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   Capítulo 1037 Tu casa o la mía

Respira Conmigo Por Bai Cha Palabras: 9611

Actualizado: 2020-04-01 00:02


Como un hombre inteligente, Sheffield era consciente de que la razón por la cual los hombres eran tan miserables y desafortunados en una relación no era que no conocieran bien a las mujeres, sino porque no las escuchaban.

En el estacionamiento, Evelyn caminaba hacia su propio auto. Cuando estaba apunto de subirse, Sheffield la agarró de la muñeca y la arrastró hacia el Maybach de color rojo vino junto al que se encontraba.

Ella se dio cuenta de que los dos autos estaban aparcados muy cerca el uno del otro y comentó, "¡Qué coincidencia! Hemos aparcado nuestros autos uno al lado del otro". Ahora entendía por qué la hubiera seguido hasta este enorme aparcamiento.

"No, no es una coincidencia. Busqué tu coche y me estacioné junto a él con toda la intención", dijo Sheffield muy tranquilo. Él no quería ocultarle nada a Evelyn ya que pensaba que no había ninguna razón para ello. Después de todo, la única razón por la que dio varias vueltas por todo el estacionamiento fue para encontrar el coche de ella.

Evelyn se quedó sin palabras. Parecía que Sheffield siempre sabía cómo desarmarla. Se sentía confusa ante la situación. "¿Qué sentido tiene todo esto?", preguntó ella.

"Tiene mucho sentido, claro que sí", respondió él, llevándola hacia el asiento del pasajero, y dijo galantemente, "Siéntate y abrocha el cinturón, señorita Huo. Voy a llevarte a casa esta noche".

Ella se abrochó el cinturón de seguridad y lo miró a los ojos. "Primero, vamos a dejar las cosas claras. Esta noche me voy a mi propia casa", dijo Evelyn, haciendo hincapié en la palabra 'propia'.

A Sheffield se le congeló la sonrisa al oír eso. Sintió un enorme desánimo. "¿No habíamos hablado ya de eso? Soy tu hombre y lo hemos hecho público, entonces ¿por qué no podemos vivir juntos?". Sheffield se había estado preparando consciente y meticulosamente para vivir con ella. Así que las palabras de Evelyn cayeron sobre sus planes de felicidad como una gran ola.

A Evelyn le llevó un tiempo poder decir algo y se hizo un denso silencio dentro del auto. "¿No sigues enfadado conmigo por haberte mentido?", preguntó ella finalmente. Desde el día en que Sheffield le pidió disculpas en el campo de golf y luego se descubrió la mentira de Evelyn sobre su depresión, él la había estado acusando de engañarlo y de herir sus sentimientos.

"¡Jum!", resopló Sheffield sentado en el asiento del conductor.

Arrancó el coche y negoció con ella, "Está bien, si quieres irte a tu casa, vete. Pero con una condición. No voy a pedir demasiado. Solo quédate conmigo un rato y hazme feliz".

Evelyn suspiró impotente. "Bien, no hay problema. Ven a casa conmigo y me aseguraré de hacerte feliz. ¿Qué te parece eso?".

"¿A qué casa? ¿Tu apartamento?", preguntó Sheffield.

"A la mansión de la familia Huo", dijo ella con una sonrisa burlona.

"¡De ninguna manera! Si voy allí, el señor H

cía nada. No tenía idea de lo que estaba pensando, así que le proporcionó a Evelyn más detalles. "Desde el principio, el 'tío' al que Gwyn llamaba todo el tiempo era Sheffield. Después de jugar al baloncesto con él, noté cómo era más abierta y extrovertida. Sonríe mucho más a menudo después de eso. Te estoy diciendo todo esto ahora porque quiero que medites si ya es el momento de contarle todo a Sheffield".

Terilynn sentía que Sheffield tenía una gran efecto sobre Gwyn. Él no hizo nada especial cuando estuvo con la niña. Solo jugó con ella dos veces, pero se vio un cambio inmediato en el comportamiento de Gwyn. Por eso Terilynn pensó que sería mejor para la niña que su padre biológico estuviera más presente en su vida.

Después de una breve pausa, Evelyn dijo, "Entiendo. Se lo diré pronto, pero aún no es el momento adecuado".

Aunque la relación había mejorado bastante, Carlos aún no la había aprobado. Evelyn temía que si algo ocurriera y al final no terminara con Sheffield, sería un trastorno demasiado grande para Gwyn.

Entonces, tal y como le había dicho a Terilynn, Evelyn estaba decidida a encontrar una buena ocasión para decirle todo a Sheffield. Se lo diría lo antes posible, pero aún no era el momento adecuado.

En la habitación de la niña, Debbie y Carlos estaban jugando con Gwyn. Había muchos juguetes esparcidos sobre la estera. Cuando Evelyn entró en la habitación, sus ojos se fijaron en la pelota de baloncesto junto a Gwyn. Hasta ese momento Evelyn no sabía que había sido Sheffield quien se la compró.

Cuando la niña vio a su madre, se levantó del piso y caminó hacia ella.

Evelyn notó que la reacción de Gwyn era más rápida que antes. Aunque no se había puesto de pie tan rápido como los niños de su edad, ahora estaba mucho mejor.

"Cariño". Con una amplia sonrisa en el rostro, Evelyn se agachó y extendió las manos, esperando que la niña corriera a sus brazos.

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