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   Capítulo 1025 Tonta

Respira Conmigo Por Bai Cha Palabras: 7578

Actualizado: 2020-03-28 00:02


Cuando oyó mencionar a Gwyn, Carlos se calmó un poco y tomó a la niña de los brazos de Evelyn. "No podemos dejar que Sheffield sepa que tiene una hija", advirtió. Se dio cuenta de que tampoco podían ocultarlo para siempre, así que agregó: "¡Al menos, no hasta que tenga tres años! Recuerda lo que está en juego". Hizo una pausa y lanzó una mirada severa a Terilynn: "Especialmente tú, si se lo cuentas a Sheffield, Joshua y tú lo pasarán mal. Y Evelyn, tú no puedes decirle nada a Sheffield hasta que no estén casados; si lo haces, no permitiré que la boda tenga lugar".

Evelyn reaccionó rápidamente y sus ojos se iluminaron con esperanza: "¿Casados? ¿Quieres decir que puedo estar con él?".

Los labios de Carlos se torcieron, ¿dijo esa parte en voz alta?

Terilynn sintió que no estaba siendo razonable y aulló: "Papá, ¿por qué te metes con Joshua y conmigo? Como no puedes intimidar a Sheffield te desquitas con nosotros, ¡no es justo!".

"¿Justo? ¿Quién dijo que lo fuera? Será mejor que hagas que tu novio se mantenga a raya" resopló su padre. Aunque era cierto que no podía intimidar a Sheffield, ahora, al menos, podía ponerle las cosas difíciles a Joshua, pues solo era un fiscal común.

Soplándose las uñas, Terilynn le guiñó un ojo a su padre: "Entonces nos escaparemos".

"Tú...", Carlos ni siquiera pudo terminar de decir lo que pensaba.

"Baja la voz, cariño, no asustes a Gwyn", le recordó Debbie.

Carlos rápidamente le dio unas palmaditas en la espalda a la niña y la convenció con voz suave: "Lo siento, Gwyn, no quise decir eso. No tengas miedo, estás a salvo, sí. Estás a salvo". Le alisó el pelo hacia atrás, su encantadora nieta era lo único que podía calmarlo.

Las otras tres mujeres sacudieron la cabeza sin decir nada.

A la mañana siguiente, Joshua y Terilynn entraron a las oficinas del Grupo Theo llevando a Gwyn con ellos. Entraron en el ascensor desde el estacionamiento subterráneo y fueron directamente al piso superior, por lo que no se cruzaron con casi nadie.

En la oficina del CEO

Sheffield estaba trabajando duro. Gillian bajó a Nastas, se ajustó la ropa y se acercó al escritorio del joven CEO y dijo poniendo su mejor sonrisa: "Mi cuñado me pidió que dejara a Nastas contigo, te extrañó".

Sheffield estab

eres mayor que ella, así que déjala elegir primero".

Nastas asintió con la cabeza, sin comprender muy bien la idea, pero obedeció.

Cuando Gwyn escogió al azar una fresa fresca, Sheffield le dijo al niño: "Ahora te toca a ti".

El niño tomó nuevamente el paquete de dulce de leche, sacó un pedazo torpemente y se lo entregó a Gwyn: "Toma".

Pero Gwyn apartó la cara, lo que hizo al niño enojar un poco: "¡No habla!".

'¿En serio?', la cara de Sheffield se oscureció al oír las palabras del niño. "Eh, tú, ¿qué estás diciendo?".

"¡Ella tonta!", dijo Nastas en voz alta, temeroso de que su hermano mayor no le hubiera escuchado.

Inmediatamente Sheffield agarró el brazo del niño y le dio un golpe en el trasero. "¡Eres tan rudo! No se señalan las faltas de las personas. Además, ¡ella no es ni tonta ni muda! Ahora, no vuelvas a decir eso, ¿de acuerdo?".

En realidad, no había sido para tanto, Sheffield no lo hizo por eso, pero sí era la primera vez que reprendía a Nastas. Por eso el niño se puso triste, se había asustado, y llorando, balbuceó: "Nooo".

Solo entonces Sheffield lo soltó y lo levantó del sofá: "Eres un hombre, ¡actúa como tal y deja de llorar!".

"Lo siento", hipó el niño, y dejó de llorar.

"Así está mejor, ¡comamos!". Sheffield se volvió hacia Gwyn y, levantándola en brazos, le dijo con voz tierna: "Gwyn, ¿está buena la fresa?". Sacó un pañuelo y le limpió el jugo de la cara, pero ella no respondió a su pregunta, aunque dio otro mordisco a la fresa y asintió.

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