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   Capítulo 18 Rodillazo

Respira Conmigo Por Bai Cha Palabras: 10987

Actualizado: 2019-06-19 00:02


"¡Suéltame!", Debbie pudo, por fin, hablar.

Con una mueca, Carlos se detuvo y apoyó su cabeza contra la de ella. "Eres muy joven para estar haciendo esto. ¿Estás tan desesperada por dinero? ¿Cuánto cobras por una noche?".

El dinero era el menor de sus problemas para este hombre e incluso si dejara de trabajar inmediatamente, todavía tendría suficiente dinero para gastar durante los próximos 300 años.

Por un momento, de los ojos de Debbie brotó fuego y apretando sus puños con fuerza, respiró hondo para no perder el control. Forzó una sonrisa falsa y en un instante se había desvanecido. Con su respiración agitada y su cabello despeinado, Carlos la encontró atractivamente deseable.

"100 millones", dijo Debbie entre dientes. La mirada de Carlos se heló. "¿Estás bromeando conmigo? ¿Tú?".

Jamás imaginó, ni en sus sueños más salvajes, que tendría que pagar para que una mujer durmiera con él, menos aún gastar un millón para hacerlo con una a la que despreciaba tanto.

Irónicamente, llegaría un momento en que él querría dormir con ella y ella ni siquiera se voltearía a mirarlo, solo que él aún no lo sabía. Era, probablemente, la primera vez que se veía atrapado ante tan extraño dilema.

Debbie sonrió débilmente. "Señor Huo, escúcheme", dijo ella.

Pero él negó con la cabeza. "He terminado de hablar. Déjame comprobar si vales la pena", respondió. Carlos sabía que, independientemente de lo que ella quisiera decir, no valía la pena escucharlo, no era tan estúpido como para dejar que otra palabra saliera de su boca.

'¡Maldito seas!', Debbie maldijo internamente. '¡Hombre malvado!'.

Tratando de mantener su sonrisa, Debbie le rodeó el cuello con sus brazos. En la oscuridad, ambos cuerpos parecían encajar perfectamente, como un rompecabezas, mientras ella acercaba su cuerpo al de él. El aire en la habitación era tan tentador que por un momento, Carlos pareció consumirse de nuevo con la lujuria. Con sus labios disminuyendo peligrosamente la distancia entre ellos, Debbie lo tenía justo donde ella quería. Súbitamente, ella levantó la pierna y le propinó un rodillazo en su ingle.

Gimiendo, Carlos cerró los ojos del dolor y se agachó en el suelo a su lado.

Esta vez, el brillo de felicidad en los ojos de Debbie era auténtico. '¿De verdad crees que puedes aprovecharte de mi? ¡Ja! Pues eso no va a pasar', pensó. "Señor Huo", dijo ella, "lo que estaba tratando de decirle es que, aún si me diera cien millones...". Hizo una pausa y le lanzó una mirada de desprecio. "... No dormiría contigo". Luego arregló de forma casual su vestido mojado, después lo miró con desdén y le dijo: "Nos vemos".

Cuándo se dio la vuelta para irse, Carlos la tomó por el brazo, su pálida cara estaba llena de dolor. Con una ceja levantada, ella apartó su mano, abrió la puerta y desapareció de su vista.

En ese momento, la mujer, con una cara de orgullo, podía sentirse muy satisfecha por lo que acababa de hacer. Pero en el futuro, si volvía a encontrarse con Carlos, tendría que escapar de él lo más rápido posible. Obviamente él no la perdonaría sin cobrarle lo que había hecho.

Cerca de la habitación, Curtis, Karina y Jerimías estaban aguardando su momento con algunos guardias de seguridad. Si Debbie se hubiera tardado más en salir, Curtis habría tenido que entrar por ella, pero, afortunadamente, salió de la habitación justo cuando estaban a punto de entrar.

"¡Debbie!", llamó Curtis.

"Jefa", dijo Jeremías, aliviado, luego caminó hacia ella y la abrazó. "Gracias a Dios, saliste. ¡Íbamos a echar la puerta abajo!". Entonces, cayó en cuenta, la examinó cuidadosamente y le preguntó: "¿Carlos te lastimó?".

"No", respondió ella casualmente. 'Si supieran que quién está sufriendo en estos momentos es él...', pensó, deleitada interiormente.

Nunca antes le había sido tan difícil suprimir una sonrisa, como en ese momento. Se aclaró la garganta y los miró.

Ellos se sintieron tan aliviados al oír su respuesta, tanto así, que no notaron que ella estaba conteniendo una carcajada.

Después de echarle un vistazo, Karina llevó Debbie al salón para que se cambiase de ropa y luego de que la joven universitaria estuvo seca y arreglada, Karina y Curtis, escoltaron a Debbie y a Jeremías fuera del crucero. Sintieron que era necesario para evitar que se encontraran nuevamente en problemas.

"Toma un buen descanso a tu regreso, yo hablaré con Carlos más tarde" le informó Curtis a Debbie. A pesar de que no sabía qué había ocurrido en la habitación mientras estaban solos, había algo de lo que sí estaba seguro y era que después de lo que Debbie había hecho en la fiesta, Carlos no solo no lo olvidaría, sino que se lo haría pagar.

"Gracias Señor Lu, y Karina. Lamento haber arruinado su fiesta", se disculpó Debbie. No fue hasta entonces que comenzó a sentirse terrible por arruinar la fiesta del Lu Group. Una vez más, había sido presa de las insensible palabras de Carlos, que la llevaron a reaccionar de esa manera irracional. Recién se daba cuenta de que debió haberlo ignorado.

"No te preocupes por eso, yo me encargo", expresó sinceramente Curtis. "Ahora, vuelve y descansa un poco".

"Gracias Señor Lu. Buenas noches", respondió Debbie, con una triste sonrisa.

Tan pronto subieron al Mercedes, este se alejó lentamente. Cuando el auto se perdió de vista, Karina entrecruzó los brazos con Curtis y le preguntó: "¿Por qué no le dijiste a ella la verdad?".

La imagen de una Debbie completamente confundida revoloteab

a en su mente y no pudo evitar encontrarla graciosa. "Aun no es el momento", respondió.

"Bueno", contestó Karina y se encogió de hombros.

Tomados de mano, regresaron a la fiesta.

Pasado un rato, Curtis encontró a Carlos fumando en la sombría habitación, mirando al cielo oscuro a través de la ventana. No se movió ni habló, a pesar de haber notado la presencia de Curtis.

"Carlos, todavía es joven. No te enfades con ella".

Su silencio fue la única respuesta que recibió, porque, secretamente, Carlos aún estaba muy adolorido. Por lo visto, Carlos supuso que Debbie no había revelado su última jugarreta.

Después de una incómoda pausa, Carlos comenzó a decir: "No estoy enojado con ella. Para nada".

El pobre Curtis ni siquiera percibió su tono sarcástico y asintió, aliviado. Carlos dio otra calada a su cigarrillo, al volver a mirar a través de la ventana.

El Grupo ZL fue más que eficiente con la investigación. En tan solo dos días, las acciones de Olivia fueron descubiertas

y como resultado, fue expulsada, sin posibilidad de volver. Además, debido a la gran influencia de la Escuela de Economía y Administración de la Universidad de la Ciudad Y, ninguna otra escuela admitiría a ningún estudiante que haya sido expulsado de esta, lo que significaba que los días cómo estudiante universitaria de Olivia estaban oficialmente acabados.

Dentro de la universidad, el incidente resultó algo insólito, sin embargo, Debbie no estaba tan sorprendida como los demás. Grabar un vídeo y reproducirlo en el lanzamiento de los nuevos productos del Grupo ZL era muy del estilo de Olivia.

La muy tonta había acabado con sí misma cuándo intentó arruinar la vida de Debbie.

Sin embargo, por mucho que Debbie quería que la chica recibiera el castigo por sus acciones, pensó en sus tíos quienes probablemente estaban devastados por la noticia. Por lo que, con un suspiro inerme, decidió visitarlos y consolarlos.

Cuando entró a la casa, no obstante, fue tal como había supuesto. Sebastian Mu, el padre de Olivia, tenia un enorme ataque de ira. "¡Mira lo que has hecho! ¿Cómo tuve una hija tan tonta como tú?", estalló el hombre. "¡No solo has arruinado tu futuro, sino que, gracias a ti, también has puesto en peligro a mi empresa! ¡Ya es bastante malo que constantemente estés molestando a Debbie, pero esta vez, elegiste meterte con el señor Huo!".

Una de las criadas llevó a Debbie a la sala de estar. Como todos estaban sumidos en el problema, no notaron su presencia. En el sofá, Olivia lloraba, cubriendo la cara con sus manos, y al lado de la angustiada chica se encontraba su madre, Lucinda Nian. Demacrada y abatida, la tía de Debbie tenia apoyada la cabeza en una mano. El largo abrigo verde la hacía parecer más pálida de lo habitual.

Después de dejar escapar un suspiro, Debbie llamó suavemente a Sebastian Mu: "Tío".

El hombre dejó de reprender a su hija al escuchar su voz e inmediatamente al ver a Debbie, su expresión facial cambió de ira a culpabilidad. "Oh, Debbie, ¿cuánto tiempo llevas aquí?".

Al mismo tiempo, Lucinda Nian despertó de su ensimismamiento. Con ojos muy abiertos, se volvió para mirar a su sobrina, después la mujer mayor se puso de pie y caminó hacia la chica. Tomó su mano amorosamente, la miró de arriba a bajo y preguntó con preocupación: "¿Debbie, estás bien? El señor Huo te ha...".

Debbie ya sabía lo que su tía quería preguntar, aunque Lucinda Nian no terminara la pregunta. Tanto su confesión de amor a Carlos como lo que sucedió en el crucero llegaron a oídos de prácticamente todos en el mundo de la clase alta.

Sacudiendo la cabeza en respuesta, Debbie estaba a punto de decir algo cuando Olivia interrumpió: "¿Qué haces aquí? ¿Viniste a burlarte de mí? ¿Sabes qué? ¡Lárgate! ¡No eres bienvenida aquí!".

"¡Olivia, cállate!", gritó Sebastián Mu, hirviendo de ira. Haberla mimado había hecho de su hija una chica irrespetuosa e ingrata. En el fondo, se sentía culpable por haber permitido su mal comportamiento durante tanto tiempo.

La severa expresión en el rostro de su padre hizo que Olivia retrocediera, agachando la cabeza, pero la mirada que lanzó a Debbie fue tan resentida como siempre.

'Fue por su culpa que el Señor Huo se enfureció conmigo e hiciera que me expulsaran. ¿Por qué tengo que sentarme y verla postrarse por la atención de mis padres?', pensó Olivia.

Debbie ya estaba acostumbrada a la irracionalidad de su prima, así que ignoró el brillo de muerte que le hacía agujeros en su cara y camino hacia Sebastian Mu y tirando de su manga, comenzó a decir: "Tío, no te enfades, de hecho, estoy aquí porque me preocupaban mi tía y tú".

A decir verdad, a Debbie le preocupaba más la salud de él, era consiente desde pequeña de la hipertensión de Sebastian Mu y del infarto de miocardio que había sufrido.

Luciendo un poco agotado, Sebastian Mu se recostó en el sofá y dejó escapar un largo suspiro. '¿Cuándo Olivia será una buena chica como Debbie?', pensó. Haría una gran diferencia si su hija pudiera llegar a ser la mitad de buena que su sobrina.

Mientras que Sebastian Mu apreciaba la preocupación de Debbie, a Olivia no le gustaba que la pintaran como una mala hija. "¡Debbie, guárdate tus adulaciones hipócritas! ¡Son mis padres!", gritó ella, poniéndose de pie con los puños apretados.

"Tu papá está muerto y tu mamá te abandonó... ¡Ahhh!".

En el momento en que las duras palabras de Olivia salieron de su boca, la golpearon con una bofetada en la cara.

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