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   Capítulo 8 Voy a regresar

Respira Conmigo Por Bai Cha Palabras: 11579

Actualizado: 2019-06-10 00:02


Apagando el auricular bluetooth, Emmett respondió con tono serio: "Lo siento, señorita Mi. Este es un asunto personal del señor Huo. No me corresponde hablar de ello. Si le interesa, puede preguntarle al señor Huo personalmente".

'¿Preguntarle al señor Huo? Ya me gustaría tener el valor de preguntarle sobre tales cosas', pensó. "Ya veo. Está bien", dijo Olga en un tono inexpresivo. "Lo tendré en cuenta". Sonriendo con amargura, giró para mirar hacia la ventana del auto, obviamente furiosa por la respuesta y actitud de Emmett. Incluso si ella tuviera el valor de preguntar, sería ridículo indagar por la esposa de un hombre. Sin mencionar que no era un hombre cualquier, era el señor Huo.

Al día siguiente, Emmett llegó a la oficina de Carlos con unas cuantas hojas de papel en la mano, que contenían toda la información que pudo reunir sobre Debbie: un formulario de solicitud de inscripción de su universidad y un perfil sencillo.

El documento mencionado solo incluía información básica como la edad, la universidad y los pasatiempos. Colocándolos sobre el escritorio de Carlos, Emmett retrocedió unos pasos y esperó la respuesta de su jefe.

Agarrando los papeles del escritorio, Carlos los hojeó y lo que le sorprendió a Emmett fue que su jefe los lanzó de repente al aire. Carlos lo miró con frustración mientras su voz resonaba en su oficina. "¿Esto es todo de lo que eres capaz? ¿He sido demasiado bueno contigo últimamente?".

Ese tono tan sombrío hizo que el corazón de Emmett latiera con nervios. Manteniéndose calmado y sereno, se agachó para recoger los papeles y aprovechó la oportunidad para respirar profundamente. Una vez que lo hizo, respondió: "Señor Huo, esta chica es un enigma. Esta es toda la información que pude reunir hasta ahora". Una mentira escapó de los labios de Emmett. En realidad, él había destruido el resto de los papeles y los había eliminado.

"¡Piérdete!", le ordenó Carlos y luego le gritó: "¡Ahora!".

"Sí, señor Huo". Dando una última mirada a los papeles que Carlos había tirado de su escritorio, Emmett huyó de la oficina de su jefe lo más rápido posible.

Cuando las puertas de su oficina se cerraron por completo, los ojos de Carlos se posaron en la foto del formulario de solicitud de inscripción. En esa imagen que vio, Debbie estaba completamente sin maquillaje. Lo que llamó su atención, una vez más, fue el par de ojos redondos y brillantes de la chica. Es extraño decirlo, pero Carlos sintió como si los ojos de Debbie le estuvieran hablando.

Entonces, ese recuerdo desagradable volvió a su mente. Esa imagen de cómo Debbie lo había besado. Al instante, se sintió ofendido otra vez. Frotándose las cejas, tomó un archivo de su escritorio y lo tiró con fuerza contra el formulario de inscripción de Debbie.

La imagen de la chica se quedó cubierto al instante y permaneció fuera de su vista, con este gesto, sintió que había golpeado a Debbie en la cara. Ahora se sentía mejor.

Mientras que Carlos se acomodaba una vez más en su asiento para relajarse, cierta información lo sacudió de nuevo. Se incorporó en su asiento y reflexionó profundamente: 'Su apellido... Nian... Solo unas pocas personas en la ciudad Y tienen ese apellido. ¿Cuál es su relación con la familia Nian?'.

Los pensamientos de Carlos se interrumpieron, y no era otra cosa que el teléfono de su escritorio que sonaba. Suspirando, atendió la llamada.

Era otoño y las hojas de arce a lo largo de la Avenida de Maple, en la Universidad de Debbie, estaban adquiriendo un color escarlata. Caminando por el sendero de hojas rojas, Debbie se sentía desanimada y no estaba de humor para apreciar la belleza de la temporada, mientras que las dos personas a su lado, Jeremías y Karen, estaban felizmente jugando con las hojas caídas de los árboles.

Ya habían pasado dos días y, aún así, Debbie no logró reunir el coraje para dirigirse a la oficina de Carlos y hablar con él sobre su divorcio. Ni una palabra había salido de la boca del hombre. Durante la noche anterior, Philip le había informado que Carlos todavía no se había ocupado del asunto y esto la molestaba enormemente.

¡Ay! Todo esto había surgido de ese mensaje de texto que recibió varios días atrás.

"Debbie, voy a regresar".

El hombre, al que le había entregado su corazón, le dijo que se había graduado con éxito en el extranjero y que regresaba al país para ocupar el puesto de su padre.

Aunque eso ahora ya no le importaba, él era el hombre que le había roto el corazón y que le había dicho que lo olvidara. Si no fuera por sus palabras tan crueles, no se habría enfadado tanto que terminó accediendo a casarse con Carlos, con quien no se había encontrado ni una sola vez en su vida hasta ese momento.

Ahora, el hombre le dijo de la nada que estaba regresando. Esto irritó tanto a Debbie, quien no podía evitar estar obsesionada con saber la razón: '¿Por qué me había contado sobre su regreso en primer lugar?', pensó. Esta información no le servía de nada, ya que ni siquiera quería saber. Su mente se ahogó con un montón de preguntas y a Debbie no le gustaba esa sensación. "¡Argh! ¡Esto es tan molesto!", protestó.

Todos los ojos se posaron en ella con curiosidad, ya que de repente había gritado su frustración en público.

"Debbie, ¿qué te hice?", respondió una vocecita. "¿Qué te hizo decir que soy molesta?". Entonces se oyó un grito: "¡Ah!". Una chica se cayó en el suelo frente a Debbie.

Ella se detuvo al instante y decidió echar un vistazo más de cerca a la chica y, en el momento en que lo hizo, puso los ojos en blanco con disgusto.

'¿Qué demonios? ¿Esta perra hipócrita y manipuladora de nuevo?', maldijo Debbie por dentro. '¿Qué diablos quiere ella ahora?'.

Tendida en el suelo estaba la Oliva. Obviamente, Oliva no era su nombr

e real, ya que se llamaba Olivia Mu. Sin embargo, Debbie prefería llamarla 'Oliva', porque pensaba que le quedaba "mejor". Sin tener la menor idea de cómo Olivia había caído realmente, la miró con desprecio absoluto. Con un vestido largo y blanco y el cabello que caía hasta su cintura; una imagen perfecta de lo que sería una niña pura, inocente y delicada. ¿Quién más podría ser más farsa que Olivia Mu?

"¡Lárgate!", siseó Debbie. "¡Fuera de mi camino!". Solo con ver a Olivia Mu, se le revolvió el estómago. No quería malgastar su saliva con esta. Más bien, ni siquiera quería respirar el mismo aire que esa chica. '¿Qué diablos?', Debbie pensó en su interior. '¡Ni siquiera nos hemos chocato! Oh, ¿esta perra realmente está planeando meterse conmigo ahora mismo?'.

Sin embargo, los ojos de Olivia Mu se enrojecieron. Los muchachos, quienes rodearon la escena para ver qué estaba pasando, y esperaban una pelea de "gatas salvajes", sintieron pena por ella.

Todos lanzaron miradas de enojo hacia Debbie, pero se mantuvieron en silencio. Nadie en toda la Facultad de Economía y Administración era tan estúpido como para atreverse siquiera a ponerle un dedo encima a Debbie.

"Debbie, ¿me tiraste al suelo y ni siquiera tuviste la decencia de disculparte?", le preguntó Olivia Mu y fingió que se le caían las lágrimas. "¡Incluso me dijiste que me largue! ¡Cómo puedes ser tan abusadora!". Un chico, que vio la escena por casualidad, comprendió de inmediato lo que estaba ocurriendo y simplemente no pudo soportar la idea de no poder hacer nada. Se acercó y le ofreció una mano para ayudar a Olivia Mu a levantarse.

Sonriendo y sin lágrimas, la chica le agradeció al chico, cuyo rostro se puso tan rojo como la escarlata de las hojas de arce.

"¡Estás loca!", exclamó Debbie, señalando a Olivia Mu. "¡Ve a un hospital y haz que te revisen el cerebro!". Debbie había intentado alejarse de la situación, no estaba de humor para peleas, pero al parecer, Olivia la bloqueó y no la iba a dejar ir tan fácilmente, algo que enfureció a Debbie.

Inclinándose ligeramente hacia la chica, Olivia Mu le habló en tono arrogante: "Ya que me odias tanto, ¿por qué no hacemos una apuesta, eh?". Con los ojos que se le oscurecían, ella continuó: "Si pierdo, me aseguraré de no volver a cruzarme contigo nunca más. ¿Qué te parece eso?". Con una expresión de pena y bajando la voz, Olivia engañó fácilmente a la multitud haciéndoles pensar que se estaba disculpando con Debbie.

Pero, obviamente eso no fue lo que estaba pasando.

"¿Hay siquiera un cerebro en tu cráneo?", le cuestionó Debbie. "¿Por qué aceptaría una apuesta así? Aparece donde quieras. No soy dueña de la escuela. Más bien, realmente no me importa un comino. ¿Qué estás diciendo, que ni siquiera irías a casa si no te dejo? Oh, por favor, date un descanso". "Por supuesto. Me esconderé en el momento en que te dirijas a casa", respondió Olivia descaradamente.

"¿Qué te parece eso, Debbie Nian?".

"¡Me parece una mierda!", exclamó Debbie. "¡No tengo tiempo para esto! ¡Muévete y vete ahora o de lo contrario te arrepentirás!".

Sintiendo el mal humor de Debbie, Olivia sabía que tenía que resolver el asunto más rápido. Pero de repente se le ocurrió otra idea, así que comenzó de nuevo: "Sé que me odias y sabes por dentro que te odio aún más. Entonces, ¿por qué no apostamos a correr una maratón? Si ganas, te dejo en paz". Tirando su brazo hacia un lado, Olivia Mu continuó provocando a Debbie: "¿Qué pasa? Tienes miedo, porque no vas a ganar".

Las tácticas psicológicas siempre funcionaron a la perfección con Debbie, y Olivia lo sabía muy bien.

"¿Maratón?", se burló Debbie. "¡No hay problema!". '¿No sabes que la carrera es mi fuerte? Obviamente voy a ganar', pensó para sí misma. 'Ah, tal vez no sea tan malo después de todo, por fin no tendré que verla a la Oliva nunca más... Además, es una buena forma de desahogarme'. Sin siquiera pensarlo, aceptó la propuesta de Olivia Mu y no le dio tiempo a Jeremías para detenerla.

No obstante, lo que Debbie no sabía era que un ex atleta medallista de plata también participaría en esa carrera. ¿Cómo se suponía que iba a ganar contra un atleta profesional?

Mirando a Olivia, Debbie preguntó: "¿Qué pasaría si ganaras?".

Sofocando su sonrisa, Olivia dio otro paso hacia Debbie: "Si gano…".

De vuelta en el dormitorio, después de pagar las cuotas para participar en la maratón que había acordado con Olivia Mu, Debbie se arrojó sobre la cama y hundió la cara en una almohada. '¡Ugh! ¡Cómo pude dejar que mi ira se apoderara de mí y me dejé llevar por el señuelo de esa Oliva!', se regañó interiormente mientras apretaba los dientes.

'¡Debería haberlo sabido! ¡Esa perra apareció de la nada para acusarme, así que obviamente debe haber una razón por la que está haciendo esto! Y, si ella había ideado un plan, ¡obviamente está preparada! ¡Argh!'. Girando bruscamente sobre su cama con frustración, Debbie se detuvo y miró hacia el techo, con una expresión llena de convicción. 'Bien, ¿quieres jugar así, Oliva? ¡Entonces estaré encantada de jugar!', pensó.

Por otra parte, realmente necesitaba mantener la cabeza fría la próxima vez.

El segundo después de que se inscribió en la maratón, Debbie se enteró de que si no lograba ocupar el primer lugar en la carrera, tendría que perseguir a Gustavo Lu, un joven rico de la ciudad, el segundo hijo del jefe del Lu Group.

Nadie en el campus obviamente pasó por alto los indicios de que Gustavo Lu era gay. La forma en que se comportaba, ¿cómo podría alguien haberlos pasado por alto? Indudablemente, Olivia Mu estaba intentando humillar a Debbie.

Y si ella perdía, su segunda opción era encerrar a una de las personas más autoritarias de la universidad, su directora, en su oficina.

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