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   Capítulo 862 El maestro Tang

Respira Conmigo Por Bai Cha Palabras: 7453

Actualizado: 2020-02-02 10:11


Sheffield se detuvo tan solo por un instante. Eso fue todo. Después agarró con fuerza las frías manos de Evelyn, la tomó en sus brazos y besó suavemente su cabello. "¿Algo más?", preguntó él en voz baja.

"¿No es eso suficiente?", preguntó ella como respuesta.

Sheffield sonrió. "No es suficiente para alejarme de ti".

Él la miró a los ojos llenos de sorpresa. Evelyn había pasado por tanto sufrimiento en su vida. No era de extrañar que apenas sonriera.

Pero ahora, él estaba con ella. Y tenía la intención de quedarse a su lado y compartir todos sus problemas.

Evelyn no sabía qué responder. Sonrió apenas y preguntó, "¿Alguien te ha dicho alguna vez lo estúpido que eres, Sheffield?".

"Sí", se rio él entre dientes, "Tú".

Evelyn se burló y dijo, "¿Es que el resto de la gente no piensa igual?".

"Obviamente no. En realidad soy bastante inteligente, ¿sabes?".

"Madre mía, ¿se puede ser más condescendiente?". Evelyn tuvo que hacer un gran esfuerzo para no poner los ojos en blanco. Antes Sheffield había dicho que lo que le pasaba a Carlos era que tenía envidia de su apostura, y ahora presumía de lo inteligente que era. Este hombre se gustaba tanto a sí mismo que resultaba difícilmente soportable.

"Lo único que pasa es que soy un hombre seguro de sí mismo, cariño. Así es cómo se debe afrontar la vida, audazmente, sin vacilaciones". Sheffield la soltó, le pasó el brazo sobre el hombro y caminaron hacia el auto juntos.

"¿De dónde sacas estas ideas?", preguntó ella.

"Esa es la filosofía vital del maestro Tang. No hace falta que me des las gracias. Y cuando cites al maestro Tang, no olvides decirle a todo el mundo quién soy".

Evelyn no pudo soportarlo más, se sacudió el brazo y lo miró con una sonrisa. "Aléjese de mí, maestro Tang".

Ignorándola, él se arrojó a sus brazos y le dio un abrazo de oso. "No quiero".

Sintiendo su peso, Evelyn suspiró, "¡Uf! ¡Eres como un niño!".

"¿No has oído, Evelyn?".

"¿El qué?".

"Todos somos niños hasta que tenemos cien años. Deja de pensar y comienza a vivir. Y vive feliz, como un niño, sin preocupaciones. Suena genial, ¿no?". Se juró a sí mismo que la protegería, la convertiría en una niña despreocupada y pasarían juntos el resto d

Sheffield corrió y se coló en el ascensor con una sonrisa juguetona. "No puedo irme sin cerciorarme de que llegas segura a casa".

Evelyn puso los ojos en blanco. "Lo tuyo es muy fuerte, de verdad", dijo ella.

Cuando llegaron al apartamento de Evelyn, Sheffield intentó entrar con ella. Aprovechó el momento en que ella se dio la vuelta para mirarlo, y la metió dentro con él. "Creo que sería buena idea que mirase a ver si hay algo sospechoso dentro".

"¡El único sospechoso que hay aquí eres tú! ¡Déjame en paz de una vez!".

¡Bam! Él cerró la puerta y dejó a Tayson fuera.

Este se quedó mirando la puerta y sacudiendo la cabeza, mientras pensaba, '¡Qué tipo tan desvergonzado!'.

Sheffield presionó a Evelyn contra la puerta. Tenía toda la intención de poner en práctica todas las posiciones que había imaginado antes.

Incapaz de resistir a sus avances, Evelyn cedió.

Ya iban entrando en materia, cuando, en el último momento, ella lo detuvo. "¡Espera!".

"¿Qué pasa?". Sheffield tenía gotas de sudor en la frente y no quería parar.

A Evelyn le preocupaba volver a quedarse embarazada. No quería tener que pasar por ese trauma una vez más. Se había tomado su píldora anticonceptiva esa mañana, pero aún no se sentía segura. Entonces, ella ofreció, "Iré a comprar condones".

Sheffield sacó algunos del bolsillo y le aseguró, "No te preocupes. Ya los tengo".

Mirando los pequeños paquetes en la palma de su mano, Evelyn preguntó, "¿Cuándo los compraste?".

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