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   Capítulo 1050 La insoportable Kaylee

Respira Conmigo Por Bai Cha Palabras: 8577

Actualizado: 2020-04-05 01:09


Kaylee encendió su cigarrillo, dejando caer la ceniza, y dijo: "Es usted una mujer muy sensata, señorita Huo. Merece ser la CEO".

"Gracias por el cumplido, cuñada. Solo creo en Sheffield", contestó Evelyn sonriendo.

"¿Tanto confía en él? ¿Tanto lo ama?", preguntó Kaylee.

Evelyn la miró a los ojos. "Sí", admitió.

Entonces, Kaylee exhaló una bocanada de humo de una manera bastante sensual, y comentó: "Sheffield es un tipo con suerte. Ha cautivado a una mujer tan hermosa como usted. Pero no se preocupe por mí. Sabe que muchas mujeres están locamente enamoradas de él. Usted es solamente una de tantas. Recuerde que los hombres son codiciosos, debería vigilarlo".

Evelyn se quedó allí de pie, con los ojos desprovistos de toda emoción, y luego contestó: "Puede que tenga razón. Pero estoy bastante segura de que Sheffield no es ese tipo de hombre. De todas formas, gracias por la advertencia".

El tono de voz de Evelyn era indistinto, pero ella era noble y agresiva por naturaleza. Ciertamente tenía un don de palabra, y Kaylee se sintió intimidada, y realmente molesta.

"De nada. Vámonos. La guiaré", dijo Kaylee arrojando la colilla al suelo y pisoteándola para apagarla, tras ello, entró en la casa de la familia Tang.

En ese momento, Evelyn observó la colilla en el suelo y, frunciendo el ceño, se volvió hacia Felix y extendió la mano. "Pásame un pañuelo", le pidió ella.

Felix sacó rápidamente un pañuelo de su bolsillo y se lo entregó. Entonces, Evelyn se agachó y recogió la colilla envolviéndola en el pañuelo.

Kaylee, por su parte, siguió caminando hacia adelante hasta que, de pronto, sintió que Evelyn no la estaba siguiendo. Cuando volvió la cabeza, vio que se inclinaba para recoger la colilla, entonces sonrió y dijo: "Parece que usted también es una maniática de la limpieza, al igual que Sheffield".

Sin responder a su pregunta, Evelyn envolvió el extremo del cigarrillo en el pañuelo, pero al no encontrar ninguna papelera cerca, se la entregó a Felix y dijo: "Deshazte de esto".

"¡Sí, señorita Huo!", contestó él.

Entonces, Evelyn se volvió hacia Kaylee y sacudió la cabeza, antes de contestar: "No soy ninguna maniática de la limpieza. Simplemente no quiero que esta colilla afecte a la reputación de la familia".

'Eres tan buena fingiendo...', pensó Kaylee con desdén, pero no dijo nada, tan solo sonrió.

A pesar de ser tarde, Peterson aún no se había acostado, permanecía trabajando en su estudio.

Como Sheffield estaba desaparecido, la responsabilidad del negocio recayó sobre él, y tuvo que hacerse

iempo, se volvió más retraída.

Cuando Evelyn regresó a casa esa noche, Gwyn ni siquiera la llamó mamá. Parecía como si la niña estuviera enojada con ella.

Durante los últimos tres días, Evelyn había seguido llamando a Sheffield, pero su teléfono continuaba apagado.

Aunque había conducido por toda la ciudad, buscando por todas partes, no pudo encontrar ni rastro de él.

El quinto día, antes de acostarse, Evelyn recibió una llamada de un número desconocido. La persona al otro lado de la línea le habló en un dialecto que era difícil de entender: "¿Eres Evleen Kuo?".

"Ehm... ¿Disculpe? ¿Quién es?", preguntó ella, bastante confundida.

"Ev... Evleen... Evelyn", contestó el hombre casi entre balbuceos, esforzándose por pronunciar su nombre correctamente.

"Sí, soy yo. ¿Quién es usted?", volvió a preguntar Evelyn.

"Soy...".

En medio de la noche, Evelyn abandonó la mansión con un grupo de guardaespaldas.

Carlos quería acompañarla, pero ella se negó. "Papá, por favor quédate aquí y cuida de Gwyn. Ella y mamá te necesitan. Tranquilo, llevo un pequeño ejército de guardaespaldas, estaré bien", comentó Evelyn.

"Está bien. Pero mantenme informado", dijo Carlos asintiendo con resignación.

"Lo haré", contestó su hija.

Condujeron por la autopista durante toda la noche y, con las primeras luces del día, Evelyn vio al fin el letrero de 'Van City'.

Ya estaba a tan solo treinta kilómetros de su destino, y su corazón latía cada vez más rápido.

Cuando llegó a la cabaña, vio a una multitud de aldeanos reunidos afuera. Entonces ordenó a varios guardaespaldas que vigilasen la puerta, y entró sola. Finalmente, Evelyn encontró a Sheffield en aquella choza destartalada.

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