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   Capítulo 1198 Los hombres no tienen miedo a las cosas amargas

Respira Conmigo Por Bai Cha Palabras: 9951

Actualizado: 2020-05-24 02:51


En la cocina, Matthew agregó algunos ingredientes en un recipiente de vidrio metódicamente y comenzó a removerlos.

Tan pronto como Erica se puso en pie, le espetó, "¡Siéntate! ¡No te muevas de ahí!".

No pensaba dejarla entrar en la cocina otra vez.

Su esposa frunció los labios y dijo en voz baja, "No hace falta que te pongas así. Solo quería hacerte otra pregunta". Pero la verdad es que lo que quería era aprender a hacer chocolate. ¿Por qué no quería enseñarle?

"Bueno, pregúntame lo que quieras. ¡Pero quédate donde estás!", insistió Matthew.

"Si me demandan, ¿me ayudarás?".

Matthew dejó de hacer lo que estaba haciendo. Apoyando las manos contra el mostrador, fijó sus agudos ojos en ella y dijo, "¡No olvides quién eres, siempre y en todo lugar!".

"¿Cómo?". La confusión de Erica era evidente.

"Eres la señora Huo, y yo soy tu marido. Si el señor Huo no ayuda su esposa, ¿a quién va a ayudar entonces?", preguntó Matthew. 'A Tessie no, eso por supuesto', agregó en silencio para sí mismo. '¡No estoy loco!', pensó él para finalizar.

Su explicación hizo sonreír a Erica. "Entonces, si estoy en apuros, ¿me ayudarás? Quiero decir, ¿sin decírselo a mi padre?".

"¡Te digo lo mismo que antes!", declaró Matthew.

"Y si quiero que me ayudes a investigar algo, ¿también me ayudarás?".

"¡Repito lo mismo!", respondió él.

Erica pensó que hablaba de forma un poco rara. Pero aun así, estaba contenta de que él pareciera tan dispuesto. "Entonces, ¿puedes ayudarme a investigar a Tessie?", le preguntó. Tessie había estado ausente durante tanto tiempo, y durante todo este tiempo fue Erica quien había estado cuidando a su hijo. Ella merecía saber la verdad. Si no hacía nada, Tam no cejaría hasta conseguir la custodia de Ethan, y Erica no podría comer ni dormir bien durante el resto de su vida.

"Claro que sí", respondió Matthew.

Erica no había esperado que Matthew se lo pusiera tan fácil esta vez. Entonces ella decidió seguir pidiéndole. "¿Y puedes hacerme otro favor?".

"Por supuesto", respondió él.

"¡Bien! ¡Pero recuerda que ya me has dicho que sí!". Había una brillo de astucia en los ojos de Erica. Matthew, por su parte, tuvo la sensación de que no debería haber respondido tan rápido.

Lo siguiente que le pidió su esposa fue tan terrible como él temía. "¡Enséñame a hacer chocolate!".

"¡No, eso no!", le espetó él. ¡Aquello sí que era demasiado! Nunca más accedería a nada que implicara que Erica entrara en la cocina.

"Oh, vamos. ¡Déjame intentarlo!". Erica hizo un puchero, y su aspecto fue ya tan sombrío como el de su esposo.

Matthew la ignoró y siguió removiendo la mezcla para el chocolate.

Hubo una pausa mientras Erica decidía intentar otra táctica. Entonces le envió un beso y dijo, "Matthew, si me enseñas a hacer chocolate, veré una película de terror contigo esta noche".

Entonces Matthew levantó la vista, estudiando pensativamente su dulce expresión. ¿Sabía su suegro lo buena que era esta hija

enía ningún problema con las cosas amargas. Lo que sí le suponía un problema era que otra persona mordiera algo y luego esperara que él lo terminara.

¡Solo Erica se atrevía a hacerle esto!

Haciendo de tripas corazón, agarró la ciruela con seguridad, dio un gran mordisco y se lo tragó. "¡Los hombres no temen a lo amargo!", declaró, aunque por dentro estaba gritando.

Erica asintió con la cabeza. ¡Ella había tenido razón todo el tiempo!

Señalando la bandeja de frutas, dijo en un tono exagerado y dominante, "¡Quiero un plátano! ¡Pásame uno!".

En un abrir y cerrar de ojos, Matthew, el poderoso CEO, se convirtió en un humilde servidor. Silenciosamente tomó un plátano, lo peló con destreza y se lo entregó a su esposa.

Erica le dio un mordisco y dijo, "No voy a ir a ese evento de caridad. No me interesan esas cosas. Si ves algo que me pueda gustar, puedes comprármelo y traérmelo. Pero si no hay nada tampoco hay problema".

Matthew la miró. "No pienso traerte nada si no vienes conmigo".

Al oírlo, Erica respondió frunciendo el ceño: "Ah. Bueno, no hay problema. No necesito nada". Estaba segura de que Matthew vería a muchos conocidos en este evento, pero todos serían unos extraños para ella, por lo que preferiría no ir.

La cara de Matthew se endureció mientras trataba de contener su ira. ¿Cuándo le había rechazado una mujer así, una y otra vez? ¡Nunca! "Bueno, no te obligaré a ir", dijo al fin. "Pero los hombres suelen ir a este tipo de actividad con una acompañante, y no está bien visto ir solo. Así que si no vienes, tendré que buscar a alguien para que venga conmigo".

"No hay problema", dijo ella con un tono un poco exasperado. Aun así, parecía más interesada en terminar su plátano que seguir con aquella conversación.

Ahora Matthew estaba aún más enojado y frustrado, tratando de pensar en una forma de convencerla para que viniera.

De repente ella se volvió hacia él, con los ojos muy abiertos. "¿Vas a llevar a Phoebe contigo?".

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