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   Capítulo 905 Una cirugía a vida o muerte

Respira Conmigo Por Bai Cha Palabras: 7603

Actualizado: 2020-02-17 00:02


De camino al departamento ambulatorio, Calvert presentaba un aspecto muy frágil y enfermizo. Evelyn caminó delante de él y preguntó con preocupación, "¿Estás bien?".

Él sacudió la cabeza débilmente y dijo, "No, no me siento bien... Creo que los efectos de la anestesia ya han desaparecido. Estoy empezando a sentir un dolor agudo en la cintura... Evelyn, he querido disculparme por lo que pasó la última vez. Lo siento mucho. No pude controlar mis emociones en ese momento. Como ya nos habíamos besado antes, pensé que no me rechazarías...".

Evelyn sostuvo su brazo y lo interrumpió, "No quiero hablar más de eso. Espero que no vuelva a suceder. Pero siento mucho todo esto, Calvert. Sheffield puede ser un poco infantil a veces, pero no es una mala persona, créeme. Por favor no le hagas caso...".

'¿Infantil? Tiene 26 años. Portarse como un niño a esa edad no es normal'. Calvert trató de ocultar el desprecio que sentía y fingió que comprendía asintiendo. "Evelyn, no tienes que explicarme nada. No presentaré ningún cargo contra él, lo haré por ti".

Después de llevar a Calvert al quirófano de nuevo, Evelyn esperó pacientemente en un banco.

Un rato después, las puertas del ascensor se abrieron y salió Sheffield. Caminó directamente hacia Evelyn y con una cara inexpresiva, dijo, "Es tarde. Ve a casa y descansa un poco. Yo esperaré a que salga".

"No, no tengo sueño". Evelyn estaba demasiado molesta para dormir.

Su tono de exasperación alteró a Sheffield y aunque hizo todo lo posible por contener su ira, soltó sarcásticamente, "¿No me digas que sientes lástima por él?".

"¿Qué?". Evelyn levantó la cabeza para mirarlo sin entender.

"Sé sincera, te sientes mal por él, ¿verdad? Estás preocupada por tu prometido, ¿no es verdad?".

Era imposible que ella no viese la ironía en sus ojos. "¿Qué bobadas estás diciendo? No puedo con esto. ¡En este momento no quiero verte!".

'¿Que no quieres verme?'. Sheffield la agarró por la muñeca, la levantó del banco y la tomó en sus brazos. Mirándola penetrantemente, dijo, "Entonces, ¿a quién quieres ver? ¿A ese que está en el quirófano?".

Sheffield la abrazaba con tanta fuerza que Evelyn no podía moverse y sintió que no podía respirar. "¿Qué coño te pasa?", le dijo ella.

"Dímelo tú", dijo Sh

o quería que ella fuera a ver a Sheffield.

"¡Ja! ¡Muy bien! ¡Pues no me lo digas!". Debbie se concentró en su almuerzo. Aquella información le abrió el apetito.

A partir de ese día, Debbie frecuentó el Primer Hospital General sin ninguna razón en particular. Visitaba a amigos que habían sido hospitalizados y cada vez que veía a un médico joven y guapo, se preguntaba si él sería su yerno.

Un día, Debbie iba a visitar a un conocido en el ala de pacientes hospitalizados. Cuando pasó por el jardín del hospital, escuchó una voz suave que le resultó familiar.

Miró y vio a un médico que conversaba agradablemente con una niña.

El doctor dijo, "Mira la muñeca que llevas en brazos. ¿No está sonriendo todo el tiempo? ¡Tú también deberías sonreír todos los días, como tu muñeca!".

La niña negó con la cabeza y miró al doctor con lágrimas en los ojos. Sollozando, dijo, "Sheffield, mi muñeca no necesita que la operen, pero yo sí. Y no quiero que me operen. Me da miedo...".

Sheffield guardó su teléfono y abrazó a la niña. Luego la sentó en su regazo. "Escúchame. No tienes que tener miedo. Si estás enferma, tienes que recibir tratamiento. ¿Y sabes una cosa? Tenemos una medicina mágica llamada anestesia. Ella se asegurará de que no sientas ningún dolor durante la cirugía".

La niña tenía solo siete u ocho años, pero necesitaba un trasplante de riñón. Era descorazonador.

La niña preguntó dudosa, "¿De verdad? Entonces, ¿por qué el gordi de la habitación de al lado llora todos los días?".

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