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   Capítulo 62 Tú vales diez mil millones

Respira Conmigo Por Bai Cha Palabras: 8221

Actualizado: 2019-07-11 00:02


Para probar que Carlos lo dijo en serio, Tristán sacó su teléfono y le envió el número de teléfono de su jefe, "Jeremías, este es el número del Sr. Huo".

Todos estaban sorprendidos, Debbie se preguntó por qué su marido era tan posesivo. Obviamente, estaba tratando de mantenerla alejada de su mejor amigo, preocupada por lo que esto podía conllevar, ella levantó la cabeza y declaró: "Jeremías y yo sólo somos buenos amigos, ¿cómo puedes quebrantar nuestra amistad de esta manera? Eso no está bien...".

Inesperadamente, Jeremías intervino antes de que Carlos pudiera responder, "Sr. Huo, me alegra mucho escuchar lo que acaba de decir. Antes, Debbie, la niña ingenua, hizo tanto por Hayden, pero el imbécil no lo apreciaba en absoluto. Ahora, finalmente hay un hombre que se preocupa por ella, así que haré lo que usted me diga, si la Jefa necesita ayuda o algo, seré el primero en llamarlo".

Entre los amigos de Debbie, Jeremías la conocía desde hacía mucho tiempo, por lo tanto, era consciente de todo lo que había pasado entre ella y su antiguo novio, Hayden. Por lo que él sabía, este último era el culpable de los comportamientos poco femeninos de Debbie.

Pero en este momento, ella estaba sorprendida por lo que su amigo había dicho, ¿desde cuándo se volvió ingenua ante los ojos de Jeremías?

Carlos estaba bastante contento con lo que el amigo de su esposa había dicho, sin embargo, el nombre de Hayden hizo que su rostro se endureciera. "Tristán, llévalos a casa", espetó él.

"Sí Sr. Huo", respondió su secretario.

Cuando la pareja se quedó sola en la cabina privada, Carlos se volvió hacia su mujer, al verla aturdida, la atrajo a sus brazos y la sentó en su regazo. Sin estar acostumbrada a semejante intimidad, Debbie luchó por levantarse, pero su marido la abrazó con más fuerza y le susurró al oído: "Hayden, ¿eh?". Esa fue la primera vez que él escuchó ese nombre, pero rápidamente conectó los puntos y recordó al hombre que la había llamado Deb en los mensajes y dijo que la extrañaba, debía ser el mismo chico.

"¿Qué?", ella no entendió a qué se refería con eso, pero Carlos no lo explicó, en cambio, la besó en los labios.

Al parecer, él estaba enojado, el beso fue desconsiderado y dominante y sus manos tampoco fueron suaves. En su intenso abrazo, Debbie se sentía atrapada e impotente, a pesar de sus muchos años de entrenamiento riguroso en artes marciales.

Después de esto, Carlos la puso sobre la mesa con brusque

ólo buscara su dinero, no habría gastado sólo un poco de su asignación mensual, ni habría pedido el divorcio.

Sin embargo, al darse cuenta de la respuesta de su esposa, Carlos la encontró atractiva en ese momento, no fue porque ella no quisiera su dinero, era sólo que se veía muy orgullosa y confiada cuando le dijo qué tipo de persona era.

Al ver la seriedad en su rostro cuando habló, él dejó escapar una risita.

No obstante, esa risa pareció una burla para ella, Debbie era demasiado joven para entender lo que su marido estaba pensando. "¡Eso no es divertido!", respondió ella, "Vamos al Departamento de Asuntos Civiles y obtengamos el divorcio ahora mismo, nunca te molestaré de nuevo...".

Sin embargo, en medio de las palabras de su esposa, Carlos se acercó y la besó con fiereza.

A lo largo de los años, él pudo haber tenido las mujeres que deseara, pero ninguna se habría acercado siquiera a esta chica tan especial, sin importar cuáles fueran sus estados de ánimo, Carlos siempre la encontraba como la mujer más hermosa del mundo.

Para este entonces, Debbie ya se había liberado de los brazos de su esposo y enojada, exigió, "Oye, ¿qué quieres?".

A pesar de su evidente irritación, Carlos la agarró con fuerza otra vez, luego le dio una palmadita en la espalda y la tranquilizó, "No te preocupes, no te forzaré a nada, a menos que sea lo que quieres".

De alguna manera, eso alivió a Debbie, pero ella quería una disculpa, la cual él no parecía dispuesto a dar directamente. 'Los problemas del ego', pensó Debbie.

Dándole un resoplido molesto a su marido, ella agarró su mochila y estaba lista para irse.

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