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   Capítulo 6 Quiero mi venganza

Enamorada de Daniel Por Bai Cha Palabras: 9919

Actualizado: 2019-03-22 00:20


"¿Es una máscara facial de DQ?" De nuevo apareció una sonrisa en el rostro de Luna. Es que su hija siempre la entendía y que definitivamente sabía qué tipo de regalos en verdad amaba.

Irene asintió y le presumió a Luna: "¡Mira, es una edición limitada que le he pedido a Bill exclusivamente para ti, no ha salido al mercado! ¡Mamá, soy buena hija contigo y no te imaginas cuanto me importas, con decirte que solo pensé en ti y olvidé comprarle algo a Samuel! ja, ja, ja." Irene tomó cariñosamente el brazo de su madre, teniendo en mente una de las tantas razones por la cual la consentía mucho.

Su madre era la que manejaba todo el dinero en la familia, así que sabía de sobra que si algún día llegaba a ofenderla, perdería mucho más que lujos y comodidades.

Luna amó el regalo que le había dado su hija, no paró de besarla para mostrarle su agradecimiento. Repentinamente, le vino a la mente algo más importante.

Se sentó en la gran cama rosada, dejó la máscara a un lado y le extendió la mano a Irene para que se sentara junto a ella.

"Ire, ¿qué tipo de relación tienes con Daniel?"

Irene se extrañó un poco al ver que Luna de la nada mencionara a Daniel. De inmediato, Irene se levantó de la cama, y recordó partes de la noche anterior y el hecho de que él le había dado de beber, y con un semblante más que serio le dijo a Luna: "No tengo absolutamente nada que ver con él, así que no te preocupes mamá. Él por su lado y yo por el mío. ¡Sinceramente no tengo ningún vínculo con él, ni me interesaría tenerlo!"

Luna un poco confundida la miró y con una curiosidad palpable le preguntó: "Y entonces... ¿por qué Daniel te besó anoche?"

¡¿Qué?! ... No podía creerlo, incrédula tocó su labios rojos buscando en su memoria algún recuerdo de eso, Irene volvió a preguntarle a su madre: "Mamá, ¿qué acabas de decir?"

Al ver que Irene no recordaba nada, Luna tosió un par de veces para despistar la plática: "No...nada, no dije nada. Pero ahora que sé que no tienes una relación con Daniel, lo mejor será que ya no se frecuenten. Bueno, ya ve a bañarte para que bajes a almorzar."

Diciendo esto, Luna se dirigió a la puerta del dormitorio.

Sin embargo, Irene la tomó del brazo y la detuvo: "Mamá, quédate, por favor."

"¿Pero qué haces?"

Irene no pudo ocultar su sorpresa, miró seriamente su madre y preguntó con más ansiedad: "¿Acabas de decir que... anoche, Daniel ... me besó?" Irene no sabía que pensar al respecto, de sólo imaginarlo sentía rabia y angustia al mismo tiempo.

Si Daniel la había besado, tal como su madre lo había afirmado, sería una verdadera lástima, ya que para ella, era su primer beso...

Luna asintió con impotencia al ver la desilusión de su hija: "¿Cariño, cuándo conociste a Daniel...?"

Sin embargo, antes de que Luna pudiera tener alguna respuesta, Irene corrió al baño y comenzó a ducharse.

No tardó más de cinco minutos en hacerlo, algo muy inusual en ella, tomando en cuenta que por lo general pasa más de diez minutos en el baño.

Abajo, Samuel estaba por darle de comer a Joaquín, a quien sostenía en brazos. En ese momento, reconoció una silueta vestida de rosa que bajaba rápidamente las escaleras.

"Ire..." Samuel le llamó la atención. "¿Podrías bajar con más cuidado por favor? No corras en las escaleras." ¿Y si se cayera o se golpeara con algo?

Irene se dirigió a él y de repente dio un beso en la mejilla a Samuel: "Papá, debo irme, quiero mi venganza y voy a defender mi honor, ahora no tengo tiempo. Me encantaría charlar más contigo, pero será por la noche cuando regrese." Después se despidió de Joaquín con otro beso en la mejilla y salió de prisa con las llaves del auto en mano.

"¿Venganza?, ¿de qué hablas?, ¿de quién te vas a vengar? ¿Quién se habrá atrevido a fastidiar a mi hija? Samuel caminó a la cocina con Joaquín en brazos, llegó con Luna que estaba preparando el almuerzo y le preguntó con un poco de ansiedad si sabía qué estaba pasando.

Luna tomó una toalla de cocina, y mientras limpiaba sus manos le dijo: "Seguramente fue a buscar a Daniel. ¿Por qué no la sigues para ver qué pasa con ellos? ¿Qué tal si terminan peleando?" De niños, cada vez que se veían tenían la manía de practicar Taekwondo entre ellos.

Irene tuvo que tomar clases de Taekwondo con más de diez maestros diferentes porque jamás pudo vencer a Daniel.

Samuel recordó que Daniel era un chico calmado y dijo: "No creo que eso vuelva a suceder, ya son adultos, y me parece que Daniel ni siquiera se molestará en discutir con ella. Aunque, si se atreve a ponerle una mano encima a Irene, se va a arrepentir, enviaré a mi gente a que arruine por completo su oficina, de mil maneras..."

Luna escuchaba con atención mientras servía el almuerzo. Luego, sin tomarle mucha importancia y con una risa entre dientes: "Tu hija tiene 23 años y se ha graduado de la universidad. ¡Por favor Samuel, ya no es una bebé a la que tengas que proteger de todo!

Samuel no ocultó su

semblante y llegó de disgusto. Irene aún era la niña de papá, en su corazón seguía siendo su bebé.

"Hablando de eso, ¿dónde está Gerardo? Hemos regresado del viaje, hemos pasado una noche y un día aquí y no se ha dignado a llegar a dormir. ¿Qué habrá pasado con él?" Enseguida, Samuel llamó a la oficina de su compañía y se puso en contacto con su secretaria. Sin embargo, ella mencionó que Gerardo no había estado en el despacho la noche anterior y tampoco se había presentado en la oficina por la mañana.

Después de servir y colocar todos los platos en la mesa, Luna se percató que ya había pasado un día completo sin saber absolutamente nada de su hijo, cosa que comenzó realmente a preocuparle.

En la Cadena Internacional del Hotel VVA.

El hombre que llevaba un día desaparecido, yacía sobre el cuerpo de una mujer.

Diez minutos más tarde, El hombre cubierto en sudor abrazó a la mujer exhausta que tenía a su lado, y se dirigieron al cuarto de baño. Gerardo entró a la piscina con ella, y la besó cariñosamente: "¿Qué te parece si vienes a casa conmigo?"

En ese momento recordó que el día anterior había hablado por teléfono con su madre quien le preguntó si volvería a casa por la noche. Seguramente ella ya se encontraba en casa con Joaquín.

La mujer que lo acompañaba se limitó a asentir, no estaba en condiciones de hablar, por lo que en cuestión de segundos, se relajó y durmió al borde de la piscina.

Treinta minutos después, Gerardo entró a su casa acompañado de Sally, quién aún se encontraba dormida en sus brazos.

Luna casi se ahoga con el último bocado de arroz de su almuerzo, cuando vio a su hijo entra con Sally en ese estado.

De inmediato tomó un vaso de agua y bebió hasta terminarlo: "Gerardo, ¿qué diablos le pasa a Sally?"

Samuel se acercó a Luna y con unas palmaditas en la espalda le comentó: "Tranquila, cariño. ¡No hay porqué precipitarnos!"

Luna quitó la mano de Samuel y de forma nerviosa y apresurada caminó hacia los jóvenes: "Sally no se ve mal, pero ¿por qué no reacciona?, ¿está bien?

¡Rápido, llamemos a Gonzalo!

Luna corría en busca del teléfono cuando Gerardo la frenó: "Mamá, relájate por favor, Sally está bien, solo está durmiendo."

Las palabras de Gerardo lograron calmar a Luna: "¡De acuerdo!" Pero no pudo evitar lanzar una mirada de extrañeza y curiosidad a Gerardo, así que preguntó: "¿Acaso ustedes dos...?"

Antes de que pudiera terminar la pregunta, Gerardo subió las escaleras con Sally en sus brazos sin prestarle atención.

Al llegar al descanso del segundo piso, Gerardo miró a sus padres y anunció: "¡Mamá y papá, será mejor que no salgan de viaje próximamente, mejor esperen con ansias la boda de su hijo!"

De la sorpresa, Luna volvió a atragantarse ahora mientras bebía agua y no tardó en cuestionarse si de verdad su hijo iba a casarse pronto.

Samuel le dio unas palmaditas a Luna y puso a Joaquín en su silla de bebé: "Gerardo, ya eres un adulto, no tomes a la ligera este tipo de asuntos, ¿de acuerdo?"

"Pero Samuel, Samuel, nos acaba de decir que se va a casar."

"Cariño, escuché lo que dijo." La reacción de Samuel ante la noticia de su hijo era mucho más serena que la de Luna. Al fin y al cabo, él iba a casarse, tarde o temprano, con o sin consentimiento.

Hace tiempo, cuando aún eran niños, se comprometieron, y aunque todos pensaron que era un juego, para ellos definitivamente no lo era. Lo más sensato era no oponerse y apoyarlos.

"Muchas veces le dije a Gerardo que debía casarse con Sally, pero siempre me contestaba con una gran indiferencia, que no tenía tiempo para eso y que estaba muy ocupado pensando en otras cosas más importantes. Pero ahora, ¿qué lo habrá hecho cambiar de parecer de la noche a la mañana? Luna no paraba de preguntarse qué había pasado entre Gerardo y Sally, habían pasado juntos, y eso la confundía.

Con un gesto lleno de orgullo, Samuel levantó la cabeza hacia su hijo, y desde lo más profundo de su corazón, elogió las buenas decisiones que había tomado.

Luna en definitiva no entendía lo que estaba sucediendo, ¡pero Samuel sabía con exactitud que su hijo por fin había conquistado por completo el corazón de Sally!

Si de casualidad, su hija quedaba en la familia de Jorge, sería más aceptable y perfecto ahora, ya que estaba claro que la hija de Jorge quedaría en su familia.

"La verdad, prefiero no darle más vueltas. En cuanto a ti, no sé si puedas soportar ser llamada suegra." Mientras pensaba en Irene, Samuel sintió la necesidad de llamarla para entender lo que realmente había sucedido con ella, no podía estar tranquilo sin saberlo.

Sin embargo, no pudo ponerse en contacto con ella, ya que Irene, por salir apresuradamente, había olvidado el teléfono en el automóvil.

En Grupo SL.

Daniel se encontraba en su oficina analizando varios contratos comerciales junto a su socio colaborativo, cuando súbitamente la puerta de la oficina se abrió de un solo golpe.

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