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   Capítulo 889 Lo que te pasa es que eres demasiado tímida

Respira Conmigo Por Bai Cha Palabras: 8780

Actualizado: 2020-02-11 07:06


Sin siquiera levantar la cabeza, Evelyn rechazó la ayuda de Sheffield. "Sé realista. Eres médico, así que si estuviera enferma serías de gran ayuda. Pero esto es una computadora, no tiene nada que ver con lo que tú haces. Así que deja de molestarme y guarda el silencio por un rato".

Después de mirarla un momento, Sheffield dijo, "No me descartes tan fácilmente. Aunque soy médico, también sé bastante de computadoras".

Evelyn no tenía tiempo ni estaba de humor para discutir con él. Llamó al departamento de informática y explicó, "No puedo acceder al panel de control, y cada vez que intento abrir el navegador, aparece un mensaje de 'acceso denegado'. Y todos los iconos cambian constantemente. ¿Cuándo van a arreglar esto? ¿Que no lo sabe? Llame al señor Huo y pídale el número de soporte técnico y seguridad. Llámelo y ya está. ¿Anís Estrellado? No sé de qué me habla. ¡Solo contáctelo y dígale que repare mi Internet rápido! Tengo cosas importantes en esta computadora. ¡Resuélvalo y no me cuente nada más!".

Luego colgó y miró a Sheffield, que estaba sacando los postres para ella. Por alguna razón, se sintió molesta y dijo de malas maneras, "No tengo hambre, Y creo que no entiendes lo estresada que estoy. Esos documentos son muy importantes".

Sheffield le dedicó una calmada sonrisa y trató de convencerla. "¿Ya olvidaste lo que te dije? Algo de dulce pondrá una sonrisa en tus labios. Por ahora no puedes hacer nada más que esperar, así que come algo".

La pantalla de su computadora portátil seguía cambiando sin cesar. Cada vez que se actualizaba, los iconos se movían y hasta los nombres estaban mal escritos. Evelyn cada vez estaba más exasperada. "He dicho que no, Sheffield Tang. ¡No estoy de humor para comer! Busca algo que hacer para entretenerte. ¡Juega a algo en tu teléfono, duerme, o lo que sea! ¡Pero sobre todo, déjame en paz, o mejor vete!", le espetó impacientemente.

Él bajó la cabeza y dijo en tono suave, "Está bien, tengo trabajo que terminar en el laboratorio. Dejaré la comida aquí por si tienes hambre. No olvides la leche, aún está caliente. Hace frío allá afuera. Deberías abrigarte…".

"¡Pesado! Si te vas a ir, vete ya", interrumpió ella con la cabeza a punto de estallar. Si no lograba acceder a sus datos, la pérdida sería impredecible.

Como de costumbre, Sheffield sonrió impertérrito, aunque sus palabras le hirieron. "¡Sí, señora! Me piro de aquí".

Se dio la vuelta y caminó hacia la puerta. Viendo que se marchaba, Evelyn de pronto se sintió culpable. Se puso de pie y dijo, "Sheffield...".

Él se detuvo sin darse la vuelta, esperando que ella continuara.

os zapatos a Evelyn.

'¿Y? ¿Y qué más?'. Evelyn se quedó confundida.

Él la tomó de la mano y la llevó a su habitación. "¿Y es hijo tuyo? ¿Ella está diciendo la verdad?", preguntó ella por toda respuesta.

Estrictamente hablando, era la primera vez que estaba en la habitación de Sheffield.

Estaba decorada con un estilo moderno. Dominaban los tonos negros y grises. Y había muchos armarios. La mayoría de las cosas que guardaba en ellos no eran corriente.

Evelyn se detuvo a mirar dentro de los armarios. Había un gabinete con modelos en miniatura de coches de carreras. Al lado había otro con varios tipos de trofeos, trofeos de carreras, de piano, premios por trabajos de investigación, diplomas de honor y cosas así.

Él presionó su cuerpo contra el de Evelyn y la empujó contra uno de los gabinetes. Su cálido aliento roció el rostro de la chica. "¿Y a quién crees, a ella o a mí?", preguntó él con voz sensual.

"Te creo a ti, desde luego". Evelyn nunca confió en Dollie. En realidad, ella le había hecho esa pregunta a Sheffield por dos razones. Por un lado, era una buena excusa para ir a su apartamento y por el otro, sería mejor si fuera Sheffield quien le dijera personalmente que había terminado con Dollie.

Sin embargo, para su desilusión, Sheffield no era un hombre convencional. "Evelyn, sé que me amas. Tanto que vienes y te acuestas conmigo siempre que puedes". Luego la besó en sus rojos labios.

'¿Qué? ¡Aún no ha respondido a mi pregunta!

¿Por qué no me respondió? ¿Se siente culpable?', pensó.

Más de diez minutos después, el sudor empezó a perlar la frente de Sheffield mientras estaba encima de Evelyn. Insatisfecho, miró a la mujer debajo de él y le preguntó, "Concéntrate más, cariño. ¿Ocurre algo?".

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