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   Capítulo 959 El valor para fugarse

Respira Conmigo Por Bai Cha Palabras: 9856

Actualizado: 2020-03-06 00:02


"Me alegro de que te guste", susurró Sheffield acercándose a su oído y rodeando con los brazos su esbelta cintura. La besó detrás de la oreja y ciñó sus brazos alrededor de su cuerpo. La felicidad de Evelyn era lo único que le importaba de verdad.

Los fuegos artificiales siguieron iluminando el cielo con su variedad de formas, colores y tamaños. Algunos eran como crisantemos en flor, mientras que otros parecían peonías. Las miradas de la gente alrededor se iluminaron al contemplar sin pestañear el maravilloso espectáculo, levantaban la cabeza llenas de admiración y señalaban con el dedo los fuegos artificiales.

Evelyn y Sheffield estaban tomados de la mano sobre el puente. Sus ropas ondeaban al viento. Desde la distancia, parecía un hermoso paisaje en la nieve.

Los fuegos artificiales florecieron sin descanso en el aire durante media hora antes de que terminaran. Sheffield guio cuidadosamente a Evelyn por el puente tirando de sus dedos entrelazados. Los dos caminaron hacia el patio.

La nevada había cesado pero el suelo todavía estaba cubierto por un manto blanco. No hacía demasiado frío porque llevaban ropa abrigada.

Al poco, llegaron a un lugar vacío y un pensamiento surgió en la mente de Evelyn. Le dirigió a Sheffield una mirada llena de intención antes de soltar sus manos. Evelyn se puso en cuclillas y comenzó a escribir el nombre de él en la nieve.

Después de terminar de escribir, sintió que aún faltaba algo. Frunció el ceño un instante antes de volver a mirar el nombre en la nieve. Luego sonrió, echó una mirada a Sheffield y se agachó de nuevo para dibujar un corazón alrededor del nombre. Sheffield, que la miraba sonriendo, sacó su teléfono para tomar una foto de la escena y capturar para siempre su belleza clásica.

Después guardó el teléfono, escribió en la nieve el nombre de Evelyn al lado del suyo y se puso en pie para admirar los nombres, que estaban cerca el uno del otro, al igual que sus corazones.

Aquel momento era tan hermoso que Evelyn quiso que el tiempo se detuviera para siempre. Se tocó el pecho y sintió que su corazón rebosaba de calor. Evelyn le lanzó una mirada cariñosa y sus labios dibujaron una sonrisa.

Sheffield le acarició la mejilla. "Evelyn", se detuvo por un momento, mirándola con los ojos llenos de anhelo, "Déjame que te lleve".

"¿A dónde?". Ella frunció el ceño y le lanzó una mirada confusa.

Evelyn lo miró a los ojos, tratando de ver a través de su rostro serio. Ella quería saber qué estaba sintiendo, pero no fue capaz. Entonces Sheffield le sonrió dulcemente. "Déjame llevarte de aquí, vámonos a un lugar donde nadie nos conozca. Estaré a tu lado y te protegeré toda tu vida. Seremos solo nosotros y no habrá nadie que nos separe".

Evelyn sintió que se le paraba el corazón. Si su mente racional la hubiera dejado hacerlo, habría asentido allí mismo. Aquellas palabras eran una tentación desesperante.

Si dejaran la ciudad y se fugaran en secre

eso!".

Sí sonaba maravilloso, pero... Evelyn sentía sus párpados tan pesados que se le cerraron otra vez los ojos. "Mientes. Es invierno. Las hojas de arce deberían haberse caído", replicó Evelyn intentando volver a dormir. Los arces no viven en climas fríos.

"Eso es cierto en otros lugares. Pero aquí todavía se ven muchas hojas en las ramas", insistió Sheffield.

"No te creo. Estás mintiendo". Evelyn no quería levantarse. Apenas podía mantener los ojos abiertos.

"¡Mentiroso! ¡Mentiroso! ¡Te crecerá la nariz como a Pinocho!", dijo Sheffield de repente sonriendo. Evelyn tuvo que controlar el impulso de poner los ojos en blanco. '¡No se puede ser más infantil que este hombre!'.

Ella hizo un puchero y salió de la cama dándole una patadita. "Si no te controlas la próxima vez, te enviaré al Club Black Horse". Ella no podía manejar a este hombre en la cama.

Club Black Horse era un famoso club de entretenimiento en la Ciudad Y. Estaba lleno de hombres guapos al servicio de mujeres ricas.

Evelyn fue al baño a lavarse los dientes y Sheffield la siguió. "¿Estás segura de que quieres enviarme allí?".

"Sí, segura segurísima. ¡O eso o me torturarás hasta la muerte!", respondió ella sin dudar.

Él se quedó mirando en el espejo cómo Evelyn se llevaba el cepillo de dientes a la boca. "Si me envías allí", le dijo con una sonrisa juguetona, "Tendré que entretener a todo tipo de mujeres ricas todos los días y volver por la noche a dormir contigo, ¿te gustaría eso?".

Ella hizo una pausa en sus movimientos y lo miró por el espejo. "No, no me gustaría".

"¡Pues a eso me refería!".

"Entonces te enviaré a un monasterio para que seas monje". Su voz no era clara debido al dentífrico.

Sheffield se rio entre dientes por su respuesta. "Entonces iré a un monasterio y no podré servirte en la cama nunca más. Eso te romperá el corazón". Sheffield también se llevó el cepillo de dientes a la boca y se puso a cepillarse los dientes.

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