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   Capítulo 46 La lección de inglés.

Respira Conmigo Por Bai Cha Palabras: 8543

Actualizado: 2019-07-03 00:02


Debbie le guiñó un ojo a Carlos, sin la menor conciencia de su frialdad, mientras él la miraba con una cara de pocos amigos. "I'll teach you from now on", dijo él en inglés.

A pesar de no tener ni idea de lo que dijo su esposo, Debbie asintió después de un aturdimiento pasajero.

Carlos pensó que ella entendía esa frase, así que continuó: "Next, follow me".

La chica titubeó un poco y luego asintió de nuevo.

Él golpeó su dedo índice en el libro y dijo: "Are you a fool?".

'¿Fool? Me suena familiar, pero he olvidado lo que significa', pensó ella.

Esta vez, sin dudarlo, Debbie simplemente asintió, porque descubrió que hasta ahora el hecho de afirmar en todo no le había traído ningún problema, por lo tanto, ella supuso que sin importar lo que él dijera, asentir sería la respuesta correcta.

Carlos suspiró y cerró los ojos desesperadamente, luego sacó su teléfono y escribió: "Are you a fool?" en una aplicación de traducción y le mostró el significado.

Debbie miró la pantalla con sorpresa, entonces se dio cuenta de que ella había afirmado cuando su esposo le había hecho esa pregunta, de si era una tonta o no.

'¿Acaso me dijo tonta? Él es un tonto, un viejo tonto a los 28 años', pensó Debbie.

Avergonzada y enfurecida, ella aventó el libro y se levantó del sofá antes de decir: "Renuncio, tú sólo te estás burlando de mi".

Cuando estaba a punto de irse, Carlos la agarró de la mano y la llevó de nuevo al sofá, sin embargo, lo hizo con tanta fuerza que ella cayó de su asiento.

"¡Ay!", gritó Debbie, antes de que su cuerpo golpeara el piso. Sin estar totalmente consciente de lo que hacía, ella agarró desesperadamente la camisa de su esposo, con rápidez, Carlos envolvió su brazo alrededor de la cintura de su mujer y la atrajo hacia su pecho.

Molesta, Debbie levantó la cabeza y lo miró enfurecida, lo siguiente que supo, aparte del encuentro de sus miradas, fue que los labios de su marido, de alguna manera, estaban pegados a los de ella. Debbie no se dio cuenta de que estaban tan cerca, estaba tan avergonzada que el rubor se hizo presente en sus mejillas y por un minuto pensó que su cara estaba ardiendo.

Aunque el pequeño episodio también sorprendió a Carlos, sólo lo transportó a un trance de tres segundos y antes de que su mujer se diera cuenta, él rápidamente profundizó este beso accidental.

Ella tenía la intención de rechazarlo, pero cuando recordó lo que Carlos le había dicho en el patio de recreo, una idea surgió en su cabeza, entonces reunió la fuerza suficiente y lo empujó hacia el sofá

emplo, acostarme contigo y hacerte incapaz de salir de la cama durante tres días", dijo él.

"Tú... tú... eres un descarado, ¡no te daré la oportunidad!", exclamó ella.

"Entonces tampoco te daré la oportunidad de divorciarte", respondió Carlos tranquilamente.

Debbie quería contraatacarlo, pero no pudo, así que después de un rato, dijo: "Me voy a la cama", no soportaba pasar otro segundo en la misma habitación con él.

Cuando Debbie llegó a la puerta de su habitación, Carlos volvió a hablar: "Devuelve el dinero a tu compañero de clase ahora mismo y deja de buscar trabajo, no tendrás tiempo para un empleo de medio tiempo y la universidad".

"¿Acaso me estabas espiando?", su esposa se enfureció aún más.

'¿Cómo pudo hacerlo? Esto es inaceptable', pensó ella. Debbie quería envolver sus manos alrededor de su garganta y estrangularlo, pero sabía que no debía luchar porque sencillamente no ganaría.

"¿Espiándote? Estaba pasando por tu puerta, la cual por cierto dejaste abierta, cuando te oí hablar con alguien por teléfono", respondió Carlos.

'¡Ja!', ella gritó en su interior. quería golpearlo con fuerza para que ni él mismo pudiera reconocerse en el espejo, pero inhalando y exhalando, trató de calmarse.

Cuando finalmente logró formar una sonrisa en su rostro, ella expresó: "Sr. Huo, ¿qué tal si te doy diez mil dólares y nos divorciamos?".

El hombre se quedó sin palabras.

Sin embargo, Debbie se dio cuenta de que diez mil dólares era una cantidad demasiado pequeña para un hombre tan rico como Carlos, era muy probable que ni siquiera se molestaría en recoger el dinero si lo hubiera dejado caer en el suelo. "¡Un millón!", dijo ella ofreciendo una nueva oferta.

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