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   Capítulo 1051 Nuestra hija

Respira Conmigo Por Bai Cha Palabras: 9531

Actualizado: 2020-04-05 01:57


Ya habían transcurrido cinco días desde la desaparición de Sheffield. Evelyn fue la única persona que recibió algo de información sobre él.

En medio de la incertidumbre, la mujer se había mostrado fuerte y estoica, pero en cuanto sus ojos se toparon con la figura de Sheffield, todas sus defensas se derrumbaron. Sus rodillas comenzaron a temblar, por lo que se aferró a la puerta para no caer.

Un potente olor a sangre impregnaba la pequeña cabaña. Y mirara donde mirara, encontraba rastros de sangre.

En el suelo, un hombre muy malherido yacía sobre un montón de heno. Desde el lugar donde estaba, Evelyn podía ver todas las heridas en su cuerpo.

"Shef...", Evelyn sollozó, con un nudo en la garganta.

Se acercó a él lentamente, con manos temblorosas. Había estado rezando por este encuentro, pero con cada paso que daba, miles de agujas se clavaban en su corazón.

Antes de poder ver su rostro con claridad, pensó que podría estar equivocada. Una parte de ella deseaba que no fuera él. No había forma de que ese hombre herido y destrozado, casi sin vida en el suelo, fuera su amado Sheffield.

Cuando Sheffield escuchó el sonido de la puerta, se movió un poco y giró su cabeza cubierta de heridas y sangre. Y a pesar del dolor, no pudo evitar sonreír al descubrir que se trataba de Evelyn, la mujer a quien tanto había extrañado. "Ev...", quiso llamarla.

Sin embargo, no pudo articular palabra, ya que su garganta estaba seca. Llevaba días si beber agua. Hilos de sangre manaron de su boca cuando intentó sonreír.

Evelyn cubrió sus labios con ambas manos, asustada por su estado. Aunque las lágrimas corrían por sus mejillas como un río, hizo todo lo posible para no llorar en voz alta.

Sheffield extendió su mano herida hacia ella, y murmuró con voz ronca: "Eve... Te extrañé". ¡Cómo la había extrañado! Durante ese calvario, hubo momentos en que pensó que nunca la volvería a ver. Pero ahora la tenía frente a él. Ahora podía verla por última vez. ¡Gracias a todos los cielos!

Evelyn no supo cómo logró acercarse a Sheffield. De un momento para el otro, se encontró arrodillada en el suelo junto a él, sosteniendo su mano llena de cigatrices. "Sheffield", Evelyn lloró acongojada.

El hombre juguetón y animado que se encontraba en perfecto estado de salud días atrás, ahora estaba cubierto de heridas y al borde de la muerte. Ella no podía comprender qué estaba pasando. '¿Cómo ocurrió esto? ¿En qué momento las cosas empeoraron?', Evelyn pensó para sí misma.

Soportando todo el dolor, Sheffield sacó algo de su bolsillo y se lo entregó a la mujer. "Eve, yo... Te amo". Temía que si no se lo contaba ahora, no tendría la oportunidad de hacerlo en el futuro.

La amaba con todo su corazón. No tenía ninguna duda. Ella era más importante que su vida.

Evelyn bajó la mirada para observar su propia mano. Allí, Sheff

todos salieron del pequeño pueblo de Van City.

Una semana después, Evelyn llevó a Gwyn al hospital como de costumbre. El hombre acostado en la cama estaba estable, pero aún no se había despertado.

Después de poner a la niña en el suelo, Evelyn sacó una paleta y la desenvolvió. "Toma. Come un poco. Mami va a limpiar la cara de papi".

Gwyn tomó la paleta y se la llevó a la boca.

Cuando Evelyn entró en el baño, la niña se subió a la cama. Se arrastró muy cerca de Sheffield, cuyos ojos aún estaban cerrados. Luego sacó la paleta llena de saliva de su boca y la llevó a los labios de su padre. "Caramelos, come caramelos", le dijo.

Muy pronto, los labios y la barbilla de Sheffield se cubrieron con saliva y de caramelo.

Cuando Evelyn salió del baño, vio a Gwyn acostada junto a Sheffield con el dulce en la boca. Luego de varias lamidas, lo colocó en los labios de Sheffield nuevamente. "Una lamida para ti, una lamida para mí".

A Evelyn le causó gracia. En lugar de regañar a su hija, le recordó con gentileza: "Gwyn, no puedes compartir tu dulce con otros, especialmente cuando alguien como tu papá está durmiendo".

Gwyn miró a su madre y protestó: "Pero si papá come suficientes dulces, pronto se despertará".

"Bien, hazlo si te hace feliz". Gwyn había cambiado mucho desde que descubrió que Sheffield era su padre. Aunque todavía era reacia a encontrarse con extraños, había mejorado en comparación con los meses anteriores.

Mientras limpiaba la saliva y el caramelo de los labios de Sheffield, Evelyn le dijo suavemente: "Si no despiertas pronto, tu hija te golpeará".

En cuanto terminó de hablar, se escuchó una fuerte cachetada en la habitación. Fue tan ruidoso que resonó en todo el lugar.

Evelyn, completamente atónita, miró a la niña. Gwyn parecía no saber que había hecho algo mal. Por eso, nuevamente levantó su manita y le dio a su padre otra bofetada.

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