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   Capítulo 57 No tienes que hacer nada más que contar el dinero

Respira Conmigo Por Bai Cha Palabras: 10135

Actualizado: 2019-07-08 02:12


Aunque Carlos había escuchado claramente las palabras de su esposa, no respondió y prefirió mirar por la ventanilla del auto.

"¿No vas a llamar a tu abogado? ¡Bien! ¡Entonces llamaré a Emmett y le pediré que lo llame él!", dijo Debbie mientras buscaba un número en la agenda de la pantalla de navegación del vehículo.

"Sin mi consentimiento, él no llamará al abogado", dijo Carlos finalmente.

"¡Entonces llámalo tú!", exigió ella.

"Concéntrate en conducir, soy un hombre de palabra, no pienso cambiar de decisión", espetó su marido.

Cuando la luz del semáforo cambió, Debbie tuvo que reiniciar el motor, mientras se enfocaba en el camino, ella preguntó: "¿Qué prefieres comer?", después de todo, él era el jefe.

"Come lo que quieras", respondió Carlos con indiferencia.

Indecisa sobre dónde ir, Debbie repasó algunos nombres de lugares familiares en su mente, hasta que por fin apareció un restaurante en el que se le antojaba comer.

De modo que condujo hasta el destino y se detuvo, cuando salieron del auto, la cara de Carlos se endureció al ver el lugar.

Debbie le dirigió una gran sonrisa y señalando al restaurante, dijo: "De pronto me dio antojo de comer pizza de durian, es por eso que manejé hasta aquí, sé que el restaurante puede ser un poco demasiado barato para tus gustos, pero es mucho mejor que la comida de la calle, ¿verdad? Vamos, sólo dale una oportunidad...".

Era un restaurante de cadena nacional y la comida era bastante buena, la cadena operaba tiendas en la mayoría de los principales centros comerciales. Para Debbie, era un buen restaurante, no obstante, para su marido era uno de esos lugares de baja categoría que él consideraba como un desperdicio de dinero.

Después de pensarlo un momento, él accedió, aunque de mala gana y caminó hacia la entrada del restaurante, ella lo siguió inmediatamente.

Eran las 8 de la noche, y el lugar estaba lleno de clientes. Debbie y Carlos se sentaron en una mesa cerca de la ventana, entre los clientes, algunas cabezas se volvieron para mirar la llegada de la hermosa pareja.

Una mesera se acercó a ellos y cuando notó la presencia de Carlos, sus ojos brillaron, Debbie sacudió la cabeza con resignación, miró el menú y después dijo: "Yo quiero una pizza grande de durian, un pastel de durian de múltiples capas, paella y albóndigas de caballa española, eso sería todo, ¿a ti qué te gustaría comer?".

Entonces ella puso el menú frente a Carlos, pero él ni siquiera lo miró, "Ya comí", respondió mostrando el desinterés en su voz.

"¿Qué?", preguntó Debbie desconcertada. ¿Por qué tenía que venir Carlos si pensaba que este era un lugar ordinario? Cualquiera que fuese el caso, él también podría irse, porque ella no estaba apuntándole con un arma en la cabeza.

'¿Es posible que sólo quisiera acompañarme?', dijo Debbie para sí misma. Su corazón se aceleró con sólo pensarlo, pero tuvo que calmarse, porque necesitaba hablar con su esposo sobre el asunto del club. Así que después de que la mesera se fue, ella golpeó la mesa par

ción a su plato.

Al parecer, Debbie estaba muy hambrienta, ya que ella mordía la comida más rápido que un cuchillo caliente a través de la mantequilla.

Sólo cuando se dio cuenta de que había barrido todos los platos, se sintió avergonzada, "¿Comí demasiado?", murmuró Debbie. '¿No era eso demasiada comida para que alguien se la terminara solo?', ella se sintió aún más avergonzada después de pensar esto. De todos modos, Debbie optó por centrarse en Carlos, ese sentimiento de culpa en el que estaba comenzando a adentrarse no era necesario por ahora.

"Oh...", titubeó ella, tratando de encontrar la reacción correcta a lo que acababa de hacer su marido.

¿Por qué él había cambiado de opinión para morder su pizza, la cual creía que era demasiado barata para sus gustos sofisticados?

Una vez más, la mente de Debbie volvió a la cantidad de cosas que había comido, mientras Carlos la observaba. 'Que piense lo que quiera si quiere compararme con sus muchas chicas que sólo mordisquean la comida', pensó ella con desdén.

Sin embargo, nada de eso era importante para su marido, ya que como un caballero, tomó una servilleta y limpió el arroz en la comisura de la boca de su mujer. "Tener buen apetito es una bendición", comentó él.

Para ver si estaba bromeando, Debbie lo examinó de la cabeza a los pies, sin embargo, por la expresión de su rostro, se dio cuenta de que él estaba hablando completamente en serio.

"Oh, eso es tan amable de tu parte", dijo ella, riendo como una adolescente enamorada.

Sin embargo, pensándolo bien, se dijo a sí misma que no se dejara llevar por sus emociones.

No había nada especial en las palabras de Carlos, su padre siempre le había dicho lo mismo también cuando era niña. De todos modos, Debbie comenzó a sentirse nuevamente cómoda con la presencia de su marido.

Cuando salieron del restaurante, eran alrededor de las 10 de la noche, Carlos fue a una tienda cercana, compró dos botellas de agua y le entregó una a su mujer, "Enjuágate la boca", sugirió él.

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