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   Capítulo 894 La reina no se inclina

Respira Conmigo Por Bai Cha Palabras: 8587

Actualizado: 2020-02-13 01:47


Sabiendo lo que Terilynn trataba de decir, Dixon echó un vistazo al silencioso Carlos a través del espejo retrovisor y respondió con vacilación, "Sí".

Terilynn se cubrió la boca totalmente impactada. Entonces, su hermana y Sheffield se conocían desde hacía mucho tiempo. Lo que era peor, él había sido el tipo que la dejó embarazada. A toda prisa, sacó su teléfono para enviarle un mensaje a Joshua. "Sheffield y mi hermana son viejos conocido, ¿es eso cierto?".

Pero Joshua no respondió. 'Quizás esté en el trabajo', pensó la chica.

"Dixon...", Carlos gritó. Quería que el hombre estuviera atento a sus órdenes.

Pero su voz se apagó al ver a Evelyn besando a Sheffield. El momento parecía no terminar. Y lo que era más, la sonrisa en el rostro de su hija se amplió.

Y Carlos cambió de opinión, descartando la orden que iba a dar.

No fue hasta que Evelyn empujó a Sheffield contra el auto para limpiarle las manchas de lápiz labial de la cara que Carlos le dijo a Dixon, "Conduce".

Dixon se dio la vuelta para mirar a Carlos, su inexpresivo jefe. Se preguntaba qué estaría pasando por la mente del hombre. ¿Entonces, no iba a darle una lección al joven médico esta vez?

El Emperor se alejó lentamente como si de un fantasma se tratase, y que nunca hubiera estado allí.

Carlos observaba por la ventana. "No le digas a tu hermana que estuvimos aquí", le advirtió a Terilynn.

"¿Qué? ¿Por qué?", Terilynn preguntó confundida.

Carlos no contestó.

Terilynn pensó por un momento y dijo suponiendo, "Papá, Evelyn es mucho más feliz con Sheffield que con Calvert. Puedes notarlo en sus ojos, en su rostro. Deja de meterte en su vida amorosa. Tan solo déjalos en paz".

"¡Jum!". Con un resoplido, Carlos dijo fríamente, "No puedo sentarme sin hacer nada. Ese hombre es peligroso, y hay razones por las que trata de estar con mi hija. ¡No dejaré que Eve salga lastimada de nuevo!".

Terilynn decidió callarse y dejarlo.

Sheffield llevó a Evelyn al lugar más concurrido de la Ciudad Y. Encontró un lugar para estacionarse, aunque a unas pocas cuadras de donde quería estar.

La tomó de la mano, llevándola por la concurrida calle. "¿Tienes hambre?", preguntó en voz baja.

"Un poco".

Al escucharla, el chico le soltó la mano y sacó algo de su bolsillo. Lo desenvolvió y lo acercó a sus labios. "Vamos, abre la boca".

Era una ciruela. Como era su dulce favorito, Sheffield siempre tenía una bolsa guardada.

Evelyn negó con la cabeza. "He comido demasiadas de esas hoy. ¿Qué tal otra cosa?". Las ciruelas eran deliciosas, pero ya habí

ue tenga un solo centavo", Evelyn asintió.

"Vamos a ayudarla un poco", propuso Sheffield.

"¿Cómo?". '¿Comprando sus juguetes, pero si ya no somos unos niños?', se preguntó ella.

Al escucharla, una sonrisa apareció en el rostro de Sheffield, la llevó del brazo y caminó hacia la anciana. Señalando las varitas de burbujas, preguntó, "¿Abuela? ¿Cuánto cuestan estos?". Sheffield había llamado a la anciana 'Abuela' con un tono amigable, como si realmente estuviera saludando a su propio pariente.

La anciana se quedó eufórica por su saludo y respondió cortésmente, "¡Cinco dólares cada uno!".

"Dame...". Sheffield se dio la vuelta y contó a los niños detrás de ellos, "¡Diez de esos, por favor!".

Cuando lo vio contando a los niños, Evelyn entendió el plan. "¿Por qué diez?", le preguntó. Solo había cuatro niños detrás de ellos. Incluso si le regalaran a cada niño dos varitas, sobrarían dos.

Sheffield le esbozó una sonrisa misteriosa. Sacó un billete de cien dólares y se lo entregó a la anciana antes de responderle a Evelyn, "Lo sabrás en un minuto".

"Quédese con el cambio", le dijo a la señora, a quien se le iluminó el rostro, pues eso era el doble del costo de las varitas. "De acuerdo, Pero será mejor que sea rápido", advirtió Evelyn. Pero por dentro, ella ya sabía por qué había hecho eso.

Y Evelyn acertó. Después de tomar las varitas de burbujas, Sheffield le dio un par a cada uno de los cuatro niños.

En cuanto a las dos últimas, caminó hacia Evelyn y las colocó frente a ella. "Ahora tienes que escoger, ¿cuál quieres?", le preguntó.

'¿Escoger?'. Viendo esas dos varitas de burbujas con dibujos animados, Evelyn se negó resignada, "No, gracias, ya no soy una niña".

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