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   Capítulo 17 Echa a esta mujer para alimentar a los tiburones

Respira Conmigo Por Bai Cha Palabras: 10877

Actualizado: 2019-06-18 01:05


Desafortunadamente para Debbie, Carlos logró esquivar el objeto con facilidad sin que una sola gota de vino cayera sobre él. Usualmente, esto seria algo sin mayor importancia, pero no para Carlos.

Luego de arreglar su traje, la maldijo con voz fría, "¡Maldita mujer!".

"Carlos", intervino Curtis inmediatamente antes que se descontrolaran aún más las cosas, "fue un accidente." Curtis hizo un discreto gesto a Debbie para que estuviese de acuerdo, pero ella simplemente resopló, y lanzó una mirada desafiante a Carlos, y sin pestañear dijo, "No, señor Lu. De echo, fue mi intención hacerlo". Apenas las palabras salieron de su boca, un par de ojos ardientes se encontraron con su mirada, también intimidante.

Casi se podía escuchar el crepitar de las furiosas llamas en el silencio cargado de tensión, con solo escuchar atentamente.

"¡Seguridad!", gritó Carlos, sin apartar la mirada. Segundos más tarde, varios guardias acudieron en su ayuda. "¿En qué podemos servirle, señor Huo?", preguntaron con prontitud.

Con los dientes apretados, ordenó: "Echa a esta mujer para alimentar a los tiburones. ¡Cualquiera que intente salvarla se las verá conmigo!". Su amenaza funcionó, ya que nadie se atrevió a intervenir en favor de Debbie.

Sin embargo, la joven ni se inmutó. Le entregó a Curtis su chaqueta y, quitándose los zapatos de tacón, se preparó para la pelea. "¡No se atrevan!", advirtió a los guardias de seguridad que se acercaban a ella.

Más personas se percataron del conflicto. Jeremías, embriagado para este entonces, escuchó desde lejos la voz alta de Debbie. Se puso de pie de un salto y se apresuró en ir hacia la multitud, dejando atrás al par de chicas que le acompañaban.

Cuando llegó a la escena, Debbie ya estaba en medio de una pelea con los guardias. Los presentes, curiosos por ver el resultado, simplemente se dedicaban a mantener una prudencial distancia, retrocediendo un par de pasos de vez en cuando.

Curtis trató de persuadir a Carlos de su irracional decisión, pero este permaneció inmutable a la apelación del director, como siempre. Una vez que Carlos tomaba una decisión, nadie podía hacerlo cambiar de parecer, ni siquiera su mejor amigo.

Algunos guardaespaldas profesionales habían sido enviados al crucero por Warren Lu, el padre de Curtis, cuando este pensó que habían algunas personas que podían causar problemas.

Determinada, Debbie logró derribar a siete guardias y a tres guardaespaldas, antes de ser finalmente sometida, se necesitaron tres de estos últimos para mantenerla en el suelo. Aunque nadie se atrevía a decirlo en voz alta, era un espectáculo vergonzoso, de cualquier forma, fue lo suficiente como para sacar a Jeremías de su trance. En cuanto trató de acudir en ayuda de su amiga, fue detenido por dos guardaespaldas, en su condición, no estaba en mucha capacidad de defenderse. Pero eso no significó que les facilitaría las cosas. "¡Suéltenme! ¡Tengo que ayudarla!", dijo el chico, luchando por soltarse. "¡Fuera de mi camino o los mato! ¿Me han oído? Los matare a...", su voz se apagó al notar la mirada de Carlos sobre él.

En silencio, observó cómo Debbie era arrastrada fuera de la cabina por los guardaespaldas. Como un rebaño de ovejas, la multitud los siguió, disfrutando claramente del espectáculo, sin que a nadie le importara lo serio que se estaba volviendo el asunto.

A fin de cuentas, la estrella de espectáculo era el influyente señor Huo, quien ahora tenia la intención de alimentar con alguien a los tiburones. ¿Con qué frecuencia se podía ver algo así? ¿No era esto emocionante?

Curtis, a diferencia de los demás, no siguió al resto y antes de salir de la cabina, le susurró algo a algunos guardaespaldas. Cuando pasó junto a Jeremías, antes de salir corriendo para implementar su plan, le lanzó una mirada aseguradora, como si dijera: "No te preocupes".

A pesar del intento de Curris por tranquilizarlo, Jeremías logró liberarse del agarre de los dos guardaespaldas y salió corriendo de la cabina antes que pudieran volver a sujetarlo. Tan pronto llegó a la cubierta, solo podía escuchar las exclamaciones de los presentes.

"¡Dios mío! ¡Realmente la lanzarán al océano!".

"Oh, el señor Huo es tan aterrador! ¿Cómo terminó la pobre chica ofendiendo a un hombre así?".

"¡Ja! ¡Lo que sea que haya hecho, probablemente se lo merece! ¡Mujer estúpida! ¡Incluso si el Sr Huo la tira al océano, nadie lo va a enfrentar!".

"¡Ay, Dios mío! ¡Están a punto de tirarla!". En medio de esa mezcla de reacciones, Jeremías buscó a la mujer que había causado tal confusión.

Para su horror, encontró a Debbie con la mitad de su cuerpo fuera del crucero y corrió hacia ella, abriéndose paso entre los espectadores, gritando. "¡Suéltala! ¡Carlos Huo, por el amor de Dios, aleje a tus perros y déjela ir! ¡Esto es demasiado! ¡Ahh!". Dos guardaespaldas lo sostuvieron por los hombros cuando estaba a punto de acercarse a Debbie y de la nada, uno de ellos le propinó un puñetazo en el estómago. El fuerte dolor enmudeció al muchacho por un rato.

Mientras caía de rodillas, no pudo ver con sus propios ojos lo que sucedió después. Todo lo que escuchó fue un grito característico y supo que no había podido evitar que ocurriera lo inevitable. El agua salpicó en todas direcciones cuando Debbie fue arrojada al frió mar.

Lleno de asombro, Jeremías levantó la cabeza con la cara pálida y, como si no pudiera creerlo, miró a su alreded

or. Ciertamente, su amiga no se veía en la cubierta del crucero.

'¡Oh! ¡No!', pensó mientras el pánico cruzaba su rostro. "¡Jefa! ¡Debbie!".

La impresión inicial le dio un estallido de energía, mientras luchaba por liberarse. Al instante de zafarse de los guardaespaldas, se deslizó hasta las barandas y gritó al océano: "¡Debbie!", entrecerró los ojos, buscando en la oscuridad del océano, "¡Debbie!". Nada, no obtuvo ninguna respuesta. Y no conseguía verla, por más lejos que su vista alcanzase. "¿Por qué están todos quietos? ¡Idiotas! ¡Hagan algo!", gritó a los presentes.

El mar y el cielo estaban igual de negros. Pronto, el mar pareció en calma nuevamente. Profundo y vasto como una enorme bestia dormida, solo le tomó unos pocos segundos engullir a una persona.

Agotado por el horrible incidente, Jeremías golpeó las barandas con rabia, odiándose por no saber nadar. "Jefa, lo lamento tanto, yo...".

Los gritos de asombro de algunas mujeres lo sacaron de sus propios pensamientos. Algo flotaba en el mar. "¡Mira! ¿Es esa Debbie Nian?", exclamó alguien entre la multitud, mientras señalaba hacia el mar.

"¡Sí, sí es ella! ¡Mira! ¡Se ha aferrado al bote!".

"¡Resulta que sí sabe nadar!".

Al mirar a su alrededor, Jeremías vio caras de alivio entre la multitud al comprobar que Debbie sabía nadar.

En un minuto, Debibie se sujetó a las barandas y apareció ante todos, empapada de pies a cabeza. Tan pronto sus pies tocaron la cubierta, se arqueó y arrojó bastante agua por la boca. Sabía salado. Todavía no se había asimilado que poco antes ella podía haber muerto. Jadeó un par de veces, aún no conseguía respirar normalmente.

Barrió con sus ojos a la multitud y pronto descubrió a Carlos, no muy lejos de ella, sosteniendo una copa de vino. Él la miro con indiferencia, como quien acaba de presenciar algo poco relevante.

Debbie volteó su cabeza y volvió a escupir agua. Olvidado todo protocolo de comportamiento, se limpió la boca con el dorso de su mano. No había cabida para la elegancia cuando todo lo que llevaba puesto estaba totalmente empapado.

Sin sus zapatos de tacón alto, de los que se había desecho hacía rato. Comenzó a caminar por la cubierta descalza, levantando su vestido empapado. Tenía una mirada inexpresiva cuando apartó a Jeremías, que intentaba abrazarla. Caminaba directamente hacia Carlos, dando sensación de que algo malo iba a pasar.

Todos los presentes contuvieron la respiración, curiosos y expectantes. ¿Qué iba a hacer Debbie?

Entregando la copa de vino al camarero que estaba a su lado, Carlos miró a la mujer que se le acercaba. Guardó sus manos en los bolsillos, mientras su rostro parecía despreocupado. Levantó una ceja al verla. con un toque diversión en sus ojos.

'Debbie Nian.

Cuanto más pronuncio este nombre, más familiar me resulta', pensó.

"¡Ah! ¡Loca, debe estar loca!", dijo un hombre entre la multitud.

"¡Esto es suicida, alguien debería detenerla!".

"¡Es mujer muerta! ¡Cómo se atreve a tratar al hombre de mis sueños de esa forma!", exclamó una mujer.

A pesar de que estaban todos seguros de que Debbie tramaba algo peligroso, nada los había preparado para lo que la chica haría a continuación.

Tan pronto Debbie estuvo cerca de Carlos, corrió hacia él y se colgó con sus brazos de su cuello, como un koala que se aferraba a un árbol, y antes de que alguien pudiera salir del asombro, lo besó en los labios. Los ojos de Jeremías se abrieron como dos platos al darse cuenta de lo estaba sucediendo.

"¿Qué?". Un espectador expresó sus pensamientos en voz alta. "¿Lo esta besando? Esta mujer se está volviendo cada vez mas atrevida".

La ira se hizo visible en los ojos de Carlos, incluso con la poca luz, Debbie podía verlo claramente y eso justamente era lo que estaba buscando. Apenas su vida ya no estuvo en peligro, ¡la invadió el deseo de verlo arder de rabia!

Pero cuando la sorpresa y la ira comenzaron a desvanecerse, Carlos la atrajo más cerca a él y la sostuvo con sus brazos. Fue un beso largo, más de lo que Debbie predijo. Lo que estaba pasando distaba mucho de lo que ella había imaginado. Sus labios estaban morados por el frió.

Carlos se inclinó un poco para alzarla en brazos y sin más explicación, se dirigió hacia el salón de la cabina.

Era como si el mundo entero se hubiese detenido, solo se podían escuchar las suaves olas.

Las personas en la cubierta intercambiaron miradas desconcertadas, pero nadie dijo una sola palabra. Algunos estaban demasiado asustados para expresar sus pensamientos; otros sentían que era un sueño, mientras que el resto estaban demasiado furiosos para hablar.

Olga era de estos últimos.

Mientras tanto, en el salón, Carlos abrió una puerta y llevó a la mujer a la habitación.

Entre sus brazos, Debbie se sentía demasiado aturdida para hablar, ¿había ido demasiado lejos? Carlos parecía demasiado extasiado para prestar atención a la expresión de su rostro. No encendió las luces, y después de bajarla de sus brazos, cerró la puerta de una patada.

Ahora que por fin estaban solos, se acercó a ella e hizo lo que quería hacer desde el beso en la cubierta.

Las manos de ella quedaron presionadas hacia su espalda, y Debbie quedó atrapada entre Carlos y la puerta, mientras él exploraba su cuerpo, sin que ella pudiera moverse.

"Carlos...", dijo ella, pero él no oyó sus palabras. Quería decir: "Suéltame", pero no le dejó la oportunidad.

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