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   Capítulo 957 La propuesta de matrimonio de Sheffield

Respira Conmigo Por Bai Cha Palabras: 8564

Actualizado: 2020-03-05 00:32


Sheffield vestía un traje ceremonial rojo. Aparte de las prendas interiores de color blanca, el resto era de un rojo vivo, con estampados de color rojo más oscuro. La prenda estaba confeccionada con una hechura de hombros anchos y cintura ajustada. Llevaba un cinturón adornado con jade. Los colores contrastaban con el tono de piel blanco de Sheffield. Allí de pie, parecía alguien que acabara de salir de una pintura.

Su larga peluca negra estaba sujeta por una corona también de jade, y colgaban sobre su frente unos mechones de cabello. Sostenía una espada y sus ojos brillaban con su encanto característico.

El joven médico resultaba absolutamente cautivador. Había también un aire travieso en todo el conjunto.

Cuando Sheffield vio a Evelyn, su sonrisa traviesa se tornó cálida. Levantó su larga túnica, se arrodilló ante ella y le ofreció sus manos. Le dijo en voz alta, "¡Mi princesa, estoy aquí para casarme contigo!".

En aquel momento, cada uno de sus movimientos lo hacía parecer un dios. El corazón de Evelyn latía cada vez más deprisa.

Evelyn se llevó ambas manos al pecho, temerosa de que se le saliera el corazón. Estaba demasiado emocionada para pronunciar una sola palabra.

Su reacción hizo que Sheffield sonriera aún más. En lugar de levantarse, alzó la espada que tenía en la mano y la desenvainó.

Era una espada falsa. De hecho, no había tal espada, sino un anillo de diamantes encastrado en la empuñadura.

Él sostuvo el anillo en alto con una sonrisa radiante.

Cuando Evelyn vio eso, comenzó a sollozar, derramando lágrimas de alegría mezcladas con una melancolía que le rompió el corazón. Se cubrió la boca para evitar llorar.

Sheffield sacó el anillo de diamantes, arrojó la empuñadura de la espada a un lado y le tomó la mano. Mirando a su amada mujer, dijo sinceramente, "Evelyn Huo, sin otro testigo que esta nieve, dime, ¿te casarás conmigo?".

Las lágrimas corrían por las mejillas de Evelyn. Cómo deseaba poder decir con seguridad, "¡Sí, sí quiero!".

Pero recordó que todavía no había cancelado el compromiso con Calvert. ¿Cómo podía decirle que sí a Sheffield?

Finalmente, no pudo evitar ponerse lentamente en cuclillas y echarse a llorar. Lo miró y se disculpó, "Sheffield... Lo siento. Lo siento mucho...". Por dentro se llenó de amargura, 'No puedo casarme contigo... todavía no'.

Sheffield sintió que se le partía el corazón. Cuando vio las lágrimas rodando por su rostro, inmediatamente tiró el anillo, la tomó en sus brazos y la consoló diciéndole con una voz suave, "Evelyn, no llores. No pa

re libre.

La piscina de aguas termales era exclusiva de la Casa del Sonido. La puerta lateral de su habitación era el único acceso a ella. Nadie podría molestarlos.

Los copos de nieve todavía flotaban pesadamente en la oscuridad. Las luces del exterior eran tenues, para reducir el resplandor de la nieve. Sheffield la condujo hasta el estanque con cuidado.

La piscina tenía una cúpula sostenida por cuatro gruesos pilares para resguardarla de la lluvia o la nieve. Estaba rodeada de frondosos árboles y plantas.

Ella entró con cautela, probando la temperatura. El agua estaba perfecta. Ella se sumergió por completo dejándose llevar y se sorprendió de lo bien que se sentía. Su mirada se posó en los escalones que había más allá, sobre los cuales había platos de fruta.

Sheffield la abrazó, la mayor parte del cuerpo de Evelyn estaba sumergida en el agua. Disfrutaron de la noche nevada juntos, explorando cada centímetro de sus cuerpos. Un rato después, se relajaron y comenzaron a conversar. De repente él dijo, "¿Quieres oírme cantar una canción?".

"¡Me encantaría!". Ella no lo había oído cantar en mucho tiempo.

Sheffield se aclaró la garganta y comenzó a cantar, "Hay una hermosa sirena en un antiguo cuento de hadas. Está melancólica y distante. Su tristeza y sus bellas canciones hacen llorar a la gente. Dicen de ella que es la maldición de los pescadores. Y que muchos marineros murieron buscándola. Ella no tiene alma. El sol es su hogar y el arcoíris es su camino...".

Era una de las canciones de Debbie. Sorprendida, Evelyn se volvió para mirarlo cuando llegó al estribillo. "Ah..." Sheffield cantó cada nota perfectamente, y agregó un matiz de masculinidad a la canción.

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