tarde, primero encarguémonos del asunto de Catalina". Los dos caminaron hacia una suite presidencial, fuera de la cual dos guardaespaldas en trajes negros hacían guardia.

Cuando Samuel llegó, abrieron la puerta.

"Señor Shao, ella está en la habitación".

Samuel asintió y entró tomado de la mano de Luna.

En la habitación.

Se encontraba una mujer atada a una silla, con la boca cubierta con cinta adhesiva.

Los cinco guardaespaldas en la habitación la miraban fijamente, sin parpadear, en caso de que intentara algún truco.

Catalina miró suplicante a Samuel.

Y él la ignoró y le dijo a Luna: "Ve, está a tu disposición". Diciendo esto, la soltó y tomó su bolso. Ella tenía libertad para hacer lo que quisiera con Catalina.

Al ver el pánico en los ojos de ella, Luna sonrió maliciosamente, acercándosele lentamente, hasta detenerse justo delante de ella.

Sin piedad le arrancó la cinta de la boca.

Catalina gritó de dolor y la maldijo por dentro: '¡Maldita perra!'

Se veía delicada y frágil. "¿Por qué me trajiste aquí, Samuel?".

Le preguntó Catalina, sabiendo perfectamente la razón, pero fingiendo ignorancia.

Samue

o te importó lo que sentí?" Sus manos se detuvieron de repente y le lanzó una mirada penetrante.

Catalina estaba petrificada. Lo sabían.

Debió haber sido la estúpida Amber quien la delató.

"Quítenle los jeans". Con los ojos desorbitados, Catalina sacudió las manos violentamente.

Ya no podía soportarlo. ¡Quería que se alejaran de ella y que se detuvieran!

Con la boca cubierta, no podía sino sollozar. Las lágrimas rodaban por sus mejillas.

Pero nadie vino a salvarla ni a excusarla. Samuel bajó la cabeza, mirando su teléfono.

De repente, se levantó y marcó el número del servicio de habitaciones. "¡Envíenme un poco de pimientos! Quiero los más picantes".

Después de colgar, volvió a su asiento y siguió enfrascado en su teléfono.

Luna lo miró confundida, preguntándose qué se proponía.

En ese punto, Catalina estaba casi completamente desnuda.

Y a pesar de que la habitación estaba en completo silencio, Luna podía oír la respiración acelerada de los hombres.

Entonces volteó y le preguntó a Samuel: "¿Ya están aquí?"

"Sí, ¿cuántos quieres?" Samuel miró fijamente la foto de la niña. Era una foto de espalda, pero simplemente no podía dejar de mirarla.

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