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   Capítulo 888 Una buena impresión

Respira Conmigo Por Bai Cha Palabras: 8715

Actualizado: 2020-02-11 01:01


Cuando Evelyn estaba a punto de subir al auto con Calvert, Sheffield se acercó al Emperor negro y llamó con los nudillos a la ventanilla del auto. "Señor Huo, ¿podemos hablar?", preguntó mostrándose muy tranquilo.

"Acabas de estropear un momento muy importante para mi yerno, el momento en el que estaba a punto de pedirle matrimonio a mi hija. ¿Qué te hace pensar que quiero hablar contigo?".

Apoyado contra la puerta del auto, Sheffield miró hacia Evelyn, que esperaba afuera del auto de Calvert. Parecía preocupada de que él y su padre volvieran a pelear. Luego, Sheffield dijo con una sonrisa, "Señor Huo, se lo diré claramente. Amo a su hija. Y lo haré durante el resto de mi vida. Puede hacerme lo que desee, pero no puede quitarme la vida".

"¿Te crees que puedes negociar conmigo? Veo que tendré que ser más duro contigo, así aprenderás de una vez", resopló Carlos.

Sheffield levantó las cejas preocupado hacia Evelyn. "Mi vida le pertenece a su hija, Y usted no puede hacer nada para cambiarlo. La verdad es que no lo entiendo, señor Huo. ¿Por qué no quiere que estemos juntos? Si estamos juntos, ella tendrá otro hombre más que la amará y protegerá. ¿No es eso algo bueno para Evelyn? ¿Por qué se resiste tanto a la idea de que otro hombre cuide de su hija?".

Carlos se burló, "Evelyn ya tiene a muchas personas que se preocupan por ella. ¿Acaso no lo entiendes? Te odio, eso es lo que pasa. Y de ahora en adelante, Sheffield Tang, aléjate de mi hija o arruinaré tu futuro. Te aseguro que hay cosas peores que la muerte".

Con la cabeza apoyada en la mano y el codo reposando contra la puerta del auto, Sheffield respondió, "Bien, arruine mi futuro si eso es lo que desea. Pero sabe que soy médico, ¿verdad? Si acaba conmigo, pone en peligro a miles de familias que necesitan mis conocimientos. Esas personas me necesitan para que salve sus vidas. Ni siquiera usted puede ser tan cruel, ¿verdad, señor Huo?".

"Te equivocas. Me da igual que sean miles o millones. Los sacrificaría a todos, si con eso evito que vuelvas a hacer daño a mi hija".

'¿Volver a hacer daño a Evelyn? ¿Cuándo le hice daño?'. Con una sonrisa perversa, Sheffield acercó su rostro a la ventanilla del coche para decir, "Señor Huo, ¿cómo iba yo a hacerle daño a Evelyn? La amo demasiado como para hacer eso. Para ser sinceros, fue ella quien me hizo daño... No, mejor dicho, ¡es usted quien insiste en hacerme daño! Evelyn no me haría eso".

El concierto terminó y la gente comenzaba a salir del auditorio.

Evelyn notó las miradas confusas de la multitud, así que tuvo que subir al coche de Calvert. La verd

eñor Tang. Pero no debería haberse...". El aroma la hacía salivar, pero Nadia intentó controlarse y lo rechazó.

"Oí que hay una nueva pastelería francesa en Avenida Media y que el negocio crece como la espuma. Te traeré uno de sus postres la próxima vez que venga. Gracias por tu arduo trabajo, Nadia. ¡Ahora, voy a entrar!".

"Espere... Señor... Tang..," . Nadia se quedó mirando cómo entraba a la oficina de Evelyn tan rápido como una liebre y luego echó un vistazo a la comida que le había dejado allí. Suspiró resignada.

'La señorita Huo y el señor Tang tienen una relación muy peculiar. Creo que es mejor que no me meta', reflexionó, 'Me iré de aquí en cuanto me coma esto. Así si me pregunta el señor Huo, puedo decir que yo no sé nada'.

Mientras pensaba en esto, Nadia abrió la bolsa de papel y luego las cajas que contenía. Al ver los postres, murmuró sorprendida, "¡Vaya! ¡Tiene una pinta deliciosa! Y el envoltorio es tan elegante. El señor Tang debe haberse gastado una fortuna en esto. ¡Se supone que debemos echarlo, pero la verdad es que es un tipo estupendo!". Bien arreglado, apuesto, generoso y amigable. Nadia no podía reprocharle nada. Había causado en ella una muy buena impresión.

Al abrir la puerta de la oficina de Evelyn, Sheffield la vio allí inclinada ansiosamente sobre su portátil. Al oír el ruido, ella se volvió hacia la puerta y dijo, "Espera. ¡Oh, Dios! ¡Esto es tan frustrante!".

Sheffield puso la otra bolsa de papel en su escritorio, se inclinó hacia delante y preguntó, "¿Qué es lo que pasa, Eve?".

Evelyn se frotó las sienes doloridas. "Nada, algo no va bien en mi portátil". Estaba que irradiaba estrés.

"¿Hay algo que pueda hacer para ayudarte?", preguntó Sheffield sin rodeos.

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