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   Capítulo 4 Sal y ve a firmar tu carta de despido

Enamorada del doctor By Bai Cha Palabras: 8756

Updated: 2019-04-13 00:05


"¡Ángela Si!" Esta voz escalofriante debilitó las piernas de Ángela y de Nancy, y ambas comenzaron a temblar. Tuvieron que abrazarse para no desplomarse en el suelo.

Encarándola, Álvaro ignoró su temblor y le preguntó: "¿Por qué estás aquí?"

Ángela murmuró sin mucha satisfacción: "¡Hubiera preferido morir antes que venir aquí de haber sabido que usted era el dueño de este hospital! ¡Es terrible!" Este hombre frío y sin sentimientos que ahí estaba parado enfrente de ellas era agradable a la vista, pero cuando comenzaba a hablar, las cosas cambiaban drásticamente.

Sus ojos reflejaban rabia. "Entonces, el Hospital Chengyang ha sido cerrado bajo la administración de Gonzalo, ¿no es así?"

Ángela se sintió ofendida por esta acusación difamatoria en contra de su hermano. Poniendo los ojos en blanco, dijo: "¿De qué diablos está hablando? ¡Mi hermano es un gran médico! ¡No dejaría que el hospital cerrara bajo su dirección! En cuanto a usted, ¡es realmente un milagro que no haya ahuyentado a todos los pacientes del Hospital Yao con esa cara de maniático sin escrúpulo!".

¡Qué irrespetuosa era! Ya estaba bastante impresionado de ella, aun así le preguntó: "Entonces, ¿a qué viniste aquí? ¿Viniste sólo a alterar la tranquilidad de mi hospital? ¡Para mí eres un desastre!"

"¿Qué? Mire, señor caradura ala congelada..."

Él la interrumpió con voz fría: "¿Cómo me llamaste? ¡No te atrevas a llamarme así otra vez!"

"¡Lo llamo como se me antoje! ¡Señor caradura ala congelada! ¿Cómo se atreve a decir que soy un desastre? ¡Recibiré mi certificado pronto! ¡Con eso me respetará!"

Su atrevimiento obligó a Álvaro a cerrar los ojos con rabia. Cuando los volvió a abrir, ya se había calmado. "¡Ven a mi oficina!"

"¡Pero tengo que ir a almorzar!" ¿Acaso era tonta? ¡No quería ir a su oficina para nada! Estaba actuando de manera muy arrogante, pero no la presionó. Simplemente le dijo a su asistente: "Ve e investiga quién la contrató". Después de decir eso, caminó hacia su oficina.

"Sí, Sr. Gu."

Su asistente, Conrado Jiang, sacó el teléfono celular e hizo una llamada telefónica.

Ángela se impacientó. Soltó la mano de Nancy y le dijo: "Querida Nancy, ve a almorzar. Lo seguiré a su oficina y veré qué quiere ese hombre frívolo..." Cada vez que hablaba más, menos confianza tenía.

Sentía que se debilitaba cada vez que él la miraba. ¿Cómo podría lidiar con él bajo estas condiciones?

"Ángela, ¿deberíamos llamar a Gonzalo?" Nancy estaba muy preocupada por ella.

Ángela agitó las manos y le dijo: "Tengo que hacer esto primero".

El ascensor estaba a punto de cerrarse, pero ella hizo un gran esfuerzo para abrirlo de nuevo y logró colarse en el último momento.

En la oficina del subdirector en el piso 36.

Su oficina era muy grande y luminosa y, lo más importante, estaba muy limpia. Todos los muebles, tales como el alféizar de la ventana y las mesas lucían impecables.

Álvaro colocó en una mesa los registros médicos que habían sido recogidos y agrupados por su asistente. Luego se quitó su bata blanca y la colgó en el perchero, entonces procedió a lavarse las manos.

Ángela estuvo pensando un rato y fue la primera en hablar. "Sr. Gu, lo siento mucho. He sido demasiado impertinente".

El hombre, que estaba ocupado lavándose las manos, no respondió ni se dio la vuelta.

"... Sr. Gu, sé que es un gran hombre y que rara vez alberga rencor por los errores del pasado. Por esta vez perdone a esta pobre enfermera, ¿sí? Tenía algo urgente que resolver, por eso mi comportamiento con usted fue muy imprudente. Por favor, tenga piedad de mí".

Después, en un tono más alto agregó, "Álvaro Gu! ¡Decídate! ¡Dígame qué tengo que hacer para que me dejes ir!" Sería algo vergonzoso si la despidieran en su primer día de trabajo, ¡y no podía quedarse de brazos cruzados!

Después de cerrar el grifo, él sacó una toalla blanca y limpia del armario de desinfección y se secó las manos. Luego lo arrojó a una pequeña cesta a su lado.

Entonces preguntó bruscamente: "¿Qué significa ala?"

Ella estaba estupefacta. ¿Cómo se lo tenía que explicar? Si le decía la verdad, ¿la echaría sin más ni más?

Él la miró fijamente, y Ángela parpadeó y respondió de manera llana, "No significa nada. ¡Simplemente me gustan mucho las alitas de pollo!"

"No quieres decirme, ¿verdad? Sabes lo que haré..." Estiró lentamente e

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l brazo hacia el teléfono...

Ángela se rindió y le dijo: "¡Le diré lo que eso significa! ¡Álvaro suena similar a ala!"

... De pronto se hizo un silencio profundo en la oficina. Álvaro se recostó en su silla y la vio directamente en los ojos.

Ella podía sentir cómo su cuero cabelludo hormigueaba bajo su mirada. "Al... Al.. Álva..."

"¡Qué!" Él interrumpió sus tartamudeos de manera fría e indiferente.

"Ángela Si. ¿Cuál es tu objetivo al venir al Hospital Yao?" En realidad no quería hablar de esas cosas inútiles con ella.

Ella parpadeó y se sonrojó avergonzada. ¿Cómo podía decirle que había venido aquí por Rafael?

Esta chica inteligente y astuta llevaba puesto el uniforme de colores rosa y blanco de las enfermeras. Sus mejillas estaban un poco rosadas. Se veía tan atractiva que Álvaro casi se olvidó de respirar.

"¿Puedo... negarme a responder esa pregunta?"

"Por supuesto que puedes. Y también puedes dirigirte a la salida de este hospital ahora mismo".

Ángela se frotó las manos y los dedos y se sonrojó. "Está bien, se lo diré... ¡Pero no puede decírselo a nadie más! ¡Prométamelo!"

Ella realmente se sentiría avergonzada si todos supieran su secreto.

Álvaro resopló. Con ese gesto ni accedía ni se negaba a nada, pero Ángela, pura e inocente, le contó su secreto. "Tengo un compañero de clase... que entró a trabajar en el Hospital Yao después de graduarse. Quiero... verlo y estar cerca de él todos los días... por eso..."

Al escuchar esto, Álvaro frunció sus hermosas y tupidas cejas. Él sabía lo que ella estaba pensando porque su expresión facial mostraba su deseo por el amor, y era fácil darse cuenta de que a ella le gustaba su compañero de clase.

Con extrema frialdad le dijo, "Un hospital es un lugar sagrado y la profesión de médico también es sagrada. ¿Cómo puede ser posible que quieras empañar ese hecho viniendo aquí con un propósito tan frívolo como ese? ¡Sal y ve a firmar tu carta de despido!"

El corazón de Ángela se hundió inmediatamente y su timidez se convirtió en odio. "Ya le dije la razón, ¿por qué insiste en despedirme? ¡Esto es injusto!"

"¿En algún momento dije que te perdonaría si me contabas el por qué? No recuerdo haberlo dicho".

Ángela se quedó sin saber cómo responder a su pregunta. Efectivamente parecía que él no había dicho eso, así que frunció el labio y dijo: "Está bien, ahora mismo me iré. Deja de interrogar. No involucre a nadie más en este lío".

Álvaro enarcó las cejas. Nunca pensó que ella pudiera preocuparse por los demás. "Quieres irte, ¿no es así?"

"La cosa es que yo no quiero, ¡pero usted insiste en que yo lo haga!", lo corrigió angustiada. ¡Había sido muy mala suerte para ella el hecho de conocerlo en su primer día! ¿Por qué no pudo conocer a otra persona en su lugar?

"¿Quién sabe?, quizá seas una espía enviada por Gonzalo. Nuestro hospital está investigando y desarrollando varios programas médicos importantes en este momento. Sospecho que quieres robar nuestras fórmulas. ¡Así que no puedes irte hasta que estés libre de toda sospecha!"

... ¡Ángela juraba que nunca antes había odiado a un hombre tanto como a él! De modo que respondió en voz baja, "Lo que tú digas."

¡Realmente se arrepentía de haber venido aquí! Ahora ya no quería quedarse, ¡pero ya no podía irse! ¡Dios! ¡Qué mala suerte había tenido!

"¡Sal de mi oficina!", le ordeno él con una voz muy severa.

Ángela se frotó la frente y salió.

En el comedor.

Nancy ya había pedido comida para Ángela, y la puso delante de ella. Luego la escuchó quejarse, "... Ya lo he visto varias veces y nunca lo he ofendido. ¿Por qué no me quiere dejar en paz? ¿Sabías que él cree que la razón por la que vine aquí es para robar los programas médicos del Hospital Yao? ¡Nunca estaré a cargo de nuestro propio hospital!"

"Come primero. Deberías evitarlo y no dejar que te vuelva a ver. Entonces puede que se olvide de lo que pasó y no te cause problemas". Nancy miró a Ángela con preocupación en sus ojos. ¡Ángela había sido muy desafortunada al conocer a Álvaro, quien era una persona muy fría y falta de humanidad!

Ángela comió un poco de arroz y asintió con la cabeza. "Tienes razón. Lo evitaré de ahora en adelante. No quiero meter a otros en problemas".

"Estás comiendo muy despacio. ¿Quieres que llame a Gonzalo? Quizá él conozca a nuestro director, ¿no es cierto?"

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