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   Capítulo 948 Estoy tan decepcionado de ti

Respira Conmigo Por Bai Cha Palabras: 10277

Actualizado: 2020-03-02 01:16


"Si no quieres perdonarla, está bien". Evelyn dio un suspiro. "Lo entiendo, tan solo preguntaba", ella añadió, pero se arrepintió tan pronto como esas palabras salieron de su boca.

No se había detenido a pensar en los sentimientos de Sheffield al decir eso.

Pero antes de que tuviera tiempo de meditar más sobre el asunto, Sheffield le esbozó una despreocupada sonrisa. "Ya que lo dijiste, supongo que tengo que hacerlo, de lo contrario, será humillante para ti", él le respondió.

El corazón de Evelyn casi se rompe al escuchar su tono tan indiferente. Ella entendía que lo había lastimado, pero su contestación había sido tan fría, que no tenía idea de cómo se sentía realmente él.

Entonces lo miró torpemente. "No, no quise decir eso…", se retractó.

"No tienes que explicar nada, si no dejo que Dollie se libre de esto, ¿acaso no me vería como una mala persona?". Sheffield hizo una pausa, solo para lanzarle otra leve sonrisa. "Después de todo, en ese entonces, ella era solo una niña". A él le repugnaba tanto la frase 'ella era solo una niña', que sintió ganas de vomitar a causa de las náuseas. Sheffield simplemente detestaba decir eso.

En ese instante, Evelyn notó un toque de ironía en su tono, y eso la hizo entrar en pánico. "Sheffield", ella sostuvo su grande mano a toda prisa, "No importa, te apoyaré, pase lo que pase", le explicó. Hizo una pausa, humedeciéndose los labios con expectación. "Lo siento, no debí haber pedido eso. Es solo que me siento mal por Savannah, de ahora en adelante, no haré nada que te cause más preocupaciones", ella complementó.

La mirada de Sheffield permaneció en sus entrelazados dedos durante un tiempo, y sus expresiones se suavizaron. "Evelyn, eres el amor de mi vida, por supuesto que te escucharé". Había una pizca de desilusión en los ojos del hombre, y Evelyn la podía notar.

Ella era la mujer a quien más amaba, y él no tenía dudas de los sentimientos que le profesaba. Levantó la vista hacia el rostro de Evelyn. ¿Sería él el hombre al que más amaba?

Después de todo, ella nunca le había manifestado su amor.

Evelyn comprendió lo que sucedía en el corazón de aquel hombre, y un rubor de culpabilidad apareció en su pálido rostro. Todo eso la dejó sin palabras. Por su parte, Sheffield suspiró, abrazándola sin soltarle las manos.

"Bueno, sé lo que debo hacer, pero...". Sheffield se encogió de hombros. "Evelyn, estoy decepcionado de ti".

No obstante, él no la culpaba. Después de todo, era el amor de su vida.

Además, Sheffield era quien se había enamorado primero. Y la persona que se enamoraba primero, estaría destinada a tener que ser humilde.

El corazón de Evelyn dio un vuelco al escuchar esas palabras. Aún podía sentir su cálido aliento contra su sensible piel, provocando que su corazón latiera más rápido. "Sheffield", le dijo, apretujando la mano del hombre con ansiedad, que continuaba entrelazada entre sus dedos, sin soltar su cálido abrazo. "Lo siento, retiro lo dicho", se disculpó.

Sheffield sonrió, mirando su piel, para luego darle un suave apretón y soltarla. "Es

dos semanas de trabajo continuo. Al menos ya no tendría que comer y vivir dentro del laboratorio. Se apoyó en la pared para checar su teléfono, cuando este sonó. Nuevamente frunció el ceño. Era el director del departamento del hospital. "Tenemos a un paciente con una afección compleja, y debes venir al hospital para apoyarnos en la consulta de la tarde", le indicó el director.

Sheffield suspiró con resignación, y se marchó a su casa. Se duchó y se cambió de ropa para apresurarse hacia el hospital.

Al abrir la puerta del departamento en el hospital, todos lo saludaron con una alegre sonrisa. Cuando las enfermeras lo volvieron a ver, sus ojos se iluminaron. "¡Dr. Tang, finalmente está aquí!", le dijeron.

"¡Cuánto tiempo sin verle, Dr. Tang!", otros agregaron.

Sheffield se apoyó en el mostrador. "De verdad me extrañaron", les guiñó un ojo, "¿Cierto?".

Las enfermeras miraron fijamente a su coqueto rostro durante un tiempo. Y un ligero rubor apareció en sus mejillas. ¡Dios! Era demasiado bueno para coquetear. "D… Dr. Tang, ¿se va a quedar en el hospital?", tartamudeó otra enfermera.

En ese momento, la mayoría de las enfermeras ya habían recuperado la cordura. "¡Sí, Dr. Tang, sin usted, no tendremos motivación para venir a trabajar!", le confesaron.

Sheffield se enderezó y metió las manos en los bolsillos de su bata blanca. "¡Aún no estoy seguro!", respondió el médico.

"Dr. Tang…", una enfermera más joven hizo una pausa, cuando sus ojos se movieron hacia el bolígrafo en sus bolsillos, "Su bolígrafo es muy bonito".

El médico esbozó una sonrisa con sus labios, y acarició con el bolígrafo. "Claro, es un regalo de mi chica", le respondió.

Las enfermeras no parecieron prestarle mucha atención a la ternura de su voz al momento en que pronunció esas palabras. "¿Qué? ¿Su chica?". Miraron al doctor totalmente conmocionadas. "Entonces, ¿el Dr. Tang tiene novia?", se preguntaron. El rostro de la joven enfermera se tornó sombrío al escuchar que aquel hombre frente a ella estaba enamorado de alguien más.

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